viernes, 22 de mayo de 2009

El fenómeno Uri Geller

La mágica facilidad con que Uri Geller dobla metales le ha hecho famoso en todo el mundo. Pero, ¿cómo lo hace? ¿Cuál es la fuente de sus extraordinarios poderes?

En el verano de 1971, los adolescentes israelíes empezaron a hablar de un nuevo ídolo pop; no un cantante ni un disc-jockey, sino un mago teatral: Se llamaba Uri Geller, y su popularidad seguramente se debió a que era alto y guapo, y sólo tenía 24 años. Pero su actuación era enormemente original. ¿Quién había oído hablar de un «mago» que reparara relojes sólo con mirarlos? ¿O que doblara cucharas masajeándolas suavemente con los dedos? ¿O que rompiera anillas de metal sin necesidad de tocarlas?

Comentarios sobre su «magia» llegaron a oídos del conocido investigador psíquico norteamericano Andrija Puharich, quien se trasladó a Israel para investigar. El 17 de agosto de 1971 Uri Geller estaba actuando en una discoteca de Jaffa, y Puharich fue a verlo.

Lo primero que le llamó la atención fue el hecho de que Geller era un actor nato, y aunque el espectáculo, en general, decepcionó a Puharich, el último «truco» le impresionó más. Geller anunció que rompería una anilla sin tocarla, y una mujer del público ofreció una anilla de su vestido. Geller le dijo que la mostrara al público y después que la apretara con fuerza en la mano. Luego colocó su propia mano sobre la de ella y la dejó allí unos segundos. Cuando la señora abrió la mano la anilla estaba rota en dos trozos.

Después del espectáculo, Puharich preguntó a Geller si estaba dispuesto a someterse a varias pruebas científicas al día siguiente. Hasta aquel momento, Geller se había negado, pero aquella vez asintió.

La primera prueba convenció al investigador. Geller puso un bloc sobre la mesa y después pidió a Puharich que pensara tres números. Puharich eligió 4, 3 y 2: «Ahora de la vuelta al bloc», dijo Geller. Puharich lo hizo y halló los números 4, 3 y 2... escritos antes de que hubiese pensado en los números. De algún modo, Geller había influido en él para que eligiese los números.

Este hecho sugiere que Geller puede hipnotizar a la gente por medios telepáticos, pero hay que preguntarse si eso explica también los hechos misteriosos y sobrenaturales que ocurrieron después. En demostraciones posteriores, Geller siguió elevando la temperatura de un termómetro con sólo mirarlo fijamente, moviendo la aguja de una brújula con sólo concentrarse en ella, torciendo el chorro de agua que salía de un grifo acercando un dedo a él. La conclusión de Puharich fue que Uri Geller no era un mero ilusionista; era un psíquico genuino, con un indudable dominio sobre la materia, facultad que se denomina psicokinesis.

Geller admitió que no tenía la menor idea de la forma en que había logrado esos curiosos poderes. Había adquirido conciencia de ellos cuando era muy pequeño. Cuando empezó a ir a la escuela, su padrastro le regaló un reloj, pero siempre parecía estar estropeado. Un día, mientras Geller lo miraba, las manecillas comenzaron a moverse cada vez más rápido, hasta que giraron a toda velocidad. Entonces empezó a sospechar que él mismo podía ser el causante. Pero no tenía control sobre esta sorprendente habilidad. Un día, mientras tomaba sopa en un restaurante, el plato se cayó al suelo. Y después las cucharas y tenedores de las mesas cercanas comenzaron a doblarse. Los padres de Geller estaban tan preocupados que pensaron en llevarle a un psiquiatra.

A los trece años comenzó a tener cierto control sobre sus poderes. Rompió el candado de una bicicleta concentrándose en él y aprendió a hacer trampa en los exámenes leyendo las mentes de los alumnos más estudiosos.

Puharich creía haber hecho el descubrimiento del siglo. Como la mayoría de los dotados afirman que no pueden conectar o desconectar sus poderes a voluntad, los investigadores no habían logrado averiguar nunca si mentían o no. En cambio, los poderes de Geller parecían estar a su disposición siempre que quería.

En este punto, los acontecimientos se modificaron de forma inesperada. En la mañana del 1 de diciembre de 1971, Geller fue hipnotizado por Puharich, quien confiaba en descubrir así el origen de sus poderes. Puharich le preguntó dónde estaba y Geller le replicó que se encontraba en una gruta, y que estaba «aprendiendo cosas acerca de gente que viene del espacio.» Agregó que aún no se le permitía hablar sobre esto. Puharich le hizo retroceder más y Geller empezó a hablar en hebreo, su lengua materna. Describió un episodio que, según dijo, había ocurrido cuando tenía tres años. Había entrado en un jardín, en Tel Aviv, y súbitamente percibió la presencia de un objeto brillante en forma de cuenco que flotaba en el aire, sobre su cabeza. En el aire había un sonido agudo y vibrante. A medida que el objeto se acercaba, Uri se sintió bañado en luz y cayó desvanecido al suelo.

Mientras Geller contaba estos hechos, Puharich y sus compañeros de investigación quedaron asombrados al escuchar una voz en el aire, encima de sus cabezas. Puharich la describió como «metálica y no terrenal». «Fuimos nosotros quienes encontramos a Uri en el jardín cuando tenía tres años -dijo la voz fantasmal-. Le hemos programado para que ayude a la humanidad.»

Cuando Geller despertó, no parecía recordar lo sucedido, de modo que Puharich le hizo escuchar la cinta en que había grabado la sesión. Aseguró no recordar el episodio, pero cuando la voz metálica comenzó a hablar, Geller extrajo la cinta del magnetofón. Mientras la tenía en la mano, la cinta desapareció. Después, Geller salió corriendo de la habitación.

¿Qué había sucedido? La explicación escéptica es que Geller usó sus dotes de ventrílocuo y después cogió la cinta, haciéndola «desaparecer», para que no se pudiera comprobar el parecido entre su propia voz y el «ser espacial» de la cinta. Pero Puharich y los demás dijeron que la voz venía de encima de sus cabezas y que parecía mecánica, como fabricada por una computadora.

La voz misteriosa fue sólo el primero de una serie de hechos extraños e inexplicables. No pasó un día sin que las misteriosas «entidades» hicieran cosas sorprendentes. Detenían el motor del coche, y volvían a ponerlo en marcha. «Teleportaron» la cartera de Puharich desde su casa de Nueva York hasta su apartamento de Tel Aviv. Cuando Geller y Puharich se dirigían a una base del ejército, fueron seguidos por una luz roja en el cielo que no era visible para su escolta militar. De hecho, Geller llegó a fotografiar una «nave espacial», siguiendo las órdenes de la voz metálica.

¿Era una broma? ¿O alguna clase de truco? Puharich, por lo menos, estaba convencido de que no había fraude. Unos años antes, un dotado le había transmitido mensajes de unos seres misteriosos que se llamaban a sí mismos los «Nueve» y que decían venir del espacio exterior. En una de las sesiones hipnóticas con Geller, Puharich preguntó si la voz era la de uno de los Nueve y la respuesta fue «sí». Después preguntó si los Nueve eran responsables de las observaciones de OVNIS, y de nuevo la respuesta fue afirmativa. La voz dijo que los Nueve eran seres de otra dimensión y que vivían en una nave estelar llamada Spectra, que estaba a «53.069 edades-luz de distancia». Habían observado la Tierra durante miles de años y habían aterrizado en América del Sur hacía 3.000 años. Y pronto demostrarían su existencia aterrizando de nuevo...

Es fácil reírse de todo esto y tachar a Puharich de crédulo. La explicación más sencilla sería que Geller había estado leyendo las obras de Erich von Däniken y había decidido engañar al ingenuo investigador. Pero si la descripción de Puharich es exacta, es totalmente imposible que Geller pudiera realizar algunos de los «trucos» más espectaculares.

¿Acaso Puharich mintió? Esta hipótesis también debe ser descartada. El propósito de Puharich era, simplemente, probar que Geller poseía poderes paranormales, y lo único que pretendía hacer era organizar pruebas científicas; como las que realizó después en Estados Unidos. Los acontecimientos posteriores no hicieron más que perjudicarle.

Pero la hipótesis de los Nueve es igualmente difícil de creer, y Geller dice que él mismo no la acepta: los acontecimientos descritos por Puharich le dejaron totalmente atónito, y no tiene ni idea de su explicación.

El mismo Geller estaba bastante preocupado por estos extraños acontecimientos. A diferencia de Puharich, no deseaba convencer al establishment científico de la realidad de sus poderes; le interesaba más ser rico y famoso. Y los sorprendentes trucos de los Nueve no parecían acercarlo a esos fines.

Cuando Puharich ya se había marchado por unas semanas, Geller fue a su apartamento y encontró una carta del investigador en el felpudo. La carta decía que Puharich no podría salir de Estados Unidos en los tres meses siguientes, y después se reuniría con Geller. De acuerdo con esto, Geller decidió llevar a cabo una tournée por Alemania. Llamó a Puharich para preguntarle las razones de su demora, y éste, asombrado, negó haber escrito la carta. En ese momento, ambos pensaron que la carta era otro «mensaje» de los Nueve. La «prueba» era que había desaparecido del bolsillo de la camisa de Geller mientras estaba en el avión; obviamente, había sido desmaterializado por el propietario de la voz metálica. Una explicación más simple podría ser que Geller hubiese inventado la carta.

Sin embargo, el incidente convenció a Puharich de que los Nueve querían que él permaneciera en Estados Unidos, tratando de persuadir a varios eminentes hombres de ciencia de que valía la pena investigar a Geller. Mientras tanto, su mudable e imprevisible protegido se trasladó a Alemania, a su primera cita con la fama y la fortuna o, al menos, con la notoriedad y la publicidad.

Después del éxito obtenido en Alemania, parecía que por fin Uri Geller había sido aceptado como un auténtico psíquico. Sin embargo, en los Estados Unidos tuvo que afrontar serias acusaciones de fraude.

Uri Geller llegó a Munich en junio de 1972 e inmediatamente dio muestra de su talento publicitario, cualidad que le convirtió en el más famoso -y rico- psíquico del mundo. La visita había sido organizada por un agente llamado Yasha Katz, quien se preocupó de que Geller fuera recibido por multitud de reporteros. Uno de ellos le preguntó: «¿Qué podría usted hacer que resultara realmente sorprendente?» Geller respondió: «Sugiera usted algo». «¿Qué le parecería parar un teleférico y dejarlo suspendido en el aire?» Tras pensarlo un momento, Geller respondió: «Por supuesto, por qué no.» Y entonces la multitud de reporteros, con ojos asombrados, le siguieron hasta la línea del funicular de Hochfelln, en las afueras de Munich.

El teleférico salió para dirigirse hacia la cima de la montaña, y Geller se concentró profundamente. No sucedió nada. Bajó de nuevo y tampoco pasó nada. Siguió subiendo y bajando. Para entonces la confianza en Geller había desaparecido y los reporteros empezaban a perder interés. Pero de pronto, ante el asombro de todos, el teleférico se paró en el aire. El mecánico llamó al centro de control y le dijeron que el interruptor principal se había apagado repentinamente. Unos minutos más tarde, los reporteros corrían hacia las cabinas telefónicas más cercanas.

Inevitablemente, solicitaron que hiciera algo más. Alguien sugirió que parara una escalera mecánica en unos grandes almacenes. Esta vez pareció que Geller no tenía suerte: las escaleras subían y bajaban una y otra vez, hasta que en el vigésimo intento la escalera se paró.

Un científico alemán, Friedbert Karger, quiso que Geller se quedara en Alemania para someterse a un estudio, pero Uri ya había sido contratado por algunos de los más eminentes investigadores científicos americanos.

Por su parte, el joven estaba saboreando las mieles de la fama. Un empresario quiso incluso que actuara en un musical y a él le encantó la idea. Cuando Puharich se enteró por teléfono de todo esto se fue inmediatamente a Alemania y persuadió a la joven celebridad de que abandonara sus planes de convertirse en el primer cantante místico del mundo, y que le acompañara a Estados Unidos.

Uno de los hechos más extraños en la historia de Geller es que no consiguió alcanzar en los Estados Unidos la misma fama inmediata que había tenido en Alemania. Parece haber dos explicaciones. Una de ellas es que los americanos no son fácilmente influenciables y tienden a mostrarse escépticos ante esos «creadores de milagros». La otra explicación se basa en que la reputación de Geller le había precedido a él, y se encontró frente a una considerable «resistencia del comprador». Las historias acerca del nuevo protegido de Puharich ya habían llegado al mundo de las investigaciones de fenómenos paranormales de los Estados Unidos, un mundo en el que Puharich era considerado como un eminente investigador científico. Según los rumores, Puharich había resultado completamente engañado por este «mago-pop» israelí. Así pues, cuando Geller llegó a Nueva York en otoño de 1972, encontró una atmósfera más bien fría.

Desde un principio, estuvo rodeado por eminentes científicos, hombres tales como Ed Mitchell, el astronauta que fue a la luna, Wernher von Braun, el inventor del cohete V-2, o el físico Gerald Feinberg. Geller se sentía receloso y disgustado; sin embargo, sus poderes parecían estar dando excelentes resultados. En la oficina de Von Braun realizó una interesante variante del fenómeno de romper el anillo, aplastando el anillo de boda de oro que Von Braun sostenía fuertemente en su propia mano. Luego Von Braun descubrió que las pilas de su máquina calculadora se habían gastado aunque las había repuesto aquella misma mañana. Geller tomó la calculadora entre sus manos y cuando después Von Braun apretó el botón de encendido, descubrió que la calculadora funcionaba, pero que la pantalla mostraba números inconexos. Geller probó otra vez y consiguió que la calculadora funcionara normalmente. Era absolutamente imposible que alguien la hubiera manipulado; ni siquiera un ilusionista podría llegar hasta el circuito de una calculadora herméticamente cerrada. Von Braun concluyó que Geller podía producir extrañas corrientes eléctricas, suposición razonable y probablemente correcta.

El regreso de los «espectros espaciales»

A pesar de estos éxitos, Geller estaba tenso y desilusionado. Entre otras cosas, los «espectros espaciales» estaban actuando de nuevo. En una habitación de un hotel de Washington un cenicero se elevó por encima de la mesa, como movido por manos invisibles. Después, el magnetofón empezó a funcionar por sí mismo. Cuando Puharich, que estaba presente, hizo volver la cinta hacia atrás, habló de nuevo la extraña voz metálica que habían oído por primera vez en 1971, diciendo que la nave Spectra pronto aterrizaría en la Tierra, pero sólo para repostar. El «aterrizaje en masa» prometido en anteriores entrevistas iba a tener lugar más tarde. También dijeron a Puharich -para su mayor sorpresa e irritación- que en lo sucesivo se abstuviera de realizar experimentos con Geller y que no informara a nadie de estos extraños mensajes. Al acabar el mensaje, la cinta -según declaró Puharich- simplemente se disolvió por completo. Los mensajes posteriores que llegaron a través del magnetofón insistieron de nuevo en que Puharich renunciara a sus planes de realizar pruebas científicas. Como es lógico, Puharich se inquietó profundamente. Esos seres del espacio exterior -si es que venían de allí- estaban dando al traste con sus planes. Incluso Geller se mostraba inesperadamente escéptico; aseguró que los «seres del espacio» eran payasos que estaban gastándole bromas pesadas.

Todo esto culminó en un suceso muy significativo que Puharich menciona únicamente en un párrafo de su libro sobre Geller, pero que muy bien podría contener la clave del misterio.

Una tormenta psíquica

Cuando Puharich dijo a Geller que estaba decidido a ignorar a los «seres del espacio» y continuar con los planes sobre los experimentos, Geller perdió la paciencia y le arrojó un azucarero a la cabeza. Puharich se indignó. En aquel preciso momento, fuera se puso a soplar un viento muy fuerte que sacudía los árboles, y un reloj de péndulo cruzó rápidamente la sala y se hizo añicos. Fuertemente impresionado, pero todavía resuelto, Geller le rogó a Puharich que olvidara a los científicos. Pero él se mantuvo en sus trece y finalmente consiguió su propósito.

Parece ser que estos increíbles sucesos -suponiendo que Puharich los explique tal como sucedieron- confirman que ciertos poderes «sobrehumanos» entraron en juego. Sin embargo, todos los investigadores de fenómenos paranormales saben que los poltergeists pueden producir efectos muy semejantes. Y también están todos de acuerdo en que los poltergeists están estrechamente conectados con las mentes inconscientes de uno o varios seres humanos.

Si los «seres del espacio» realmente existieron, ¿por qué le ordenaron de repente a Puharich que abandonara las investigaciones científicas que anteriormente habían aprobado? Por otro lado, resultaría perfectamente comprensible si las extrañas manifestaciones se hubieran originado en la mente inconsciente de Uri Geller. Él quería ser famoso y (a ser posible) rico, y la idea de ser examinado por científicos escépticos le preocupaba. Significativamente, el único proyecto para el cual los «seres del espacio» dieron su consentimiento fue la filmación de una película sobre la vida de Geller.

Puharich cuenta cómo al día siguiente de la «tormenta», su cariñoso perro labrador de color negro de repente mordió a Geller en la muñeca. El día anterior este mismo perro había desaparecido repentinamente de la cocina ante sus propios ojos, y unos momentos después fue visto caminando hacia la casa a unos 65 metros de distancia: había sido teleportado misteriosamente por los hombres del espacio, según Puharich, para demostrar su poder. Pero quizá el perro lo supiera mejor que ellos. Quizá sabía intuitivamente que el verdadero culpable era el propio Geller, o, mejor dicho, un desconocido que vivía en la mente inconsciente de Geller.

Unos días más tarde empezaron las pruebas científicas. Se realizaron en el Instituto de investigación de Stanford (California) y fueron dirigidas por el doctor Harold Puthoff y Russell Targ. Tan pronto como empezaron las pruebas, Geller se dio cuenta de que no tenía nada que temer. A la mayoría de los psíquicos les resulta muy difícil actuar cuando se encuentran en un laboratorio; sin embargo, Geller no tenía tales problemas. Tan pronto como empezó a concentrarse para intentar doblar un anillo de latón, el monitor de televisión a través del cual estaba siendo observado empezó a deformarse, y las deformaciones se producían cada vez que la cara de Geller se torcía al concentrarse. Evidentemente, estaba provocando un efecto eléctrico misterioso. Al mismo tiempo, una computadora del piso de abajo empezó a estropearse.

Seguidamente, se le realizó una prueba de percepción extrasensorial. Su éxito entonces fue espectacular. Se colocó un dado en una caja cerrada y se movió para que rodara; entonces le pidieron a Geller que adivinara qué lado contenía el número más alto. Acertó en todos los casos. Más tarde pusieron diez latas vacías boca abajo sobre una mesa, y escondieron un pequeño objeto debajo de una de ellas; entonces Geller fue conducido a la habitación y le pidieron que adivinara qué lata contenía el objeto. De nuevo sus aciertos fueron increíbles -doce de catorce intentos. También se le pidió que duplicara dibujos colocados en sobres cerrados y dobles; una y otra vez sus respuestas fueron sorprendentemente correctas. Sin embargo, cuando se escogieron unos determinados dibujos al azar de entre un montón que habían sido trazados por muchas personas que se encontraban en el edificio -de forma que ni los propios científicos tenían idea de lo que había en el sobre- los aciertos de Geller se redujeron al mínimo. Esto sugiere que su éxito en los experimentos de los dibujos depende mucho de la telepatía o «lectura de la mente», pero no puede explicar los experimentos con el dado, que ponían de manifiesto auténtica PES sin telepatía.

Los escépticos desafían a Geller

A medida que parecía que Geller superaba las pruebas más difíciles y que demostraba la autenticidad de sus poderes, su visita a América empezó a ir mal. Se le pidió que se presentara en las oficinas de la revista Time, pero el «fotógrafo» que concertó la entrevista era, de hecho, un mago profesional llamado Charles Reynolds. Puharich sospechó que los magos americanos estaban tramando «linchar» a Geller, y tenía razón. James Randi -uno de los ilusionistas más célebres desde Houdini- estaba convencido de que Geller era un farsante, y estaba decidido a desenmascararlo. Puharich no tenía ninguna intención de permitir que Geller fuera puesto a prueba por esa caterva de magos de farándula; sin embargo, Geller se daba cuenta de que su negativa sería considerada como un indicio de culpabilidad. Así pues, el 6 de febrero de 1973 él y Puharich se presentaron en las oficinas de Time.

Geller estaba comprensiblemente nervioso, ya que tenía que enfrentarse con la manifiesta hostilidad de dos magos y dos editores de Time. Sin embargo, consiguió demostrar sus poderes telepáticos al duplicar un dibujo que se encontraba en un sobre cerrado. Después de esto, dobló un tenedor frotándolo suavemente con su dedo; el tenedor siguió doblándose después de que lo hubiera soltado. Charles Reynolds le ofreció a Geller la llave de su propio apartamento -para asegurarse de que no hubiera ningún «cambio»- y Geller la dobló concentrándose; de nuevo, la llave continuó doblándose después de que Geller la hubo soltado.

En conjunto, Geller actuó de una forma muy satisfactoria y había razones para que esperara un informe favorable. No obstante, el artículo que apareció en Time unas semanas después era condenatorio. Los dos magos afirmaban que podían repetir fácilmente cada uno de los «trucos» de Geller, y que Randi de hecho lo hizo cuando Geller había abandonado la oficina. El artículo acababa afirmando -en contra de la verdad- que Geller había sido obligado a abandonar Israel de una forma vergonzosa después de que un experto en computadoras y algunos psicólogos hubieran repetido sus proezas y le acusaran de fraude.

Por lo que se refiere al gran público americano, el mito de Geller ya había desaparecido por aquel entonces; se había «probado» que era un mero estafador. Y puesto que Time tenía una circulación mundial tan inmensa, ni Geller ni Puharich pudieron hacer nada. A finales de marzo de 1973 parecía que la carrera sorprendente de Uri Geller estaba llegando a su fin, sólo unos 18 meses después de que hubiera empezado. Sin embargo, cuando Puharich se sentó en su despacho a escribir las primeras líneas de su libro: Uri: a journal of the mistery of Uri teller (Uri: diario del misterio de Uri teller) experimentó una íntima convicción de que no todo había acabado allí. Por su parte, Geller estaba resuelto a actuar de tal modo que los escépticos tuvieran que tragarse sus palabras.

jueves, 21 de mayo de 2009

Ted Serios: Fotografía psíquica

Es posible fotografiar las ideas? Ted Serios, antiguo botones de Chicago, cree que sí, y como prueba de ello ha realizado cientos de fotografías. Son muchos los defensores de este fotógrafo de la mente.

Ted Serios, sentado en la habitación del hotel, enfocaba su rostro con una cámara fotográfica Polaroid. Se disparó el flash, a inmediatamente el doctor Jule Eisenbud cogió la cámara y extrajo por detrás la fotografía. En ella, en lugar del rostro de Serios, apareció la imagen inconfundible de un edificio.

Para Serios, botones de Chicago, fumador empedernido y alcohólico, se trataba tan sólo de otra de sus extrañas fotografías psíquicas a las que llama en inglés thoughtographs (juego de palabras entre thought, pensamiento y photograph, fotografía). Sin embargo, al doctor Eisenbud, profesor adjunto de psiquiatría en la Medical School de la Universidad de Colorado, esta demostración de poder paranormal le impresionó de tal modo que continuó estudiando a Serios durante varios años y escribió un libro sobre él.

Cuando en abril de 1964 voló a Chicago para llevar a cabo la primera sesión experimental con aquel fotógrafo de la mente aficionado a la bebida, Eisenbud estaba casi seguro de que iba a presenciar «algún tipo de burdo engaño». Debido a su interés por lo paranormal, Eisenbud estaba enterado de que había habido numerosos fotógrafos psíquicos, como les llamaban, que habían sido descubiertos haciendo trampas, generalmente manipulando la película. Con la aparición de la cámara Polaroid, la situación había cambiado: el control era más fácil y además se podían obtener los resultados en espacio de unos segundos.

Los investigadores que han trabajado con Serios traen consigo sus propias cámaras y películas; algunas veces incluso hacen ellos mismos las fotografías, enfocando con la cámara a Serios; a pesar de todo ello, los resultados son a menudo verdaderamente extraños. No en todas las fotografías aparecen imágenes; algunas son extrañamente blancas, mientras que otras, inexplicablemente, son del todo negras, incluso a pesar de que la iluminación de la habitación y otras condiciones permanecen constantes. De vez en cuando la imagen que sale de la Polaroid cubre toda el área del papel impresionado; otras veces tan sólo aparece una parte de Serios, o piezas de la habitación.

¿Es Serios realmente capaz de dejar sus pensamientos impresos sobre fotografías? La idea es tan insólita que parece necesario examinar desde el principio la posibilidad de un astuto fraude, y los incrédulos no necesitan profundizar demasiado para empezar a sospechar. En los primeros tiempos, Serios, para producir sus sorprendentes imágenes, tan sólo miraba a la cámara. Sin embargo, más tarde introdujo lo que él llamaba un «gismo», artilugio que sostiene frente al objetivo mientras se concentra. A veces utiliza un pequeño cilindro de plástico, uno de cuyos extremos tapa simplemente con celofán, y el otro con un trozo de película ennegrecida, recubierta de celofán; en otras ocasiones simplemente enrolla un trozo de papel.

La finalidad del «gismo», dice Serios, es evitar que sus dedos oscurezcan el objetivo. Sin embargo, sus detractores consideran que tiene un propósito distinto. Argumentan que podría muy fácilmente ocultar un «dispositivo» que contuviera un microfilm o diapositiva, y que resulta tan sospechoso como el sombrero de un prestidigitador.

Dos periodistas, Charles Reynolds y David Eisendrath, construyeron un pequeño dispositivo que podía camuflarse dentro de un «gismo», y obtuvieron resultados semejantes a los de Serios. Su relato, publicado en la revista Popular Photography en octubre de 1967, proporcionó a los incrédulos la «evidencia» que necesitaban.

Los secretos del «gismo»

Por otro lado, Eisenbud y otros investigadores están convencidos de que el «gismo» no contiene nada oculto y que tampoco Serios introduce nada en él antes de tomar una fotografía. Todos conocen la hipótesis del microfilm oculto, y han formulado un protocolo de cómo debe realizarse el experimento para evitar esta posibilidad. Generalmente se le entrega el «cilindro» a Serios cuando éste siente que va a poder producir una fotografía paranormal. Inmediatamente después se lo quitan y lo examinan. Probablemente no lo tiene en las manos más de 15 segundos cada vez, y durante este período está bajo riguroso control.

Normalmente Serios lleva camisas de manga corta o va desnudo de cintura para arriba, con lo que le resulta imposible esconder nada cerca de sus manos. Además, dicen los investigadores que cuando Serios les manda disparar la cámara, ellos están a menudo tan cerca que pueden mirar a través del «gismo» y ver que no contiene ningún mecanismo oculto. Sucede también muchas veces que han aparecido imágenes cuando alguna otra persona sostenía el cilindro y la cámara, y podía por tanto examinar ambas cosas libremente.

Dos eminentes investigadores de estos fenómenos psíquicos, los norteamericanos doctor J.G. Pratt y doctor Ian Stevenson, que han realizado numerosos test con Serios, han declarado: «Nosotros mismos hemos estado observando a Ted en aproximadamente 800 experimentos y nunca le hemos visto actuar de manera sospechosa al manejar el "gismo", tanto antes como después del experimento.»

Aparte del hecho de que Serios nunca ha sido sorprendido con ninguna diapositiva o microfilm escondido, el doctor Eisenbud arguye que la misma naturaleza de las imágenes que Serios produce descartan la teoría del truco. Serios invitó a los investigadores a aportar unas ilustraciones determinadas, encerradas en sobres, y trató de reproducirlas con poderes paranormales en una película Polaroid. La primera vez que Eisenbud vio a Serios realizar una fotografía paranormal, en una habitación de hotel de Chicago, el psiquiatra había traído consigo dos vistas de los edificios del Kremlin, cada una de ellas escondida en un sobre de papel manila.

Una de las imágenes que Serios produjo en aquella sesión fue un edificio alto y estrecho, que uno de los testigos identificó inmediatamente como la Water Tower (Torre de las Aguas) de Chicago, es decir, un elemento del paisaje que le era familiar a Serios. A pesar de que no parecía estar conectado en absoluto con lo que se pretendía, Eisenbud quedó muy impresionado porque algunas de las imágenes y símbolos de la fotografía estaban conectados con lo que más o menos tenía él en la cabeza en aquel momento. Dos años más tarde Eisenbud dio por casualidad con otra vista de los edificios del Kremlin. Esta vez se trataba de la Torre del Reloj de Iván, que sólo se veía parcialmente en una de las dos ilustraciones anteriores, pero que sobresalía del resto del edificio. Entonces se dio cuenta de que tenía «un parecido notorio» con la Water Tower de Chicago.

Pero aún han ocurrido cosas más extrañas. En mayo de 1965 Serios produjo 11 versiones ligeramente diferentes de lo que parecía ser un escaparate de vasos y platos. En dos de ellas podía verse claramente en letras mayúsculas el nombre «The Old Gold Store» (El Antiguo Almacén de Oro). Dos años más tarde descubrieron que se trataba de una tienda de recuerdos para turistas de Central City (Colorado), que se llama ahora «Old Wells Fargo Express Office» . El cambio de nombre, dice Eisenbud, debió de hacerse no más tarde de 1958 y posiblemente tuvo lugar antes. No se ha logrado encontrar ninguna fotografía de las primeras épocas del almacén.

Sin embargo, a pesar de que la fotografía paranormal de Serios se corresponde perfectamente (excepto en el nombre) con la tienda actual, en una de las fotografías hay una curiosa sustitución de la letra «W» por la «O», de tal forma que se lee «The Wld Gold Store». Y la «W» se encuentra exactamente en el lugar en que estaría si se hubiera escrito «Wells Fargo».

Algo similar ocurrió con una fotografía que mostraba dos pisos de un edificio y un letrero algo desenfocado que podía sin embargo llegarse a leer. La Royal Canadian Mounted Police (Real Policía Montada del Canadá) reconoció finalmente este edificio como uno de los hangares de su división aérea; pero señalaron una curiosa falta en el deletreo que otros observadores habían también notado. Las palabras de la fotografía de Serios eran «Air Division Cainadain Moun-».

Debido a estas imágenes en que Serios parece estar plasmando el pasado (y también distorsionando la realidad) Eisenbud y otros investigadores prepararon para el 27 de mayo de 1967 una sesión experimental en el Museo de Historia Natural de Denver, donde se esperaba que, rodeado por objetos del neolítico y paleolítico, sus poderes tal vez pudieran plasmar algo de miles de años de antigüedad.

Serios se sentía seguro del éxito del experimento y empezó por producir la imagen de un hombre encendiendo fuego. En diversas fotografías se registraron extrañas imágenes. La más impresionante muestra un hombre del Neanderthal en cuclillas. Sin embargo, el objetivo de la cámara de Serios no había ahondado en el pasado para captar esta imagen. Un testigo, el profesor H. Marie Wormington, del departamento de Antropología del Colorado College, se dio cuenta inmediatamente de que se parecía muchísimo a un conocido modelo a escala natural de un grupo de hombres de Neanderthal que se halla en el Field Museum of Natural History de Chicago, y del cual existen postales que pueden conseguirse fácilmente.

Telón final

Así pues ¿debe deducirse que Serios falsificaba las fotografías? Estudios posteriores han demostrado que las fotografías de Serios enfocaban al hombre de Neanderthal desde diversos ángulos. En opinión de muchos fotógrafos profesionales a ingenieros fotogramétricos, estas imágenes paranormales «no podían haber sido hechas partiendo de una única microdiapositiva, sino que eran necesarias varias, al menos ocho distintas, muchas de las cuales no podían obtenerse a partir de la fotografía del Field Museum.

Poco tiempo después de esta sesión los poderes psíquicos de Serios desaparecieron, y a pesar de que continuó sometiéndose a experimentos, por espacio de un año tan sólo pudo producir fotografías de color blanco o negro, sin imágenes discernibles, dejando a los investigadores psíquicos todavía desconcertados.

Serios ya había perdido sus poderes en otras ocasiones y parecía que ello ocurría sin previo aviso. Dijo: «Es como si se corriera un telón.» Pero quizás se trataba de una advertencia. La última de las fotografías del pensamiento hechas bajo control que salió entera la produjo en junio de 1967... y mostraba la imagen de un telón.

¿Prestidigitación?

James Randi, ilusionista profesional y desmitifcador de los hechos paranormales, afirma que Ted Serios es un impostor, y que las llamadas fotografías del pensamiento las hace con la ayuda del mecanismo denominado «gismo».

Un «típico truco de Serios», descrito por Randi en su libro Flimflam! - the truth about unicorns, parapsychology and other delusions (La verdad acerca de los unicornios, la parapsicología y otros engaños) consiste en una lente aumentadora de poco más de un centímetro de diámetro y una distancia focal de cerca de 4 cm, fijada en el extremo de un cilindro de unos 4 cm de longitud. En el otro extremo del cilindro se pega un trozo cortado en forma circular de una diapositiva de color (por ejemplo una de 35 milímetros). Para evitar que alguien lo note, el artefacto puede envolverse en un rollo de papel.

Si se sostiene el «gismo» con el extremo de la lente contra la palma de la mano, y se coloca muy cerca del objetivo de una cámara Polaroid enfocada a infinito y disparando el obturador, la imagen de la diapositiva quedará impresa en la película Polaroid. Randi explica que, después de utilizado, el «gismo» puede extraerse fácilmente y el rollo de papel, una vez vacío, ruede mostrarse para que lo examinen libremente.

Es posible tomar fotografías de este modo a pesar de que generalmente resultan de poca calidad, justo igual que las «tomadas» por Serios. Sin embargo el mostrar cómo lograr las imágenes es muy distinto de utilizar un mecanismo óptico de este tipo cientos de veces sin ser descubierto. Y ni Randi ni ningún otro de los censores de Ted Serios lo han hecho.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Aleister Crowley: Vida y leyenda

Hoy está considerado como el mago más importante de nuestro siglo, del que surgió buena parte del ocultismo moderno. Sus contemporáneos le calificaron como «la bestia humana» o «el hombre más perverso del mundo». Sin embargo, esa leyenda negra estaba sostenida por el interés del propio Aleister Crowley en escandalizar a la pacata sociedad victoriana que le rodeaba.

A los ocho años Aleister Crowley cogió un gato, le administró arsénico y, para que no opusiera resistencia, le suministró cloroformo. Así pudo gasearle en el horno, después quemarle y, tras otras torturas, le despellejó vivo.

Su madre le llamaba «La Bestia» y «666» porque su hijo le recordaba las dos bestias del Apocalipsis, cuyo texto dice: «Vi como salía del mar una bestia, que tenía diez cuernos y siete cabezas... Abrió su boca en blasfemias contra Dios... Fuéle otorgado hacer la guerra a los santos y vencerlos... El que tenga inteligencia calcule el número de la bestia porque es número de hombre. Su número es seiscientos sesenta y seis».

El niño no se amilanaba ante la comparación y la llamaba «estúpida santurrona». Cuando su madre murió, ya adulto, añadió «¡que el diablo tenga su alma!». Crowley no sentía más simpatía por su padre, llegando a sustituir su nombre, Edward Alexander, por el de Aleister.

No hubo persona a la que no destrozara, juramento que no incumpliera, vicio que no probara. Su primera mujer era hermana de uno de sus amigos, una joven viuda harta del acoso de sus pretendientes, a la que Crowley ofreció «matrimonio sin consumación» para que se librase de ellos. Se casaron y, a las pocas horas, Crowley incumplía su compromiso. Ella se hizo alcohólica y murió en uno de sus delirium tremens. Antes de divorciarse, Crowley casi mata a su suegra al tirarla por la escalera cuando la echaba a patadas de su casa.

Su segunda esposa también acabó alcoholizada. Él mismo era un drogadicto que consumía heroína, cocaína, opio, hachís, marihuana, peyote y mescal, entre otras drogas.

Era bisexual y le gustaba colgar a sus amantes boca abajo en el guardarropa y marcarles con sus dos caninos que, según dicen, se afiló con este propósito. Algunos de sus discípulos sufrieron alteraciones nerviosas, como Lord Tankerville o Victor Neuburg al que Crowley maldijo. Victor decía que esa era la razón de sus múltiples enfermedades.

Otros tuvieron menos suerte y perdieron la vida como Raoul Loveday, de quien se dijo que había sido envenenado por «La Bestia». También murió Alexis Pache, un alpinista suizo, cuando se encontraba a solas con Crowley en una escalada. Otro, Norman Mudd, se suicidó. Pero no sólo sus discípulos; también uno de sus maestros, Liddell MacGregor Mathers, murió convencido de que le aniquilaban las poderosas emanaciones mágicas procedentes de Crowley.

Los periódicos de la época le llamaron, entre otras lindezas: «el hombre más perverso del mundo», «el rey de la depravación», «el hombre al que nos gustaría ahorcar», «el caníbal», «la bestia humana», y el peor insulto para un inglés de su época, «germanófilo».

Ni siquiera con su muerte cesaron los ataques furibundos, incluso del máximo representante de la justicia británica, el Ministro de Su Graciosa Majestad, quien declaró: «Aleister Crowley es el personaje más inmundo y más perverso del Reino Unido».

Esta es la leyenda que le acompañó toda su vida, azuzada por la prensa durante más de treinta años. No hay perversidad, ni crimen, ni acción maligna de la que no fuese acusado. Pero en el año 2001 no estamos en la Inglaterra victoriana y el mundo es hoy mucho más tolerante y libre que lo que era a principios del siglo XX.

La otra cara de la leyenda

Algunas de las «maldades» de Crowley como, por ejemplo, tomar el sol desnudo en la playa pueden hacernos reír. Pero sólo hasta que recordamos que en los años sesenta hubo que imponer la tolerancia en las playas para que los turistas nos dejaran sus divisas.

A la luz de sus biógrafos, podemos entender mejor la leyenda negra creada alrededor de su persona. Trasladémonos a Leamington, en el condado inglés de Warcwickshire, el 12 de octubre de 1875. Acaba de nacer Edward Alexander, que más tarde conoceremos como Aleister Crowley.

Su infancia se desenvuelve en un ambiente opresivo y puritano, ya que sus padres pertenecen a la secta más intransigente y rigurosa de la época, los «Hermanos de Plymouth». Para ellos todo es pecado o debilidad inaceptable. Por eso, Emilie, su madre, nunca le abraza, ni le besa, ni le cuenta cuentos, ni le deja leer ningún libro, excepto la Biblia.

Aleister, a pesar de la rigidez familiar, hace trastadas que Emilie castiga llamándole «la Bestia del Apocalipsis», el sumum de la maldad para los «Hermanos de Plymouth». Él se defiende asumiendo el nombre de «La Bestia» y rebelándose contra todo aquello que representa su familia. Si en nombre del «bien» le torturaban y le hacían desgraciado, él adoraría al «mal». Se convertirá así en un mago luciferino, que no diabólico, adorador sistemático del mal.

En una de sus conferencias explicará por qué torturó al gato que mencionábamos al principio. Su madre le había dicho que los gatos tenían nueve vidas y decidió comprobarlo constatando, una vez más, que sus enseñanzas eran falsas. El torturador del gato no era un sádico desalmado, sino un crío inquisitivo.

Su padre, el hombre cuya boca nunca había blasfemado o dicho una injuria, que había abandonado su imperio económico para dedicarse a la religión, muere de cáncer de lengua, cuando Aleister tiene doce años. Su tío materno se encargará de que su educación sea aún más rígida a partir de entonces.

El Crowley adolescente, con una inteligencia superior a la normal y en un ambiente represivo, se salta continuamente las reglas. Desde leer a escondidas, a perder la virginidad a los catorce años con una de las criadas, pero ¡en la cama de mamá! que tiene más mérito transgresor.

A los diecisiete años, su madre y su tío deciden dejarle por imposible e ingresa en el Trinity College de Cambridge sintiéndose, por primera vez en su vida, libre. Sorprendentemente, no le escatiman los medios económicos, y él los aprovecha para divertirse, salir, beber o tener relaciones. Pero Crowley también estudia y mucho, aunque se niega a examinarse. Sin embargo, su erudición y seriedad en el trabajo es tal que el Profesor Hastings cuenta con él como colaborador en la «Enciclopedia de la Historia de las Religiones y de la Ética».

En esta época, se rebela contra la hipocresía social, haciéndose pasar por Conde Ruso y publicando una obra erótica: White Stains (Manchas Blancas) que se la dedica a su «pío» tío materno.

El escándalo es tal que prepara una conferencia: «La miseria sexual en Gran Bretaña, por el Doctor Aleister Crowley, escapado de la Universidad de Cambridge. Preside la sala un tapiz indio con un enorme falo, y Crowley se dirige a los asistentes: «¡Las manchas blancas no están sólo en las sábanas sino en las gafas de los que "ven" febrilmente la perversión!».

Se hace amigo de intelectuales y artistas con continuas estancias en Londres y en París, donde conoce al escultor Rodin, al novelista Somerset Maughan, a la bailarina Isadora Duncan, a Rilke, el poeta, etc... Descubre el alpinismo, que ejerce con entusiasmo, participando en importantes expediciones a los Alpes, el Himalaya y México, generalmente acompañado del científico Oscar Eckenstein.

Nace el mago

El hombre que está considerado como el mago más importante del siglo XX se ha ido preparando, probablemente sin saberlo, para la magia. Dispone de un profundo saber religioso por su colaboración en la Enciclopedia del Profesor Hastings. Tiene conocimientos científicos, es un excelente ajedrecista, sabe astrología y su carta astral indica que es un semidios. Además, apuntan sus seguidores, ha nacido con las señales búdicas: la lengua pegada que requirió cirugía a los dos días de su nacimiento, la fimosis de la que le operaron a los quince años y los cuatro pelos en forma de esvástica al lado del corazón que indica encarnaciones sobrenaturales.

Crowley comienza su camino mágico de forma consciente en Cambridge al leer el libro de Mathers: «La Cábala desvelada». Después descubrirá la compilación del ceremonial mágico realizada por A.E. White. El 31 de diciembre de 1896, en Estocolmo, tiene su primera experiencia de liberación interior: «Descubrí que poseía una capacidad mágica que formaba parte de mí. Fue una experiencia dolorosa y terrible a la vez, que me dio la llave del placer y el éxtasis espiritual».

A los veintitrés años ingresa en la Golden Dawn, la más importante sociedad iniciática del mundo moderno, con conexiones en toda Europa y gran influencia en su historia reciente. Su jefe es Mathers y Crowley recibe el nombre de Perdurabo, montando un templo de magia blanca y otro de negra.

En este período los logros mágicos son constantes y Crowley asegura realizar viajes y entrevistas astrales, materializaciones de los elementales, de los silfos y de diversas fuerzas celestiales y demoníacas.

Mathers encuentra en París un manuscrito del siglo XV, «El libro de la magia sagrada de Abramelin el mago», y este se va a convertir en el centro de los estudios y prácticas de Crowley. Para ello precisa construir un oratorio en lugar mágico, aislado y tranquilo que encuentra en Escocia: la finca Boleskine, frente al lago Ness.

Allí construye Crowley su oratorio según establece el libro, con una, salita para los espíritus. En ese lugar conjura a su Ángel de la Guarda, su verdadero ser, con quien establece una perfecta comunión. Sólo cuando lo consigue puede convocar a los cientos de espíritus, ángeles y demonios, que figuran en el citado grimorio y realizar talismanes.

Boleskine le permite provocar de nuevo. Cambia el título de Conde Svareff por el de Señor de Boleskine y viste la falda escocesa ante la alegría de las damas que pueden ver sus estupendas piernas.

Otro país clave en la vida de Crowley es la India. Allí se inicia en el tantrismo, la erótica sagrada, el sexo sagrado como vía de acceso al conocimiento iniciático, que practicaría asiduamente con hombres y mujeres, y en China descubre el I Ching.

Con la llegada del siglo XX, Crowley inicia un período de grandes viajes por todo el mundo en la línea de su admirado Sir Richard Burton.

En 1901 la muerte de la reina Victoria le pilla en México, preparando una de sus escaladas. Cuando el alcalde de Amecameca le da la noticia, Crowley se pone a lanzar gritos de júbilo y a bailar una frenética danza de los pieles rojas, explicando al alcalde que la muerte de la reina era el fin del peor símbolo humano de intolerancia social y religiosa.

México se convierte en un país clave en su vida al entrar en contacto con Don Jesús Medina, que le introduce en la masonería y en los secretos de mayas y aztecas. Es aquí donde Crowley asegura haber verificado su método para lograr la invisibilidad y haber descubierto la llave secreta de la Gran Obra.

La mujer escarlata

El mago ha buscado en vano a la mujer escarlata que pueda ser compañera de vida y de magia. Por fin la halla en su esposa, Rose Kelly, con la que llega a Egipto, haciéndose pasar por un príncipe persa. Rose, la mujer a la que, según la leyenda, Crowley habría forzado, era feliz con él.

A través suyo, el dios Horus, le manda que entre en la sala de la Gran Pirámide a mediodía de los días 8, 9 y 10 de Abril de 1904 y que escriba todo lo que oiga. Crowley así lo hace y escribe «El Libro de la Ley», un libro de inspiración divina y por tanto sagrado. Crowley era el mensajero de su verdad trascendental: el ocaso de los dioses ha llegado y una nueva época ha comenzado. El nuevo «eon» liberará al hombre a través del conocimiento de su libro, la esencia de la ley será: «Haz lo que quieras». Según este principio no hay ley por encima de la voluntad individual.

En 1920, Crowley vive de acuerdo con el Libro de la Ley en el pueblo siciliano de Cefalú donde funda la Abadía de Thelema con sus dos amantes y sus hijos, en la que recibe múltiples visitas. «Haz lo que quieras» se concreta en una vida comunal en la que hay libertad sexual, droga y magia.

A Cefalú llega un joven especialmente dotado, Raoul Loveday, en el que Crowley cree ver su heredero. Pero éste muere y el escándalo hace que Mussolini ordene la expulsión de toda la comuna.

Se enfrenta entonces a una de las épocas más amargas de su vida, de la que le salvará la O.T.O. (Orden de los Templarios de Oriente) llevándoselo a Alemania. Durante el resto de su vida continuaron acosándole y acusándole, suspendiendo la publicación de sus obras y cancelando sus intervenciones públicas.

El 1 de diciembre de 1947, a los setenta y dos años de edad, Crowley moría de una crisis cardíaca. Una edad sorprendente para un drogadicto del que se decía que tomaba once gramos diarios de heroína. Sus últimas palabras fueron: «Estoy perplejo».

Y en los años 60... resucitó

La Bestia había muerto y cuando sus contemporáneos creían descansar de ella, sus nietos la subían a los altares. Los Beatles incluyeron su foto en la portada de «Sargent Pepper's» bajo un texto que decía: «Gente que nos gusta». Los Rolling Stones se inspiraron en él para su elepé «Their Satanic Majesties Request» y especialmente en su canción «Simpathy for the devil». Los hippies predicaban y practicaban el amor libre, consumían drogas y vivían en comunas como él.

En California, algunos de sus seguidores, como Manson, asesino de Sharon Tate, realizaban ritos satánicos. En la década de los 70, David Bowie habla de Crowley en su álbum «Hunky Dory». Posteriormente, grupos de rock duro como Iron Maiden están influenciados por el ocultismo en sus letras y en las portadas de sus discos. Jimmy Page (Led Zeppelin) incluye en una de sus canciones el lema del Libro de la Ley: «Haz lo que quieras».

Sin embargo hay un hecho a favor de Crowley: nunca pudieron probar nada contra él aunque lo intentaron. Basta recordar que la sociedad victoriana en la que vivió, envió a Oscar Wilde a la cárcel durante dos años por homosexual y le desterró hasta su muerte. Nada les hubiera gustado más que hacer lo mismo con Crowley. ¿Acaso fue más hábil o simplemente inocente?.

Crowley y España

El primer contacto de Crowley con España se produce en Cambridge donde partidarios carlistas recogen fondos y reclutan jóvenes. La detención del barco enviado con armas y municiones impide que Crowley acabe en nuestro país.

En 1908, junto con Victor Neuburg, realizará un viaje iniciático en el que recorren el país a pie. Desde Bayona cruzan los Pirineos y pasan por Pamplona, Logroño, Soria, Burgo de Osma, Aranda de Duero y Madrid. En su recorrido les confunden con mendigos, bandidos y anarquistas, llegando a arrestarles, pues nadie entiende que quieran recorrer el país a pie. En sus «Confesiones», Crowley dice que la gente es sucia, salvaje y vive en condiciones miserables.

En el Museo del Prado contempla el que considera el mejor cuadro del mundo: Las Meninas de Velázquez. «Me enseñó lo único que quería saber de la pintura: que el sujeto del cuadro es una mera excusa para mostrar formas y colores de tal forma que expresen la parte más íntima y recóndita de su autos».

El estado físico de Neuburg no es bueno y deciden continuar por tren. Así llegan a Granada y Ronda; pasando finalmente a Gibraltar. Años después, a la vuelta de un viaje por África, Crowley volvería a Granada y visita la Alhambra donde tiene la sensación de haber vivido en una reencarnación anterior: «...debía tener por costumbre ir a la torre occidental para mirar el valle y la ciudad, con la sierra al fondo...»

Un día acude a ver bailar y cantar a las gitanas y vive una noche de amor inolvidable que cuenta en uno de sus poemas de «Nubes sin agua»: «Tu pelo estaba lleno de rosas a la caída del rocío mientras bailábamos. La bruja encantando y el paladín en trance. A la luz de las estrellas mientras tejíamos una red seda y acero. Inmemorial como el marmol en las salas de Boabdil...»

martes, 19 de mayo de 2009

La escritura automática

El fenómeno de la escritura automática consiste en que un médium «escribe» lo que le dicta un espíritu ajeno, de manera que el lápiz o la pluma se mueven, prácticamente solos sobre la hoja de papel. Este es el procedimiento que empleó la señora Pearl Curran, ama de casa británica de principios de siglo, para transcribir la enorme cantidad de obras literarias que, entre 1913 y 1938, le transmitió la misteriosa «Patience Worth».

Este personaje se presentó a la señora Curran en forma de espíritu por medio de una ouija, tablero provisto de letras y números a través del cual los espíritus responden a las preguntas que se les plantean. Tras unos primeros «balbuceos», un espíritu empezó a frecuentar la ouija de la señora Curran; se trataba de un espíritu femenino: su nombre era «Patience Worth».

Al principio fue reacia a dar cualquier información sobre sí misma o sobre su pasado en la Tierra, e incluso sobre su situación en aquel momento (fenómeno bastante frecuente en las sesiones espiritistas). Se limitaba a deletrear enrevesadas advertencias en un tono que insinuaba ya su vocación literaria. La señora Curran, cada vez más fascinada por aquellas «visitas», siguió intentando obstinadamente comunicarse con Patience, rogándole que empleara un inglés más asequible y que emitiera mensajes más claros.

Patience Worth explicó por fin que había nacido en Dorset (Inglaterra) en el siglo XVII. Había sido educada en las más estrictas tradiciones cuáqueras, y su vida había consistido en ocuparse de tareas del campo y de quehaceres domésticos, hasta que emigró, junto con su familia, a América. Poco después de su llegada al Nuevo Continente, fue asesinada por los Pieles Rojas.

Patience Worth dictó a la señora Curran, primero a través de la ouija y después por escritura automática, numerosas obras, entre las que destaca la extensa novela "Hope Trueblood", que la crítica británica, desconocedora de su origen, trató muy favorablemente: su obra fue estudiada tanto por los investigadores psíquicos como por los académicos. Su inglés arcaico fue escrupulosamente analizado, y resultó ser el correspondiente a su lugar y época; su estilo literario fue muy alabado.

Pero la extensísima cultura de la que dio muestra resultaba intrigante: desde luego, la señora Curran era un ama de casa más bien inculta, y Patience Worth, humilde muchacha cuáquera, difícilmente pudo haber adquirido parte de la información contenida en sus libros, por ejemplo los extensos conocimientos sobre antiguas sectas judías que detallaba en su novela "The Sorry Tale". Algunos espiritualistas opinan que quizá obtuvo su cultura en una especie de «universidad post-mortem». Otros creen que dichos conocimientos proceden de los «archivos Akásicos», en cuyo caso se debería a Patience Worth, al subconsciente de la señora Curran, o -¿quién sabe?- a ambos.

Pero no todos los casos de escritura automática son tan difíciles de descartar como el Patience Worth. Un importante investigador y hombre de ciencia, el profesor Arthur Ellison, ha dicho: «Supongo que un tercio de la población de Inglaterra podría producir algún tipo de escritura automática, pero la mayor parte del resultado sería un galimatías».

Cualquiera puede intentar el experimento, apoyando apenas un lápiz en una hoja en blanco, alejando su atención del lápiz y dejando que haga lo que quiera. Antes se suponía que la escritura automática era un producto de entidades espirituales, desesperadas por comunicarse y agradecidas de que se les permitiera utilizar un lápiz. La única pregunta que se planteaban los creyentes era: el comunicante, «¿es un espíritu ligado a la Tierra o un espíritu enviado por Dios?» Pero los garabatos que produce la escritura automática pueden revelar mucho, si no sobre el mundo de los espíritus, al menos sobre el subconsciente de quien sostiene el lápiz.

Durante las tres primeras décadas del siglo XX, la escritura automática se utilizó como herramienta para el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades mentales. La doctora Anita Mühl fue una pionera de este método para alentar a los pacientes a expresar espontáneamente sus conflictos ocultos.

El principiante en materia de escritura automática tiene que ser muy paciente, ya que pueden pasar horas antes de que la pluma empiece a moverse, aparentemente, por su cuenta. Algunas personas nunca lo consiguen, y sólo obtienen garabatos sin sentido o letras amontonadas. Pero otros reciben mensajes coherentes, inteligentes y -aparentemente- llenos de sentido; incluso algunas veces transcriben sus comunicaciones en una letra muy diferente de la suya propia.

Un ex clérigo, William Stainton Moses, fue un médium de la última mitad del siglo XIX que se «especializó» en escritura automática, aunque sólo lograba producirla cuando estaba en un trance autoinducido. Desde 1872 hasta 1883 llenó 24 cuadernos con escrituras inspiradas por sus trances, mezcladas con «escrituras de espíritus», a veces firmadas. (Se supone que Mendelssohn firmó una de las páginas.)

Si uno adopta el punto de vista escéptico, algunas obras religiosas del siglo XIX no fueron dictadas por los ángeles o por Dios, como se afirmaba, sino que eran resultado de la escritura automática de los «profetas» . El libro de los mormones, por ejemplo, fue dictado -supuestamente- por un ángel llamado Moroni a un granjero del estado de Nueva York, Joseph Smith, en 1827.

Un gran investigador psíquico norteamericano de los tiempos modernos, el doctor J. B. Rhine, se inclinaba a descartar la escritura automática, a la que consideraba un «automatismo motor» espontáneo o, como ya habíamos dicho, la expresión de conflictos, obsesiones o represiones subconscientes. Probablemente él y otros colegas que coinciden con sus ideas tienen razón en su juicio acerca de la mayor parte de la escritura automática. Pero el doctor Rhine admitía que algunos casos, como el de Patience Worth, por ejemplo, no se explican con tanta facilidad.

Un caso muy interesante de escritura automática ocurrió en 1947, por intermedio de la médium Hester Dowden, que era famosa desde hacía mucho por las escrituras automáticas que producía, hasta con los ojos vendados. Percy Allen, un escritor, participó de la sesión en la que mantuvo «conversaciones» por escrito con supuestos dramaturgos isabelinos. Como resultado de esa sesión, el señor Allen creyó haber encontrado la respuesta a la pregunta que ha preocupado a generaciones de críticos e historiadores: «¿Quién era Shakespeare?» ¿Sería, en realidad, Francis Bacon? ¿O Edward de Vere, conde de Oxford?.

La señora Dowden afirmaba haber recibido información escrita acerca de este tema procedente de esos tres caballeros, y de otras personas de aquella época vinculadas al teatro. Los comunicantes de la señora Dowden explicaron que las obras de «Shakespeare» habían sido fruto de un trabajo en equipo. Shakespeare y Edward de Vere, 17° conde de Oxford, eran los principales colaboradores, mientras Beaumont y Fletcher, autores teatrales de segunda fila, proporcionaban ocasionalmente material adicional. Bacon actuaba como una especie de severo corrector de estilo.

Cada uno se dedicaba a lo que le salía mejor: Shakespeare creaba muchos de los personajes más fuertes, tanto cómicos como trágicos (por ejemplo Yago y Falstaff), y demostraba un talento especial para la construcción dramática. Lord Oxford, en cambio, creaba el «Shakespeare almibarado», es decir, los pasajes románticos y líricos. Del mismo modo, la señora Dowden se enteró de que había sido lord Oxford quien había escrito la mayor parte de los sonetos. También le «dictó» tres sonetos nuevos a ella.

Bacon subrayó una y otra vez a la señora Dowden que el conjunto literario que el mundo conoce como la obra de Shakespeare fue una creación colectiva. El mismo Shakespeare dijo, según afirma la señora Dowden:
«Yo sabía perfectamente qué iba a ser eficaz en el escenario. Encontraba un argumento (Hamlet fue uno de ellos), consultaba con Oxford y formaba la estructura del edificio, que él decoraba y poblaba tal como convenía al tema... Yo era el esqueleto del cuerpo que escribía las piezas. La carne y la sangre no eran mías, pero siempre intervenía en la construcción.»

Por supuesto, la literatura automática puede ser la dramatización de una creatividad profunda o reprimida que encuentra expresión por medios que apenas entendemos. Después de todo, muchos escritores y artistas han «escuchado a sus musas» a lo largo de los siglos. Con frecuencia, tramas, escenas o personajes minuciosamente observados han «llegado» a escritores, dramaturgos y poetas. A menudo, cuando Charles Dickens dormitaba en su sillón, una serie de personajes aparecía ante él «como si suplicaran que los escribiera». Samuel Taylor Coleridge soñó la totalidad de su poema Kubla Khan y lo hubiese escrito entero para la posteridad si no se hubiese presentado una visita, haciéndole olvidar la mayor parte para siempre. Mary Shelley soñó su Frankenstein, Robert Louis Stevenson confiaba en sus sueños para inventar cuentos, incluyendo a los alegóricos doctor Jekyll y mister Hyde. Pero cuando un escritor como Charles Dickens decía que un cuento «se escribía solo» , sólo podemos suponer que no quería decir que su pluma se desplazaba sobré el papel, escribiendo por su cuenta Oliver Twist. En la práctica, la inspiración posee unos mecanismos muy diferentes de los que caracterizan la escritura automática.

A mitad de camino entre las dos, quizás, está el extraño caso de Patrick Branwell Bronté. Fue un personaje desgraciado y antipático, famoso sobre todo por su incapacidad para controlar el alcohol y el láudano, y para compartir una casa aislada en los páramos con sus célebres y excéntricas hermanas Charlotte, Emily y Anne.

Tenía pretensiones literarias, que nunca se concretaron. Sin embargo, durante uno de los períodos en que trabajó, como administrativo del ferrocarril, descubrió que podía hacer las cuentas semanales con una mano mientras la otra, de forma independiente, empezaba a trazar garabatos. Primero apareció el nombre de su adorada hermana muerta, María; después, otros fragmentos de prosa y de poesía. Más tarde afirmó haber escrito otra versión de "Cumbres Borrascosas", por pura coincidencia, mientras su hermana Emily escribía un libro con el mismo nombre.

Sin embargo, ésta fue la segunda versión del incidente. Previamente, había robado el primer capítulo del libro de Emily y lo había leído a sus amigos como si fuera suyo. Cuando vio que no le creían, inventó lo de la «otra versión».

lunes, 18 de mayo de 2009

¿Pueden escribir los muertos?

Los muertos, ¿pueden escribir novelas, poemas, tratados científicos y obras de teatro? La escritura automática depara auténticas sorpresas: el médium brasileño Francisco Cándido «Chico» Xavier ha escrito psíquicamente obras póstumas de más de 400 autores.

Aparentemente, los fenómenos paranormales siguen la moda, como otros aspectos de la vida, y la escritura automática, como forma de comunicarse con los muertos o incluso como truco para animar una reunión, pareció haberse extinguido durante un tiempo. Sin embargo, en la actualidad se está produciendo una gran cantidad de escritos. Posiblemente el escritor psíquico más importante y prolífico del mundo sea un brasileño que escribe en un portugués que a veces resulta muy erudito y técnico.

Francisco Cándido («Chico») Xavier, que ya ha cumplido los setenta años, es ciertamente, una de las figuras más populares de Río, donde ha dedicado su vida a ayudar a los pobres y a producir best sellers edificantes, entretenidos y de gran rendimiento económico. No acepta ninguna retribución por esos libros, ni se atribuye ningún mérito. Porque, como él mismo dice, no los escribió él; lo hicieron autores brasileños ya fallecidos.

Durante los últimos cincuenta años, Xavier ha dedicado por lo menos cinco horas diarias a transcribir obras que le transmiten autores muertos. Esto significaba a menudo sacrificar su escaso tiempo libre a esta actividad ya que, hasta que se jubiló en 1961, ocupaba un modesto puesto de funcionario a tiempo completo en las oficinas locales del gobierno.

Best-sellers del más allá

Uno de «sus» best-sellers es un volumen de poesías llamado Parnaso de além-túmulo (Parnaso de ultratumba). Contiene 259 poemas (que ocupan 421 páginas) de estilos muy diferentes y está firmado por 56 importantes figuras literarias del mundo de lengua portuguesa... todas las cuales han muerto. Los poemas tratan muchos temas: el amor, la hipocresía religiosa, la naturaleza de la evolución humana; algunos contienen chistes. Uno es una simple declaración de la identidad del poeta, titulada Ego sum (Yo soy, en latín). El texto dice: «Soy el que soy. Por lo tanto, sería muy injusto que no me proclamara a mí mismo, que mintiera, que os engañara con el anonimato, ya que soy Augusto.» El poema está firmado «Augusto dos Anjos», el nombre de un famoso poeta brasileño fallecido.

Pero nada de lo dicho hasta ahora ofrece pruebas de que la escritura automática de Chico Xavier no sea un fraude, consciente o inconsciente, aunque uno no puede menos que pensar que un impostor consciente aceptaría de muy buen grado los millones de dólares que han producido sus libros a lo largo de los años.

Lo cierto es que Xavier no es totalmente iletrado; fue a la escuela elemental que, como señala Guy Playfair, autor de The flying cow (La vaca volante) y experto en espiritismo brasileño, puede que en Brasil sea realmente muy elemental. Pero el vocabulario que emplea resulta difícil hasta para personas cultas; él mismo dice que, a menudo, no entiende ni una palabra. Esto se aplica al extenso libro Nosso lar (Nuestro hogar), que consta nada menos que de 2.459 páginas, y se supone que le fue dictado por el difunto médico André Luiz, un pionero de la medicina tropical. De hecho, se trata de una novela en nueve tomos, con un argumento muy simple: el héroe muere al principio del libro y la acción subsiguiente tiene lugar en el otro mundo («nuestro hogar»). Éste, según dice el doctor Luiz, no es el paraíso de que hablan las tradiciones religiosas, sino que se parece mucho a la vida en la Tierra. «La muerte es sólo un cambio de ropas», advierte, y añade que la otra vida es «el paraíso o el infierno que nosotros mismos hemos creado». Aún los más humildes de nosotros tenemos una finalidad noble, dice Luiz: «Somos hijos de Dios y herederos de los siglos, que conquistamos valores de experiencia en experiencia, de milenio en milenio.» Nos dice que la reencarnación es un hecho real, pero que las leyes que la rigen son mucho más complejas de lo que los vivos, incluidos quienes creen en ella, suponen.

Esta enorme serie de novelas trata con detenimiento gran variedad de temas médicos y técnicos: discutiendo en detalle, por ejemplo, la fertilización del óvulo humano y el lento proceso de la evolución en la Tierra. El 2 de febrero de 1958, Xavier anotó un largo pasaje que contenía este tipo de fraseología:

El hiato existente, como notó Hugo de Vries, en el desarrollo de las mutaciones fue salvado por las actividades de los Siervos de la Organogénesis Terrestre, que sometieron a profundas alteraciones a la familia de los Leptothrix...

Hugo de Vries fue un botánico holandés famoso por sus trabajos sobre las leyes de la herencia, información que difícilmente proporcionaría una escuela elemental brasileña de principios del siglo XX. (Una vez Xavier se quejó a Augusto dos Anjos de que no entendía lo que estaba «escribiendo». «Mira -le respondió-, escribiré lo que pueda, ¡porque tu cabeza no está a la altura!».)

Los espíritus dictan

A mediados de los años setenta había escrito 130 libros, todos los cuales llevan en la primera página la frase «dictado por el espíritu de...». Se afirma que más de 400 autores desencarnados escribieron obras póstumas por intermedio de Xavier y, ciertamente, venden más empleándolo como «agente» de lo que lograron en vida. Sólo Nuestro hogar había vendido más de 150.000 ejemplares a finales de 1980.

Uno de sus logros más notables -que algunos consideran una prueba definitiva de que escritores muertos siguen trabajando por mediación de él- fue un curioso incidente de coautoría. Xavier escribió psíquicamente Evolución en dos mundos, capítulo a capítulo, en el pueblecito de Pedro Leopoldo; pero lo que escribió eran capítulos alternados, para nada relacionados entre sí; era el doctor Waldo Vieira quien escribía los capítulos que habían de intercalarse a cientos de kilómetros de distancia. Pero sólo cuando Xavier terminó su montón de capítulos inconexos su espíritu-guía le advirtió que se pusiera en contacto con el doctor Vieira. Por supuesto, a partir de aquel momento el libro adquirió sentido. Ése fue el primero de los 17 libros que escribirían de ese modo. Como señala Guy Lyon Playfair, frecuentemente uno de los capítulos del doctor Vieira -escrito sin conocer el capítulo previo, a cargo de Xavier- reemprende la narración justamente donde la había abandonado el otro.

Xavier, que es en la actualidad un frágil anciano casi ciego de un ojo, se dedica a colaborar en el centro de beneficiencia que han financiado «sus» derechos de autor: escribe mensajes de espíritus para personas que necesitan consejo, firma libros, estrecha manos, entrega rosas, recibe a cada cara nueva como si ese encuentro le proporcionara un inmenso placer.

Su escritura «automática» se realiza con frecuencia en público, durante unas tres horas en cada ocasión, y cualquier persona interesada puede presenciarlo. (Un testigo dijo que escribe como si su mano estuviera conectada con una pila eléctrica.) Él mismo pasa a máquina sus escritos psíquicos, contesta personalmente su correspondencia (suele recibir unas 200 cartas diarias, en las que muchos le piden consejos o plegarias; otras son sólo cartas de admiradores) y concurre a reuniones espiritistas públicas.

Muchos lo consideran un santo; algunos de sus admiradores creen que es la reencarnación de San Francisco de Asís. Pero también tiene detractores y enemigos: la Iglesia Católica brasileña está en contra suya, y sugiere que puede estar poseído por el demonio; un destacado jesuita brasileño considera que su propia misión en esta vida consiste en destruir la fama de Chico Xavier.

Una editorial británica se ha dedicado por entero a publicar las obras de un espíritu escritor o, más bien, de dos autores que componían una personalidad doble. Uno de ellos era William Sharp, poeta y ocultista escocés, que murió en Castello di Maniace (Sicilia) en 1905, a la edad de cincuenta años. Sobre su tumba, cercana al monte Etna, hay una cruz jónica con dos epitafios. Uno dice:

Adiós a lo conocido y agotado.
Bienvenido lo desconocido y sin límites.

El otro dice, más oscuramente:
El amor es más grande de lo que podemos concebir, y la Muerte es guardiana de redenciones desconocidas.

F.M.

¿Quién era «F.M.» ? Son las iniciales de Fiona Macleod, su alter ego, su lado femenino personificado, cuyo nombre y obra inspiraron el «renacimiento celta» a fines del siglo XIX en Escocia.

El proyecto de Paisley

Las personalidades dobles o múltiples no son desconocidas en los anales de la psiquiatría. Pero lo significativo de «Wilfion» (nombre colectivo que dio Sharp a sus dos personalidades) es que él/ella siguen comunicando -según se dice- pensamientos y obras poéticas desde el otro lado de la tumba.

A primeros de 1970, un crítico norteamericano especializado en William Sharp, Konrad Hopkins, comenzó a recibir escrituras psíquicas de muchas almas desencarnadas, incluyendo a un tal George Windsor -más conocido como el rey Jorge VI-, pero sobre todo del mismo Sharp. En 1974, Hopkins conoció a un dotado holandés llamado Ronald van Roekel y poco después iniciaron un negocio editorial en Paisley, Escocia, llamado Wilfion Books.

Mientras tanto, en Ventnor, isla de Wight, una señora llamada Margo Williams estaba descubriendo sus dotes de médium, que habían pasado desapercibidas durante mucho tiempo. En el verano de 1980, Margo ya había recibido más de 4.000 mensajes psíquicos, escritos al parecer por más de 360 personas desencarnadas. La primera fue Jane, su espíritu guía, y la segunda alguien llamado William Sharp.

El fallecido poeta escocés informó a Konrad Hopkins, por medio de la clariaudiencia, de su vinculación con Margo Williams. La médium y los directores de Wilfion Books entablaron correspondencia y pronto se pusieron de acuerdo para que The Wilfion Scripts (Los escritos de Wilfion), transmitidos a la señora Williams, fueran publicados en Paisley.

The Wilfion Scripts se componen de 92 versos y algo de prosa. Los versos son, en general cortos, infantiles (algunos dirían aniñados) y, en suma, malos. La introducción a los versos, por Hopkins y van Roekel, incluye esta disculpa, curiosamente oscura, por la, mala calidad de la poesía:

"Sharp... reconoce que los versos son malos porque está tratando de alcanzar la confesión de una visión realmente horrible que él mismo vio o que revivió gracias a su habilidad para experimentar sensaciones en círculos de piedras; la visión lo persiguió el resto de su vida."

Pero la señora Williams adjudica generosamente a Wilfion «una genial economía de palabras». El 12 de diciembre de 1976, William Sharp dictó las siguientes palabras por mediación de ella:

Observa escenas del pasado

Que impresionan y durarán

Escenas que sobreviven al tiempo

Son buena lectura en un libro

En la jerga de la parapsicología todos estos extraños textos podrían ser producto de «psicokinesis telepática», «automatismos motores», «creatividad psicosexual reprimida», etc. Pero, ¿no serán estas hipótesis una forma de ocultar el hecho de que no sabemos qué hay detrás de ellos?