lunes, 10 de diciembre de 2007

La Torre de Babel

A partir de su mención en el Antiguo Testamento, la Torre de Babel adquiere una dimensión superior a su fastuoso valor arquitectónico. Se convierte en símbolo de la confusión que invade al hombre cuando no puede comunicarse con sus semejantes, porque cada uno emplea su propio idioma. Esta situación, inicialmente caótica fue (según el relato bíblico) deliberadamente provocada por Dios, para castigar el orgullo ilimitado de los seres humanos que pretendían llegar a tocar el cielo con sus manos.
"Todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras. Al desplazarse la humanidad desde Oriente hallaron una vega en el país de Senaar y allí se establecieron (...) Después dijeron: <> Y descendió el Señor a ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de Adán y dijo:
-He aquí el pueblo es uno solo y todos tienen el mismo lenguaje; y han levantado esta fábrica; y no desistirán de sus ideas hasta llevarlas a cabo. Descendamos pues a confundir su lenguaje de manera que uno no entienda al otro.
Y esta suerte los esparció el Señor desde aquel lugar por todas las tierras, y cesaron de edificar la ciudad. De donde se dio a ésta el nombre de Babel, porque fue allí confundido el lenguaje de toda la tierra..." (Génesis XI, 1 a 9).
Para tratar de desentrañar el misterio generado alrededor de la torre babilónica hay que partir de la aseveración de su existencia. Sin duda alguna fue un monumento concreto. Cobró gran trascendencia hasta el punto de integrarse al folklore de los pueblos, como respuesta a la inquietud por el empleo de tantas lenguas. Etimológicamente el nombre "Babel" nace de dos raíces. La babilónica "Bab-ilu" (puerta de Dios) y la hebrea "balal" (confusión). Las dos perfectamente aceptables dentro de su valor contextual.
La famosa y siempre buscada torre se elevaba en la ciudad de Babilonia, al sur de Bagdad, en el curso medio del río Eufrates. Allí, en la región denominada Mesopotamia (país de Senaar), se desarrollo a lo largo de 26 siglos (2900 a.C./330 a.C.), una civilización que conoció épocas de gran prosperidad y sabiduría, decisivas para el desarrollo de las poblaciones del cercano Oriente.
El pueblo sumerio es considerado el elemento civilizador de esta región. La tradición dice que los sumerios llegaron por el este. Según los estudios arqueológicos se afirma que constituyen una rama de la raza indoeuropea. Parece que su país originario era montañoso. Esto resulta verosímil y es deducido por el hecho de que sus dioses están siempre representados de pie sobre una montaña. Los sumerios les rendían culto en lugares elevados. Cuando emigraron al valle del Eufrates, no encontraron elevaciones naturales aptas para el culto religioso. Todo era llano. De allí su afición a las construcciones elevadas, ya que creían que cuanto más alto llegaban, más cerca de dios se encontraban. Así a estas edificaciones con propósito religioso las llamaron "zigurats" (colina del cielo o montaña de Dios). Eran torres piramidales escalonadas con un santuario en la terraza y orientadas hacia los cuatro puntos cardinales por sus ángulos. Servían de templos y observatorios a la vez. En cada ciudad importante había por lo menos una de tales torres. El primer zigurat de Babilonia fue construido por Hamurabi (1792-1750 a.C.), sexto rey de la dinastía semita. Dominó toda la Mesopotamia y bajo su reinado Babilonia vivió un gran florecimiento cultural. Al comienzo, el mismo Hamurabi promulgó un código legal que inspiró la famosa ley hebrea del talión: "Ojo por ojo. Diente por diente".
Una de las descripciones más fabulosas de la ciudad de Babilonia es la del historiador griego Herodoto: "Sobrepasa en esplendor a cualquier ciudad del mundo conocido", escribía Herodoto hacia el 460 a.C. Pero no es la ciudad de Hamurabi ante la cual él se asombra. Se trata de la Babilonia de Nabucodonosor II, que le dio a esta legendaria ciudad su mayor magnificencia dentro del imperio babilónico, en el 604 a.C. el templo más grande de Babilonia era el Esagil, dedicado a "Marduk", la principal deidad de la ciudad. Con sus dependencias formaba un cuadrilátero de 550 m por 450 m. Se accedía al Esagil (casa de alta cima) por la "calle de las Procesiones", avenida ancha de 19 metros y pavimentada con baldosas de caliza blanca y brecha roja.
Cerca del templo se erigía el zigurat, de 90 metros de altura, denominado "Etemenanki" (casa de la fundación del cielo y de la tierra), rebautizado por los hebreos como la torre de Babel. Más allá de la alusión al hecho material de unión de cielo y tierra por medio del zigurat, existe una unión espiritual entre las dos partes organizadas del mundo, según la creencia de la época.
Pero la torre de Babilonia fue destruida por completo. Aunque hoy, gracias a descripciones recogidas en textos antiguos, se puede efectuar una delineación de su arquitectura. Herodoto la describió como del tamaño de un estadio, en su parte inferior. Sobre ésta se superponen siete terrazas, a las cuales se accede por un camino exterior en espiral. Cabe recordar que lo que vio el filósofo griego no es el edificio original, que había sido destruido previamente por orden de Jerges (479 a.C.), sino la construcción remodelada al sufrir deterioros por las distintas guerras e invasiones. Durante las excavaciones realizadas en 1899-1917, por una expedición alemana, dirigida por el arquitecto Robert Koldewey, se encontraron los pisos inferiores de la torre. En la tabla de Esagil figuran las dimensiones de la misma. Dice este documento que la base medía un poco más de 89 metros (los arqueólogos midieron 91,50 metros); que la altura, el ancho y el largo eran iguales; las terrazas, de dimensiones desiguales, eran siete en total. Según las cifras de la tabla, la altura debió ser de 90 metros. El edificio estaba coronado por un santuario en el cual (se le dijo a Herodoto) había una cama y una mesa de oro. Nadie dormía allí, salvo una mujer del país elegida por el dios. Este santuario habría estado destinado a la hierogamia del dios.
La tradición histórica reconoce a este zigurat como el prototipo de la bíblica torre de Babel.

viernes, 7 de diciembre de 2007

El misterio de Teotihuacán

Nadie conoce su origen. Ni aún los más sabios arqueólogos saben como empezó su historia. Lo único cierto es que en el corazón del valle de México hay una cadena de construcciones monumentales, adornada con perfiles de seres monstruosos, donde se destacan dos enigmáticas y altas pirámides, dedicadas a la adoración del Sol y la Luna. Las ruinas son tantas y tan grandes, que los especialistas han calculado que allí trabajaron más de 3.000 hombres durante 30 años. Por eso parece raro que esos operarios, artistas e ingenieros no dejaran ninguna traza, ningún indicio, que sirva al menos para conocer el nombre original del lugar y desentrañar cuál era la lengua que hablaban. Ahora, sólo habitaban allí los fantasmas de un pasado secreto, empeñados en guardar celosamente los comienzos de esa ciudad misteriosa, donde los hombres vivían al lado de los mismos dioses. La escritura que utilizaron los habitantes de Teotihuacán da una pista pero es, por ahora, inescrutable: se trata de rayas y puntos, semejante a los que utilizaba otra gran cultura de la región, la Olmeca. Pero todavía no se han podido descifrar sus mensajes.
En el siglo XIV, cuando los Aztecas dominaron el valle de México, esta ciudad, que ellos denominaron Teotihuacán ("el lugar de los que siguen el camino de los dioses"), hacía ya 700 años que había sido abandonada por sus primitivos moradores. Eso constituye un segundo interrogante, ya que nadie puede explicar, tampoco, la razón de ese éxodo masivo. Porque la urbe no se fue degradando de a poco sino que la gente se esfumó de golpe, como si un rayo la hubiera aniquilado, después de un ataque de pueblos enemigos que incendió el norte de la ciudad. Luego vivieron allí durante 200 años, otras tribus de la zona, que convirtieron a la ciudad en un objeto de culto. Tal vez porque esos grandes monumentos los sorprendían hasta el delirio. Por otra parte, ¿para qué eran esas pirámides de dimensiones colosales, tan altas como las de Egipto? Solo se pueden hacer conjeturas o escudriñar las viejas tradiciones orales en busca de algo que se asemeje a una constetación. Una leyenda, por ejemplo, afirma que el valle estaba habitado, en tiempos remotos, por una raza de gigantes llegados del espacio. Fueron ellos los que erigieron esas pirámides, que no parecen hechas a la medida del hombre. Otros mitos dejan de lado a los antiguos, presuntos cíclopes y afirman, rotundamente, que son obra de los viejos dioses de México. Una de esas deidades se llamaba Nanahuatzin y era modesto y humilde. Fue él quien un día levantó su pirámide, que dio origen al Sol, que antes de eso no existía. Otro de los dioses se llamaba Tecuciztecatl y era altanero y orgulloso. Para satisfacer su vanidad, celoso del primero, erigió la otra pirámide. Cosa que enojó a los otros dioses de ese particular Olimpo. Para demostrarle su desprecio, los inmortales le arrojaron al rostro un conejo muerto. Si uno se fija bien en la cara de la Luna llena, se puede distinguir la sombra de un conejo. Ese, y no otro fue el origen del satélite de la Tierra. Mitología o leyenda, lo cierto es que este centro religioso es algo indescifrable.
Tiene algo menos de 24 kilómetros cuadrados y está enclavado sobre una meseta de 2.300 kilómetros de alto. La espectacular pirámide del Sol fue descubierta en 1906 por el arqueólogo Leopoldo Batles, quien calculó que había sido construida en el siglo I de nuestra era. Se eleva a unos 66 metros y su base tiene 225 metros de lado. Un monstruo sólo comparable con la gran pirámide de Keops. Se estima que se necesitaron 2 millones y medio de toneladas de ladrillos cocidos para construirla. Una labor, en efecto, digna de gigantes.
La pirámide del Sol se dispone en un eje este-oeste, acorde con el itinerario aparente del astro rey; y se ha hecho notar que muy probablemente, "la pirámide fuera construida para señalar el centro del Universo; que las cuatro esquinas simbolizan las cuatro direcciones de aquél, y la cúspide el corazón de la vida". La pirámide de la Luna que data del siglo II es algo más pequeña con sus 44 metros de altitud y su base rectangular de 130x156 metros. Se compone de tres plataformas o gradas distantes una decena de metros una de otras. Y a un millar y medio de metros de la pirámide de la Luna, otra ciudadela: Texcapam o Texcalpa, constituida en tres de sus lados por un murallón de 300 metros de longitud, 32 de ancho y 8 metros de alto; esos muros alojan a diez torres. El cuarto frente está formado, en cambio, por un escalonamiento de pirámides desiguales. Todo ello rodea al centro de la ciudadela, donde se alza el misterioso tlaltel, un tumulto de tierra y piedras de 28 metros de altura.
Y hacia el sur de la pirámide de la Luna, a lo largo de unos ocho kilómetros, está la llamada Avenida de los Muertos, que lleva hasta la cúspide del cerro de Tlaginga. Las plataformas que se observan en esta calle fueron tomadas por los aztecas como nichos o tumbas. Estaban equivocados: los difuntos de Teotihuacán eran cremados y enterrados debajo del suelo de las casas en las que habían vivido, envueltos en mortajas a las que se untaba con aceites y pócimas rituales.
A lo largo de la Avenida se encuentran las ruinas de la antigua ciudad. El pasado vive con fuerza insospechada en esos restos de calles, plazas y pirámides de 10 a 12 metros de altura. La Avenida cruza la Ciudadela cuadrangular, en cuyo sector oriental perdura el templo al dios Quetzalcóatl, una pirámide con seis terrazas o niveles escalonados. Allí hay una serie de cabezas fantasmagóricas y relieves que hacen perder el aliento: entre ellos el que representa al propio Quetzalcóatl o Serpiente Emplumada, dios de la sabiduría y del viento y símbolo del matrimonio entre el cielo y la tierra, y el alusivo a esa Serpiente de Fuego que guía al Sol a lo largo de su viaje astral.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Stonehenge

Stonehenge está formado por cuatro círculos concéntricos de piedras. El círculo exterior, de 30 m de diámetro, está formado por grandes piedras rectangulares de arenisca, que originalmente estaban rematadas por dinteles también de piedra (hoy día sólo permanecen unos pocos en su sitio) que también configuraban un círculo. Dentro de esta hilera exterior se encuentra otro círculo de bloques más pequeños de arenisca azulada. Éste encierra una herradura, construida por piedras de arenisca del mismo color y trabadas con dinteles, en cuyo interior permanece una losa de arenisca micácea conocida como el Altar.
Todo el conjunto está rodeado por un foso circular que mide 104 m de diámetro. Dentro de este espacio se alza un bancal en el que aparecen, a modo de anillo, 56 fosas conocidas como los ‘agujeros de Aubrey’ (dado que fue el anticuario John Aubrey quien los descubrió), que fueron usadas en una fase más tardía como fosas de cremaciones funerarias. Al nordeste, el bancal y el foso están cortados por la Avenida, un pasillo procesional de 23 metros de ancho y de 3 km aproximadamente de longitud, bordeado por una zanja. Próximo al acceso de esta Avenida, se halla la Piedra del Sacrificio, una piedra de arenisca silicificada que quizás en su origen había estado erguida. Casi enfrente, y situada dentro de la Avenida, se encuentra la Piedra Talón, que probablemente desempeñó un importante papel durante la observación del amanecer en el solsticio de verano.

Historia
Stonehenge fue erigido en diversas etapas, iniciándose, probablemente, como un monumento circular de carácter ritual rodeado por un talud y un foso, de modo similar a muchos otros situados en el sur de Inglaterra. Alrededor del 2200 a. C. fue cuando tomó su peculiar aspecto, para lo cual se transportaron 32 bloques de arenisca desde las montañas de Preseli, al suroeste de Gales. Se piensa que la piedra del Altar fue traída desde una región cercana a Milford Haven, en Pembrokeshire.
Stonehenge fue construido por un pueblo que mantenía amplias relaciones comerciales y que estableció sus principales asentamientos en la zona entre el 1600 y el 1300 a. C. Su importancia se ve reflejada por el hecho de que el territorio en torno al monumento está salpicado por 400 túmulos con enterramientos, que se datan entre el 2000 y el 1500 a. C., cuya excavación ha revelado ricos ajuares y lascas de arenisca azulada, similar a las halladas en los círculos concéntricos. Parece que Stonehenge perdió su importancia como lugar ceremonial a finales de la edad del bronce. Los romanos desacralizaron el lugar en alguna fecha comprendida entre el 55 a. C. y el 410 d. C., y derribaron unos cuantos bloques que estaban erguidos. Además, dos piedras verticales y el dintel occidental del Altar se cayeron en enero de 1797 y otro de los bloques verticales y su correspondiente dintel también se vino abajo en 1900. En 1958 esos cinco bloques fueron levantados y colocados, dando al monumento el aspecto aproximado que tendría durante la ocupación romana. Algunos grabados descubiertos en 1953 en algunas de las piedras caídas, representan las hojas de hachas de un modelo usado en Inglaterra entre el 1600 y el 1400 a. C. y un tipo de dagas con empuñaduras empleadas en Micenas (Grecia) entre el 1600 y el 1500 a. C.

El poder de los megalitos
Una antigua leyenda bretona, recogida en el siglo XIII por Geoffrey de Monmouth, dice que las inmensas piedras que salpican la tierra inglesa fueron colocadas allí por el mago Merlín.Y que tienen poderes mágicos y curativos. Esta fue una de las razones para la constante destrucción de los monumentos por centenares de personas que se acercaron en busca de trozos que podían llevar consigo como amuletos. Inclusive, en la cercana ciudad de Amesbury se llegó a alquilar picos para que los visitantes pudiesen extraer con más facilidad porciones de piedra.
La magia del lugar atrajo a los adoradores del Sol. Desde 1833 sirvió como centro de reunión para una secta masónica, conocida como Antigua Orden de los Druidas. Todos los años, al amanecer del solsticio de verano (21 de junio en el hemisferio norte), se congregaban en Stonehenge para entonar cánticos, quemar incienso y esparcir hojas de roble.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Shangri-La: El paraíso escondido

Como esos espejismos que en el desierto siempre están unos pasos delante pero el viajero sediento nunca alcanza, Shangri-La es un mundo escondido al cual parece imposible acceder. La antigua creencia budista dice así: "Para llegar, no es preciso contar con un mapa o guías avezados, sólo es necesario estar preparado íntimamente. Entonces, lo inefable aparecerá ante la vista en todo su esplendor". ¿Es Shangri-La el paraíso perdido donde habitan hombres perfectos, la Kalapa de los hindúes? ¿Es el valle oculto de Kun Lun donde, según los chinos, viven seres inmortales? ¿Es la Tierra de las Aguas Blancas, la Bielovodye rusa, aquella de los santos ermitaños de gran sabiduría? ¿O es Chang Shambhala, el lugar sagrado de los budistas donde se encuentra la fuente de la eterna sabiduría? Es todos y no es ninguno. Como los espejismos, está y no está. Sólo espera al peregrino de corazón límpido y espíritu abierto para ofrendarle sus misterios.
En su novela Horizontes perdidos, el escritor inglés James Hilton construyó un mundo ideal, al que llamó Shangri-La (un nombre de su invención convertido al poco tiempo en sinónimo de lugar edénico). Estaba poblado por un grupo de elegidos provenientes de distintas partes del mundo y eran gobernados por un Dalai Lama muy especial: el misionero católico Francois Perrault, de la orden de los Capuchinos, que había arribado al Tíbet en 1734 y seguía vivo hacia 1930, fecha en que transcurre la mayor parte de la novela. Hugh Conway, joven cónsul inglés en la India, llega con otros tres británicos hasta un oculto valle tibetano después de un accidentado viaje en avión. Cuando Conway vio Shangri-La, se enfrentó con "una extraña y casi irreal aparición: un grupo de coloridos pabellones se agrupaban en la ladera de la montaña. Era soberbio y exquisito. Una contenida emoción llevaba la mirada desde los leves techos azules hasta la tremenda mole gris de la roca. Más allá, lo rodeaban los picos y pendientes nevados del Karakal".
En el antiguo monasterio budista, Conway y sus compañeros de viaje encuentran un lugar donde la reducida comunidad de lamas intenta conservar los tesoros de la civilización, amenazados por la violencia de "una época en que el hombre, al regozijarse con la técnica del homicidio derramará una rabia tan ardiente sobre el mundo que toda cosa preciosa estará en peligro". El mundo que acababa de salir de la Primera Guerra Mundial y advertía la cercanía la cercanía de nuevas tragedias que se trasluce en las páginas de Horizontes perdidos, donde el idílico universo tibetano que construye Hilton no es una promesa de futuro un rescate del pasado ideal, del paraíso perdido por la civilización de la máquina.
Cuando Hilton ubicó a su mítica Shangri-La en el Tíbet, los lectores occidentales de su novela fueron fascinados por ese mundo misterioso que desde antiguo había atrapado el interés de misiones y expedicionarios. Desde los principios del siglo XVI, los jesuitas intentaron llegar a esas altas mesetas cercanas la Himalaya donde se creía existía una antigua comunidad de primitivos cristianos. Cuando finalmente el padre Antonio de Andrade logró atravesar mil obstáculos y acceder al prohibido reino de Guge, se encontró con los lamas, monjes budistas de muy extrañas y crueles costumbres: entre ellas, el asesinato deliberado de numerosos campesinos elegidos al azar, ceremonia que se cumplía una vez por año y mediante la cual los muertos alcanzaban "la eterna felicidad". Asimismo, sorprendió a los misioneros europeos el hábito de los lamas de adornar sus vestidos con huesos humanos. A lo largo de los siglos siguientes, los jesuitas enviaron numerosas misiones al Tíbet para ser finalmente reemplazados, según orden papal, por la orden de los Capuchinos.
A principios del siglo XX, la escritora francesa Alexandra David-Néel, gran conocedora de la religión budista, recorrió caminos escarpados y enfrentó lluvia, barro, nieve, granizo y la hostilidad de tibetanos, chinos e ingleses hasta llegar a las lamaserías. Libros suyos como Magia y misterio en el Tíbet contribuyeron a alimentar en Occidente la imagen legendaria de un país inaccesible y misterioso. A través de sus obras se difundió la capacidad de los monjes tibetanos para entrar en profundos trances, levitar y dominar las sensaciones corporales, como también la creencia de que podían predecir el porvenir, virtudes que Hilton atribuye a los lamas de Shangri-La. En uno de sus relatos, David-Néel describe cómo un lama se eleva en el aire en forma que parece sobrenatural: "Pude ver su rostro impasible, perfectamente tranquilo, con los ojos abiertos y la mirada fija en algún lugar muy elevado. El hombre no corría, parecía elevarse del suelo y avanzaba a saltos. Sus pasos tenían la regularidad de un péndulo".
Entre los antiguos mitos budistas figura un paraíso perdido, conocido como Chang Shambhala, la fuente de la sabiduría eterna donde vivían seres inmortales en armonía perfecta con la naturaleza y el universo. En la India, ese lugar maravilloso perdido en el Himalaya se llama Kalapa, mientras la tradición china lo ubica en los montes Kun Lun. Asimismo, en la antigua Rusia – adonde no había llegado la creencia budista pero se alimentaba de leyendas orientales llevadas allí por las invasiones tártaras – se hablaba de la legendaria Bielovodye, la Tierra de las Aguas Blancas, donde vivían santos ermitaños de inmensa sabiduría.
La existencia de túneles bajo el palacio del Potala en Lhasa se entreteje con otro mito tibetano cultivado por escritores europeos. En su novela Shambhala, el espiritista ruso Nikolai Roerich habla de Agharti (deformación de Agharta, nombre del paraíso subterráneo budista) como del lugar donde estaba Chang Shambhala, sede del "rey del mundo". Según Roerich, Agharti estaba relacionado con todos los continentes por medio de pasadizos secretos.
Shangri-La es tan enigmático y evasivo como el mismo Tíbet, donde lo ubicó el novelista James Hilton. En el valle de la Luna Azul está el mítico reino intemporal de hombres sapientes y longevos. Un lugar en donde se contempla la salida del Sol mientras que los hombres del mundo exterior sólo oyen la alarma del reloj que los reclama para urgentes obligaciones.

martes, 4 de diciembre de 2007

SECRETOS DE LOS ANASAZI

El gran sudoeste de Norteamérica, un lugar de extremos, de pueblos antiguos y de espíritus que todavía parecen rondar por los cañones y planicies. Hace miles de años un pueblo ancestral floreció aquí y dejó huellas grandiosas en el sub-continente americano, grandes ciudades, moradas en los riscos y cámaras ceremoniales llamadas kivas: eran los anasazi, y hay quienes aún creen que su espíritu sigue vivo en estas tierras.
A finales del siglo XIX un gran descubrimiento tuvo lugar en el cañón del Chaco, en Nuevo México, catorce esqueletos se encontraron en una fosa común ¿Fueron asesinados?, como algunos creen, ¿sacrificados en rituales secretos?

LEYENDAS DEL CAÑON
Hoy en día la mayor parte de la población mundial vive en ciudades rodeada por un ambiente construido por el hombre. Pero muchos aún creen en otro mundo, lleno de espíritus y magia antigua, un mundo que puede ser alcanzado a través de experiencias místicas y por leyendas pasadas de generación en generación. Pero, ¿qué tan reales son estas historias que escuchamos alrededor de una hoguera?
La región llamada "Las Cuatro esquinas", conocida así por la confluencia de cuatro estados: Arizona, Utah, Colorado y Nuevo México, es para los indígenas la tierra de los anasazi o antiguos, en idioma navajo. Se extinguieron hace mucho pero, según se dice, sus espíritus siguen teniendo una poderosa presencia. En 1897 un ranchero, en busca de ganado que se había alejado de un rebaño, realizó un hallazgo sorprendente: las antiguas moradas en riscos, en Colorado. Los espectaculares edificios y artefactos encontrados eran evidencia tangible de una civilización avanzada que había desaparecido. Más tarde encontraría otros restos en Utah y Arizona. El 17 de octubre de 1897, en busca de esta legendaria ciudad pérdida, se descubrió este mundo escondido y misterioso. Se encontraron edificios que nunca se habían visto ni imaginado en este territorio, edificios sin apoyo de hasta cinco pisos de alto. Una de las estructuras en el sitio arqueológico, que posteriormente sería llamado Pueblo Bonito, contiene más de 650 habitaciones.
El cañón del Chaco, con 200 yardas de ancho y más de 15 millas de largo, es el sitio de una docena de enormes complejos que incluyen más de 300 posos perfectamente circulares ¿Cuál era el propósito de estas estructuras? Las paredes están cubiertas de misteriosas pinturas e inscripciones ¿Cuál es su significado? ¿Qué relatos extraordinarios tratan de contarnos? Nada hallado antes o después en Norteamérica se acerca en magnitud al cañón del Chaco. Los arqueólogos se sorprendieron de la riqueza de la cerámica, las armas, las herramientas, la joyería; cada una de las piezas una obra de arte. Pero había más en este lugar, se descubrió algo macabro: en una pequeña habitación se encontró una fosa común que contenía catorce esqueletos, todos cubiertos con exquisitas joyas de turquesa. Uno de los cuerpos contenía más de 400 gemas semipreciosas, se cree que era el de un personaje de alto rango; los otros trece son mujeres y la evidencia indica que no tuvieron una muerte natural. Existen otras sepulturas en el cañón del Chaco, pero ninguna tan importante como ésta.
Se planteaba un interrogante aún mayor, hace 20 millones de años, el cañón del Chaco era el centro de un gran mar mediterráneo pero al retirarse las aguas sólo quedó un desierto reseco. Sin agua como sostén, ¿cómo pudo florecer esta gran civilización, por qué razón querrían construir sus ciudades en este lugar? Este es sólo uno de muchos inquietantes misterios.
Las paredes del cañón eran la fuente del material de piedra para las construcciones, pero ¿de dónde provenía la madera? Los arqueólogos estiman que la gran obra de ingeniería requirió el uso de madera de 250.000 árboles, pero en la actualidad el paisaje es totalmente desolado. Muestras de las vigas indican que la madera no era de los alrededores, algunas de las especies sólo se encuentran a distancias de más de 50 millas. Para el corte y tallado de la madera sólo se utilizaron hachas de piedra. El pueblo del Chaco no disponía de carretas o caballos para el transporte de la madera ¿cómo pudieron entonces transportar la madera? ¿Gracias a una técnica perdida en el tiempo?
Los arqueólogos sitúan a los anasazi entre los años 900 y 1250 de nuestra era. No hay duda de que los pobladores de estas estructuras desaparecieron hace tiempo ¿Qué pasó con ellos? ¿Fue un cataclismo natural los que los hizo abandonar el pueblo? y ¿A dónde fueron?

UNA CIUDAD SAGRADA
Una serpiente puede ser sinónimo de horror y miedo pero para los amerindios tiene poderes mágicos. En 1925 un fotógrafo tuvo la oportunidad de ser admitido en un asentamiento indio hopi en el norte de Arizona. Era una ocasión única de filmar algo que nunca antes había sido filmado. Ritos que han permanecido casi sin cambios desde tiempos inmemoriales. Los danzantes llevan serpientes venenosas vivas que fácilmente pueden morder con efectos mortales. Colocando las víboras en sus bocas los hopi afirman ser uno con la naturaleza y la tierra. Una fila de danzantes representa al antílope, cuyas patas al galope producen el sonido del trueno cuando atraviesa velozmente la planicie. Pero las nubes deben ser inducidas a dejar caer su lluvia. Como las serpientes pasan su vida tan cerca de la tierra, sólo ellas tienen el poder de invocar el poder de la lluvia.
La lluvia es la clave de varios de los misterios del cañón del Chaco. Los anasazi eran un pueblo nómada de cazadores y recolectores, pero hace mil años dejaron su trashumancia para comenzar a construir en este lugar seco y desolado, pero ¿Por qué?
El misterio fue resuelto gracias a una moderna técnica científica: la cronología de los anillos concéntricos de los árboles usados para construir en el cañón del Chaco. Estos anillos revelan un hecho sorprendente, hace mil años se produjo un cambio climático, el comienzo de una época de grandes lluvias. Antes los anasazi dependían de la caza y recolección de frutos pero ahora podían ser agricultores, cultivar maíz, calabaza, granos y disponer de una fuente de alimento confiable. Los antiguos moradores del cañón del Chaco comenzaron a construir sistemas de irrigación. Las herramientas eran primitivas pero construyeron a gran escala ¿cómo fueron capaces de hacerlo? La respuesta puede hallarse en algo más que la fuerza física.
Se decía que los antiguos construyeron un gran sistema de vías, pero los arqueólogos sólo encontraron caminos angostos, todo era obra de la exageración, aparentemente. Pero más tarde, los científicos comenzaron a emplear técnicas de observación aérea. Una vasta red de vías difusa entre la vegetación y las arenas del cañón apareció de pronto. Algunas eran tan anchas como una calle moderna, algunas terminaban en las paredes casi verticales del cañón.
Otros hallazgos se realizaron a cierta distancia del cañón. Con una extensión de sólo dos acres Pueblo Alto es de menor importancia que Pueblo Bonito pero dio nuevas evidencias de las denominadas "Grandes Casas". Como ocurre frecuentemente en sitios arqueológicos, los montículos de basura representan una fuente valiosa de información. Más de 2000 piezas de alfarería se han encontrado en este montículo y se calcula la existencia de más de un millón de piezas; por este número tan alto de utensilios excedía las necesidades de la población estimada ¿Qué significado tenía esto? La respuesta surgió del hecho de que los depósitos no eran regulares sino conformados por capas de distinto espesor.
De las muchas imágenes del cañón del Chaco ninguna aparece con más frecuencia que la espiral, el centro del profundo significado espiritual del mundo físico. La espiral de Fajada es parte de un ingenioso mecanismo para seguir el movimiento del astro rey. Está localizada detrás de tres enormes monolitos, cada año durante el solsticio de verano del hemisferio norte, un rayo de luz se cuela para formar una línea en el centro de la espiral al amanecer. Para mediodía, la llamada daga solar, puede observarse en el centro de la espiral. Un evento primordial de la vida de los anasazi, la ascendencia del astro rey queda marcada, el calendario está completo, el ciclo de la vida prevalece y la Madre Naturaleza puede continuar produciendo.

LA FURIA DE LOS DIOSES
En este lugar de historias y fantasmas, las enormes cámaras ceremoniales subterráneas, llamadas kivas, lucen sombrías y amenazadoras, pero para los antiguos pobladores eran los lugares en donde los dioses hablaban con la gente. De todas las kivas la Casa Rinconada es la más grande y compleja, también la que mejor se conserva. Los techos y superestructuras de la mayoría de las kivas han colapsado pero en la Casa Rinconada aún es posible experimentar la danza solar una vez al año: el 21 de junio ocurre un momento mágico, como ha ocurrido durante un milenio, la luz del amanecer penetra en la kiva a través de una pequeña ventana dibujando así un rectángulo en la pared opuesta. Lentamente el rayo de luz sube hasta iluminar un nicho que no recibe luz en ningún otro momento del año.
Durante 250 años floreció aquí una civilización, pero en cierto momento la furia de los dioses privó a los anasazi del regalo más preciado: la lluvia. El ciclo de lluvias que permitió el nacimiento del Chaco concluyó, dando comienzo a una era de sequía. Pero para los anasazi incluso la lluvia tenía un significado.
Constantemente era necesario aplacar la ira de los dioses en antiguos ritos, como una ceremonia hopi de la lluvia, en donde distintos clanes competían en juegos sagrados, de forma similar a los Juegos Olímpicos de los antiguos griegos. Miembros de los clanes serpiente y antílope corren con pies desnudos sobre el desierto y escalan la meseta. El ganador de la dura carrera es recompensado con una jarra de agua.
Todo comenzó como una competencia sagrada, pero ¿comenzaron a apreciar demasiado la victoria? ¿habrán perdido la conexión divina? Tal vez un hombre santo de los anasazi no pudo cumplir con su misión, esto explicaría una misteriosa tumba de un gran hombre y trece mujeres ¿Fue un sacrificio a los dioses? ¿Un intento de aplacarlos? ¿Fue asesinado producto del colapso del orden social por la escasez del alimento?
Lo único cierto es que las lluvias cesaron y con ellas las cosechas. Los anasazi abandonaron el cañón del Chaco que ya no les servía de sostén, se vieron obligados a abandonar su paraíso.

INVASION EXTERNA
En todas las religiones los humanos pueden comunicarse con los dioses y los eventos tienen un significado que va más allá de lo físico. Quizás los dioses querían que los anasazi abandonaran el cañón del Chaco.
Actualmente se cree que los hopi, suni y otras naciones indígenas cercanas a los pueblos son los descendientes directos de los anasazi, puede que los navajos no lo sean pues ellos llegaron a la zona mucho tiempo después de la desaparición de los anasazi. Pero anasazi es un vocablo navajo y algunos expertos se arrepienten de haber adoptado esta denominación.
Después del abandono del Chaco y antes de la llegada de nuevas tribus, como los navajos, una presencia extraña se hizo sentir. Hombres altos con barba y montando enormes bestias nunca antes vistas demostrarían ser un peligro mayor que las luchas intertribales o los cataclismos naturales, como la sequía.
En 1514 aparecieron los primeros europeos, irónicamente fueron atraídos a la zona por leyendas sobre siete grandes ciudades ricas en oro ¿Era Chaco una de ellas? Fue una coincidencia trágica que historias de los antiguos atrajeran a los destructores de su ciudad. Los europeos eran impulsados por los tesoros, pero también por la conversión de las almas, los indígenas debían ser rescatados de sus creencias paganas por la fuerza de ser necesario. Los hombres santos de la tribu eran torturados y asesinados, los objetos rituales eran destruidos, la población indígena fue obligada a construir misiones y realizar otros trabajos.
Pero un efecto destructivo mayor fue el causado por las enfermedades traídas por los europeos para las cuales los indígenas no eran inmunes. Las epidemias atacaron y casi exterminaron la población. Tuvieron lugar varias rebeliones, sin éxito. La gran migración de los anasazi hacia el sur fue detenida.

EL VIAJE CONTINUA
Entre los ideales más destructivos del hombre blanco estaba la noción de la propiedad de la tierra, la posibilidad de poseer la naturaleza. Las autoridades estaban imponiendo nuevas creencias en cada faceta de la vida de los aborígenes, su cultura fue reprimida, sus orgullosas y largas cabelleras cortadas. Parecería que el orden antiguo se perdería, que los lazos con el pasado serían borrados. Pero no ocurrió así, el secreto: los rituales y leyendas eran pasados de generación en generación.
En la actualidad vivimos según el reloj, las horas y los minutos nos dominan, ya no la posición del Sol o de las estrellas. La vida moderna ha roto nuestras conexiones con la naturaleza, los ritos sutiles de la vida, respetados durante tanto tiempo, son ignorados hoy en día.
Cada vez más personas se vuelcan a la sabiduría de los pueblos ancestrales en busca de armonía, equilibrio y significado. Las tradiciones indígenas norteamericanas siempre han girado en torno de los espíritus. Para los descendientes de los antiguos pobladores el cañón del Chaco es un lugar sagrado. Un lugar secreto morado por los espíritus del pasado.