miércoles, 31 de agosto de 2011

Lilith: La madre de las bestias

La tradición ortodoxa dice que Eva fue la primera mujer de Adán y, por tanto, la madre de toda la humanidad. Su rol de mujer sumisa y procreadora lo perfeccionó, una vez fueron expulsados, Adán y ella, del Paraíso. No obstante, la creencia heterodoxa rebate este arraigado mito al introducir una figura transcendental: Lilith. Algunos textos defienden que ella fue la primera (y verdadera) mujer de Adán; pero que su carácter indómito obligó a Dios a recurrir a la costilla Adánica para modelar una mujer antagónica a ésta: Eva -aunque el éxito no fue total, reza el Génesis-.

No obstante, el atractivo casi demoníaco de Lilith embriagaba la razón de Adán y acababa refugiado, casi todas las noches, en sus ardientes brazos. Condenada por su sexualidad, se la considera la “Reina de los Súcubos”, la “madre de los vampiros” y la mujer infértil. Los apelativos propios de una figura femenina independiente, escapista al código que regía la conducta de su época. Por tanto, la distorsionada imagen de este tipo de mujeres en los textos sagrados -consideradas impuras, herejes y brujas- influenció negativamente, durante siglos, en la historia de la mujer.

Aparte de impura, se cree que Lilith es “la madre de los vampiros”. Según la tradición hebraica, no aceptaba mantenerse inmóvil bajo Adán por lo que, durante un acto sexual, huyó hacia el bosque transformándose en viento helado. Sola y repudiada por su esposo, desata el fuero reprimido de su interior. Decide vengarse asesinando bebés y alimentándose de su sangre. La cultura popular exigía que, para potenciar la fertilidad, la mujer debía permanecer bajo el hombre.

Lilith, se sobrentiende, no quería ser madre, no quería asumir su irrenunciable rol de mujer. Consciente de su fuerza y poder de seducción, lleva a cabo una macabra venganza: satisfacer su ilimitada sed de sangre.

Liberada su furia, además, preserva su inmortalidad al escapar del castigo de Dios; para ello, se refugia entre las tinieblas, en la más tenebrosa oscuridad. Contrariamente, Adán y Eva fueron castigados por cometer, a plena luz del día, el pecado original. No sólo fueron expulsados del paraíso, también los despojaron de su inmortalidad. Lilith, eternamente joven, expande su imperio de sed de sangre impunemente.

Y, además, no está sola. Ha reunido, a lo largo de los siglos, un ejército de inmortales que satisfacen los primarios deseos de su madre, la reina de los vampiros.

martes, 30 de agosto de 2011

Leyenda de la perla del dragón: La joya más preciada del Reino de China

Habitaba en la isla de Borneo, en la montaña más alta de la isla Kinabalu, un pacífico dragón que custodiaba celosamente una preciosa perla. Todos los días jugaba con ella; la lanzaba al aire y la recogía con la boca. Se sentía dichoso con su exquisita perla y no pedía nada más a sus días. Muchos habían intentado en vano arrebatarle su tesoro, ya que el dragón no estaba dispuesto a perder su única posesión.

No obstante, el emperador de China estaba dispuesto a retar al pacífico dragón y solicitó a su primogénito, el príncipe heredero, que consiguiera la perla para el tesoro imperial. Tras varios días de travesía, el príncipe divisó la montaña y, en su cima, al juguetón dragón. Ideó un plan para arrebatarle la perla sin correr peligro. Ordenó a sus hombres que construyeran una cometa capaz de soportar el peso de un hombre y una linterna de papel.

Tras siete días de arduo trabajo, los hombres del príncipe acabaron la cometa, la más hermosa jamás vista. Al caer la noche, montó en la cometa y voló a lo alto de la montaña. Se adentró sigilosamente en la cueva. El dragón dormía profundamente, portando en sus patas la preciada perla. Con sumo cuidado, le arrebató la joya y en su lugar dejó la linterna de papel. Hizo una señal a sus hombres para que recogieran la cuerda de la cometa. Aterrizó, sano y salvo, en la cubierta del barco.

Rápidamente, mandó izar las anclas y el barco zarpó a la mar, aprovechando una suave brisa. Cuando el dragón despertó, descubrió que le habían arrebatado la perla, dejándole una linterna de papel. Estalló en cólera. Comenzó a echar fuego y humo por la boca y se lanzó montaña abajo para atrapar a los ladrones. Rastreó todos los rincones de la isla, hasta que divisó en alta mar un junco chino. Se precipitó hacia el navío y gritó con todas sus fuerzas: “¡devolveme mi perla!” Los marineros estaban aterrorizados.

El príncipe, en un intento desesperado por zafarse del dragón, mandó cargar el cañón más grande y disparó contra su furioso perseguidor. El dragón vio como entre la nube de pólvora salía una bola y pensó que era su perla. Abrió la boca para recoger su joya… Y se hundió en las profundidades del mar. El príncipe y sus hombres regresaron triunfantes, y la perla se convirtió en la joya más preciada del Reino de China.

lunes, 29 de agosto de 2011

La leyenda de la muñeca Matrioska: Historia tradicional rusa

Había una vez un virtuoso carpintero ruso llamado Serguei, que se ganaba la vida tallando los más hermosos objetos de madera: instrumentos musicales, juguetes... Todas las semanas, se enfrentaba al frío del bosque para buscar madera y así construir nuevos objetos. La mañana que le tocaba salir para recolectar material, se encontró todo el campo cubierto de una gruesa capa de nieve. La noche había sido cruenta, y el carpintero rezó para que la fortuna le sonriera. Sin embargo, toda la madera que encontraba en su camino estaba húmeda, y tan sólo le servía para calentarse al fuego.

Abatido por el cansancio, decidió retornar a su hogar y probar suerte al día siguiente. Cuando se disponía a dar media vuelta, le llamó la atención un bulto que sobresalía de un árbol. Al acercarse, comprobó que se trataba de un trozo de madera espléndido, el más bello que había visto en su vida. Presto como el rayo, regresó a su estudio, pero tardó varios días en decidir qué tallar. Finalmente, se decidió e ideó una preciosa muñeca.

Era tan bonita, que convino no venderla sino quedársela para que le hiciera compañía. “Te llamaré Matrioska, dijo a la inerte figura. Cada mañana, al levantarse se dirigía a su única compañera: “buenos días, Matrioska”. Un día, ésta le respondió: “buenos días, Serguei”. El carpintero se sorprendió, pero en vez de sentir miedo, se sintió feliz por tener alguien con quien hablar.

Al tiempo, el carpintero percibió que Matrioska estaba triste y le preguntó qué le ocurría. Ésta le contestó que veía cómo todo el mundo tenía un hijo o hija, y que ella anhelaba tener uno. “Tendré que abrirte y sacar madera de ti, y eso será muy doloroso”, le contestó Serguei. A lo que ella le replicó: “En la vida, las cosas importantes requieren de pequeños sacrificios”. Y ni corto ni perezoso, éste talló una réplica, más pequeña, y la llamó Trioska. Ya no sentiría sola.

Pero el instinto maternal se apoderó también de Trioska y Serguei accedió a que ésta también tuviera una hijita. Esta vez se llamaría Oska. Pero Oska también quería descendencia. El carpintero comprobó que apenas quedaba madera dentro de Oska, como mucho podría haber una muñequita más. Tras reflexionar, talló un muñeco diminuto -al que bautizó como Ka- con bigotes, lo puso frente al espejo y le dijo: “eres un hombre no puedes tener hijos”.

Entonces, metió a Ka dentro de Oska. A Oska dentro de Trioska y a Trioska dentro de Matrioska. Un día, misteriosamente, Matrioska desapareció con toda su familia dentro. Serguei quedó desolado.

viernes, 26 de agosto de 2011

Zilant: La criatura legendaria de Kazán

El folklore popular ruso cuenta que Zilant (“serpiente”) es una criatura con forma de serpiente y dragón que mora en el fondo de los Lagos Qaban, y que no duda en atacar a todo aquel aldeano que ose acercarse a la orilla. Tradicionalmente, los rusos la definen como una criatura maligna y despiadada aunque, si son capaces de sobrevivir más de cien años, acaban convertidas en benignas serpientes blancas -”Ajdaha”- y dan buena suerte -como los dragones chinos-.

A Zilant se le representa con un cabeza de wyvern (dragón), cuatro patas de pollo, cuerpo de un ave y cola de serpiente. Sin embargo, la fuerte influencia occidental ha modificado sustancialmente su imagen, acercándose más a la clásica occidental (dragón medieval).

El origen real de esta criatura se remonta a los tátaros y sus leyendas sobre monstruos voladores. Unas leyendas que adoptaron los rusos como propias, sincretizando los elementos de la cultura popular de estos pueblos de Europa Oriental y Asia Central. En Kazán se convirtió, desde principios del siglo XVIII, en su símbolo oficial con forma de dragón heráldico.

Cuentan que en Kazán una hermosa dama se casó con un joven residente del casco antiguo de la ciudad. Ella tenía que ir en búsqueda de agua, pero se quejó de la distancia y las incomodidades en el transporte. Propuso al líder, el Khan local, trasladar la ciudad cerca del lago, al pie de una colina. Sin embargo, en dicho lugar habitaban poderosas serpientes que sólo salían por la primavera. Su líder, Zilant, una criatura con cabeza dragón y cola de serpiente, tenía aterrorizados a los habitantes.

Dispuestos a derrotar a los monstruos, construyeron un cerco de paja en la colina. Todas las serpientes picaron el anzuelo y se “mudaron” al pajar. Los habitantes quemaron el cerco, pero Zilant consiguió escapar de las llamas. El caballero más hábil de Kazán lo hirió, pero éste huyó a los Lagos Qaban, donde se dice que todavía habita. Otros dicen que se convirtió en el Dios Diu y que fundó una ciudad bajo el lago.

Otra versión, de las tantas existentes, sentencia al caballero a muerte. Zilant atrapó, fuera de la ciudad, al valeroso soldado y lo cortó en siete pedazos. Pero éste, mientras se defendía, lo apuñaló con su pica envenenada y la terrorífica criatura, finalmente, murió. Desde entonces, en Kazán, la muerte de Zilant simboliza el triunfo del bien sobre mal.

jueves, 25 de agosto de 2011

El origen de los sueños: Leyenda nocturna árabe

Existe una leyenda árabe que narra el origen de los sueños, esas manifestaciones de imágenes y sonidos que cada noche nos acompañan durante unos pocos minutos. Esos nexos con el subconsciente y sus profundas pulsiones.

El Sueño ofendió gravemente al Dios de las Tormentas, al conceder a los marineros reposo nocturno. Unos marineros que vivían atormentados por dicho dios, y que poco descanso tenían al final de las jornadas. Por ello, el Sueño emprendió un viaje con sus hijos, los Sueños, a una isla encantada para huir de la furia de las tormentas; pero el rencoroso Dios los desvió de su camino, desterrándolos a un lugar inhóspito, condenado al eterno aburrimiento.

En este lugar, la vida se marchitaba, abatida por la melancolía y el desasosiego. Pronto, los Sueños empezaron a deprimirse, a experimentar una tristeza inusual en ellos. Los vientos soplaban con furia en la isla pero, en el crepúsculo, la Diosa Luna iluminaba la región y el Dios de la Tempestad se retiraba a su morada. Al estar fuera del maléfico control de las tormentas, el Sueño permitió a sus hijos que se evadieran de la tristeza nada más caer la noche.

Éstos, gozosos, emprenden el vuelo y recorren el mundo, posándose en los corazones de aquéllos que descansan. Es entonces cuando se desprenden de dulces sueños o terroríficas pesadillas.

Por su parte, los egipcios creían que los sueños eran la vía por la que se comunicaban sus dioses con los seres humanos. Ellos sabían la importancia del acto de soñar, ya que una tercera parte de nuestra vida la pasamos soñando. Los sueños representan las pulsiones más íntimas de nuestra conciencia. Muchas personas sueñan en color, mientras que otros experimentan sus deseos en blanco y negro. El tiempo y el espacio se dilatan, no tienen orden, se alteran. Nuestro pulso se acelera y perdemos los reflejos. Estamos totalmente a merced del subconsciente.

Deseos, miedos, recuerdos… Todo tiene cabida en el estado REM Rapid Eye Movement), un estado de relajamiento total del cuerpo, ya que el cerebro segrega una hormona paralizante -que no paraliza totalmente el cuerpo-. Tras los primeros 80 minutos de sueño, nos sumergimos en esta fase, ya que previamente nuestros sentidos necesitan un descanso total que el sueño REM no proporciona.

Un complejo y fascinante mecanismo de nuestro cerebro; una parte más de la evolución del hombre.