jueves, 10 de abril de 2008

René Descartes, el misterio de su muerte

Fue uno de los protagonistas y porque no fundador de la filosofía moderna, vivió en el Siglo XVII, época en que la razón era protagonista por sobre las cuestiones místicas y religiosas. Mediante sus meditaciones y su método intentó dar respuesta al escepticismo reinante. Su teoría no fue el rechazo o la negación de la duda sino su aceptación hasta las últimas consecuencias. Es decir, utilizó la duda como método y sometió todo conocimiento a duda con el fin de encontrar una verdad de la que ya no pudiese dudar ni el más escéptico. Pero no estamos aquí para hacer un análisis de su pensamiento, sino el de un rumor que comenzó a tener firmeza poco después de su muerte. ¿Pudo Descartes morir asesinado por sus rivales intelectuales?

Formación Intelectual
Descartes nació el 31 de marzo de 1596 en La Haye, en la Turena francesa. Pertenecía a una familia de la baja nobleza, siendo su padre, Joachin Descartes, Consejero en el Parlamento de Bretaña. La temprana muerte de su madre, Jeanne Brochard, pocos meses después de su nacimiento, le llevará a ser criado en casa de su abuela materna, a cargo de una nodriza a la que permanecerá ligado toda su vida.
A los ocho años, fue enviado a un nuevo colegio, fundado por el rey Enrique IV en La Flèche, una aldea 105 km al noroeste de La Haya. En esta escuela, que posteriormente se convirtió en la mas celebre de Europa, fue supervisado en su preparación humanística por jesuitas y estuvo bajo la tutela del padre Charlet, un pariente lejano que se convertiría en su "segundo padre" Durante los 10 años que pasó en La Flèche, René estudió a los autores clásicos griegos y latinos, adquirió práctica para escribir en francés y latín, estudió música y artes dramáticas e incluso dominó las caballerescas artes de la equitación y la esgrima. Al crecer, se interesó en la ciencia, cuya enseñanza no era otra cosa que las teorías de Aristóteles, de 2000 años de antigüedad, reinterpretadas por académicos medievales. Pero en la escuela jesuítica también se impartían los más recientes avances en matemáticas y astronomía.
El joven tenía una sed insaciable de conocimientos y poco después se vio a sí mismo en el límite del conocimiento de su época. Al descubrir errores y contradicciones en las enseñanzas de sus maestros, rehusó aceptar los enormes y graves vacíos en el mapa del conocimiento como si fuesen dictados por Dios. Luego de otros dos años en la Universidad de Poitiers, finalmente se tituló en leyes en 1616. Ahí terminaron los estudios formales del joven Descartes, pero rehusó ejercer la profesión de abogado y tampoco se sintió satisfecho con la vida contemplativa del académico. Así, anunció su plan de buscar el conocimiento viajando, observando y aprendiendo de lo que llamó "el libro del mundo"
Después de sus estudios opta por la carrera de las armas y se enrola en 1618, en Holanda, en las tropas de Maurice de Nassau, príncipe de Orange. Allí conocerá a un joven científico, Isaac Beeckman, para quien escribe pequeños trabajos de física, como "Sobre la presión del agua en un vaso" y "Sobre la caída de una piedra en el vacío", así como un compendio de música. Durante varios años mantienen una intensa y estrecha amistad, ejerciendo Beeckman una influencia decisiva sobre Descartes, sobre todo en la concepción de una física matemática, en la que había sido instruido por Beeckman. Continúa posteriormente sus investigaciones en geometría, álgebra y mecánica, orientado hacia la búsqueda de un método "científico" y universal.
La noche del 10 de noviembre de 1619 tiene tres sueños sucesivos que interpreta como un mensaje del cielo para consagrarse a su misión filosófica. La importancia que concede Descartes a estos sueños choca con las características que se le atribuyen ordinariamente a su sistema ( racionalismo), pero según el mismo Descartes nos relata, estarían en la base de su determinación de dedicarse a la filosofía, y contendrían ya la idea de la posibilidad de fundamentar con certeza el conocimiento y, con ello, reconstruir el edificio del saber sobre cimientos firmes y seguros. Habiéndose dotado con su método de una moral provisional, renuncia a su carrera en el ejército. De 1620 a 1628 viaja a través de Europa, residiendo en París entre los años 1625-28, dedicando su tiempo a las relaciones sociales y al estudio, entablando amistad con el cardenal Bérulle, quien le animará a desarrollar sus teorías en afinidad con el catolicismo. Durante este período se ejercita en su método, se libera de los prejuicios, acumula experiencias y elabora múltiples trabajos descubriendo especialmente en 1626 la ley de refracción de los rayos luminosos. También en esta época redacta las "Reglas para la dirección del espíritu", obra inacabada que expone lo esencial de su método.

"Pienso, luego existo"
En 1633 Descartes terminó el primer borrador de una extensa obra que se titularía Le Monde (El Mundo). Pero entonces recibió la noticia de que el astrónomo Galileo había sido condenado por la Iglesia Católica en Roma por adherirse a la teoría de que la Tierra gira alrededor del Sol, la cual Descartes apoyaba. Dejó de lado su manuscrito y durante los siguientes tres años escribió el libro en que definió su método científico en una forma que fuera aceptable para los teólogos eclesiásticos. En una época en que casi todos los libros académicos se escribían en latín, Descartes publicó el suyo en francés, con el título de Discours de la méthode (Discurso del método). Pero su cita más famosa se conoce en latín. Es su sonora demostración del poder de la mente: Cogito, ergo sum (Pienso, luego existo).
El Discurso de Descartes de 1637 postuló cuatro reglas para la investigación científica: 1) no dar por cierto algo que no parezca evidente, 2) dividir un problema en el mayor número posible de partes, 3) buscar primero soluciones para los problemas más simples y preceder paso a paso con los más complicados, y 4) revisar las conclusiones para asegurarse de que no hay omisiones.
El método de Descartes fue una doctrina revolucionaria en una época en la que se esperaba que el científico o filósofo respaldara sus teorías con citas de la Biblia o de obras eclesiásticas, y pronto tuvo muchos adversarios. Pero también tuvo importantes partidarios, entre ellos la reina Cristina de Suecia, que obtuvo las obras de Descartes por medio del embajador francés en su corte, e inició una correspondencia con él en 1647. Cristina heredó el trono a la muerte de su padre, Gustavo II Adolfo, cuando tenía seis años. Mientras que un regente gobernó el país a su nombre, Cristina fue educada en un medio rural alejado de la corte, pero se le dio la educación que normalmente se impartía a los jóvenes. Se prohibió a los extranjeros asistir al funeral de su padre, "para que no sepan de nuestra pobreza", explicó el concilio gobernante. Coronada a los 18 años en 1644, Cristina decidió corregir la desfavorable imagen que tenía Europa de su país.
La joven reina hizo de su corte el centro del arte y el conocimiento del norte de Europa, trayendo músicos y artistas de Alemania e Italia. Pero la estrella de este firmamento intelectual fue Descartes. La reina decidió atraer al académico francés desde su autoexilio en Holanda y nombrarlo filósofo residente de su corte en Estocolmo. Descartes, de 53 años, cedió con renuencia ante la insistencia de Cristina, y en el otoño de 1649 abordó un barco rumbo al que llamó Suecia.

Las madrugadas educativas, el invierno y la muerte.
Recibido ceremoniosamente en Estocolmo, Descartes fue asignado para escribir versos en francés para un ballet. Pero su principal obligación fue ser tutor de la reina, con una particularidad, la reina le cita en palacio cada mañana a las cinco de la madrugada para recibir sus lecciones. Descartes, de salud frágil y acostumbrado a permanecer escribiendo y leyendo en la cama hasta media mañana encuentra en esta obligación algo muy difícil de sobre llevar, por su parte su estudiante real resultó ser aplicada pero poco ilustrada para poder lograr reflexiones propias y si sumamos que la vida en la corte ofrecía poco estímulo intelectual para el filósofo francés, se puede decir que Descartes se encontraba decepcionado y con ganas de marcharse cuanto antes.
El invierno le resultó intolerable y se quejó de la estación diciendo que "se hielan hasta los pensamientos de los hombres". El 1° de febrero de 1650, a sólo cuatro meses de su llegada a Suecia, Descartes enfermó de un resfrío que se convirtió en pulmonía, o así se dijo entonces; murió 10 días después. Siendo católico en la Suecia protestante, Descartes fue sepultado en un cementerio normal mente destinado a niños no bautizados. El embajador francés grabó en la lápida una enigmática inscripción: "Expió los ataques de sus rivales con la inocencia de su vida." ¿quiénes eran los rivales? Cierto era que otros cortesanos tenían razones para envidiar la prominencia del visitante francés, quien era el primero entre los académicos y artistas atraídos por Cristina a Estocolmo. ¿Acaso había un motivo religioso para querer quitar a Descartes del camino? Secretamente, la reina protestante se inclinaba al catolicismo y se supone que se carteó con el Papa y recibió a dos emisarios secretos de Roma. ¿Es que Descartes influyó sobre la reina en su misión espiritual? De ser así, debió haber varios en Estocolmo que temieran de su poder sobre la impresionable y joven soberana y que tenían razones de peso para querer eliminarlo.

Comienzan los rumores de Asesinato.
Al poco tiempo de morir, se comenzaron a tejer rumores sobre una posible conspiración de los intelectuales de la corte de Suecia para alejar a Descarte de la reina, incluso las sospechas se extienden a la miembros de la iglesia protestante, quienes vieron en las doctrinas católicas del francés un peligro hacia la estabilidad de la religión de Estado. Hay quienes dicen que la ortodoxia protestante era demasiado severa y rígida para la joven reina y su curiosidad intelectual. Tal vez se sintió atraída por la peculiar percepción religiosa de Descartes, aunque no hay evidencia de que él estuviera relacionado con su conversión.
En el circulo intimo de los allegados a Descartes en Suecia, se puede decir que no logró estrechar amistad con nadie, siempre fueron muy distantes con él, participaban de sus charlas y debates, incluso escribió algunas reflexiones por encargo. Esta situación llevo a que varias veces sintiera necesidad de marcharse de ese lugar tan hostil para su persona.

La peregrinación de sus restos y el robo del cráneo.
Después de su muerte el cuerpo de Descartes había de permanecer aún en Suecia dieciséis años, hasta que en 1666 los amigos y admiradores del sabio en Francia se decidieron a gestionar el regreso a la patria de los restos del grande hombre. El primero de mayo se procedió a su exhumación del lugar en que reposaban, donde habían sido enterrados, por permiso especial de la reina, según el ritual de la Iglesia romana. Los huesos, debidamente embalados y sellados, fueron enviados a Copenhague. Allí, como los marineros daneses se negasen a transportarlos -pues para ellos navegar con un cuerpo muerto era mal presagio-, fue preciso fingir que se trataba de una mercancía cualquiera. Durante los tres meses de retraso ocasionados por este incidente se encargó de su custodia el embajador francés en Suecia, el caballero de Terlon. Por fin, el difunto fue admitido a bordo del buque, y en aquella forma, poco solemne pero expeditiva, el féretro atravesó Alemania, Holanda y Flandes sin obstáculos.
Como nadie es profeta en su tierra, el segundo tropiezo lo tuvo Descartes al llegar a Francia. Allí los aduaneros del proteccionista Colbert vigilaban para que no se introdujese en el país ningún artículo que pudiese socavar la preponderancia industrial francesa. Tuvieron que abrir el envoltorio, y visto su contenido, pasaron adelante. El féretro fue depositado al fin en la iglesia de Santa Genoveva. Antes de ser puesto en su morada final, el ataúd fue abierto para realizar una revisión y se hizo un macabro descubrimiento: el cráneo había sido sustraído.En el ataúd sólo se halló una tibia, un fémur, un cúbito y un radio; lo demás estaba pulverizado. Había también un hueso que se discutió durante largo tiempo si se trataba de un frontal. Pero es inverosímil que el cráneo hubiese quedado reducido a polvo antes que todo lo demás. El supuesto frontal, en todo caso, difícil de identificar, planteaba un enigma. En 1821, en carta fechada a 6 de abril, el químico sueco Berzelius manifestaba al paleontólogo Cuvier hallarse en posesión del auténtico cráneo de Descartes: no de un frontal ni unas mandíbulas, sino de una pieza casi entera a la que faltaba la mandíbula inferior.
Hay algunos indicios que hacen suponer que el cráneo fue robado en Suecia por el relato de unas Memorias de la reina Cristina de Suecia, fechadas en 1751, en que se dice siguiente: «No se debe pasar en silencio un hecho conocido por pocas personas... Un oficial de la guarnición de Estocolmo, comisionado para exhumar el féretro de Descartes cuando se trataba de transportarlo a Francia, habría hallado un modo de abrirlo, extrajo el cráneo del difunto, que conservó consigo durante el resto de sus días, muy cuidadosamente, como uno de los mejores recuerdos de aquel gran filósofo. Después de la muerte del oficial sus acreedores, en lugar de dinero, no hallaron nada más que aquel cráneo, que ha pasado después a otras manos. Aquel oficial se llamaba Isaac Planstrom.» Pero el cráneo también fue devuelto a Francia y registrado desde 1878 en el inventario de especimenes anatómicos del Musée de L'Homme en París. Desafortunadamente, cabeza y cuerpo permanecen separados hasta hoy en día junto al río Sena.

Informe médico, 330 años después.
En 1980, el publicista y científico alemán Eike Pies clasificaba correspondencia de Willem Piso, su ancestro del siglo XVII, en los archivos de la Universidad de Leyden en Holanda. De pronto, dio con el recuento de un testigo de la muerte de Descartes, 330 años antes: era una carta escrita por el médico de la reina Cristina, Johann van Wullen, un renombrado galeno de esa misma época. "Como usted sabe, varios meses atrás Descartes llegó a Suecia para rendir homenaje a Su Serena Majestad la Reina", escribió Van Wullen. "Justo ahora, a la cuarta hora antes del alba, este hombre expiró... La Reina quiso ver esta carta antes de enviarla. quiso saber qué escribí a mis amigos acerca de la muerte de Descartes. Me ordenó estrictamente evitar que mi carta cayera en manos de extraños." Movido por la curiosidad, Piso siguió leyendo la peculiar información de la misiva. A continuación se detallaba día por día el progreso de la enfermedad final de Descartes. ¿Por qué, se preguntó Eike Pies, juzgó necesario el médico de la corte sueca escribir a su colega de Holanda acerca del curso de una enfermedad tan común como la pulmonía? ¿Por qué la reina en persona censuró las noticias acerca de la muerte de su renombrado huésped? En busca de otra opinión, Pies tradujo la carta, omitió nombres, lugares y fechas, y la entregó a un patólogo criminalista. El veredicto: los síntomas descritos en la carta de Van Wullen corresponden a intoxicación aguda por arsénico. Dañando el tracto intestinal, esta intoxicación produce intensas náuseas y dolores estomacales. Las membranas mucosas se hinchan, estallan los vasos sanguíneos y la sangre mezclada con los jugos gástricos forma una masa negra que se excreta por los intestinos o por medio de vómito. Estos síntomas no son los que se asocian con pulmonía.
¿Cómo se resuelve un crimen de tres siglos de antigüedad? Hay pocas posibilidades de hallar al culpable y ninguna de hacer un juicio. Pero se puede reunir evidencia, pues el arsénico se deposita en los huesos, uñas y pelo de la víctima, y puede ser hallado mucho tiempo tras la muerte. ¿Deberían exhumarse otra vez los restos? Muchos protestarían seguramente por esta nueva perturbación en aras de la remota posibilidad de descubrir un crimen que ocurrió hace tanto. Y hallar al culpable, si es que hubo alguno, es imposible, además de innecesario hasta cierto punto. Pero Descartes fue el primer promotor de la investigación científica. Aplicando las cuatro reglas postuladas en el Discurso del método, se podría decir lo siguiente: 1) no es un hecho evidente que haya muerto de pulmonía, 2) el problema podría dividirse en cuatro partes: ¿fue envenenado?, ¿cómo?, ¿por quién?, ¿por qué motivo?, 3) el problema más sencillo es la causa de la muerte y esto podría resolverse antes de los problemas más difíciles, si no insolubles, 4) revisar las conclusiones, para asegurar que no se cometieron errores, añadiría una nota que seguramente resultaría fascinante a la historia y una conclusión más interesante a la biografía de uno de los pensadores más profundos e influyentes en las páginas del conocimiento indagado por el hombre.

¿Envenenamiento con arsénico?
En su época, se anunció que Descartes murió de pulmonía a principios de 1650. Esta enfermedad se inicia con resfrío, temblores, fiebre y agudos dolores de pecho; los subsecuentes síntomas incluyen tos, jadeos y expectoración color óxido. En contraste, la carta de la época del médico de la corte, Johann van Wullen, a un colega holandés, muestra un cuadro totalmente distinto al que presentaba el filósofo: "Durante los primeros dos días, su sueño fue profundo y no comió, bebió ni tomó medicamento. El tercero y cuarto días estaba agitado y no durmió, aún sin comer o medicarse. Al quinto día fui llamado a su lecho, pero Descartes no quiso que le diera tratamiento. Como las señales inequívocas de la muerte próxima eran obvias, acepté gustosamente mantenerme alejado del moribundo. Al pasar el quinto y sexto días, se quejó de mareo y de fiebre interna. Al octavo día, de hipo y vómito negro. Luego tuvo respiración inestable y la mirada extraviada, presagiando la muerte. Al noveno día, todo estaba perdido. A la mañana del décimo día su alma regresó a Dios." Esta descripción del avance de la enfermedad final de René Descartes coincide mucho mejor con los síntomas de intoxicación aguda por arsénico que con los que son característicos de la pulmonía. Si se confía en la carta del médico Johann van Wullen, Descartes pudo ser víctima de un asesinato.

Conclusión.
Nunca sabremos con certeza, si René Descartes murió envenenado por un posible complot intelectual-religioso en Suecia, o si efectivamente el frío intenso del invierno le provocó una pulmonía que terminó con su vida. Indudablemente todo apunta a sostener la teoría del asesinato como la mas firme, pero ¿quien fue el autor de semejante complot? esta pregunta quedará sin respuesta hasta que algún hallazgo casual eche luz sobre las causas de la muerte del Filósofo.

miércoles, 9 de abril de 2008

La Leyenda de Barbazul

Muchas veces, escuchamos relatos o historias que nos parecen llenas de fantasía e imposibles de ser verdad. Es entonces que vemos que la realidad, no sólo supera a la ficción en lo asombroso, sino también en lo espeluznante. Muchos de nosotros hemos oído de pequeños la historia de "Barbazul" y como mataba a sus esposas.
Lo cierto es que esta historia se basa en un hombre que de verdad existió, en la Francia del siglo XV y de quien aunque no se conservan retratos, se dice que tenía una barba de tinte azulado. No obstante, sus crímenes no fueron el asesinato de mujeres, sino el de niños y niñas con macabro sadismo.

Gilles de Laval, Marques y Barón de Rais (en algunos casos su apellido puede verse escrito como Rays, Rayx o Retz), nació a finales del año 1404 en el castillo de Machécoul, Francia.
A la edad de nueve años, perdió a su padre; mientras que su madre, quien se casó con mucha rapidez luego de la muerte de su marido, los abandonó a él y a su hermano René, falleciendo ella dos años después.
De todas formas, su padre en vida, ya había tomado los recaudos para la futura educación de sus hijos, en caso de que él faltase prematuramente; había estipulado que fuesen criados por uno de sus primos y educados por dos sacerdotes. En lugar de esto, los niños fueron enviados a vivir con Jean de Craon, su abuelo, hombre de un temperamento violento que se preocupaba mucho más por atender sus propios asuntos que por sus nietos, aun cuando siendo Gilles el mayor, se convertía en el único heredero de toda la fortuna familiar, de acuerdo a la ley vigente en esa época, que aseguraba todas las propiedades al primogénito.
De su infancia, sabemos que fue un niño muy inteligente, capaz de leer el latín con fluidez y amante de la música, además recibió el entrenamiento militar que todos en su familia de caballeros medievales habían tenido. Entre tanto, secretamente leía ávidamente Suetonio, extasiado por los detalles de la vida de los emperadores romanos y sus excesos sexuales. Gilles admitió, más adelante en su vida, durante su juicio que las historias relatadas por el autor latino habían exaltado su tendencia a las fantasías sexuales, más aún siendo él homosexual.

Gilles en la Corte Francesa de Carlos VII
Cinco años más tarde, fue a la corte del Delfín donde dejo una favorable impresión, debido a su buena educación y atractiva apariencia.
Le gustaba mucho la lectura, y ocupaba mayormente su dinero y tiempo en coleccionar libros, entre los cuales estaba una copia de “La ciudad de Dios” de San Agustín. Sin embargo, también se preocupaba mucho por hacer que los servicios religiosos y la apariencia de las capillas de sus castillos, fueran lo más elaborados y esplendorosos que pudiera obtener, en los cuales gastaba enormes cantidades de dinero. Esto fue en realidad, lo que provocó una disminución importante en su fortuna. No obstante, hubo un momento en que llego a ser el noble más rico de Europa, y por si fuera poco, para seguir nutriendo sus arcas raptó a su prima (instigado por su abuelo) Catherine de Thouars, una heredera extremadamente rica, con la que se casó públicamente el 24 de abril de 1422 y que le daría una hija (llamada Marie) en 1429.
Fue en 1429, que Gilles estando presente en Chinon, presenció la llegada de una joven venida de una pequeña aldea llamada Domremy, con apenas diecisiete años exigía ver al Delfín. Sus motivos eran dos: aseguraba ser la enviada de Dios para derrotar los ingleses que acampaban cerca de Orleáns y colocarlo a él en el trono de Francia. Aunque Todos le decían al príncipe que la muchacha estaba completamente loca, viendo todos los peligros que había sorteado en su viaje para verlo, él decidió ponerla a prueba.
Como es conocido, hizo sentar a uno de sus pajes al trono y él se vistió con sus ropas, pero la joven inmediatamente lo reconoció y le expuso su plan a solas.
En vista de esto, Carlos VII le ordenó al marques de Rais que acompañara a “la Doncella” a Orleáns. Una posibilidad, dicen algunos, es que el joven príncipe notó la fascinación Gilles con la figura de la joven (un poco masculina) y su gran vitalidad.
Al lado de quien luego sería la Santa Patrona de Francia, Juana de Arco, Gilles de Rais luchó dando muestras de gran valor, en Orleáns y en Patay, donde derrotó nuevamente a los ingleses, debido a esto, ambos se convirtieron en héroes nacionales (Jeanne aún sin salir de la adolescencia y Gilles con veinticuatro años) .
Cuando llego el momento de la coronación del Delfín, a Gilles le fue concedido el honor de ser quien colectara el óleo sagrado con el que el rey sería ungido.
Luego de la coronación a Gilles se le otorgaron otros dos altos honores: fue nombrado Mariscal de Francia y se le permitió incluir la Flor de Lis en su escudo de armas.
Sin embargo, el trágico final de Juana de Arco estaba cerca, ministros llenos de envidia, se encargaron de eso.; además el auto indulgente y débil rey hizo poco o nada para ayudarla en el momento de más necesidad, y por si fuera poco su memoria tardo largos años en ser reivindicada. Al año siguiente fue apresada por los ingleses, y con el apoyo de la mayoría de los nobles franceses y la Iglesia, quemada viva en Ruan en 1431, bajo falsos cargos de brujería. Al morir ésta Gilles aseguró que la "pureza" había muerto, no obstante el mismo que dijo esas palabras fue un verdadero sádico que sólo obtenía placer a través de las torturas que infringía a sus víctimas.
A los 25 años renunció al honor que se le había impuesto de Mariscal de Francia, y tras retirarse a sus posesiones de Tiffauges, se dedicó a convertirse en la otra cara de la moneda. Dejó de luchar por el bien para luchar por el mal guiado por la alquimia y el sacerdote Prelati del que creía conseguiría la piedra filosofal.

LOS ASESINATOS
Fue en ese año que siguió a su gloria, que según confesó más tarde, cometió su primer asesinato sexual, el de un niño.
Uno de los jóvenes que fue llevado al castillo, Etiène Corillaut, llamado Poitou fue violado, pero cuando el marques se preparaba para cortar su garganta, Gilles de Sille, su primo allí presente, le sugirió que era un muchacho demasiado atractivo y que podrían hacer de él un formidable paje. Así salvo su vida, pero se convirtió en uno de los secuaces de más confianza del noble.
El “modus operandi” de los asesinatos era el siguiente: con algún pretexto los niños eran convencidos de ingresar al castillo. Una vez que había entrado a la habitación de Gilles de Rais, lo colgaban del techo con una soga o una cadena.
Antes de que alcanzara a quedar inconsciente, lo bajaban y le aseguraba que el marques no quería hacerle daño alguno. Pero, acto seguido se le quitaba la ropa y era violado por Gilles o por alguno de sus cómplices. Después le cortaban la garganta o con una espada que tenían especialmente para decapitar y que llamaban braquemard le cercenaban la cabeza (Así, tenía el barón las cabezas en su dormitorio, las cuales habían sido retocadas por maquilladores. (se cuenta que hacía junto con sus servidores concursos de belleza con las cabezas).
Pero estaba lejos de ser el fin, Gilles continuaba abusando del cadáver mientras le abría el estomago y obtenía su sádico placer. Inmediatamente se desmayaba y era cargado hasta su cama mientras sus cómplices desmembraban y quemaban el cuerpo. Como confesó más adelante, inclusive llegaron a obligar a dos niños a presenciar sus macabras torturas.
Pero había algo más, en muchos aspectos Gilles parecía comportarse como una especie de decadente emperador romano. Rodeado de su propio séquito y gran cantidad de lujo. Sin ir más lejos, tenía doscientos caballeros a los cuales alimentaba y proveía de lo que necesitasen.
Adoraba los banquetes y los espectáculos lujosos. Fue en 1435 cuando la ciudad de Orléans celebró su liberación gracias al liderazgo de Juana de Arco, que montó una obra de teatro llena de misterio y basada en el sitio que la ciudad había sufrido. La obra contaba con escenarios de grandes proporciones y un reparto de cientos de personas, siendo el rol principal protagonizado por el propio marques de Rais y por si fuera poco, compró vino y comida para todos los espectadores.
Si calculamos las cifras de aquel entonces y las relacionamos con las de hoy en día, en tres años despilfarró el equivalente a algunos millones de dólares.

GILLES EN BANCARROTA
Esta pérdida de dinero le hizo pensar en cómo recuperar lo perdido sin trabajar, y fue conseguir la piedra filosofal, que según el esoterismo puede convertir el metal en oro, su meta en los siguientes años. En su castillo instaló un laboratorio y se trajo magos y alquimistas de toda Europa, pero los gastos se incrementaban. Puesto que no fructificaba, hubo quien le sugirió que pidiera ayuda al mismo Diablo, y se cuenta anecdóticamente incluso que puso parte de su testamento al nombre de éste aunque con la condición de no cederle su alma. Se supone pues que su primer asesinato surgió a raíz de este pacto con el Diablo. A su víctima le sacó el corazón, los ojos y le cortó las muñecas para sacar su sangre, pero el oro no apareció. No obstante Gilles de Rais, alias Barba Azul, consiguió algo que no esperaba: placer.
Utilizaba niños a los que violaba y asesinaba. Los colgaban de ganchos, los escuchaba suplicar, simulaba salvarlos del horror y luego los degollaba, violaba ya cadáver, mutilaba y utilizaba las membranas y la sangre para sus hechizos alquímicos. Se le atribuyeron más de 200 crímenes de niños y adolescentes. Algunos de los niños desaparecían de la ciudad de Nantes y pueblos colindantes, y otros eran pobres mendigos a los que llevaba a su casa mediante secuestro.
Su hermano menor, al ver que Gilles malvendía las propiedades de la familia se alarmó tanto que recurrió al mismísimo rey de Francia para que promulgara un interdicto para impedir que su hermano continuara vendiendo las posesiones familiares, cuando menos las tierras. Para Gilles esto fue intolerable y se fue sumiendo cada vez más en su ensimismamiento y se volvió cada vez más taciturno. Fue entonces que vislumbró una posible, pero oscura solución.
Para poder realizar sus deseos le pidió al sacerdote Eustache Blanchet que le buscara un mago. Para esto hicieron una especie de “entrevista laboral”, a todos aquellos que solicitaban el “puesto de mago” les realizaban una prueba para que demostraran sus supuestos poderes. Esta consistía en la invocación de aves; mientras casi todos fallaron tan solo al intentar conjurar unos pocos pájaros, uno sólo llamado Fontanelle tuvo éxito al conjurar veinte cuervos.
Pero, aseguraba también ser capaz de otras invocaciones, como la del demonio Barron y compañeros suyos. Debido a que Gilles fue advertido de que la transformación de los metales en oro no podía lograrse sin la intervención del Diablo, decidió vender su alma.
Lo cierto es que durante algún tiempo le costó decidirse, recordemos que para un noble de su época, muchas atrocidades podían considerarse como parte de su derecho, pero invocar demonios ya eran palabras mayores... todavía más aterrador que el asesinato o la tortura le resultaba esta idea al marques.
Finalmente, la tentación de la riqueza fue más fuerte que los restos de devoción católica que no habían sido opacados por los crímenes o por el temor al Mal; fue así como se encerró junto con Gilles de Sille en el sótano del castillo de Tiffauges y con la ayuda del mago, se preparan para iniciar su trato con los habitantes del Infierno.
Los dos primos fueron advertidos de no hacer la señal de la cruz o sus vidas correrían peligro. Gilles se paró dentro del círculo mágico, mientras que Sille se ubicó cerca de un pequeña ventana en caso de que tuviera que huir.
La leyenda cuenta que fueron brutalmente expulsados del lugar, justo antes de que el techo colapsara. A pesar de que intentó continuar con otros magos, pero ni siquiera pudo llegar a los conjuros: uno de ellos murió ahogado camino al castillo y a pesar de que el otro alcanzó a llegar murió poco después. Esto hizo que Gilles se retractara de la decisión de vender su alma, pero viéndose nuevamente en graves problemas monetarios, eligió continuar con sus experimentos.
En 1439, envió a Blanchet a Italia para que buscara a otro mago. El clérigo retornó con un joven muy atractivo y poseedor de un gran encanto (también aparentemente homosexual) de nombre François Prelatti. Si era este muchacho un embaucador o realmente un experimentado en los secretos de la hechicería no lo podemos saber, pero si que Gilles lo encontró muy atractivo y puso total confianza en él.
El supuesto hechizador, le dijo que para realizar la invocación se debía ofrecer El sacrificio de un niño, partes de su cuerpo y su sangre (por supuesto que Gilles no puso el menor inconveniente). Fue así como abusó y torturo a un niño, pero nuevamente se arrepintió y no pudo vender su alma.
Durante una de las invocaciones, Gilles y su primo escucharon fuertes ruidos, al ir a ver lo encontraron «tan lastimado que casi no podía tenerse en pie ». El les contestó que había sido atacado por el demonio Barron y estuvo varios días en cama, mientras Giles en persona se ocupaba de atenderlo.
En otra ocasión, le dijo a Gilles que había logrado hacer una pila de oro, él salió corriendo, pero primero llegó Prelatti quien al introducirse el habitación gritó que había una enorme serpiente protegiendo el metal precioso. Gilles huyó, y al regresar no encontró más que una simple pila de polvo.
Pero sus experimentos con la magia no lo distrajeron de sus matanzas, prosiguió con sus crímenes, esta vez también asesinando y torturando niñas.
Durante sus años de asesinatos, Gilles estuvo a punto de ser descubierto. En 1493, llego a oídos de su familia que había intentado vender el castillo Champtoce, a pesar del interdicto del rey. Sin embargo, lo único que aterrorizaba a Gilles, era la posibilidad de que el nuevo dueño descubriera los restos mutilados de niños que había dejado allí, por lo que mando a sus ayudantes a retirar los restos de los cadáveres, los cuales casi fueron sorprendidos por el personal del nuevo propietario.
Entre tanto, el Duque de Britania, le había impuesto una multa por una enorme cantidad de dinero y comenzado la investigación de las cientos de desapariciones de jóvenes y niños.
Pero Gilles cometió el error que lo delataría finalmente en julio de 1440. Para poder conseguir dinero, vendió el castillo de Mermorte a Geoffroy de Ferron, tesorero del Duque de Britania. Por algún motivo, luego de la venta, el Mariscal de Francia se arrepintió y decidió retomar posesión de su castillo, el cual aún no había sido ocupado.
Las llaves estaban en posesión del hermano de Geoffroy, el sacerdote Jean de Ferron. Fue la falta de paciencia de Gilles la que lo llevó a dirigirse con sus hombres a la Iglesia de St Etienne de Mermorte, donde el sacerdote cumplía sus deberes. Poco después de misa hizo que sacaran por la fuerza al sacerdote fuera de la Iglesia y lo golpearan. Eso constituía una falta de enorme gravedad contra la Iglesia y una afrenta para el Duque.
Pero aún durante el trayecto para recuperar las llaves, su sed de muerte no se detuvo. Luego de salir de la Iglesia, se detuvieron en Vannes y se hospedaron en una casa cercana al palacio del Obispo Malestroit. André Bouchet, un ex corista de la capilla privada de Malestroit le llevó a un niño de diez años, pero viendo que su alojamiento no le ofrecía la seguridad que necesitaba para saciar su horrible deseo, llevaron al niño a una casa cercana al mercado del pueblo; más tarde el pequeño fue decapitado y su cuerpo decapitado fue arrojado a las letrinas para que el olor evitara que alguien pudiera sentir la descomposición del cuerpo o encontrarlo.
Pero no era solamente el Duque quien quería llevar a Gilles a juicio. Secretamente, el mismo Malestroit había estado preparando cargos en contra suyo. Junto con la Inquisición, presentaron cargos de herejía y se llamó a u juicio civil en la corte ducal. De esa forma, el Duque, el obispo y el inquisidor declararon hereje y confiscaron las propiedades de de Rais.
Cuarenta y siete cargos fueron levantados en su contra. entre ellos: conjurar demonios (a esto se le sumo además la práctica de sacrificios humanos), abuso contra el privilegio clerigal y actos sexuales perversos contra niños.
Las acusaciones, citadas textualmente fueron “herético, conjurador de demonios...acusado de crimen y vicios contra la naturaleza, sodomía, sacrilegio y violación de inmunidades de la Santa Iglesia”.
El 13 de septiembre del año 1440 convocó a Gilles ante la corte. En cuanto a las audiencias preliminares, estas se realizaron los días 28 de Septiembre, 8 11 y 13 de octubre. El juicio formal comenzó el 15 de octubre.
Pero también el Duque de Britania y Juan V decidieron llevar a cabo otro juicio por separado, que empezó el 17 de septiembre del mismo año.
El acta poseía cuarenta y nueve parágrafos en los cuales se hallaban incluidos muchas acusaciones de homicidio de niños.
AL principio, Gilles se comportó de manera arrogante y desafiando a las autoridades, pero después del sexto interrogatorio, el viernes 21 de octubre de 1440 fue torturado. Recién entonces, les prometió a sus interrogadores confesar, tal fueron sus palabras “voluntaria y libremente”
Pero todavía llego a desconcertar con su confesión, ya que admitió todos los crímenes que se le imputaron, inclusive algunos que resultaban imposibles de creer. Para esclarecer las dudas se convocaron 110 testigos, a raíz de esto sus sirvientes y otros cuatro allegados fueron interrogados y torturados.
A su paje Poitou y a Henriet Griard su administrador también los acusaron por su complicidad.
Después de confesar, Gilles de Rais pidió perdón a las familias de los niños que había torturado y asesinado, estas fueron sus palabras:
“ Ustedes, quienes están presentes,- ustedes sobre todo, cuyos niños yo he asesinado – yo soy su hermano en Cristo. Por la Pasión de nuestro Señor, les imploro, recen por mí. Perdónenme, con todos sus corazones el mal que les he hecho, así como ustedes mismos esperan por la Misericordia y Perdón de Dios.”
Fue en Nantes, el 26 de octubre de 1440 que Gilles de Rais fue ejecutado. Antes de morir, cantó De Profundis y al terminar le dijo al verdugo “le agradezco a Dios con el por haberme manifestado el sigo de su amor” y le pidió que lo dejara rezar un poco más, se puso de rodillas y rezo, y los cientos de espectadores allí reunidos rezaron con él.
Murió ahorcado, pero no porque su cuello se rompiera, sino por estrangulamiento. Su cuerpo junto con los de Henri y Poitou fue arrojado a una pira en llamas. Ese día, los familiares de los niños, los jueces y todos los demás que habían ido a presenciar la ejecución dejaron ríos de lágrimas, cada uno con su dolor al ver la agonía de Gilles de Rais, otrora glorioso héroe de Francia convertido en salvaje asesino y torturador de víctimas inocentes.
A sus familiares se les dio permiso de retirar sus restos luego de que la hoguera se hubo extinguido, mientras que sus dos sirvientes, que fueron quemados vivos permanecieron a disposición de los elementos.
Pero la última palabra aún no esta dicha, no se permitió ningún testimonio de defensa a favor de de Rai ni asesoría o representación legal alguna; lo cual era bastante inusual, aún para los juicios de la Inquisición.
Ninguno de sus quinientos sirvientes fue llamado para dar testimonio en su ayuda y al contrario, se torturo a sus más allegados para que testificara en su contra, tras lo cual, se los liberaba inmediatamente (aunque esto ultimo si coincide con el procedimiento de las cortes eclesiales de la época).
Una teoría que varios historiadores todavía defienden, es que Gilles estaba completamente loco, y a sabiendas de esto el Duque de Britania y Malestroit conspiraron juntos para quedarse con sus posesiones. De hecho el Duque, quien parecía estar seguro del resultado del juicio, tomó la parte que le correspondía de las tierras de Gilles quince días antes de que el juicio diera comienzo.
Esta sospecha ya se veía en las afirmaciones del cronista del siglo XVI Monstrelet, estas son sus palabras:
“ La gran parte de los nobles de Britania, más especialmente sus allegados, se encontraban en extrema pena y confusión frente a su desgraciada muerte. Antes de este evento, era muy renombrado como un muy valiente caballero de armas”.
A pesar de las dudas, y de las evidencias, Gilles de Rais no pudo descansar en paz. Durante la revolución su tumba, ubicada en la Iglesia de Notre Dame du Carmel en Nantes, fue destruida, quizás, como una venganza póstuma de los revolucionarios al noble más cruelmente recordado y odiado de sus historias orales.

martes, 8 de abril de 2008

Carlos II (El Hechizado)

Cuando Felipe IV murió en 1665, su hijo y heredero, Carlos II, apenas tenía cuatro años. Su constitución débil y enfermiza le habían permitido a duras penas sobrevivir a su padre, y eran pocos los que presagiaban que pudiera vivir más de unos meses, por lo que las potencias europeas del momento, comenzaron a posicionarse para colocar a sus candidatos al trono en la mejor posición posible.
Para sorpresa de todos, los extremos cuidados de su madre le permitieron alcanzar la adolescencia y, aún más, anunciar que buscaba esposa. A pesar de este alarde, el panorama no era muy halagüeño: a su debilidad física, se le unían una escasa inteligencia -que rayaba la estupidez- y la falta de preparación intelectual. La reina bastante había tenido con que el pequeño monarca fuera sobreviviendo, para ocuparse también de su formación, de ahí que a los nueve años, y tras cinco en el trono, Carlos no supiera ni leer ni escribir.

La elegida como esposa fue la princesa francesa María Luisa de Orléans, sobrina de Luis XIV. Las nupcias se celebraron en Fontainebleau en agosto de 1679, ambos tenían 17 años y, al parecer, el rey se había enamorado locamente de su prometida nada más ver su retrato.
Lo cierto es que a pesar de su amor y de su apasionado carácter, un año después de su boda la reina seguía tan virgen como el primer día. Nadie se atrevía a hablarle al rey de su incapacidad, por lo que para todos fue más fácil culpar a Mª Luisa de esterilidad. La pobre reina, en su deseo de agradar, se sometió a todo tipo de tratamientos y bebió todos los brebajes que la prepararon, lo que fue minando poco a poco su salud hasta que falleció, tras una larga agonía, a los 27 años, probablemente envenenada.
Cuando conoció la muerte de su esposa, Carlos II corrió gritando por todo el palacio; pero, pocos días después, el Consejo de Estado le instaba a buscar una nueva esposa, ¡había que conseguir el ansiado heredero! . Esta vez la elegida fue la princesa Mariana de Neoburgo. Las mujeres de la familia Neoburgo tenían fama de ser muy prolíficas.
Pero, con la excepción del rey, todos, tanto en la corte española como en las europeas, sabían que sería prácticamente imposible que engendrara un hijo. Era nuevamente el momento de tomar posiciones para garantizarse el futuro. Todos los miembros de la corte y el gobierno, incluidas las dos reinas –la consorte y la madre-, intrigaban y conspiraban, ya fuera en favor o en contra de alguno de los futuros candidatos al trono, es decir Felipe de Francia, Duque de Anjou, nieto de Luis XIV y María Teresa, la hermana mayor de Carlos II y el Archiduque Carlos de Austria, nieto del emperador Fernando III y la infanta María, tía carnal del monarca español.
Para complicarlo todo más, la nueva reina, consciente de su situación y con intención de controlar la voluntad del monarca, se dedicaba a anunciar falsos embarazos, que la permitían disfrutar de una posición más fuerte en la corte.

El Hechizamiento del Rey y su Exorcismo
En este contexto se desató el célebre asunto del hechizamiento del rey, uno de los más tristes y patéticos de la historia de la monarquía española, el cual fue orquestado por el cardenal Portocarrero, antiguo virrey de Sicilia, arzobispo de Toledo y consejero de estado de Carlos II.
Desde el inicio de su reinado corrían por la corte rumores sobre un encantamiento del rey, la falta de descendencia tras dos matrimonios, sus padecimientos físicos y depresiones, hicieron que el propio Carlos terminará por creerse que estaba poseído por espíritus malignos, que le impedían tener hijos. En 1698 el asunto superó los muros palaciegos y se hizo de dominio público.
El rey estaba dispuesto a prestar oídos a los consejos más absurdos sobre lo que debía hacer en el lecho, y fuera de él, para concebir. Uno de los más macabros fue el de celebrar una ceremonia, frente a los despojos de todos sus antepasados (aprovechando que estaban siendo trasladados al Escorial), para invocarlos y que le ayudaran a espantar a los demonios que tantas desgracias estaban trayendo al Reino. Increíblemente, la macabra ceremonia se celebró, aunque por supuesto no dio ningún resultado. Sólo sirvió para que el rey enfermara, ante el disgusto que le produjo ver el cuerpo de su primera esposa, que llevaba nueve años muerta.
El confesor real, fray Froilán Díaz y el inquisidor Rocaberti, pertenecientes ambos al bando francés, llamaron a un famoso exorcista asturiano, fray Antonio Álvarez Argüelles, para que preguntara al demonio si el Rey estaba verdaderamente hechizado. Al parecer Lucifer contestó que sí, y que los culpables eran la reina madre y algunos políticos afines a ella, partidarios -por supuesto- todos del bando austriaco; también les dijo que se había formulado el conjuro sobre el Rey, cuando éste tenía 14 años. El exorcista determinó que, como remedio, el rey tomase diariamente en ayunas un cuartillo de aceite bendecido. El rey se sometió dócilmente a tal prescripción, que debió ser un factor determinante en su rápido deterioro físico.
El partido austriaco, que quedaba en bastante mala posición, se inquietó y desde Viena enviaron al capuchino, fray Mauro de Tenda, para que a su vez interrogara a los demonios que, esta vez, naturalmente hablaban francés. El hechizamiento del rey supuso un escándalo en la corte española, que además se convirtió en el hazmerreír de toda Europa. Finalmente la reina Mariana de Neoburgo, que no salía bien parada en las manifestaciones de los demonios, decidió poner fin a tanta superchería y mandó encarcelar al confesor real y a Tenda, uno por cada bando, que tuvieron que afrontar un proceso inquisitorial.

El Fin de una Dinastía
El 11 de octubre de 1700 Carlos II, con la salud ya muy quebrantada y a instancias del cardenal Portocarrero, nombró sucesor al pretendiente francés, con la prohibición de que las coronas de Francia y España llegaran a unirse. Tres semanas más tarde, el 1 de noviembre, moría el último, y probablemente el más desgraciado, de los Austrias españoles, a cuatro días de cumplir los cuarenta años.
De esta manera Carlos II se ganó el sobrenombre de "El Hechizado", lo que a lo mejor no estaba mal del todo, ya que repasando su vida se le podrían haber asignado nombres mucho menos benévolos, y España se vio sumergida en una nueva guerra fratricida, la llamada Guerra de la Secesión, que finalmente dio el trono a los Borbones.

lunes, 7 de abril de 2008

La Biblioteca de Alejandría

Desde los comienzos de la Historia el Hombre fue seducido por una necesidad que es propia de nuestra naturaleza, la de investigar, conocer, descubrir, no hay ninguna otra especie en la Tierra que haga ciencia, que sea conciente de sus posibilidades intelectuales.

Asi los primeros intentos de compilar información aparecen en Babilonia, Egipto, Siria, pero sin dudas hubo un lugar en la antigüedad que prometió una civilización científica brillante.

Era el resultado del despertar Jonico y tenía su ciudad y se levantaba la Biblioteca de Alejandría, donde hace un poco más de 2000 años las mejores mentes de la época establecieron las bases del estudio sistemático de la Matemática, física, astronomía, biología, literatura, geografía y medicina. Aun hoy estamos construyendo nuestra ciencia en estos cimientos. La biblioteca fue construida y sostenida por los Tolomeos, reyes griegos que heredaron la parte egipcia del Imperio de Alejandro. Desde su creación en el S III a. C hasta su destrucción siete siglos después, fue el cerebro y el corazón del mundo antiguo. Desde El Antiguo Testamento llegado a nosotros a través de las traducciones griegas hechas en la Biblioteca hasta las tragedias de Esquilo, Sófocles Y Eurípides, han perdurado en el tiempo gracias ha esta capital editorial del planeta antiguo. Es por eso que intentaremos conocer algo de su historia y su legado cultural.

INTRODUCCIÓN
A la muerte de Alejandro de Macedonia, los territorios conquistados en Asia Menor, Oriente Medio, Oriente Lejano y África fueron divididos entre sus generales. El sucesor de Alejandro en Grecia, Casandro, ayudó a Demetrio de Falera (puerto cercano a El Pireo) a llegar al poder en Atenas. Demetrio era un estudioso peripatético de la primera generación, es decir, había estudiado con Aristóteles junto a Teofrasto y al propio Alejandro. Como gobernante de Atenas, hizo venir a Teofrasto para fundar un Liceo al estilo de la Academia de Platón. Después de diez años de tiranía, y debido a conflictos políticos entre los sucesores de Alejandro, Demetrio fue desterrado. Por su parte, Tolomeo, uno de los generales exitosos de Alejandro, se había consolidado como rey del Egipto conquistado, donde se lo conocía como Tolomeo I Sóter. Éste invitó a Teofrasto a hacerse cargo de la educación de su heredero. Teofrasto rechazó la invitación (297 a.C.) y recomendó en su lugar a Demetrio.
Fue Demetrio de Falera quien sugirió a Tolomeo I Sóter la idea de establecer un gran centro de investigación en Alejandría con una biblioteca importante ligada a él, al que se debía llamar "Museo". La fecha precisa de la fundación de estas dos instituciones no es conocida pero es probable que Sóter iniciara la obra en 290 a.C. y que luego la tarea fuera completada por Tolemeo II Filadelfo, porque es bien sabido que la Biblioteca y el Museo alcanzaron su máximo esplendor durante el reinado de Filadelfo.
La primera mención de la Biblioteca que ha quedado registrada se encuentra en la Carta de Aristeas (180-145 a.C.), estudioso judío que escribió crónicas sobre la traducción del Viejo Testamento al griego por setenta y dos rabinos. Según él, “este trabajo había sido encargado por el ateniense desterrado Demetrio de Falera, a quien patrocinaba Tolemeo Sóter”.
Demetrio de Falera, como otros pensadores y sabios griegos (Parménides, Sócrates, Platón, Aristóteles), se caracterizó por su capacidad para combinar el hábito de la meditación con el interés por la cosa pública. Después de su derrocamiento y de sufrir el destierro (la pena máxima entre los griegos), encaró la tarea más importante de su vida, lo cual es una prueba de la fuerza de sus convicciones y de su tenacidad. Ejerció su influencia sobre los dos primeros reyes tolemaicos para que éstos decidieran convertir a Egipto en el centro cultural del mundo antiguo y a Alejandría en la capital de las Ciencias, las Artes y la Filosofía. Según Aristeas, Demetrio recomendó a Sóter reunir una colección de libros acerca de la monarquía y el gobierno –del tipo de los escritos sobre filósofos-reyes de Platón–, además de libros de autores de todo el mundo que le pudieran servir para entender mejor los asuntos de la política y el comercio. La estrategia de Demetrio consistía en traer escritores, poetas, artistas y científicos de todas partes a Alejandría para enriquecer el Museo y la Biblioteca.
El Museo fue el centro de estudios más grande de los tiempos antiguos y el primer instituto científico que registra la Historia. La Biblioteca fue la primera en su tipo de carácter universal. De Demetrio se conservan pocas imágenes. Tras su caída del poder, sus más de 300 estatuas fueron destruidas.

EL MUSEO
Se invitó a estudiosos a llevar a cabo las actividades peripatéticas de la observación y la deducción en Matemática, Medicina, Astronomía, y Geometría; la mayoría de los descubrimientos del mundo occidental fueron registrados y se debatió seobre ellos allí durante 500 años. En Alejandría nacieron nuevas disciplinas como la Trigonometría, la Gramática y la Preservación de Manuscritos. Por otra parte, la colección de documentos permitió la transmisión y traducción de textos clásicos vitales al árabe y al hebreo, donde ellos se conservaron mucho tiempo después de que los originales se habían perdido en Europa.
Los arqueólogos no han descubierto o identificado todavía las ruinas del Museo. De fuentes primarias independientes, parece claro que éste se encontraba en el sector de la ciudad llamado Brucchium (nordeste), probablemente en las tierras del palacio o en sus adyacencias. Estaba rodeado por la corte, los jardines y un parque zoológico que contenía animales exóticos provenientes de las regiones más remotas del imperio de Alejandro.
Cuenta el geógrafo Estrabón, que visitó el Museo a finales del siglo I antes de Jesús, que el Museo "encierra un paseo, una exedra y una gran sala en la que se celebran las comidas en común de los filólogos empleados en el Museo. Existen fondos comunes para el sostenimiento de la colectividad, y un sacerdote puesto en otros tiempos por los reyes, y hoy, por César, al frente del Museo". La Gran Biblioteca era un complemento indispensable del Museo (o templo dedicado a las Musas). Fue descrita por Tito Livio como "el más bello de los monumentos". Tenía numerosas salas con estantes para libros –los "armaría" que consultaban los sabios- y habitaciones para los escribas y artistas que copiaban y preparaban los rollos, cobrando a tanto por línea. Todos los Ptolomeos siguieron coleccionando miles de manuscritos griegos, judíos, egipcios, persas e indios, hasta los tiempos de Cleopatra. Los navíos y viajeros que pasaban por Alejandría estaban obligados a dejar en ella los manuscritos originales que poseían, a cambio de copias. En ellos se anotaban los nombres de los antiguos propietarios y eran registrados y clasificados antes de su depósito y utilización.
Los sabios reunidos en el Museo debieron llegar a ser más de cien en los momentos más brillantes. Se clasificaban a sí mismos en dos categorías: los "filólogos" y los "filósofos". Los primeros, como indica su nombre, se interesaban por todo lo referente a textos y gramática. Fundaron la Filología como ciencia, sin descuidar los estudios eruditos de historiografía y mitografía. Los "filósofos", de orientación "peripatética" o "aristotélica", eran pensadores menos dados a la meditación moral o metafísica, que científicos versados en las ciencias particulares: matemática, astronomía, geografía y medicina. Por lo demás, algunos espíritus enciclopédicos como Eratóstenes, brillaron a la vez como "filólogos" y como "filósofos". L. W. H. Hull consideró al Museo como la primera universidad que existió en el mundo, otros, como J. Beaujeu prefieren hablar de "Instituto académico de investigaciones" ya que los miembros del Museo, que podían tener algunos discípulos, no se veían obligados a seguir cursos regulares, dedicando así todo su tiempo a la investigación o la discusión. Tenían aulas de lecciones, instrumentos astronómicos, salas de disección, jardines botánicos y zoológicos. Sus sueldos procedían directamente del rey. Los ptolomeos asistían a los banquetes, que eran un elemento de la vida académica en que se intercambiaban puntos de vista (symposios). Hoy sabemos que los alejandrinos construyeron máquinas de vapor, relojes muy sofisticados, diseñaron complicadas palancas (Arquímedes estudió en Alejandría) e incluso midieron la altura de las montañas de la luna y la longitud de la circunferencia de la Tierra, con una exactitud admirable.

LA BIBLIOTECA
Aunque no se conoce el número con exactitud, se cree que en su apogeo la Biblioteca tuvo entre unos 500.000 a 700.000 manuscritos, los cuales equivalen aproximadamente a unos 100.000 libros impresos de hoy. Los reyes tolemaicos quisieron enriquecer la Biblioteca con los tesoros del conocimiento de todas las ramas del saber; estaban ansiosos por adquirir manuscritos originales y hacían revisar cada barco que llegaba a Alejandría: cuando encontraban un libro, éste se llevaba a la Biblioteca para que fuera copiado y la copia se devolvía al dueño. En la misma línea, Tolomeo III escribió una carta “A los soberanos de todo el mundo” pidiendo prestados sus libros. Cuando Atenas le prestó los textos de Eurípides, Esquilo y Sófocles, él los copió, devolvió las copias y guardó los originales.
Al principio, la Biblioteca estaba cerca del Museo, dentro de los recintos del palacio real. Medio siglo después, cuando la cantidad de libros adquiridos sobrepasó su capacidad, se decidió abrir una dependencia adicional para acomodar los libros sobrantes. Esta "Biblioteca Hija" estaba en el Serapeum (Templo de Serapis), que se situaba a cierta distancia del palacio, en el distrito sur de la ciudad. La Biblioteca Hija pronto se volvió una biblioteca propiamente dicha y en el período romano se convirtió en un centro de aprendizaje de gran actividad. Se han encontrado algunos restos de ella en excavaciones recientes. Su esquema de construcción era similar al del Museo; la construcción fue comenzada por Tolomeo II Filadelfo y completada por su hijo.
En tiempos de Demetrio, las bibliotecas griegas eran normalmente colecciones particulares de manuscritos, como la biblioteca de Aristóteles que tenía trabajos propios y de otros. Los templos de Egipto tenían a menudo anaqueles que contenían un surtido de textos religiosos y oficiales, como ciertos museos griegos. Varios siglos después, Tzetzes registra que Calímaco catalogó 400.000 manuscritos "mixtos" (probablemente aquellos que contenían más de un capítulo, trabajo, o autor) y 90.000 "puros", más 42.000 en el Serapeum. En la Biblioteca se hicieron los primeros trabajos sistemáticos de copiado, enmienda y comparación de textos clásicos sin los cuales ninguno de los autores hubiera sobrevivido.
Se cree que Demetrio se convirtió al culto de Serapis o –más probablemente– que fue un sacerdote del nuevo culto greco-egipcio inventado por Tolomeo. Sin embargo, el Serapeum se construyó después de su muerte y a él no se lo recuerda como director de esa institución. El Director de la Biblioteca era uno de los funcionarios de más alto rango y era designado por el propio faraón. Normalmente se lo elegía entre las personas más prominentes en Ciencia o Literatura. Los directores de la Biblioteca enriquecieron a Alejandría con sus propios estudios.
El primer director de la Biblioteca registrado es Zenódoto de Efeso, quien desempeñó ese cargo desde el final del reinado de Tolomeo I hasta 245 a.C. Su sucesor Calímaco de Cirene fue quizá el director de la Biblioteca más famoso de Alejandría y quien creó por primera vez un catálogo de su patrimonio al que llamó "Pinakes" o "Tablas". Este catálogo no era de ninguna manera exhaustivo, más bien era un buen índice temático. Apolonio de Rodas, el escritor de la notablemente meticulosa obra épica El Viaje de los Argonautas, parece haber sido quien reemplazó a Calímaco. Eratóstenes de Cirene, geógrafo y matemático estoico, lo sucedió en 235, y creó su "Esquema de los Grandes Anaqueles". En 195, Aristófanes de Bizancio –un estudioso homérico sin relación con el dramaturgo cómico– se hizo cargo y puso al día las Tablas de Calímaco. El último director registrado de la Biblioteca es Aristarco de Samotracia, astrónomo, quien asumió en 180 a.C. y fue separado del cargo durante los forcejeos dinásticos entre dos Tolomeos. [Algunos mencionan antes de él a Apolonio "Idógrafo" (189/6-175 a.C.) y luego de él a Kidas (145-116 a.C.).] La Biblioteca funcionó después durante varios siglos. Sin embargo, ningún otro estudioso es mencionado como director de la Biblioteca.
Los estantes de la Biblioteca pueden haber estado en uno de los salones de conferencia periféricos, en el jardín, o pueden haber sido alojados en el Gran Salón. Consistían en casilleros, perchas para los manuscritos –los mejores de los cuales se untaban con aceite de lino–, o bolsas de cuero. El pergamino de piel (vellum) se puso en boga cuando Alejandría dejó de exportar papiro en un esfuerzo por estrangular a su biblioteca rival más joven, fundada por los Seléucidas en Pérgamo. En tiempos de los romanos, los trabajos empezaron a ser escritos en forma de códice (libro), y se los guardaba en estantes de madera llamados armaria. Curiosamente, la biblioteca más famosa del mundo no funcionó durante la era del libro impreso: primero fue la época del papiro, luego la del códice y hoy, en su reconstrucción, la del disco compacto.
La vasta población de la ciudad no tenia la menor idea de los grandes descubrimientos que tenían lugar dentro de la biblioteca. los nuevos descubrimientos no fueron explicados ni popularizados.
Desde Calímaco en adelante, el catálogo de manuscritos se hizo de acuerdo a la división del conocimiento de Aristóteles, o por lo menos –como hizo él– separando de la "Filosofía" a las Ciencias Observacionales y Deductivas.

EL INCENDIO
La destrucción de la biblioteca más importante del mundo antiguo ha sido atribuida a diferentes facciones y gobernantes, no con el propósito de escribir crónicas de ese desastre, sino como calumnias políticas. Sin embargo hoy podemos armar la historia de su destrucción y, aunque a los occidentales nos pese, la versión más verosímil involucra a personajes y sectores que por nuestra tradición respetamos.
El primer incendio se produjo en el año 48 a.C., durante el conflicto en que Julio César se involucró para apoyar a Cleopatra VII en su lucha contra Tolomeo XIII, su hermano. Son muchos los textos donde se relata la pérdida de los 40.000 volúmenes alojados en depósitos de granos cerca del puerto cuando Julio César incendió la flota del hermano de Cleopatra. Esto es lo que dice Livio en uno de sus libros perdidos que Séneca cita. Se sabe que Marco Antonio compensó a Cleopatra regalándole los 200.000 manuscritos de Pérgamo. El propio Museo se destruyó junto con el Palacio Real en el tercer siglo de nuestra era, durante las disputas por el poder que agitaron al Imperio Romano.
La Biblioteca Hija sobrevivió hasta fines del siglo IV, cuando un decreto del Emperador Teodosio (391 d.C.) prohibió las religiones no-cristianas (paganas). Teófilo ( Obispo de Alejandría de 385 a 412 d.C.) destruyó entonces el Serapeum y la Biblioteca Hija por ser la casa de la doctrina pagana. Los estudiosos sobrevivieron otra generación hasta el asesinato de Hipatia en 415, el cual marcó el fin de la era escolástica de Alejandría. Según fuentes contemporáneas, Hipatia de Alejandría, una estudiosa del siglo V d.C., fue arrastrada por el carro de una chusma de monjes que odiaban todo lo pagano y la desollaron viva y la quemaron en los restos de la Biblioteca. En 415, el historiador cristiano Orosius visitó Alejandría e informó: “Hay templos hoy día, que nosotros hemos visto, cuyos estantes para libros han sido vaciados por nuestros hombres. Y ésta es una cuestión que no admite ninguna duda.” (Orosius 6.15.32) Su declaración confirma que la biblioteca había desaparecido en el siglo V, es decir, más de dos siglos antes de la conquista de Egipto por los árabes en 642. Toda historia que involucre a los árabes en estos hechos es por lo tanto falsa.
Alejandría fue la mayor ciudad que el mundo occidental había visto jamás. Gente de todas las naciones llegaban allí para vivir, comerciar y aprender. Fue probablemente allí donde la palabra cosmopolita consiguió tener un sentido autentico y en su biblioteca estuvo la semilla del mundo moderno que floreció luego en las mentes de Copernico, Leonardo, Colón, Newton.

viernes, 4 de abril de 2008

El Hombre de la Mascara de Hierro

El 19 de noviembre de 1703, un misterioso prisionero moría en la cárcel parisina de la Bastilla. Este hecho no habría tenido nada de particular, sino fuera por las extraordinarias circunstancias que le rodearon y que le convirtieron en uno de los personajes más célebres de la literatura. Las autoridades de la época se tomaron infinitas molestias para ocultar su auténtica personalidad, e hicieron tan bien su trabajo que aún hoy, casi tres siglos después, solamente nos podemos referir a él por el seudónimo con el que ha pasado a la historia: el hombre de la mascara de hierro. Hay pocos misterios en la historia de los últimos siglos que hayan despertado la imaginación de tantos escritores, historiadores y cineastas como la historia del hombre de la máscara de hierro.

Se ha escrito tanto sobre él y se le han puesto tantos rostros, que la ficción ha rebasado a la historia, olvidando lo más importante, que tras todas esas fantásticas aventuras, existió un hombre real, del que desconocemos su rostro, su nombre y el delito que le llevó a la cárcel, y sólo hay dos cosas seguras, que tuvo enemigos muy poderosos y que su destino fue uno de los más tristes y trágicos de la historia.
Tras el misterioso personaje se ha querido ver a un hermanastro del rey Luis XIV de Francia, fruto de la relación ilícita de la reina Ana y de su primer ministro, el cardenal Mazzarino; a un hijo bastardo del rey Carlos II de Inglaterra y Lucia Walters; al Duque de Montmouth o al Conde Matthioli, entre otros.

Hechos Históricos
Lo que sí se sabe con certeza, puesto que ha sido encontrada la documentación correspondiente, es que tal personaje sin nombre, sólo conocido por el epíteto de La Máscara de Hierro, no fue una leyenda, sino un ser real que arrastró durante al menos los últimos treinta y cuatro años de su vida el suplicio de un encarcelamiento sin esperanza de redención, por motivos que siguen ignorados. Parece que todo comenzó en 1669. El capitán de Saint Mars, que era por entonces gobernador del castillo prisión de Pignerol, en la Saboya francesa, recibía el 19 de Julio de aquel año una carta del ministro de guerra Louvoisen la que le comunicaba, por orden del rey, la próxima llegada desde Dunkerque de un prisionero al que se daba el nombre de Eustache Dauger, con el encargo expreso de que fuera encerrado allí con las máximas medidas de seguridad, de forma que no pudiera transmitir a nadie mensaje alguno ni siquiera noticias de su presencia. Saint Mars sería el responsable de que se mantuviera a toda costa el secreto de su estancia en la fortaleza. Se encargaría de ser el único contacto del prisionero con la realidad exterior, aunque sin tratar de conocer nunca su identidad, y le proporcionaría todo cuanto fuera humanamente necesario para hacer su estancia mas soportable dentro del absoluto rigor de su encierro. Tras una serie de misivas entre el gobernador de la prisión, el ministro y en una ocasión el rey en persona, que le recordaba a Saint Mars su obligación de tener al prisionero a buen recaudo "hasta nuevas órdenes mías, impidiendo que mantenga comunicación con nadie ni de viva voz ni por escrito", las alusiones al prisionero decaen en interés hasta el 10 de marzo de 1674. En eaa fecha, el ministro Louvois escribe una nueva carta anunciando la próxima llegada a la fortaleza de un segundo prisionero, al que esta vez ni siquiera se da nombre y para quien se pide aislamiento absoluto y la conveniencia de proporcionarle un breviario y algunos libros de oraciones. A partir de entonces, la personalidad de ambos prisioneros se identifica, hasta el punto de que, en un determinado momento (1681), uno de ellos deja de ser mencionado, posiblemente por haber fallecido, y ninguna noticia nos aclara si se trata del primero o de segundo. Cualquiera de ellos podría ser La Máscara de Hierro.

ORIGEN DE LA MÁSCARA
El gobernador Saint Mars se convertiría así en guardián y única compañía de aquel extraño recluso, cuya identidad siguió siendo una incógnita total incluso para quien le mantendría bajo su custodia. Lo único que el capitán sabía era su obligación de tenerle siempre cerca e impedir que estableciese cualquier tipo de comunicación con nadie mas que con él. Así cumplió su cometido al pie de la letra y cuando Saint Mars, en 1681, fue trasladado al castillo de Exiles, en la misma Saboya, fue el único pupilo de su anterior destino que llevó consigo, en una silla de manos y cuidando siempre que no estableciera comunicación alguna con quienes le transportaban. Incluso parece que fue entonces cuando algunos se percataron de que el prisionero llevaba puesto un antifaz de terciopelo negro reforzado con una estructura de hierro, que sería el origen de la máscara por la que fue posteriormente conocido. Desde Exiles, Saint Mars fue trasladado en 1687 a la fortaleza de la isla Santa Margarita, en la Costa Azul, también destinada a cárcel. Apenas llegó, mandó construir una fila de seis celdas nuevas, junto al pabellón que le servía de residencia, cuyas ventanas asomaban al farallón que caía a pico sobre el mar. La quinta de estas habitaciones fue adjudicada al prisionero de la Máscara y se supone que la sexta se reservaría para otro encarcelado que tal vez tendría como función la de servirle de criado. Curiosamente, una puerta comunicaba directamente con la celda de la Máscara desde la residencia del gobernador. Al parecer, se le permitía oir misa todos los domingos desde el corredor al que la celda daba acceso, sin duda un privilegio insólito para cualquier prisionero. La estancia en Santa Margarita se prolongó hasta 1698, en que Saint Mars fue nuevamente trasladado, esta vez nada menos que con el cargo de gobernador de la prisión parisina de La Bastilla, la misma que los revolucionarios de 1789 redujeron a escombros. La Máscara, como ya era habitual, fue trasladado con él y en La Bastilla pasó sus últimos años, hasta su muerte y entierro en el cementerio parroquial de San pablo, en 1703. En la nueva prisión, varios funcionarios pudieron verle, siempre con su máscara puesta y fuera del alcance de cualquier curioso. Pero su fama no trascendió hasta aquella primera noticia que publicó Voltaire cincuenta años después de su muerte. Dicen que fue entonces cuando se intentó averiguar quien pudo ser aquel prisionero, tan celosamente mantenido en secreto. Se asegura que hubo un intento de exhumar su cadaver, pero que, cuando abrieron la tumba, se pudo comprobar que había sido profanada y que la cabeza del muerto había sido sustituida por una piedra. Numerosos investigadores se han lanzado desde entonces a la aventura de descubrir la identidad de La Máscara de Hierro. Pero, a pesar de sus valientes intentos, la solución de su misterio sigue en el aire. Pues hubo tantos hechos misteriosos y difícilmente explicables en torno al reinado de Luis XIV que cualquiera de ellos pudo servir y ninguno llegó a plantearse como solución lógica para aquella incógnita de la historia.

Desmantelando las Diferentes Teorías
Ana de Austria nació en Madrid en 1602, hija del rey de España Felipe III. La casaron, cuando sólo contaba 13 años, con Luis XIII de Francia. El monarca francés murió en 1643, dejando a Ana regente de su hijo y heredero, el futuro Luis XIV, que tenía entonces poco más de 4 años. La reina puso al frente del Gobierno al Cardenal Mazzarino, que ya había sido primer ministro de su esposo.
Fue éste un periodo turbulento y peligroso para la monarquía. Estallaron revueltas que obligaron a la Reina a abandonar momentáneamente Paris junto con su hijo. La impopularidad de Ana y de Mazzarino era muy grande y se comenzó a rumorear que mantenían una relación incestuosa, incluso se llegó a decir que habían contraído matrimonio en secreto
Lo cierto es que esta relación, de haberse confirmado, habría sido muy peligrosa para la monarquía, sobre todo en un momento en el que su situación era tan precaria. De haber nacido un hijo de la pareja, el escándalo podría haber significado el final de la dinastía borbónica en Francia.
Hasta aquí la historia del hermanastro parece bastante plausible, pero hay que estudiar los hechos conocidos. El misterioso personaje murió en 1703 y en su partida de defunción se decía que tenía unos 45 años, es decir que la fecha de su nacimiento se remontaría alrededor de 1658, cuando Ana ya contaba 56 años.
Pasamos a estudiar otra teoría. Ya se ha comentado el interés de la Duquesa Elizabeth Charlotte de Orleáns por el prisionero, la cual hizo varios intentos, aprovechándose de su elevada posición, para descubrir la identidad del misterioso personaje. Finalmente llego a la conclusión que debía tratarse de un lord inglés, que había participado en una revuelta contra el rey Guillermo III de Inglaterra, y había sido encarcelado bajo un nombre ficticio. Pero Guillermo III fue coronado rey en 1688, y sabemos que nuestro personaje ya estaba encarcelado, al menos, en 1681.
Ésta no es la única vez en que se asoció al prisionero con un inglés, también se dijo que podría tratarse del Duque de Montmouth, un hijo bastardo del rey Carlos II de Inglaterra y Lucia Walters. Carlos II (1630-1681) vivió varios años en el exilio en Francia, tuvo varios hijos bastardos; pero, al carecer de uno legítimo, a su muerte le sucedió su hermano Jacobo. Pero si era él, ¿por qué ocultarlo en Francia y en las condiciones de seguridad que se hizo?. Además durante esos años Francia e Inglaterra, está última cambió tres veces de monarca en esos años, una veces fueron aliadas y otras encarnizadas enemigas, mientras que la posición del prisionero nunca cambió, cuando en caso de haber sido un pretendiente al trono británico, es fácil pensar que habría sido un as en la mano del rey francés. Además nunca nadie comentó que hubiera observado ningún acento extranjero en el preso.
Por último, recientemente el historiador alemán Dr. Wihelm Broecking, dijo haber descubierto la verdadera personalidad que se escondía tras la famosa máscara, y éste no era otro que el conde Matthioli, secretario particular y ministro del duque de Mantua, Carlos IV.
En el siglo XVII Mantua era un ducado independiente con una importante posición estratégica en el panorama político internacional. La gobernaban sus propios monarcas, que recibían el título de Duques de Mantua.
En 1676 el gobierno francés comenzó unas negociaciones para adquirir la importantísima fortaleza de Casale, situada en el río Po y perteneciente a Mantua, Este territorio habría proporcionado a los franceses el control sobre una zona importantísima en el contexto europeo del momento. Las negociaciones fueron llevadas durante meses por Matthioli que recibió mucho dinero y regalos del propio Luis XIV. Las negociaciones debían llevarse en secreto para evitar injerencias de otros países. Pero todo se fue al traste, al parecer a causa de la traición de Matthioli, que jugó a tres bandas y vendió su secreto a españoles e ingleses.
Al parecer Luis XIV estaba furioso y clamaba venganza, por lo que envió a unos agentes secretos para que secuestraran a Matthioli y le llevaran escondido a territorio francés, donde fue encarcelado en la fortaleza de Pinerolo. Hasta aquí son hechos históricamente documentados.
Lo que el Dr. Broecking ha hecho ha sido una gran labor de investigación histórica. Sabiendo que el misterioso prisionero estuvo encarcelado en Pinerolo en el tiempo en que St. Mars estaba allí destinado, lo primero era averiguar qué reos estaban entonces recluidos, para luego seguirles los pasos a cada uno. Tras una minuciosa investigación de cada personaje, Broecking llegó a la conclusión de que el misterioso encapuchado no podía ser otro que Matthioli. Además Broecking creía encajar todas las piezas: la mascara habría tenido por objeto ocultar la personalidad del preso, que era un personaje extranjero muy importante y había sido secuestrado en su propio país, lo que habría desatado la ira del Duque. Además el nombre de Matthioli se asemeja al de Marichioly, que aparece en su partida de defunción.
Realmente todo parece encajar pero la entrada en Pinerolo de Matthioli fue registrada, su presencia en la cárcel no fue un secreto e incluso tuvo un criado personal, y existen numerosas referencias a él durante su periodo de reclusión en esta prisión. No tiene mucho sentido pensar que al principio, cuando la situación internacional debió ser más tensa, no sólo no se hizo nada por ocultarlo, sino que parece que incluso los franceses alardeaban de ello, para luego tomar medidas tan estrictas que duraron hasta el final de sus días (si todo el mundo ya sabía que estaba allí, por qué tanto empeño en ocultarle). Tampoco coincide la edad, pues en 1703 Matthioli debía haber tenido más de 60 años.
Además la investigación puede tener un error de inicio: si se sabe con toda seguridad que su nombre no fue registrado ni en Santa Margarita ni en la Bastilla, sería lógico pensar que tampoco lo fue en Pinerolo, con lo que los prisioneros habrían sido seis y no cinco, como propugna la teoría Broecking.