miércoles, 8 de octubre de 2008

Maria

Me hallaba yo un dia comiendo en un restaurante con mis compañeros de trabajo. Recuerdo que me encontraba enfrentado a uno de los televisores del mismo, pero nuestra distendida conversación hacía que no estuviera atento en absoluto a lo que allí se narraba. Sólo cuando vi la fotografía de una vieja amiga quedé sorprendido, al mismo tiempo que preocupado, al hablarse de una misteriosa desaparición de la misma hacía unas semanas y de los desesperados esfuerzos de su familia por encontrarla.

Como digo, esta vieja amiga llamada María, había llegado a conquistar mi corazón en un tiempo pasado, pero seguimos rumbos distintos en la vida y perdimos el contacto, pero se me comprenderá al decir la fraudulenta sorpresa que para mí supuso aquella noticia que hablaba acerca de su desaparición.
No obstante, mis menesteres laborales permitieron que aquel suceso cayera en el profundo abismo de los recuerdos perdidos. Pero una noche de sábado otoñal que me hallaba solo en casa, quizás leyendo algún viejo libro, oí el timbre de mi puerta sonar. No esperaba a nadie, por lo que mi sorpresa fue mayúscula, de modo que no dudé en mirar a través de la mirilla de mi puerta, y un sentimiento de suma alegría me inundó al poder reconocer el rostro de la perdida María.
La invité a casa a cenar y mantuvimos una distendida conversación como las que teníamos en antaño, pero no pude evitar recordarle el suceso que había podido ver en la televisión acerca de su desaparición.
Casi avergonzada, me dijo que sabía perfectamente el daño que había causado a su familia a causa de la misma, y me confesó que realmente había ido a mi hogar porque deseaba que la llevara de regreso a su casa. No quise preguntarle más acerca del asunto, y acepté conducirla al día siguiente a su morada cuando hubiéramos descansado algo, pues la madrugada se hallaba avanzada.
A las diez de la mañana del día siguiente partimos en mi coche, y un sentimiento de desesperación cuya causa me era desconocida se apoderó de mí, por lo que cometí algunas imprudencias con el automóvil. Llegamos cerca de una zona donde un magnífico lago reinaba sobre el paisaje, y mi amiga María me pidió que parara un momento. Me instó cogiéndome de la mano, que la acompañara a través de los escabrosos setos que conducían a una especie de precipicio en cuya parte inferior se hallaba el agua virgen del lago. Llegados al borde del precipicio, no pude evitar la tentación de asomarme, en el instante en el que noté que la mano de María dejaba de coger la mía.
Sería inútil intentar explicar con las palabras justas el horror que me inundó al contemplar la macabra y horripilante escena que apareció ante mis ojos. Un cuerpo semidesnudo se hallaba en la parte inferior del precipicio en un avanzado estado de putrefacción, pero a pesar de su lamentable apariencia, sabía perfectamente de quién se trataba.
Sumergido en un estado que rozaba el ensueño solo pude oír nuevamente casi susurradas por el viento, unas palabras de ultratumba que reiteraban llévame de vuelta a casa, llévame de vuelta a casa... y casi sin poder mis extremidades giré mi cuello, pero la única compañera que hallé en aquel horrendo paraje, fue a mi sombra...

martes, 7 de octubre de 2008

Vanessa

Vanessa, es una joven de Gijón que estudia Terapia ocupacional en la Universidad de Talavera. Junto con otras dos chicas alquiló un piso en la calle de los Templarios para que los gastos fueran menores. Durante el segundo curso, Vanessa suspendió dos asignaturas y sus padres le enviaron el mes de agosto para estudiar.

Una noche de verano en la que estaba sola, cuatro golpes secos sonaron a su puerta. Vanessa creyó que se trataba de algún amigo con el que salir a tomarse una copa, pero se trataba de una niña de alrededor de siete años.
La niña, de hermosos tirabuzones rubios y grandes ojos castaños miró a Vanessa y le dijo que se había perdido. Vanessa le dejó entrar, le preparó un vaso de leche y le dijo que iban a ir a la policía. Verónica le rogó que no lo hiciera esa noche pues tenía mucho sueño y quería dormir. Vanessa accedió y le preparó la cama. Por la mañana temprano cuando Vanessa iba a llevarla a la policía, entró en el cuarto y vio que la niña, llamada Verónica, no estaba.
Un año después en idéntica situación, la niña volvió a aparecer. Parecía que no había crecido nada. De nuevo Vanessa le preparó la cena y le dejó dormir pero al día siguiente Verónica volvió a desaparecer sin dejar rastro. Vanessa fue a la policía y dio todos los datos de la chiquilla pero no se habían producido denuncias ni nadie había reclamado una desaparición. Tras dar muchas vueltas, Vanessa llegó al Hospital de San Prudencio. Un hospicio para niños y niñas huérfanos. Allí la madre Sonsoles, le explicó que no tenían ninguna niña de esas características. Justo cuando se disponía a salir Vanessa del lugar, otra monja llegó con un calendario de dos cursos atrás. Allí estaba la foto de Verónica, tal y como Vanessa le había visto. - Sí ¡es ella! - gritó. Las dos monjas se miraron extrañadas - Verónica murió hace dos años.
Aquella noche, cuatro golpes secos sonaron en la puerta de Vanessa. La muchacha observó por la mirilla de la puerta. Allí estaba de nuevo Verónica, con los brazos cruzados y cara de enfadada. - Has tardado mucho en abrirme, tengo hambre y sueño - dijo la niña.
Vanessa aterrada preparó todo como lo había hecho habitualmente.
Cuando acostó a Verónica no pudo soportar el terror y entró despacio a su habitación. La niña estaba totalmente arropada. Vanessa retiró la sábana y bajo ella, como un suspiró pareció desvanecerse un cuerpecito en una nube. Sobre la almohada, con letra infantil y varias faltas había una nota "Gracias por la leche y los dulces, ahora tengo que irme a llevar al infierno a las otras tres chicas que no me dejaron entrar a sus casas."

lunes, 6 de octubre de 2008

Una jovencita en la autopista

La carretera principal que va de Baltimore a Nueva York al llegar al kilómetro 12 se cruza con una importante autopista. Se trata de un cruce muy peligroso, y en muchas ocasiones se ha hablado de construir un paso subterráneo para evitar accidentes, aunque todavía no se ha hecho nada. Un sábado por la noche, el doctor Eckersall regresaba a su casa después de asistir a una sala de fiestas. Al llegar al cruce redujo la velocidad y se sorprendió al ver a una deliciosa jovencita, vestida con un traje largo de fiesta y haciendo autostop. Frenó de golpe y le hizo una señal para que subiera a la parte trasera de su descapotable.


- El asiento de delante está lleno de palos de golf y de paquetes - se disculpó.
Y a continuación le preguntó:
- Pero, ¿qué está haciendo una chica tan joven como tú sola a estas horas de la noche?.
- La historia es demasiado larga para contarla ahora - dijo la chica.
Su voz era dulce y a la vez aguda, como el tintinear de los cascabeles de un trineo.
- Por favor, lléveme a casa. Se lo explicaré todo allí. La dirección es North Charles Street, número XX. Espero que no esté muy lejos de su camino.
El doctor refunfuñó y puso el coche en marcha. Cuando se estaba acercando a la dirección que le indicó ella, una casa con las contraventanas cerradas, le dijo:
- Ya hemos llegado.
Entonces se giró y vio que el asiento de atrás estaba vacío.
- ¿¡Qué demonios...!? - murmuró para sí el doctor.
La chica no se podía haber caído del coche, ni mucho menos haberse desvanecido.
Llamó repetidas veces al timbre de la casa, confuso como no la había estado en toda su vida. Después de un largo tiempo de espera, la puerta se abrió y apareció un hombre de pelo gris y aspecto cansado que lo miró fijamente.
- No sé como decirle qué cosa más sorprendente acaba de suceder - empezó a decir el doctor - una chica joven me dio esta dirección hace un momento. La traje en coche hasta aquí y...
- Sí, sí, lo sé - dijo el hombre con aire de cansancio -, esto mismo ha pasado otras veces, todos los sábados por la noche de este mes. Esta chica, señor, era mi hija. Murió hace dos años en un accidente de automóvil en ese mismo cruce donde usted la encontró...

viernes, 3 de octubre de 2008

Sodoma y Gomorra

Sodoma y Gomorra eran dos de las cinco ciudades que ocupaban el sitio conocido como “la llanura” en los textos bíblicos y que comprende la depresión ocupada por el Mar Muerto y el Río Jordán. Según la Biblia los habitantes de estas ciudades ya no eran buenos a los ojos de Dios...

Nuestro planeta Tierra se formó 4.600 millones de años atrás y la vida apareció en ella hace aproximadamente 3.600 millones de años. Es probable que los primeros terremotos ocurrieran hace unos doscientos millones de años, alrededor de la época en que el primer gran continente, bautizado con el nombre de Pangea que significa “todas las tierras” comenzara a separarse para dar origen a dos super continentes (Laurasia en el hemisferio norte y Gondwana en el sur) que a su vez se fragmentaron para formar los continentes que hoy existen. Estos primeros terremotos no fueron presenciados por ningún ser humano ya que nuestra especie apenas abarca el intervalo de tiempo comprendido en los últimos cien mil años (aunque el fósil del ser considerado como primer antepasado del hombre tiene una edad superior a los tres millones de años). Los primeros hombres que poblaron la tierra no poseían el don de la escritura y los escasos testimonios existentes acerca de las catástrofes que les tocó vivir no son lo suficientemente claros como para saber si se trató de terremotos o de alguna otra clase de eventos.

No obstante, algunos de los eventos y las catástrofes más espectaculares que han afectado a la humanidad pueden ser explicados mediante la hipótesis de que lo que ocurrió fue un gran terremoto que tuvo los efectos narrados en los textos y documentos históricos.
Por ejemplo, se piensa que los primeros sismos reportados históricamente tienen relación con dos hechos bíblicos: la destrucción de Sodoma y Gomorra y la caída de las murallas de Jericó, lo que equivale a decir que la historia sísmica del mundo comenzó hace unos 4.000 años. Sodoma y Gomorra eran dos de las cinco ciudades que ocupaban el sitio conocido como “la llanura” en los textos bíblicos y que comprende la depresión ocupada por el Mar Muerto y el Río Jordán. Según la Biblia los habitantes de estas ciudades ya no eran buenos a los ojos de Dios, quien decidió destruir ambas ciudades.

Sin embargo, según el quinto libro de La Biblia, el Deuteronomio, atribuido a Moisés por los profetas, además de Sodoma y Gomorra también fueron destruidas Adama y Seboim (¿por que?), salvándose de la catástrofe la ciudad de Soar, que estaba más alejada, hacia donde huyó Lot con su familia. Actualmente no se sabe a ciencia cierta donde estaban ubicadas estas ciudades porque ha sido imposible localizar algunos de sus restos, pero es factible que un gran terremoto las destruyera y provocara un descenso del nivel de las tierras ocupadas por ellas, quedando sus ruinas inundadas por las aguas del mar (esto explicaría que no se hayan encontrado las ruinas de Sodoma y Gomorra ni las de otras ciudades que resultaron destruidas con ellas). Existen algunas evidencias geomorfológicas que refuerzan esta hipótesis, ya que dos geólogos canadienses que estaban estudiando los sedimentos del Mar Muerto (Grahan Harris y Anthony Berardow) descubrieron que la península de Lisan, hacia la parte oriental del mencionado mar, fue el epicentro de un evento sísmico de gran magnitud (mayor a seis en la escala de Richter) ocurrido hace aproximadamente 4.000 años (tiempo que concuerda con el de la destrucción de Sodoma, Gomorra, Adama y Seboim). Según estos geólogos, el evento provocó efectos de licuefacción en el terreno (los suelos compuestos de arenas finas y que están saturados se comportan como un fluido bajo la acción de las ondas sísmicas) aumentando el grado de destrucción sobre las ciudades del área afectada. Al parecer los datos de estos geólogos sugieren que los restos de Sodoma y Gomorra reposan bajo las aguas del Mar Muerto, pero en un lugar diferente de aquel donde se esperaba encontrarlas. Inclusive, es posible que el Mar Muerto ocupara solo la parte norte de lo que es hoy la península de Lisan (en aquel tiempo sería el límite sur del mar) y uno de los efectos del terremoto fue producir la ruptura de este límite dejando pasar las aguas hacia el lado sur, donde estaban las ciudades de la llanura. En la figura se ilustra el Mar Muerto (o Mar de La Sal como aparece en La Biblia), el Río Jordán y la probable ubicación de las ciudades mencionadas. El Mar Muerto es un gran lago interior, que no tiene salida al océano y su única pérdida es por evaporación, lo cual trae como consecuencia una gran acumulación de sales en sus aguas (siete veces superior a la del océano) que hace imposible la vida en este mar. Sus aguas provienen principalmente del Río Jordán, su superficie se encuentra a mas de cuatrocientos metros por debajo del nivel del mar y alcanza una profundidad promedio superior a los trescientos cincuenta metros, de tal forma que es posible imaginar lo difícil que resulta explorar el fondo de este gran lago en busca de restos de ciudades que existieron hace unos cuatro mil años.
En el caso de Jericó, la explicación de la caída de sus murallas a causa de un evento sísmico es tan atractiva como en el caso de Sodoma y Gomorra. Según el relato bíblico, los Israelitas cruzaron el Río Jordán, que se abrió a su paso secando su cauce, para dirigirse al sitio de Jericó (un sismo pudo producir un deslizamiento de tierra en las nacientes montañosas del Jordán, represando sus aguas). Al llegar a la ciudad, los Israelitas realizaron desfiles ceremoniales a su alrededor tocando trompetas y aterrorizando a sus habitantes. Este sitio duró siete días (¿serían 7 días bíblicos?), luego del cual las murallas se derrumbaron permitiendo la entrada de los guerreros de Israel. Algunos piensan que mientras los sacerdotes y los soldados desfilaban alrededor de las murallas, otro ejército de hombres escondidos, armados con azadones, socavaban las bases de las murallas hasta lograr su derrumbe. Como estas murallas tenían cuatro metros de espesor, hay quien también piensa que fue otro temblor el que las tumbó. Esta hipótesis de los sismos bíblicos no carece de fundamento, ya que la región del Río Jordán es muy sísmica y en tiempos recientes han ocurrido allí eventos de gran poder destructivo.

jueves, 2 de octubre de 2008

The Big One

Según algunos sismólogos estadounidenses, el Big One será el terremoto de magnitud superior a 8 grados en la escala de Richter e intensidad XI que arrasará las costas de California.

El detonante podría ser una pequeña falla bajo la ciudad de Los Angeles descubierta en 1987, después del terremoto de Whittier Narrows (de 5.9 grados en la escala de Richter y 8 muertos), con 25 millas de largo y 15 de ancho. Está situada en una de las zonas de mayor peligro sísmico del planeta, donde las placas tectónicas del Pacífico se deslizan por debajo de la placa de América del Norte, lo que origina enormes tensiones que a veces dan lugar a terremotos. La falla de Puente Hills fue descubierta en 1987, después del terremoto de Whittier Narrows y, según un informe del Centro de Seísmos de California del Sur, la magnitud de los terremotos que se podrían producir en esta falla pueden alcanzar los 7.5 grados Richter.

La elevada intensidad que puede llegar a alcanzar preocupa más a los científicos que la falla situada a las afueras de Los Ángeles, la famosa San Andrés.

En los últimos 11,000 años, ya se han producido en esta falla por lo menos cuatro seísmos de una magnitud de entre 7.2 y 7.5 en la escala de Richter. Sin embargo, los científicos han llegado a la conclusión de que el 'Big One' tiene pocas posibilidades de suceder hasta dentro de 3,000 años.
Los sismólogos del Centro de Seísmos de California del Sur, dependiente del Servicio Geológico Nacional estadounidense, han realizado un por ordenador un simulacro de la falla y su ruptura.
Con un seísmo de una magnitud de 7.5, podrían alcanzarse las cifras de 18,000 muertos y alrededor de 268,000 heridos. Esta catástrofe conllevaría el colapso de los servicios sanitarios de Los Ángeles, sin contar con que se debería dar albergue a 211,000 familias que habrían de perder sus hogares, además de otras 735,000 que deberían abandonarlos por peligro de derrumbe. 25,000 millones de dólares sería la cifra a al que llegarían los costes del desastre... ¿Toda una leyenda o por el contrario se hará realidad?