martes, 17 de junio de 2008

Extraños Objetos del Cielo...

Si unos años antes de la Revolución Francesa, el químico francés Antonio de Lavoisier exclamó indignado, al referirse a los meteoritos, que «las piedras no caen jamás del cielo», ¿cuál habría sido su reacción de haber escuchado decir que también otra clase de objetos se desploma sobre la Tierra con relativa frecuencia, inanimados o vivos? Sin embargo, aceptado ya que los meteoritos de todos los tamaños, incluso convertidos en polvo, representan un aumento anual de varios miles de toneladas al peso de nuestro planeta, es bueno saber que los testimonios sobre las lluvias de objetos han sido mucho más abundantes de lo que pudiera suponerse. Charles H. Fort

En ciertos casos han surgido explicaciones para el fenómeno. En otros ha resultado imposible encontrarlas, porque iba mucho más allá de una simple teoría. Charles H. Fort (1874-1932) era sin lugar a dudas un tipo peculiar. Escribió su autobiografía con tan solo 25 años, y aunque trabajó un tiempo como periodista y taxidermista (¡), gran parte de su vida la dedicó a la recopilación de hechos anómalos en la biblioteca de Nueva York. Así fue el primero que comenzó a recopilar información sobre estas lluvias insólitas, a comienzos del presente siglo, hurgando en revistas, periódicos y anales de algunas sociedades científicas que les concedían escaso interés.
De los recortes por él obtenidos integraría un libro convertido en clásico de lo insólito, al que titularía El libro de los condenados. De su libro se han extraído algunos pasajes interesantes, muy pocos. El resto, siguiendo su ejemplo: recortando noticias aparecidas en la prensa de los últimos años.

Fueron objetos de muy diversa índole
La noche del martes 5 de junio de 1979, una familia veía un programa de televisión en su casa de Calgary, Canadá. Oyeron de repente un crujido en el techo y se abrió éste para dar paso a una enorme masa de hielo verduzco que fue a estrellarse en la sala. Randy Hutton, periodista del Calgary Herald, investigó en el aeropuerto. Ningún avión había dejado caer el agua del depósito, y aunque lo hubiera hecho ‑cosa que sucede a veces, por comodidad‑, se habría evaporado antes de alcanzar el suelo. Después de todo, estaban en pleno verano.
Poco más tarde iba a suceder algo semejante en Lake Worth, Florida, en casa de la señora Helen Goddard. Hubo también el consabido crujido en el techo, como si algo hubiera caído encima, y lo mismo sucedió en los dos siguientes días. Ala señora se le ocurrió igualmente asomarse por la ventana y vio su jardín lleno de cubitos de hielo de una pulgada de lado. Habló por teléfono al periódico Palm Beach Post para informar de lo sucedido. Llegó un reportero y tuvo ocasión de ver cómo se repetía, el día 11 de septiembre, la lluvia de hielitos. Después de aquella fecha, se acabaron. La señora lo tomó con admirable filosofía. El domingo 11 de septiembre de 1949 amaneció despejado y caluroso en el condado de Stephe, Texas. Tres buenos amigos, médicos de profesión, Robert Botts, John Tupton y T. J. Treadwell, decidieron ir a cazar al cercano bosque. Se encontraban a orillas de un arroyo, acechando a la presa, cuando oyeron un silbido agudo, seguido de un choque. A cinco metros de donde se encontraban vieron un bloque de hielo, de unos 20 kilogramos, profundamente hundido en el suelo. Se aproximaron a él y comprobaron que tenía un color blanco lechoso. Los tres, segundos antes, habían oído un trueno, a pesar de ser un día despejado, pero no le concedieron ninguna importancia.
Comprobaron más tarde que ningún avión pasó por el lugar, que hubiera podido tirar el hielo al espacio. El Dr. Tupton, un hombre profundamente religioso, que llevaba su Biblia a todas partes, la abrió en el Apocalipsis de San Juan, versículo 21 del capítulo XVI, y leyó el siguiente texto: «Y cayó del cielo sobre los hombres un enorme granizo, y los hombres blasfemaron, porque la plaga fue grande.»
Edward Latham, de profesión pastor de ovejas en un lugar del Somerset inglés, fue despertado la noche del 10 de noviembre de 1950 por los ladridos furiosos de sus perros. Salió de la cabaña, pero no vio nada sospechoso. Regresó a dormir. Por la mañana fue a ver a las ovejas. Encontró una muerta, con un profundo tajo en el cuello, y al lado un bloque de hielo de 7 kilogramos. Bajó al pueblo cargándolo y presentó una denuncia. Por el camino encontró otros pedazos de hielo, grandes como un melón. La denuncia pasó a manos del Ministerio del Aire, que prometió realizar una investigación. La cosa no paso de ahí.
Dos semanas más tarde sucedió algo peor cerca de Londres, en una hermosa noche estrellada. Esta vez el hielo pesaba 200 kilogramos y atravesó el techo de un garage, en Wadsworth, y dejó destrozado el automóvil que no habían podido terminar de arreglar. Nadie supo explicar el misterio de lo que en un principio se pensó que fue una bomba.
En la última semana de agosto de 1983 cayeron tres enormes bloques de hielo, también en Inglaterra, que de milagro no mataron a nadie. Uno abrió un enorme boquete en el techo de un taller, en Hitchin. El segundo cayó a muy corta distancia de una niña de tres años que jugaba en el jardín de su casa, en Ampthill. El tercero, el más pequeño de todos, cuyo tamaño era el de una bolsa de viaje, fue a dar a otro jardín, en Bushey, cuando jugaban en él dos niños. Las autoridades de Aviación Civil dieron la misma explicación de otras veces: debía tratarse del agua del lavabo de un avión, que se heló a los pocos segundos de tirarla fuera.
Se dará un último ejemplo de bomba de hielo-las hay de otro estilo, como no tardará en comprobar el lector- con la que cayó el 9 de abril de 1971, que a punto estuvo de conducir a la locura a Severa Medrano, quien vivía en el puerto de Tampico, en el Golfo de México. Dormía apaciblemente cuando fue despertada por un espantoso es truendo en su alcoba. Vio entonces el techo abierto por un orificio a través del cual entraba la luz de la Luna. Junto a su cama había un bloque de hielo de más de 50 kilogramos.
Era un caso tan poco normal en Tampico, ciudad cálida por excelencia, que la población entera se interesó en la pobre viuda de Díaz. Las autoridades realizaron una investigación exhaustiva, que no condujo a nada.

No sólo de hielo han sido las bombas
La Monthly Weather Review de marzo de 1885 informó sobre unas misteriosas detonaciones venidas del cielo, que fueron seguidas por la caída de un objeto de varias toneladas de peso. Y a mediados de 1922 cayó una lluvia de rocas - en ninguno de los dos casos se dijo dónde sucedió-, que duró nada menos que 9 meses. La policía creyó que alguien amigo de hacer bromas utilizó una catapulta, pero un maestro declaró que las piedras eran demasiado pesadas para lanzarlas desde lejos.
La tarde del 27 de abril de 1872 cayeron piedras y otros proyectiles sobre una casa de la Reverdy Road, en Bermondsey, Inglaterra. Rompieron las ventanas e hirieron a varias personas. Y lo mismo sucedió, en junio de 1860, en Wolverhampton, después de una violenta tormenta. Desde luego, no eran bloques de hielo, sino auténticos pedruscos, como los que cayeron el 6 de julio de 1888 sobre Palestine, Texas. Pero en este caso, las piedras estaban asombrosamente pulidas.
Ejemplos de este género de lluvia los hay por centenares y no se darán más, de casos similares, porque sería hacer la lista larga y tediosa. Pero se dará a conocer solamente uno más, porque sus consecuencias iban a resultar sumamente divertidas. Sucedió en noviembre de 1921 en el pueblo californiano de Chico. Nadie prestó entonces la menor atención al hecho de que hubieran caído piedras del cielo. Y cuando a alguien se le ocurrió informar al sheriff J. A. Peck, exclamó irritado que no fueran a importunarlo con tonterías. Sin embargo, tuvo que rectificar al llegar la primavera siguiente.
La lluvia de piedras creció en intensidad a partir del 22 de marzo. Se organizaron batidas para descubrir a la persona autora del lanzamiento de piedras, que caían con especial tino sobre el almacén de J. W. Charge. Varios policías se apostaron en puntos estratégicos. Las piedras siguieron cayendo, golpeando las ventanas y quebrando los vidrios. Curiosamente, jamás lastimaron a nadie. La Asociación Espiritista de Chico celebró una reunión para consultar con el más allá sobre la identidad de quien tiraba las piedras. Se informó entonces que ninguna mano humana lo había hecho y que los espíritus anunciaron el cese de actividades para dos días después.
La prensa dio a conocer lo sucedido. En efecto, se acabó la lluvia de proyectiles, pero comenzó en el otro extremo del continente, en un pueblo de Nueva Escocia llamado Antagonish, donde una niña declaró que veía espíritus cuando lanzaban las piedras. Dio comienzo una curiosa rivalidad entre los dos pueblos y se ofreció una recompensa para quien atrapara al espíritu culpable. Era lógico que llegaran al lugar cientos de curiosos a observar el fenómeno, porque las piedras volvían a caer en Chico. Algunos vecinos estaban seguros de que llegaban desde el planeta Marte. Aunque parezca difícil de creer, no era la primera vez que sucedía esto en Chico.
Hubo una lluvia de peces en este lugar en 1878 y cayó un enorme meteorito en 1885, y así consta en los periódicos de la época. Resultó tan curiosa la lluvia de 1921 que se presentaron expertos parapsicologos a estudiar el fenómeno. Pero se interrumpió la lluvia en su presencia. Un pastor evangelista de Oakland, Roy Studd, declaró entonces que todo era obra de Satanás, y que lo único que podían hacer los vecinos de Chico era arrepentirse de sus pecados y rezar. La iglesia evangélica se vio entonces muy concurrida. Todos querían rezar por la pronta partida de Satanás pero el muy maldito hizo caso omiso y siguió tirando piedras sobre la población.
A fines de marzo, el sheriff Peck recibió una carta firmada por alguien que se hacía llamar el Fantasma. Decía que agradecía las muchas atenciones que con él tuvieron todos, pero se veía obligado a abandonar Chico. Fuera o no una broma, cesó la lluvia de piedras.
Se quiso dar explicaciones de todo género al fenómeno, entre ellas que algunos muchachos idearon un dispositivo para tirar las piedras con fuerza, pero es interesante observar que las piedras no procedían de la localidad, sino de un lugar lejano, además de que no describían una parábola, sino que llegaban del campo, siguiendo una trayectoria perfectamente horizontal.

Lluvia de objetos de verdad increíbles
El 3 de septiembre de 1969 cayeron del cielo numerosas pelotas de golf sobre Punta Gorda, Florida, y estuvieron rebotando por las calles. El teniente Clarence Walter, de la policía local, investigó en el Club de Golf. Nada obtuvo en claro, fuera de enterarse de que también llovieron pelotas de golf en diversos puntos de la región. Esta curiosa lluvia no se compara con otra que cayó, en julio de 1984, en el jardín de una casa de Lakewood, California. Sólo cayó un objeto, de 10 kilogramos de peso, lanzando un agudo silbido, y fue a abrir un cráter de 1,20 metros de profundidad en el jardín de la casa de Fred Simmons. Se creyó que lo habían dejado caer desde un avión, pero no fue así. El objeto era un cohete que fue lanzado al espacio después de la II Guerra Mundial. Cómo tardó tantos años en alcanzar el suelo, fue este fenómeno un misterio que nadie supo explicar.
Siendo las 6 de la mañana del 11 de julio de 1979, un ruido ensordecedor despertó a los vecinos de Sioux Falls, Dakota del Sur. Creyeron que se trataba de los restos de un satélite artificial caído a tierra. Estaban en un error. Era una bola de color naranja, de 8 kilogramos, semejante a las que sirven para jugar a los bolos. El objeto no procedía de ningún satélite artificial ni de ningún avión.
Unos niños que jugaban en el rancho Hislop, en Grove City, Ohio, acababan de abandonar la casa, el 4 de marzo de 1983, cuando cayó del cielo un objeto. Era un pedazo de bronce con incrustaciones de carbono, de kilo y medio de peso y 15 centímetros. Los muchachos fueron a tocarlo. Estaba quemando. También en este caso se confirmó que ningún avión lo había dejado caer.
El 21 de octubre de 1638, una fuerte tormenta estalló sobre la aldea inglesa de Widecombe-in-the-Moor, en el Devon, y una bola de fuego penetró en la iglesia. Destrozó el campanario y gran parte del edificio y causó heridas a 62 personas y la muerte de 4. Dicen las crónicas de la época que se extendió por el templo una espantosa fetidez que hizo pensar en la intervención del mismo Satanás. Muchos años antes de que esto sucediera, el 15 de octubre de 1090, el campanario de una iglesia de Winchcomb, Gloucestershire, fue golpeado por una bola de fuego que abrió en el muro un orificio grande como un hombre. Destrozó la cabeza y la pierna derecha de un Cristo crucificado. Siguió a esto una espantosa pestilencia, y así lo dejó escrito el historiador William de Malmesbury en sus Crónicas de los reyes de Inglaterra.
No siempre han provocado las bolas de fuego destrucción y pestilencia. En 1907, una de ellas logró imponer la paz en Nicaragua. El general Pablo Castellanos luchaba por apoderarse del país. Todo le sonreía. Ganaba victoria tras victoria al frente de sus valientes soldados. Era cosa de días entrar en Managua, la capital. La noche antes de la batalla definitiva pasó revista a sus tropas y se retiró a descansar. Pero, de repente, se iluminó la noche, como si fuera pleno día. Una bola de fuego cayó desde el cielo sobre la tienda del militar. Pereció el general Castellanos y sus soldados decidieron que, no estando Dios de su lado, mejor sería deponer las armas. Vino a averiguarse que la bola de fuego fue en realidad un meteorito, del que aparecieron fragmentos en torno al cráter que formó en la precisa tienda de don Pablo.

Lo más increíble: lluvia de ranas y sapos
Hacia la mitad de la década de los 80 estuvo cayendo, a lo largo de 4 años, granos de maíz sobre la población de Evans, Colorado. Sin embargo, nadie cultiva esta gramínea en los alrededores y el depósito de granos más cercano se encuentra a 10 kilómetros. El 15 de septiembre de 1986 fue vista la misma lluvia por periodistas del Greely Tribune, en una población cercana. Una lluvia semejante había tenido lugar el 26 de agosto del mismo año cerca de Winchester, Inglaterra.
Una lluvia de granos de maíz puede considerarse insólita, pero ¿qué decir cuando son sapos, ranas y hasta peces lo que cae del cielo? La tarde del 31 de marzo de 1977, la señora Benbow se encontraba comiendo en compañía de su familia, en un pequeño pueblo del estado de Ohio, cuando se desató un fuerte chubasco. Al terminar, salieron todos a dar un paseo hasta el río. De regreso a su casa encontraron el patio trasero lleno de sapitos grandes como una uña, que nadie supo decir de dónde habían llegado. La única explicación posible era que cayeron del cielo, puesto que el patio estaba rodeado por una tapia que hacía imposible el paso a los batracios. Lo curioso era que la misma señora Benbow había hecho un hallazgo idéntico, 50 años antes, en Long Lake, Indiana, después de un fuerte aguacero.
En los primeros días de julio de 1979, la agencia soviética Tass de noticias informó que una tormenta dejó caer miles de ranas sobre el poblado de Dargan-Ata a orillas del río Amu Daria, que vierte sus aguas en el mar de Aral. La ciencia explicó el fenómeno: un remolino había succionado toda clase de objetos y animales de pequeño tamaño y los llevó hasta una nube. Cuando se calmó el remolino, todo cayó, junto con el agua, en un lugar distante.
¿Fue un fenómeno semejante a éste el descrito en el Éxodo bíblico, presentado como una más de las muchas plagas que se abatieron sobre los egipcios? Explica el texto que el río crió ranas, que entraron a todas las casas y subieron a las camas y a las mesas, y cubrieron toda la tierra de Egipto, hasta el palacio del faraón. Pero sucedió que los sacerdotes del faraón no se quedaron atrás: hicieron aparecer más ranas, se ignora de dónde, porque debían haberse acabado, y se produjo un empate entre egipcios y hebreos. Los lectores de antaño aceptaron sin chistar este milagro. Los de ahora, algo escépticos al ser dueños de mayor información, se preguntan si no hubo de por medio algo más que la simple magia. Y buscan la manera de conocer más casos de lluvia de ranas.
El ya citado Charles Fort publicó en su libro una noticia aparecida en 1838 en la revista inglesa Notes and Queeries, donde se reproducía la carta que cierto profesor Pontus escribió al científico francés Fransois Arago. Decía que el 30 de julio cayeron del cielo ranas sobre la ciudad de Londres, después de una violenta tormenta. Es decir, en pleno verano. El 4 de julio de 1883 y también en la estación veraniega, el London Times anunciaba a sus lectores que, después de un chubasco sucedido en la región de los Apeninos, llovieron sapos de todos los tamaños. ¿De dónde procedían las ranas inglesas y los sapos italianos? Jamás supo contestar nadie a esta pregunta inquietante.
Tampoco hubo explicación para la lluvia conjunta de ranas y sapos que cayó el 30 de junio de 1892 cerca de Birmingham, Inglaterra. Los campesinos atribuyeron el milagro a una malvada tromba que succionó a los batracios en algún lugar lejano y los condujo por el espacio para depositarlos finalmente en el lugar que pudo ser contemplado por tantos espectadores. Nadie supo explicar por qué la tromba actuó con un espíritu tan selectivo, puesto que se llevó únicamente ranas y sapos y se olvidó de otros animales más livianos. De acuerdo con el Times de Londres del 23 de septiembre de 1973, la noche anterior cayó una lluvia de sapos sobre el pueblo de Brignoles, en el sur de Francia. Y el Daily News del 5 de septiembre de 1922 había informado que, por espacio de dos días, cayeron también sapos sobre Chalon-surSaóne. El 24 de octubre de 1683 habían caído también sapos en Bicking Hall, Norfolk, tantos que entraron en las casas. Los antiguos cronistas mencionaron estas lluvias, que los dejaron maravillados, desde Plinio hasta Ateneus, y lo mismo sucedió durante la Edad Media. Pero las observaciones de fenómenos crecerían en número a partir del siglo XIX.

Hay informes sobre lluvias de otros seres
Todos los años, al llegar el verano, se produce en Tampico y en otros puntos del Golfo de México una curiosa invasión, tan extraordinaria como desagradable. Se inundan las calles de enormes cucarachas voladoras -las llaman mayates-que ocasionan desde problemas de tráfico hasta molestias a los transeúntes. Incluso se introducen en oficinas y casas cuyas ventanas quedaron abiertas, como había sucedido con las ranas de la plaga bíblica. Los insectos caen al suelo después de tropezar contra las paredes y una vez repuestos del golpe reinician un vuelo tan molesto como peligroso para quienes no usan gafas.
Más de 6.000 kilómetros al sureste de Tampico se produjo, en octubre de 1977, otra plaga singular. Sus causas permanecieron largo tiempo en el misterio, hasta que se aclaró finalmente el porqué de la invasión. Millones de grillos habían aparecido de repente en el pueblo de Altinho, unos 100 kilómetros al oeste de Recife. Había grillos por todas partes, en las calles, en las oficinas, en las casas, debajo de las camas, en las cocinas y hasta en la iglesia se metieron, para impedir a los fieles escuchar el sermón del señor cura.
Echaron toneladas de DDT -¡ah, si el faraón hubiera contado con tan estupendo recurso!- y se acabaron los grillos. La explicación de lo sucedido fue como sigue: los grillos constituían el casi único alimento de unos enormes sapos que eran cazados para fabricar con su piel bolsos, cinturones y correas, artículos que eran exportados a Estados Unidos. Cada uno de los sapos devoraba cada noche no menos de 300 ninfas de grillo. A1 disminuir el número de sapos, se rompió el equilibrio ecológico y se extendieron los grillos por la región, hasta estabilizarse finalmente su crecimiento.
En la India había sucedido algo semejante, pero no fue con sapos como en Brasil, sino con ranas. Este país exportaba anualmente 70 millones de ranas comestibles, pero la exagerada explotación de la Rana esculenta condujo a un grave problema: proliferaron los insectos que constituían su alimento y se convirtieron en amenaza para los cultivos. Pero también peces y otros increíbles seres han llegado volando por el espacio para sumir en la perplejidad a los sabios.
Uno de éstos, el naturalista francés conde de Castelnau describió la violenta tormenta que se abatió en febrero de 1861 sobre la ciudad de Singapore, que arrastró una enorme cantidad de bagres de buen tamaño. Pero cuando le preguntaron las causas de una lluvia tan insólita, desvió la conversación. En cambio, el alemán Alexander von Humboldt optó antes por la solución más sencilla: negó las lluvias vivas. Y en su Historia de gentibus, aparecida en 1555, Olaus Magnus reseñó la lluvia de peces, ranas y otros seres, casi todos vivos. Sólo en contadas ocasiones, los animales estaban muertos desde hacía varios días.
Y hablando de peces, se dirá que Ron Langston, vecino de East Ham, suburbio londinense, se sentó una noche de mayo de 1984 para ver la televisión. Oyó un ruido extraño en el tejado de su casa, pero no sintió deseos de averiguar qué lo producía. Era más interesante el partido de fútbol. La mañana siguiente descubrió en el tejado y el jardín una docena de lenguados. Y en la cercana Canning Town cayeron del cielo 40 peces. El siguiente aparecieron numerosos peces marinos en Tlairsk, pueblo del Yorkshire situado a 45 kilómetros del mar. Pero lo más raro sucedió en Dilhome, 80 kilómetros al sureste del estuario del río Dee, en Inglaterra, donde llovieron conchas originarias nada menos que de Filipinas.
Puesto que siente el autor de esta obra gran interés en ofrecer al lector un panorama extenso de esta clase de lluvias, citará algunos casos más, de verdad increíbles, en los que relatará las fuentes en que halló los datos. Dirá así lo que informó el Buffalo Sunday Courier del 13 de enero de 1878: unos días antes cayó sobre Lockport, en el estado de Nueva York, una lluvia de lombrices, después de una nevada copiosa. Eran miles las lombrices y desaparecieron a los pocos minutos. Seguramente, se metieron bajo tierra, porque seguían con vida.
El New York Times del 2 de septiembre de 1878 informó sobre la lluvia de peces que cayó en Chico, California, en un día claro. Arthur Porter, que vivía en Lismore Showgronds, suburbio de Sydney, en Australia, descubrió el jueves 31 de enero de 1973 que la víspera llovieron unos 200 peces sobre su casa, largos de 15 centímetros. Estaban aún con vida unos y golpeados otros, como si hubieran caído desde muy alto.
Más extraordinario sería lo sucedido el 10 de enero de 1877 en Memphis, Tennessee, que mereció una nota de la revista Scientific American del siguiente mes. Cayeron del cielo miles de serpientes cuya longitud oscilaba entre los 30 y los 45 centímetros. Charles Fort declaró que solamente supo de cuatro casos semejantes, frente a los 294 conocidos de ranas y peces. Por fortuna, las serpientes de Memphis no eran venenosas.
En 1578 cayeron pequeños ratones de color amarillo sobre Bergen, Noruega, y lo mismo sucedió el siguiente año. La Monthly Weather Review del 4 de julio de 1953 dio a conocer el caso de la tortuga envuelta en hielo que cayó del cielo sobre Bovington, en el estado de Massachusetts. En 1896, el Philadelphia Times informó sobre la caída de miles de pájaros en las calles de Baton Rouge, capital del estado de Luisiana. Si hubieran pertenecido a una misma especie podría pensarse que eran aves emigrando, pero el grupo estaba formado por patos, canarios. pájaros carpinteros y aves exóticas de extraño plumaje.

lunes, 16 de junio de 2008

El Cine y lo Diabólico...

Históricamente, se repiten los casos en los cuales las películas que incursionan en mundos desconocidos, en temas diabólicos y en hechos fantasmales, terminan con desgracias, accidentes y hasta con la locura o muerte de sus participantes, ya sean actores, directores o personal del equipo de filmación.
Tal vez, el caso más conocido de injerencia de otros planos de existencia sea el de la película “Tres hombres y un bebé” con el protagónico de Tom Selleck, en la que aparece un chico asomándose en una escena. Se pudo comprobar que no había ningún niño en el set de filmación y que en el lugar había fallecido una criatura con las características físicas de esa extraña aparición. Y aunque los productores dijeron que era una foto en tamaño natural de alguno de los protagonistas, usada para promoción, que alguien descuidadamente había dejado allí; nadie creyó esa pueril explicación y el caso quedó registrado como uno más de los increíbles sucesos que rodean a ciertas películas, sobre todo a aquellas que osan penetrar en temas satánicos o sobrenaturales.
A lo largo de la historia del cine hay películas que pueden considerarse “malditas”, ya que se han producido en la filmación casos de poltergeist, objetos que se rompen o caen inexplicablemente, decorados que cambian de lugar o aparecen alterados al momento de compaginar las escenas y otros hechos aún más graves, como las que afectan a las personas.
Uno de los casos más famosos es el del actor Bela Lugosi, quien fue el que más veces interpretó a Drácula y cuyo trabajo se recuerda por muchos como el mejor en la gran cantidad de representaciones que se han hecho de este personaje sanguinario, diabólico e inmortal creado por Brack Stoker. Lugosi fue tan influenciado por su personaje de vampiro humano que terminó siendo una ruina. Dormía en un ataúd y no salía nunca a la luz del día; incluso hay quienes afirman que pagaba fortunas a quienes le conseguían sangre humana para beber.
La película “El bebé de Rosemary” que tuvo como protagonista a Mia Farrow y fue dirigida por Roman Polanski en 1968, cuenta la historia de una mujer embarazada acosada por una secta diabólica de la que forma parte su propio esposo. La joven da a luz a un hijo del diablo. Uno de los actores de esta película, Anton La Vey fundó lo que llamó “La iglesia de Satán” en la cual participaron con el tiempo muchas personas vinculadas con el mundo del cine. La actriz Jayne Mansfield murió después de ser maldecida por practicar incorrectamente un ritual dentro de una iglesia.
Pero el hecho más notorio y sangriento relacionado con este film fue el que le ocurrió a la mismísima esposa del director Polansky. La actriz Sharon Tate estaba embarazada cuando fue atacada en su residencia por el llamado “Clan Mason” y asesinada en un ritual, donde con la sangre de las víctimas se escribieron en las paredes consignas satánicas.
Tanto Mason, como sus seguidores dijeron recibir órdenes de su dios diabólico, para ejecutar a la mujer del director que de allí en más declinó notoriamente. Para completar la relación con lo diabólico, recordemos que algunas escenas del film “El bebé de Rosemary” se realizaron en el edifico Dakota, en el centro de Nueva York; donde años antes había vivido el genio del cine de terror, el actor Boris Karloff, de quien se dice que en su departamento del edificio Dakota hacía pactos con el diablo. Este edifico siempre fue considerado maldito y por eso fue recomendado a Polansky para lograr un clima satánico en su rodaje. Por último, recordemos que a las puertas del edificio Dakota fue asesinado uno de los grandes defensores de la paz, John Lennon, y que su asesino dijo haber recibido “órdenes mentales” del mismísimo demonio.
Otro de los films que incursionó en el tema satánico y que aún hoy es considerado un clásico del género es “El exorcista” dirigido por William Friedkin. Una parte de la película cuenta como en una excavación arqueológica en un desierto indeterminado de oriente, se desentierra una imagen del demonio Pazuzu, el que al ser llevado a occidente desencadena la tragedia. La escena se rodó en unos parajes desérticos de Oriente Medio y allí murieron inexplicablemente cuatro trabajadores contratados para la filmación, además de contratiempos y extrañas situaciones que obligaron a reducir el tiempo de filmación en el lugar y regresar antes de lo previsto.
Pero los hechos siguieron ocurriendo a lo largo de toda la filmación y aún persistieron en las películas siguientes: “El exorcista II” y “El exorcista III”. Durante la filmación el director recibió amenazas de distintos grupos de adoradores de Satán y la protagonista Linda Blair sufrió un intento de asesinado que se trató de ocultar. La película española “El día de la bestia” cuenta la historia de un sacerdote, que acompañado por un conductor televisivo y un heavy metal; buscan al Anticristo que ha nacido en Madrid, abordando el tema con cierto humor y con escenas de terror.
La dirección estuvo a cargo de Álex de la Iglesia. En esta película, como en todas las que se sumergen en el mundo satánico, no han faltado los detalles escalofriantes: Los vidrios explotaban inexplicablemente, uno de los técnicos sufrió un accidente automovilístico durante el rodaje, uno de los encargados del doblaje quedó atrapado abajo de una enorme cruz ubicada en el interior de una iglesia, las máscaras africanas que servían de decorado en algunas tomas, se caían inexplicablemente y en algunas escenas aparecieron torcidas. Una cama que se uso en el film fue adquirida por una las mujeres de la producción, quien se tuvo que deshacer de ella rápidamente, debido a las continuas y diabólicas pesadillas que sufría.
Pero el desafío más grande hacía el infra-mundo fue cuando se realizó en la película la invocación al demonio, utilizando paso a paso el ritual auténtico, utilizando el Pentáculo y los signos grabados con un cuchillo.
El director, dice que casi esperaban que apareciera Satanás y agrega: ”Tal vez efectivamente apareció entre nosotros y no nos dimos cuenta”.
La serie de películas llamadas “Poltergeits” nos habla de la comunicación con el más allá, la abertura de una puerta entre los dos mundos y las fuerzas desencadenadas que se llevan incluso a los seres humanos; destruyendo y creando el pánico. Poltergeist fue rodada por Tobe Hopper en 1982 y cuenta en su haber muchísimos hechos trágicos.
El mismo año de su realización Dominique Dunne fue asesinada por su novio y en 1988 Heather O’Rourke murió de una larga enfermedad que los médicos no pudieron diagnosticar y que lo llevó a sufrimientos extremos y a afirmar en muchas ocasiones que “los del más allá” lo acosaban.
Otra película que camina por los senderos de la muerte es el film dirigido por Wes Craven en 1987, “La serpiente y el arco iris” basado en el libro del mismo título de Wade Davis, un especialista en etnobotánica de la Universidad de Harvard, que viaja a Haití para investigar dos casos certificados de zombies que han sido enterrados vivos. En su investigación y después de muchos peligros y situaciones límites vividas, regresa a Estados Unidos con la fórmula de la droga zombie para su experimentación en laboratorio.
La película reproduce la experiencia de Wade Davis, agregando al documental algunos toques de ficción. Se trató de dar el mayor realismo posible a esta película, por lo que se realizó gran parte de ella en Haití, realizando incluso auténticas ceremonias de vudú.
Varios miembros del equipo de filmación se hicieron adeptos a la práctica del vudú y se quedaron en Haití radicados, mientras otros fundaron templos vuduistas a su regreso a Estados Unidos. Por su parte el director Wes Craven sufrió inexplicables apariciones y trastornos, hasta que regresó a Haití para someterse a una “limpieza” en manos de un bokor vudú.
Por último, recordemos el caso de Brandon Lee, la última (hasta ahora) de las víctimas de estas extrañas maldiciones que tienen como protagonistas a quienes en el cine se internan en otros mundos dimensionales.
Brandon Lee, era hijo del célebre y recordado Bruce Lee, el pionero de las películas de artes marciales, creador de un estilo propio de lucha y aceptable actor de la famosa serie “El avispón verde”, como también protagonista de éxitos como “Operación Dragón” y tantos más, que compartió incluso con figuras hoy conocidas como Chuck Norris, que en ese momento recién empezaban a recorrer el camino del cine. Ya de por sí la muerte de Bruce Lee sigue teniendo aristas inexplicables y a eso se agrega ahora la muerte de su hijo.
Brandon Lee se encontraba filmando “El cuervo”, una película que cuenta la historia de un justiciero que regresa de la muerte para vengarse de sus asesinos. En una de las escenas el joven actor es apuntado con una pistola y se le dispara. La pistola que -por supuesto- debía estar cargada con balas de fogueo, inexplicablemente fue cargada con balas verdaderas, lo que llevó a Lee a una muerte casi instantánea.
Las investigaciones no dieron ninguna pista que llevara a determinar quien cargó con balas de verdad la pistola y no faltan los que le atribuyen al mismísimo Satanás el hecho.
También están los que aseguran haber visto el espíritu de Brandon Lee rondando los lugares de filmación; tal vez, como en la ficción de la película “El cuervo”; a decidido volver de la muerte para vengarse de su asesino.
Evidentemente, a los seres del más allá, a los muertos, a los espíritus y a las criaturas satánicos no les agrada que el mundo del cine se interne en sus dominios, los invoquen y los perturben. Hacerlo es desencadenar fuerzas incontrolables, producir situaciones inmanejables y correr un riesgo que puede llevar, incluso a la muerte.

viernes, 13 de junio de 2008

La Mansión del Terror...

Hay un hecho que en su momento conmocionó no solo a los investigadores de lo paranormal, sino que fue una noticia que recorrió el mundo. Este hecho ocurrió en el poblado conocido como Amityville, el lugar donde se filmó la famosa película “Tiburón” y fue tan significativo que dio origen a un libro del periodista Jay Anson, quien lo tituló “Horror en Amityville”. El punto de partida de este relato lo podemos situar en la madrugada del 13 de noviembre de 1974, cuando a las 3,15 de la madrugada ocurría un cruento crimen.
En el cual se presenciaban características sádicas en una antigua y enorme mansión de la Avenida Oceánica Nº 112 de esta pequeña localidad llamada Amityville en Long Island en el estado de Nueva York.
A esa hora un joven de 23 años, Roland De-Feo masacró a toda su familia (compuesta por su padre, su madre, dos hermanos y dos hermanas).
Para llevar a cabo su macabra tarea, los narcotizó durante la cena, lo que le permitió trabajar tranquilo en la preparación de su obra.
A todas sus víctimas las acostó boca abajo , con la cabeza apoyada en los brazos cruzados; luego con un arma de grueso calibre los fusiló uno por uno.
A la mañana siguiente fue al bar y contó a los lugareños el hecho con lujo de detalles, por lo que fue encarcelado, luego juzgado y condenado a la pena máxima por lo que Ronald De-Feo fue a la cárcel con cadena perpetua.
Pero lo más increíble fue que a modo de explicación del aberrante hecho, el asesino contó que tanto la hora del hecho (3,15 de la madrugada) como el crimen en sí le fue indicado por una entidad que lo dominaba y lo obligaba a actuar; él solo era un instrumento de quien llamaba “el verdadero amo de la mansión”. Hasta aquí el primer capítulo del horror.
La historia continúa un año después cuando el matrimonio de George y Kathy Lutz compra la mansión en apenas u$s 80.000, una cifra irrisoria teniendo en cuenta que la mansión consta de tres pisos, un gran balcón, un extenso parque y con fondos al río con un excelente muelle propio para embarcaciones, todo enclavado en un terreno de más de 1.100 m2.
El 18 de diciembre de 1975 el matrimonio, junto a sus tres hijos y su perro se mudan al nuevo hogar, ignorantes de los terribles hechos sucedidos allí.
A poco de llegar recibieron la visita de un sacerdote amigo, el padre Mancuso, quien llegó para bendecir la casa de los Lutz.
Cuando el sacerdote se aprestaba a rociar con agua bendita el living, escuchó una potente voz que claramente le dijo ¡¡¡ salga !!! y recibió un fuerte empujón.
A pesar de todo culminó su tarea y se fue, no comentando nada a sus amigos para no alarmarlos, pero lo que lo hizo cambiar de parecer fue el incidente que sufrió mientras manejaba rumbo a su parroquia.
En una pendiente el auto fue “empujado” por algo no visible, le era imposible frenarlo, el capot se levantó golpeando contra el parabrisas y la puerta se le abrió violentamente, el vehículo sin control, se detuvo solo, también en forma inexplicable. Al llegar a la iglesia, el padre Mancuso quiso llamar a George pero era imposible acercarse al teléfono, como si una mano invisible lo detuviera.
Un repentino ataque de fiebre lo llevó a la cama, donde estuvo delirando por varias horas.
En los días sucesivos la familia cambió radicalmente su forma de ser: Los chicos peleaban constantemente, George dejó de afeitarse y bañarse, dejó de ir a la oficina y adquirió una obsesión que fue alimentar permanentemente la estufa a leña, hecho que lo tenía prácticamente todo el día cortando leña y arrojándola en el hogar, aún cuando de día la temperatura alcanzaba los 25º.
Por su parte la mujer castigaba duramente a los chicos con un cinturón y hasta con una madera, cosa que nunca había ocurrido.
Los hechos extraños fueron muchos, pero para resumirlos, les diré que tuvieron una invasión de moscas (en pleno invierno); los inodoros de los tres baños aparecieron cubiertos de una sustancia negra, desde abajo hacia el exterior, se sucedían los ruidos y golpes y la antigua puerta de entrada (de más de cien kilos de peso) fue arrancada una noche, quedando sostenida solamente por una bisagra. También percibían un extraño perfume en toda la casa y Kathy encontró un crucifijo que había colgado al llegar en posición invertida.
Uno de los hechos más sorprendentes que le ocurrió a George fue una noche en que a las 3,15 sintió la necesidad de recorrer el muelle y mientras caminaba por la costa vio a su hija más pequeña (Myssy de solo cinco años) asomada a su ventana y detrás de ella la cabeza de un cerdo con los ojos inquietantemente rojos. George subió corriendo, pero encontró a sus tres hijos durmiendo, los tres en la misma posición: boca abajo y con la cabeza apoyada en los brazos cruzados. Al llegar a su habitación encontró que su mujer dormía de la misma forma (esta posición concuerda con la de las víctimas de De-Feo, al igual que la hora del suceso).
Al día siguiente Kathy encontró a su hija hablando con alguien invisible que era -según la niña- un cerdo llamado Jodie, al que solo ella veía y que le había enseñado una antigua canción de la región que la madre hasta ese momento no conocía y que supuestamente la pequeña nunca había escuchado. George nada había comentado a su esposa de su visión del cerdo en la noche anterior.
Otro día, a las 3,15 de la madrugada, el padre de la familia sintió extraños golpes en la pared de su habitación que parecían provenir de adentro de los mismos ladrillos; entretanto, el perro ladraba enloquecido en el muelle. Al asomarse a la ventana para saber que inquietaba tanto al animal, vio una entidad humanoide flotando en el lugar y al perro que -pese a sus bravos ladridos- no se acercaba a esa figura espectral.
Pero hubo un momento en que todo se magnifico, se tornó más agresivo y fue tomando cuerpo en los esposos la idea de vender la casa e irse lejos del horror.
El hecho que desencadeno el desenfreno fue abrir una pequeña habitación que descubrieron al final de un oscuro pasadizo. Esa pieza estaba pintada toda de rojo (incluso el techo) y del lugar se desprendía un olor nauseabundo.
De allí en más se incrementaron sensiblemente los hechos extraños, se intensificaron los ruidos, los golpes, las puertas y ventanas se habrían violentamente a pesar de estar cerradas con trabas y el olor se hizo más fuerte e intolerante en toda la casa.
Una noche Kathy estuvo en serio riesgo de muerte cuando levitó (siempre boca abajo y con los brazos cruzados) dirigiéndose a la ventana, salvándose de caer al vacío gracias a que su esposo corrió rápidamente para evitar la caída.
La noche de Navidad encontró a la familia reunida, con mucho miedo y con la decisión tomada de irse; cuando salieron para ir a misa, por más que lo intentaron su camioneta no arrancó pese a que no sufría desperfecto alguno.
Llamaron a una médium, quien les aconsejó alejarse inmediatamente del lugar, ya que -según su opinión- las fuerzas malignas que habitaban la casa eran muy fuertes y no podían ser combatidas.
Así llegaron a las 3,15 de la madrugada del 14 de enero de 1976. George se despertó sobresaltado al sentir que “algo” o “alguien” estaba parado sobre su estómago, los chicos asustados gritaban enloquecidos, los muebles y las cosas de la casa se movían en frenética danza, el olor nauseabundo inundaba toda la casa, las ventanas se trabaron todas y el aire parecía faltar. En toda esa locura una vez más, la pesada puerta de entrada fue arrancada, lo que permitió que toda la familia, en loca carrera, escapara hacia su automóvil.
Como había ocurrido anteriormente, la camioneta se negaba a arrancar. En ese momento Kathy comenzó a rezar una plegaria, seguida por sus hijos y entonces sucedió el milagro: cuando toda la familia rezaba en voz alta, la camioneta se puso en marcha y pudieron escapar del lugar; huir para nunca más volver, ni siquiera para buscar sus pertenencias; empezando una nueva vida sin nada, pero con la convicción de haber vivido veintiocho días en el infierno y haber podido escapar de él.
Después de su presurosa huida de la casa maldita, la familia Lutz se radicó en Arizona. Prácticamente quebrados, ya que perdieron lo invertido en la mansión y solo rescataron unos pocos dólares de la venta-remate de todos sus muebles, intentaron iniciar una nueva vida que no les resultó para nada fácil. Según comentarios hechos por los propios Lutz a amigos, la entidad los siguió molestando por algún tiempo, lo que sin dudas reavivó el terror en la familia. Después de algún tiempo, los problemas económicos y la continuación de los hechos paranormales, resquebrajaron el núcleo familiar, sobre todo la relación matrimonial, lo que llevó a la separación de la pareja.
Nunca se pudo conocer que terrible hecho había ocurrido en el pasado.
Si tiene la oportunidad de visitar Amityville, no deje de caminar por la Avenida Oceánica, allí en el número 112 verá una antigua mansión que el tiempo va destruyendo, ya que quedo abandonada y nunca más nadie volvió a vivir en ella, salvo esa fuerza incontrolable y misteriosa que alguna vez definieron como “el verdadero amo de la mansión”.

jueves, 12 de junio de 2008

El Vuelo 401...

El día 29 de diciembre de 1972, a las 21.00 horas, parte desde el aeropuerto internacional John F. Kennedy en Nueva York y con destino a Miami un avión trirreactor Whisperliner L-1011 (versión 318), fabricado por la empresa Lockheed.
El avión (que tiene menos de 1.000 hs. de vuelo) había sido adquirido por la línea aérea Eastern un mes antes y era sensiblemente superior en confort a los Jumbos 747 y a los Douglas DC-10.
Al comando de la nave se encuentra el experimentado piloto Bob Loft, y lo auxilian el primer oficial Albert Stocckstill y Don Repo.
Llevan 163 pasajeros, que junto a 13 tripulantes, suman 176 personas.
Al llegar a Miami y accionar los mandos, comprueban que parte del tren de aterrizaje no responde; por lo que, comunicados con el control se les ordena sobrevolar el aeropuerto a 2.000 pies de altura.
Luego de un rato de gran tensión, el Whisperline L-1011, identificado como el Vuelo 401 se precipita vertiginosamente, cayendo en la zona pantanosa de los Everglades. De las 176 personas que componían el viaje solo sobrevivieron 77.
El comandante Bob Loft y su primer oficial Albert Stocckstill fueron rescatados ya muertos; mientras que Don Repo luchó un día más contra la muerte, pero finalmente, corrió la misma suerte que sus dos compañeros.
Hasta aquí la crónica de un accidente más en la larga e interminable lista de percances aéreos.
Lo verdaderamente insólito comienza a partir de ese momento:
Dos de los tres pilotos, Bob Loft y Don Repo se aparecerán a tripulantes y pasajeros de los vuelos de la línea Eastern en el trayecto Nueva York-Miami.
Aunque desde un primer momento, la empresa aérea trató de ocultar y negar los hechos asombrosos que sucedían y prohibió a su personal comentarios al respecto; algunas informaciones se “filtraron “ al público.
Fue así que el investigador John Fuller se interesó por saber que pasaba realmente en los vuelos Nueva York-Miami de Eastern Airlines, concluyendo que “hay extrañas apariciones que pueden catalogar como sucesos paranormales”.
Las apariciones de Bob Loft y sobre todo de Don Repo (el que más se ha visto) forman parte de una verdad.
Aparecen en forma de espectros que se ven flotando sobre las alas de los aviones, también como nubes fantasmagóricas y en algunos casos surgen voces “de ninguna parte”, dando desde enigmáticos mensajes, hasta precisas órdenes y recomendaciones técnicas para evitar catástrofes.
Entre algunos informes recogidos por Fuller se destacan los siguientes casos:
En marzo de 1973 las azafatas Denisse Woodfrud y Ginny Packard trabajando en un mismo vuelo de la empresa Eastern, desde Nueva York, con destino a Miami; ven por separado la “presencia de un ser” incorpóreo, pero que a su vez significaba un obstáculo para su movimiento dentro de la cocina del avión; para (más tarde) surgir de una pequeña nubosidad el rostro claramente identificable de Don Repo.
En el mismo año, precisamente en el mes de septiembre, una azafata al prepararse para despegar desde Nueva York (por supuesto, con destino a Miami), observa que hay un pasajero de más que no figura en la lista, sentado en primera clase, vestido con uniforme de comandante de la empresa.
Al inquirirle sobre por que no figura en la lista de pasajeros y quien es y no recibir respuestas, llama a una compañera, que tampoco tiene éxito.
Ante la imposibilidad de solucionar el inconveniente, llaman al comandante de la nave para que expulse al intruso.
Cuando el comandante se hace presente y asombrado dice: “ Pero si es Bob Loft “, el hombre se desmaterializa ante sus ojos.
Bob y Repo continuaron apareciendo en distintas situaciones y ante diversos testigos; pero tal vez el hecho que técnicamente reviste mayor importancia es el que ocurrió en febrero de 1974.
En esta ocasión Don Repo se manifestó primero a dos azafatas, luego al ingeniero de vuelo y posteriormente alertó sobre un peligro en la nave.
En la cabina de mando se materializa el rostro de Repo y aunque se mantiene inmóvil, se escucha su voz que dice claramente: “Presten atención, porque hay peligro de incendio”.
Cuando el avión llega a Miami, uno de los motores no responde y al tocar la pista, la nave se incendia. Solo un rápido operativo (para el que estaban preparados gracias a la aparición de Repo) evitó la tragedia.
John Fuller, luego de años de investigación y de recoger testimonios, logró que la empresa aérea reconociera los hechos y llegó a las siguientes conclusiones:
A) Los hechos suceden siempre en aviones L-1011 de la empresa Eastern Airlines, incluso en aviones que esta compañía ha alquilado a otras líneas. . .
B) En la mayoría de los casos, los aviones en los que se han manifestado las apariciones, llevaban piezas recuperadas del trágico Vuelo 401.
C) Siempre ocurren en la ruta Nueva York-Miami.
Fuller concluyó que el fenómeno forma parte de lo llamado Psicometría, donde “las apariciones acuden allí donde hay un objeto o conjunto de los mismos que les resulten familiares”.
Si bien las apariciones de Loft y Repo son reiteradas y enigmáticas, de ninguna forma son las únicas; se han dado muchísimos casos similares en donde aviadores ya muertos se presentan a sus antiguos camaradas para ayudarlos en situaciones límites o simplemente para seguir volando (que en vida ha sido lo más importante para ellos).
Pero si debemos referirnos al más famoso de estos espectros, sin dudas hablaremos del Teniente Desmond Arthur que es el único fantasma reconocido por el gobierno británico.
El 27 de mayo de 1913 el joven Teniente Arthur, destinado en la base aérea de Montrose (Escocia) realizaba ejercicios aéreos, cuando imprevistamente su nave se precipitó a tierra ante cientos de testigos.
Al cabo de tres años se concluyó con el informe que culpaba al piloto del accidente y de allí en más comenzaron las apariciones; en un hecho que se interpretó como un deseo de reivindicar su nombre.
Así fue como se lo vio vestido con su uniforme, su casco de cuero y sus antiparras de vuelo, camino a los hangares, dirigiéndose a los dormitorios o atravesando las paredes del comedor de la tropa.
Un año después, reabierto el caso, se modificó el informe ya que se descubrió que una reparación defectuosa hizo que un ala se rompiera en pleno vuelo, eximiendo de responsabilidad al piloto. Desde ese momento se terminaron las apariciones del Teniente Desmond Arthur.
La última vez que se lo vio, fue el 27 de mayo de 1963; cuando una de las más ilustres figuras de la aviación británica, Sir Peter Massfield, sobrevolando el cielo de Montrose, asistió a la repetición del accidente de Arthur.
En pleno vuelo vio acercarse un viejo bimotor de principios de siglo, piloteado por un joven vestido como en los inicios de la aviación.
Cuando se encontraba relativamente cerca, vio como la nave se precipitaba a tierra. Rápidamente Sir Peter Massfield aterrizó en un campo de golf cercano al lugar de la caída de la nave y corrió junto a algunos golfistas decidido a ayudar al piloto siniestrado. Grande fue la sorpresa cuando en el lugar no encontraron absolutamente nada. No había rastros de accidente alguno !!!
El cielo -como la tierra- está habitado por muchas más cosas de las que vemos.

miércoles, 11 de junio de 2008

Agartha

Se han dicho muchas cosas sobre este gran reino subterráneo, pero, en realidad, todavía no se ha revelado verdaderamente nada al gran publico, salvo a través de los mitos y de las alegorías divulgados por algunos iniciados intuitivos. Como algunos autores afirman, es posible que la Tierra este, totalmente hueca y que el pueblo intraterrestre posea su propio sol central. Es igualmente posible que el centro de la Tierra sea tan denso como su corteza y que la humanidad de la Agartha viva entre los dos polos. Por otro lado, no hay que excluir la teoría que afirma que la Tierra es como un buñuelo, totalmente repleto de inmensas cavernas tan vastas como nuestras regiones y países, en comunicaci6n entre sí por medio de gigantescos túneles construidos.
Podemos afirmar sólo una cosa, existe este mundo subterráneo y sus habitantes tienen existencia física y etérica. Según Raymond Bernard, autor de La Terre Creuse "La Tierra Hueca" el Polo Norte y el Polo Sur son inmensas aperturas, una de las cuales fue visitada accidentalmente por el almirante Richard E. Byrd, el cual, sobrevolando la parte cóncava del Polo Norte, percibió una tierra reverdecida, ríos, e incluso un mamut vivo! Si los Polos son inmensas aperturas, que hay que decir entonces de la expedici6n del capitán americano Anderson, que el 3 de agosto de 1958 emergió con su submarino atómico, el Nautilus, en el Polo Norte, cerca de Groenlandia? Lo mismo volvió a hacer poco después el submarino Skate, bajo el mando de Jim Calvert. Esto, por no hablar de los satélites, que en la actualidad pueden fotografiar la Tierra con todo detalle. Claro está, los defensores de la teoría de Raymond Bernard pueden afirmar, con razón, que los dossieres del ejercito no revelan nada al gran público y que las fotos de los Polos tomadas por los satélites son de difícil acceso! He de admitir que, hasta la fecha, no se posee ninguna prueba de la existencia de estas aperturas físicas. Por supuesto, no ignoramos en absoluto que los Polos constituyen entradas de vitalidad y que esta vitalidad pánica es la causante del clima. Pero, en este caso, las entradas de los Polos podrían estar pura y simplemente formada por materia etérica. Aparte de los Polos que conducen (hipotéticamente) a la Agartha, sabemos que el reino interior es accesible a través de túneles inmensos, algunas de cuyas entradas han sido incluso descubiertas. Sin embargo, estas entradas están frecuentemente protegidas por elementos diversos, como, por ejemplo, emanaciones de gas mortal. Entre las principales entradas, citemos la que se encuentra situada en la Cordillera de los Andes; la de Potala, en el Tibet; la de Pamir; la de los montes Karakorum; la de la montaña Kouin Long Sang, situada entre el Tlfbet y China. En el sur de la India podemos encontrar entradas de este tipo en los montes Vindhya, en la regi6n de Gaya. Ws al sur, tenemos Tirupati, la colina de Arunachala y las Montaflas Azules (Nilgiris). Dichas entradas existen por todas partes en la superficie de la Tierra. Sin embargo, hay un territorio subterráneo cerca de la superficie, de hecho, el más accesible; se encuentra en el Tibet y se le llama el palacio de Kalapa. En realidad, forma lo que se llama el Meru. Es el centro o la capital de la Tierra Sagrada. El tercer Panchen Lama, que era un miembro eminente de la Gran Fraternidad Blanca, escribe que, a partir del lado derecho del Kailas, siguiendo el curso paralelo del río Sita, se encuentra la vasta región de Shambhala. En su obra ofrece precisiones asombrosas sobre el emplazamiento de esta entrada < Es en este lugar donde se encuentra el rey Kukika. El Panchen Lama escribe también lo siguiente: Tiene a su disposición toda clase de vehículos con los cuales puede viajar: sarabhas elefantes alados utilizados como caballos, toda clase de vehículos de ruedas y de vehículos propulsados..Después se describe la ciudad (subterránea, aunque este detalle no se especifique): Si se las cuenta todas juntas, hay noventa y seis millones de ciudades. Todos sus habitantes hablan sánscrito; llevan turbantes y túnicas blancas, viven frugalmente y poseen unas cien casas de tesoros llenas de oro...
Madame H. P. Blavatsky, que fue una de las portavoces mas importantes de la Jerarquía, nos dice que la Isla Blanca del Desierto de Gobi (el actual Shambhala) tenia una realidad física, al margen de su realidad etérica.
En aquella época, en la que esta isla llena de verdor tenía en su centro un magnifico y suntuoso palacio (blanco): No existía ninguna comunicaci6n por mar con la hermosa isla pero algunos pasajes subterráneos, conocidos únicamente por los dirigentes, ponían en comunicaci6n con ella todas las direcciones Y mas adelante, precisa: La tradición cuenta, y la arqueología considera que la leyenda es verdadera, que hay varias ciudades, florecientes actualmente en la India, que habrían sido edificadas sobre otras ciudades y que, por tanto, tienen una ciudad subterránea con siete u ocho pisos.
Delhi es una de estas ciudades, así como Allahabad; se encuentran ejemplos similares en Europa, por ejemplo, en Florencia, que está construida sobre varias ciudades muertas, etruscas y otras. En estas condiciones, ¿porque Ellora, Elephanta, Karli y Ajunta no podrían haber sido construidas sobre laberintos y pasajes subterráneos, tal como se afirma? Claro está que no queremos hablar de cuevas conocidas por todos los europeos, ya sea porque las han visto o porque han oído hablar de ellas, a pesar de su enorme antigüedad, que también es discutida por la arqueología moderna; pero hablamos de un hecho, conocido por los brahmanes iniciados de la India y, especialmente, por los yoguis; a saber: que no existe en el país un sólo templo, cueva, que no posea sus pasajes subterráneos, dirigidos en todas las direcciones y que estas cuevas subterráneas y estos corredores sin fin poseen, a su vez, otras cuevas y corredores.Teniendo en cuenta la gran teoría de la deriva de los continentes, es evidente que estos túneles han sido construidos no sólo para desplazarse hacia el reino subterráneo, sino también para alcanzar a voluntad todos los lugares privilegiados de nuestro planeta!