viernes, 30 de diciembre de 2011

La desconocida del Río Sena: Máscara mortuoria hecha sobre su enigmático rostro

A finales del siglo XIX, el cuerpo sin vida de una mujer fue hallada en el Sena. Había muerto ahogada. Es lo único que se supo a ciencia cierta, dado que jamás fue reclamado por nadie, habiendo sido expuesto durante días en la morgue de la ciudad de París.

Su cuerpo no mostraba signos de violencia, por lo que se sospechó que fue un suicidio. Uno de los trabajadores de la morgue parisina, se quedó tan impresionado de su belleza, que la inmortalizó en una máscara mortuoria hecha sobre su enigmático rostro.

En los años siguientes, una especie de fiebre por la desconocida del Sena, provocó que se hicieran numerosas copias de la máscara. La serenidad que desprendía su cara, su misteriosa sonrisa, hizo que fuera comparada incluso con la mismísima Mona Lisa. Numerosos artistas y escritores de la época la mencionaron en sus obras, convirtiéndose en un icono de la vida bohemia parisina y europea.

La expresión sonriente de su rostro invitó a un sinfín de especulaciones sobre qué pudo haberla originado y mantenido incluso después de muerta. Se llegó a decir que tal vez la máscara no fue hecha sobre un cadáver, sino sobre una joven viva, con la intención de inmortalizar tanta belleza.

La desconocida del Sena, su historia jamás contada y todos sus misterios, han dejado su huella en la historia y en la sociedad. De hecho, en ella se inspiró el prototipo femenino de las películas de la primera mitad del siglo XX. Actrices desde Greta Garbo hasta Brigitte Bardot tuvieron éxito en la gran pantalla por la familiaridad de sus facciones con la desafortunada joven.

A mediados de los años 50 del pasado siglo XX, Pete Sefar, un pionero en medicina de emergencias, descubrió el famoso método de la recuperación cardiopulmonar o RCP, que tantas vidas han salvado y sigue salvando. Para poder enseñar la técnica a sus alumnos, pensó que sería buena idea fabricar un muñeco con el que sus alumnos pudiesen practicar.

Sefar encargó el trabajo a un juguetero noruego, Asmund Laerdal, quien fue el que le puso la cara de la joven del Sena. La llamaron “Resusci Anne”, en su honor. Se dice que Annie ha sido la mujer más besada de la historia. Y con toda razón.

Nadie sabe quién fue, ni lo que hizo en vida, ni lo que sintió, ni que le empujó a acabar con su existencia. Por eso, no deja de ser paradójico que, alguien que fue una total desconocida en vida, acabara siendo una celebridad tras su muerte.

jueves, 29 de diciembre de 2011

La misteriosa muerte de Hitler: Su paso hacia la Patagonia

Recientemente un periodista argentino ha reavivado el fuego de esa lumbre nunca del todo apagada que representa la rumorología en torno a los últimos días de Adolf Hitler. Quizá lo más relevante del nuevo giro de tuerca de esta vieja historia o leyenda urbana sea el dato de que Führer alemán se ocultó algunos días en España en su paso hacia la Patagonia.

El exilio de Hitler es el libro donde se narran estas y otras aventuras. Su autor es un señor llamado Abel Basti, y dice aportar algunas importantes pruebas. Lo cierto es que la obra se acaba de publicar en Argentina y está a punto de hacerlo en el mercado español, de manera que lo que sabemos de ella es apenas lo que el propio Abel Basti cuenta en las entrevistas concedidas para la promoción del libro.

En el fondo viene a redundar en las teorías defendidas por el mismo Basti, y algún otro, desde hace años. El periodista argentino lleva tiempo intentando desentrañar las claves de la presencia de jefes nazis en la Argentina, destacando por una parte la existencia de los planes de evacuación de los alemanes si la guerra se perdía (como así fue) y por otro lado buscando las necesarias complicidades con los aliados para que la huida pudiese realizarse (sobre todo EEUU y Gran Bretaña).

En este punto debemos recordar los hechos tal como y nos ha legado la historiografía oficial que, por cierto, no es ni siquiera reducible a “occidental” en sentido pleno sino que coincide en esencia con la investigación soviética. Cuando en los 90 se abrieron los archivos de los servicios secretos de la URSS referidos al caso Hitler, se comprobó que la versión confirmaba el temprano testimonio de Hugh Trevor-Roper en su obra Los últimos día de Hitler (1947).

Mientras la Armada Rosa entraba en Berlín, varios agentes acompañaban a los tanques en misión impuesta por el mismo Stalin. Había que coger a Hitler, vivo o muerto. Stalin no se hacía ilusiones: sabía que resultaría casi imposible atraparlo con vida pero, en todo caso, quería el cuerpo del Führer a toda costa.

La historia oficial cuenta que cuando por fin los rusos entraron en el Búnker de Berlín encontraron en el jardín varios cuerpos quemados, entre ellos los de una pareja que parecía corresponder a Hitler y a Eva Braun. Stalin ordenó detalladas investigaciones y los rusos intentaron capturar a todos quienes habían vivido las últimas horas alrededor de Hitler.

Los aislaron y los interrogaron durante meses. Querían cotejar las informaciones por si se detectaban incongruencias. Pero no fue así. Los testimonios parciales dieron un cuadro completo en el que apenas había fisuras y que, en suma, perfilaba un cuadro de acontecimientos muy parecido al que, por ejemplo, puede verse en la película El Hundimiento.

Claro que la camarilla de Hitler bien pudo haber diseñado una estrategia previa, es decir, tener ensayados cada uno de los testimonios de manera colectiva. Es algo difícil de creer, pero no imposible. Revelaría, por cierto, que la devoción que sentían por Hitler era sincera e iba más allá de la muerte o desaparición de su líder.

Pero volviendo a las teorías como las de Basti: al menos aciertan en el hecho de que los nazis tenían varios planes para la huida de su Führer (por no hablar de sus dobles) y de otros jerarcas. O sea: ¿pudo haber escapado Hitler de Berlín incluso apenas unas horas antes de que el Búnker cayese? Estamos casi seguros de la respuesta: sí.

Ahora bien: ¿estaba dispuesto Hitler a ello? Sinceramente, nos cuesta creer que quien se emborrachó de poder, fue aclamado como un semidiós, puso a Europa sino al mundo bajo la suela de su bota y soñó los mil años planetarios de dominio nazi, pudiese aceptar la idea de una vida anónima, aburrida y aletargada en una granja perdida de la fría Patagonia.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Plan Andinia: ¿Amenaza para la Patagonia?

A lo largo de la Historia, ésta se ha visto continuamente salpicada por rumores de complot. Son muchas las teorías de la conspiración que llaman poderosamente nuestra atención y, a su vez, muchas las personas que toman partido con su opinión en lo que a su credibilidad se refiere. Ciertas o no, han logrado hacerse un hueco en nuestra cultura incluso llegando, en ciertas ocasiones, a bordear la paranoia, y muchas son las regiones del planeta que se ven influenciadas por estas historias de confabulación.

El Cono Sur, en su sentido más restringido, no iba a ser menos y se convertirá en escenario geográfico de lo que se conoce como “Plan Andinia”: una teoría conspirativa tachada de naturaleza antisemita y que vendría a suponer la creación de un nuevo estado hebreo en la Patagonia argentina y chilena. Decimos que se le tilda de corte antisemita pues comienza a divulgarse en 1971 de la mano del profesor de la Universidad de Buenos Aires, Walter Beveraggi; intelectual de amplia ideología ultraderechista.

Sin embargo, el inicio del tema que nos ocupa gira en torno a la figura de Theodore Herzl (1860-1904), escritor judío autor de “El Estado Judío” y considerado el padre del Sionismo político moderno. Para éste, todo pasaba por la necesidad imperiosa de dar solución al “problema judío” creando un nuevo estado y, según sus propias palabras, “… dos países tienen que ser tomados en cuenta: Palestina y Argentina”.

Según parece, éste y otros argumentos cristalizarían en el “Congreso Sionista Internacional” celebrado en Suiza en 1897, si bien hay quien pone en duda que dicho Congreso haya tenido lugar. No obstante, los partidarios de darle credibilidad, exponen que en aquella reunión se trazaron las líneas maestras de lo que sería la colonización de la Patagonia; llevada a cabo a través de la migración en masa y de la compra de grandes extensiones de tierra por parte de la “Jewish Colonization Association” ubicada en Londres.

Cierto o no, en 1904 muere Theodore Herzl y, algo más de cuatro décadas más tarde, tiene lugar la creación del Estado de Israel (1948). Es entonces cuando cabría pensar que esta serie de argumentos concernientes a la colonización de la Patagonia correrían a disiparse, pero nada más lejos de la realidad. Esta teoría se prolonga en el tiempo llegando a nuestros días presentando unos añadidos más misteriosos si cabe.

En efecto, actualmente existe un sector que piensa y asevera que el Plan Andina pretende crear un desorden económico, social, y hasta militar, que logre la desmembración de la Patagonia de Argentina y Chile; todo ello en connivencia con la actual Presidenta de la República Argentina, Cristina Kirchner, y su homólogo chileno Sebastián Piñera. Aportan todo tipo de datos tales como la presencia en la zona de militares israelíes a lo largo de los años 70 y 80; concretamente, como apuntaron en su día algunos periódicos sudamericanos, en la zona de El Calafate.

Para unos burda e inverosímil, para otros una verdad constatada, todo parece indicar que hay “alimento” suficiente para que esta historia no deje de crecer. Cada día son más los que examinan con lupa las decisiones de los dirigentes políticos esperando confirmar la trama, y los que se aventuran, cámara en mano, a adentrarse en la Patagonia con el pretexto de fotografiar maniobras militares israelíes.

martes, 27 de diciembre de 2011

La desaparición de la cartera de Mussolini: Leyenda de la correspondencia secreta

El 28 de abril de 1945, un convoy del ejército alemán recorría la carretera que comunicaba las cercanías del lago de Como con la frontera suiza. En uno de los camiones militares viajaba, disfrazado de soldado, Benito Mussolini tras haber resultado denegada su propuesta de entregarse a cambio de que su vida, y la de las personas que le habían sido fieles hasta el último momento, fueran respetadas.

A escasos kilómetros de su destino, en las inmediaciones de Dongo, el contingente nazi se encuentra con un puesto de control partisano. Los comunistas se apresuran a revisar el interior de los vehículos y descubren con suma facilidad a Il Duce. Casi de inmediato, el que un día fundara el fascismo italiano y ostentara poderes dictatoriales durante algo más de dos décadas, es fusilado.

Con su ajusticiamiento, nacían los rumores y se hacía grande la leyenda de los importantes documentos que Mussolini llevaba consigo en una cartera de cuero. Estos documentos vendrían a dar un giro de 180 grados en lo que se refiere a las causas por las que Italia habría intervenido en la Segunda Guerra Mundial al lado de la Alemania de Hitler y, sobre todo, pondrían en tela de juicio la actitud y posicionamiento de uno de los grandes vencedores de la contienda mundial: Winston Churchill.

Por todos es sabida la excelente relación de amistad que mantenían el por aquel entonces Primer Ministro británico y el dictador; incluso cuando este último decidió que el destino de Italia pasaba por intervenir en la guerra, si bien todo parecía indicar que el país transalpino iba a adoptar una postura no beligerante. Buena prueba de ello es la ingente cantidad de correspondencia entre ambos mandatarios.

Además, fueron muchísimas las ocasiones en las que el estadista inglés alababa la figura de Mussolini; llegando incluso a comentar que el único capaz de hacer frente a Hitler en la Europa continental, era su colega italiano. No se explica, por tanto, que cuando Mussolini intenta negociar una rendición digna que no supusiera su ejecución ni la de sus allegados, Churchill plantee como condición sine qua non la condena a muerte del que, se suponía, era su amigo.

De esta manera surge la controversia y son muchas las voces que se elevan intentando dar una explicación al respecto. La mayor parte de las teorías apuntan a que, en la documentación que portaba Mussolini en el momento de su muerte, se dejaba entrever una conspiración anglo-italiana tendente a desestabilizar las maniobras militares nazi por parte de las tropas italianas a cambio de importantes concesiones territoriales auspiciadas por el gobierno británico. A esto se suma la opinión de expertos en historia y táctica militares que juzgan el papel del ejército italiano, cuando menos, como sospechoso al tiempo que obviamente ridículo. Y dicen sospechoso porque, si por algo se caracterizaba tal ejército, era por contar con un magnífico mando militar.

El caso es que la cartera con los documentos, se extravió o fue robada según la versión oficial; aunque los partisanos recibieron órdenes explícitas de salvaguardarla y el servicio de inteligencia del bando aliado no escatimó esfuerzos por hacerse con ella.

Probablemente nunca sabremos la verdad y el paradero de aquellos papeles tan relevantes, pero sí contamos con una entrevista concedida por Benito Mussolini antes de su conato de huida que termina con una frase, como mínimo, algo turbadora:
“…De mi parte me siento con la conciencia tranquila de haber hecho todo lo que estuvo a mi alcance en esos años. No sé si Churchill estará igualmente tranquilo y sereno.”

viernes, 23 de diciembre de 2011

Los Dropa: Los alienígenas existían en el Tíbet

El hontanar del misterio es inagotable. Sucede aquí lo que en otros campos: una serie de nombres muy conocidos eclipsan cientos de fascinantes historias que requerirían una mayor atención por nuestra parte. Por supuesto, muchas de esas historias son lisa y llanamente un fraude. Respecto a otras, sin embargo, nos cuesta ser tan categóricos.

¿Qué diremos, por ejemplo, en relación a esa supuesta raza alienígena, los Dropa, a los que en mala hora se les estropeó la nave yendo a estrellarse contra las montañas tibetanas hace ahora más de 120 siglos? Esta historia es singular y causa perplejidad. A pesar de que haya algunos motivos para mostrarnos escépticos.

Básicamente porque, tras consultar blogs de España y Sudamérica, así como otros escritos en lengua portuguesa, italiana e incluso alemana, parece que toda la información proviene de una única fuente: ¿tal vez los libros de Erich von Däniken, que, no olvidemos, son obras que tienen mucho de ficción?

En todo caso, he aquí el (supuesto) relato de los hechos. En 1938, un tal Chi Pu Tei, a la sazón profesor universitario de arqueología en Beijing, organizó con sus estudiantes una expedición de investigación por los confines de China.

Profesor y alumnos acabaron descubriendo unas grutas en las montañas de Baian Kara Ula, en la frontera con el Tíbet. Allí se encontraron con tumbas y esqueletos que testimoniaban seres de inusitada constitución: cuerpos pequeños que no llegaban ni de lejos al metro y medio, frágiles, y con una cabeza desproporcionada.

Otro hallazgo que causó perplejidad a los expedicionarios fue el de cientos de discos, de unos 25 centímetros de diámetro, con figuras y trazos muy semejantes a los jeroglíficos. También había algunos dibujos tallados, algunos de los cuales parecían hablar de extraños humanoides muy semejantes a los marcianos de serie B que Hollywood pondría en circulación en los años 50.

En esta historia, a un nombre del que nada más sabemos, Chi Pu Tei, sucede otro que asimismo es un misterio. Tsum Um Nui, especialista chino, habría examinado en la misma Beijing los discos que los arqueólogos de la primera expedición se habían llevado consigo, consiguiendo la hazaña de descifrar los jeroglíficos.

De modo que Tsum Um Nui se topó de frente con mensajes que referían la caída de una nave espacial en aquella distante región en las fronteras montañosas del Tíbet, así como el temor primero de las tribus que vivían en la zona, seguida de la curiosidad y, finalmente, una especie de locura colectiva que llevó a los lugareños a acabar con (casi) todos los extraterrestres quienes, al parecer, eran de suyo buenos, pacíficos y un poco perezosos en el defenderse.

Esta historia, en primera instancia poco creíble, se cierra con dos hechos que vuelven a sembrar la duda en el investigador imparcial. Por una parte, las fotografías de Ernst Wegerer, un austriaco que por casualidad se topó en 1974, en un museo de Xian, con dos discos que creyó reconocer y que, oh misterio, desaparecieron a los pocos días. De hecho esas fotografías, trucadas o no, son la única evidencia que tenemos de tales discos.

Y, por el último, ciertas coincidencias de la tradición oral de la zona montañosa de Baian Kara Ula, que narra peripecias en las que interviene una raza “extranjera” de hombrecillos esmirriados y rasgos exóticos, que finalmente desaparecieron. En fin, esperamos informaciones más fidedignas y detalladas en los próximos años, que refuten de una vez por todas (o confirmen) la fascinante historia de los Dropa.