jueves, 30 de septiembre de 2010

La leyenda del rapto de las Sabinas

El Rapto de las Sabinas es una popular leyenda romana que ha sido representada por muchos pintores y escultores. El mito cuenta el secuestro de mujeres del pueblo de Sabinia por parte de los fundadores de la Antigua Roma.

En sus principios, Roma era una pequeña ciudad poblada por una mayoría masculina, por lo que el rey Rómulo organizó un evento deportivo en honor a Neptuno, dios del mar, e invitó a los habitantes de los pueblos vecinos. Muchos acudieron al evento y los sabinos fueron junto con sus familias y, por supuesto, su rey Tito Tácio.

El espectáculo dio comienzo con una señal que indicó a los romanos el rapto de una mujer, para luego echar a los hombres. Los romanos –con su primitiva soberbia- trataron de convencer a dichas mujeres declarando que querían desposarse con ellas y que debían sentirse orgullosas, pues pasarían a formar parte de Roma, un pueblo elegido por los dioses. Las sabinas aceptaron a cambio de que ellas realizarían solamente una actividad: telar. Así se desligaron de otras obligaciones y trabajos domésticos, destinados a sirvientes, y se erigirían como las que gobernaban en la casa.

Sin embargo, los ex-maridos despechados, no se quedaron de brazos cruzados y atacaron a los romanos, iracundos por haber sido traicionados. Los acorralaron en el Capitolio gracias a la ayuda de una sabina de nombre Tarpeya, que les franqueó la entrada a cambio de unos brazaletes. Aceptaron el trato pero, en lugar de joyas, castigaron su traición con otra traición, presentando sus pesados escudos sobre ella, aplastándola. El sitio donde tuvo lugar este asesinato se pasó a llamar Roca de Tarpeya, lugar donde se arrojaba a los convictos de traición en tiempos primitivos.

Los enfrentamientos entre sabinos y romanos continuaron y cuando llegó el momento de lo que aparentemente sería la batalla final, las sabinas se interpusieron entre ambos bandos, impidiendo la masacre y tratando de hacerlos entrar en razón. Ellas alegaron que si ganaran los romanos, perderían a sus padres y hermanos, y si ganaran los sabinos, perderían a sus maridos e hijos. Con esto lograron detener la rivalidad y se celebró un banquete para festejar. Tito Tácio y Rómulo formaron una diarquía para beneficiar a ambos pueblo que duró hasta la muerte de Tito.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

El mito de las tres Parcas

Las Parcas eran, en la mitología romana, las personificaciones del destino. Hijas de Júpiter, su madre habría sido la titánide Temis o, según otras versiones, la diosa de la noche Nix.

Las Parcas eran tres mujeres a veces representadas como jóvenes doncellas; otras, como viejas severas, cuya tarea consistía en escribir el destino de todos, mortales y dioses. Ellas estaban presenten en los nacimiento e hilaban los hilos de la vida, definiendo el porvenir de cada ser.

El origen de las Parcas se encuentra en la mitología griega, donde se las conocía como las Moiras. Estas eran divinidades relacionadas con los nacimientos, ya que en esos momentos ellas decidían el sino de los recién nacidos, predestinando alegrías, desgracias e incluso la muerte. La vida entera de un ser era determinada mediante un hilo de lana que variaba dependiendo de los momentos felices o los trágicos. La lana blanca o dorada representaba momentos de dicha, mientras que la lana negra se reservaba para los hechos dolorosos.

Nona, “la que hila”: la más joven, era la primera de las tres Parcas. Ella presidía el momento del nacimiento y el del destino, llevando el ovillo de lana e hilando las hebras de la vida con su rueca, decidiendo el momento del nacimiento de una persona. Se la representaba con una rueca.

Décima, “la que asigna el destino”: la segunda en edad, enrollaba el hilo en un carrete, dirigiendo el curso de la vida y determina el futuro de los seres. Ella es quien decidía el largo del hilo de cada una de las vidas. Su atributo era una pluma o un mundo.

Morta, “la inflexible”: la mayor y la propia Parca, en el sentido estricto del término como lo conocemos hoy. Ella era la responsable de tomar del carrete el hilo de la vida y cortarlo con sus tijeras de oro, determinando el momento de la muerte de los seres. No discriminada edad, status, poder ni nada, pues la muerte nos llega a todos por igual. La balanza y las tijeras eran sus símbolos.

Al igual que las Moiras de la mitología griega, las Parcas romanas se relacionan con el concepto de destino que rige la vida y los acontecimientos, incluso el de los héroes y reyes, como por ejemplo el de Edipo, que inútilmente trató de evitarlo para acabar de todas formas en desgracia. Puede que a muchos no nos guste la idea de que no controlamos nuestras propias vidas, pero el mito de las Parcas encarna una de las verdades universales que más de un milenio después de los romanos asentaría el célebre poeta francés Jean de la Fontaine: “A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo”.

martes, 28 de septiembre de 2010

La leyenda de Los Horacios

Cuenta la tradición que alrededor de mediados del siglo XII a. C, luego de la destrucción de Troya, Ascanio, hijo del mítico héroe troyano Eneas, fundó la ciudad de Alba Longa y dio origen a una dinastía de reyes poderosos.

Para el siglo VII a.C. la ciudad Roma había acrecentado su poderío con su tercer rey Tulio Hostilio y no vaciló en enfrentarse a su vecina Alba Longa. La guerra entre ambas ciudades dio lugar al legendario combate entre los Horacios y los Curiacios para darle fin al enfrentamiento.

Los Horacios eran tres hermanos trillizos, hijos de Publio Horacio. Uno de ellos estaba casado con Sabina, una joven albanesa, hermana de los Curiacios. Al mismo tiempo, uno de ellos era novio de Camila, hermana de Horacio. En la unión de ambas familias reside el elemento dramático de esta historia que se muestra en la obra de teatro Horacio, de Pierre Corneille, publicada en el año 1640.

Al declararse la guerra entre Roma y Alba Longa, ambos pueblos designan tres campeones que decidirán la suerte de las dos ciudades. Así, los Horacios fueron desafiados por los Curiacios, también hermanos trillizos, a pelear los tres contra los tres delante de los dos ejércitos en pugna. Antes de partir a combate, los Horacios realizaron su juramento ante su padre, dispuestos matar a los Curiacios para obtener la supremacía romana sobre los albanos. Este episodio fue retomado por artistas como Jacques-Louis David, que exaltó la virtud cívica y el heroísmo de los hermanos romanos.

Durante el enfrentamiento, solo uno de los Horacios sobrevivió y se las ingenió para dar muerte a sus enemigos, consiguiendo el triunfo de Roma y el dominio sobre Alba Longa. La ciudad fue destruida y jamás reconstruida, y sus habitantes se trasladados al monte Celio de Roma.

Se cree que en el siglo I a.C., tiempos del historiador romano Tito Livio, aún existían los sepulcros de los dos Horacios y los tres Curiacios muertos en combate, así como la llamada columna Horaciana, en la cual se habían colgado los despojos de los Curiacios. Para el siglo XVIII, la leyenda de Los Horacios se convirtió en símbolo de las más altas virtudes de la República, enfatizando la importancia del sacrificio personal por el bien de la patria.

lunes, 27 de septiembre de 2010

La Boca de la Verdad en Roma

Boca de la Verdad, en italiano la Bocca della Verità, es uno de los elementos más característicos y turísticos de Roma. Incrustada en el muro del pórtico de la iglesia de Santa María in Cosmedin, se encuentra esta máscara romana de la que no se sabe muy bien su origen ni su utilidad.

Con 12 toneladas de peso y 1,8 metros de diámetro, hay quien dice de ella que era una antigua tapa de alcantarilla, aunque la tesis más firme es la que dice que formaba parte de una antigua fuente romana. Sin embargo, lo cierto es que los agujeros por los que supuestamente fluía el agua no están desgastados, como deberían haberlo estado como consecuencia de la fuerza de la erosión del agua.

No obstante, su fama se la debe sobre todo a su leyenda. Y es que según la tradición, los mentirosos que metan la mano en su boca, serán mordidos por ella. En cierta ocasión cuenta la Historia que cierta mujer romana fue acusada de adulterio por su esposo, y éste decidió que la mejor manera de saber la verdad sería utilizar esta peculiar máscara. La Boca de la Verdad sería quien determinaría la inocencia o culpabilidad de la romana.

La mujer a sabiendas de que podría perder su mano y además ser acusada de adulterio, montó una estratagema poco antes de ser sometida a juicio. En un lugar muy concurrido, su verdadero amante se le acercó y ante los ojos de todos la besó profundamente. Ella, indignada, comenzó a gritar pudorosa por el hecho de que la hubieran besado sin su consentimiento. Llegado el momento del juicio frente a la Bocca della Verità, ella introdujo su mano, y dijo con voz fuerte que juraba no haber besado a nadie que no fuera a su esposo y a aquel hombre que había osado besarla en aquel lugar público.

Y cuenta también la Historia, que desde entonces, la Boca de la Verdad ya jamás volvió a cerrar su boca ni a juzgar a nadie por su inocencia o culpabilidad.

La Boca de la Verdad se encuentra situada en la Piazza della Bocca della Verità, junto al Tiber y en la parte sur de la colina Capitolina.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Romeo y Julieta, Verona para enamorados

Verona es una magnífica ciudad del Véneto, la más hermosa después de Venecia, según dicen. Hogar de numerosos monumentos, museos y edificios de arquitectura admirable, Verona es, sin embargo, famosa sobre todo por constituir el escenario de uno de los amoríos más conocidos y trágicos de la historia: con ustedes, Romeo y Julieta.

Las leyendas que giran en torno a la los jóvenes enamorados, víctimas del enfrentamiento entre sus familias, son numerosas y se entraman en la visita a Verona. Muchos aseguran que se trata de una historia verídica: la primera versión habría sido relatada por un fraile, en el siglo XVI, 200 años después de que ocurriera.

William Shakespeare se habría apropiado, entonces, de los terribles acontecimientos que marcaron y terminaron con la vida de Romeo Montesco y Julieta Capuleto, para transformarla en una de sus obras maestras y, sin duda, en la obra más citada y reelaborada de los últimos siglos. Fácil refutar esta teoría, ya que no hay pruebas de que Shakespeare haya pisado jamás Verona, y en sus primeros manuscritos la ciudad en la que transcurría la trama era Siena.

Con todo, la casa de los Capuleto es uno de los sitios más concurridos de Verona, y se le adjudica en parte la gran popularidad de esta ciudad como destino turístico. Puede visitarse el mundialmente famoso balcón desde el que Julieta vio a Romeo merodeando por los parques. Se accede a él desde el patio interior.

En las puertas de entrada de la casa abundan en graffitis, declaraciones y promesas de amor eterno, de los muchos enamorados que llegan hasta ella en un paseo romántico. Frente a la casa, se erige una estatua de bronce que representa a la joven Capuleto. No hay quien se resista a fotografiarse a su lado.

Caminando por las callejuelas de Verona, se llega al antiguo convento capuchino que alberga la tumba de Julieta. Se trata de un sarcófago de mármol rojo, ubicado en la cripta de San Francesco al Corso. No muy lejos de allí se encuentra la casa de Romeo, un edificio medieval con fachada de ladrillos. Tiene una vista muy bella, pero no ha sido restaurado y no es posible ingresar en él.