viernes, 7 de marzo de 2008

El Santo Sudario

Jesús murió rápidamente en la cruz, el más antiguo evangelista, dice que su cuerpo fue envuelto en un lienzo antes de que se lo sepultara en una tumba de roca. Luego se cerró la puerta con una piedra. La posibilidad de que ese lienzo haya perdurado (y se conserve en la catedral de Turín) deriva de un número de antiguas referencias.
La peregrina cristiana Santa Nino, una princesa armenia que murió en el 338, menciona "sudarios de Cristo'' como existentes en Jerusalén. Eusebio, el historiador de la Iglesia del siglo IV, afirma que la emperatriz Elena, madre de Constantino, primer emperador que reconociera el cristianismo, reunió ciertas reliquias sagradas y las llevó a Constantinopla.
Eusebio omite toda mención de un sudario. El historiador del siglo IV, Nicéforo Calixto, registra que la emperatriz Pulquería (399-453) recuperó ciertos lienzos sagrados que estaban en poder de la emperadora Eudocia y los colocó en la nueva basílica de Santa María de Blackernae en Constantinopla. El obispo francés Aroulf y San Juan Damasceno se refieren a lienzos llamados sudarium en Constantinopla, en los siglos VII y VIII.
Varias referencias igualmente inciertas sugieren la existencia de un sudario o sudarios en Constantinopla en los siglos XII y XIII. Un peregrino inglés afirma que vio tal lienzo entre los tesoros imperiales en 1150. Cinco años más tarde el abate Benedicto Soermudarson atestiguó su presencia en la catedral de Santa Sofía. Una referencia más definida procede de Guillermo de Tiro, quien afirma que el emperador Manuel Commenus le mostró al rey Amalrico I de Jerusalén y a él el sudario de Jesús, conservado en el tesoro imperial. Otro visitante, Nicolás Mesarítes, menciona haber visto en una iglesia de la ciudad "los lienzos funerarios de Cristo; son de lino y aún están fragantes de los untos; desafiaron la corrupción y han envuelto al cuerpo desnudo y cubierto de mirra".
Robert de Clari, el cronista de la Cuarta Cruzada, que tomó Constantinopla, afirma que en 1203 vio el sudario en la Iglesia Blackernae, donde se lo exhibía todos los viernes. La figura de Cristo se podía discernir fácilmente. Dice que el sudario desapareció de la iglesia durante el saqueo de la ciudad por parte de los cruzados y nadie sabía qué se había hecho del lienzo.
La afirmación de Robert de Clari de que la "figura de Cristo se podía discernir fácilmente" es la única relación entre el lienzo que parece haberse exhibido en Constantinopla antes de 1204 y el que presenta la imagen de Chisto que habría aparecido en Francia después del regreso de los Cruzados.
El emperador Balduino, en una carta de junio de 1247 a san Luis, rey de Francia, se refiere a "una porción de la tela funeraria" como llegada a Francia.
Richard de Cluny afirma que el sudario fue llevado a Compiégne.
Existen des versiones de la llegada del sudario a Francia. En una, el sudario le correspondió como botín de Constantinopla a Otto de la Roche, capitán de los soldados del marqués de Montferrat.
El capitán se lo envió a su padre, quien en 1206 lo entregó a Amaedus, obispo de Besangon, en cuya catedral se lo exhibía todos los domingos hasta 1349, cuando un incendio destruyó el templo. En la otra versión, el sudario fue entregado a los señores de Charny por el obispo Garnier. Un documento conservado en la Biblioteca de París dice: "Geoffrey de Charny, Caballero y Conde de Charny, Señor de Lirey, obtuvo del Rey Philip de Valois por sus servicios el Santo Sudario de Nuestro Señor (y otras reliquias) para que las guardara en la iglesia que él deseara construir en honor de la Virgen María". Ese obsequio tuvo lugar probablemente en 1349, porque Felipe VI, para quien Geoffrey de Charny se desempeñó como jefe político, murió en 1350. Geoffrey mismo fue muerto por los ingleses en la batalla de Poitiers de 1356.
Un sudario parece haber existido en la iglesia de Lirey, en. Champagne, en 1350. Se han hecho algunos esfuerzos por vincular ese sudario de Lirey con el que se suponía que debió haber estado en la catedral de Besangon antes de 1349. En el incendio de la primavera de ese año desaparecieron la mayoría de las reliquias de la catedral, incluido el sudario. Tres años más tarde se halló una copia pintada en la catedral reconstruida. Esa copia se conservó en BesanCon hasta 1749, cuando se ordenó que se la quemara, pero no antes de que se realizaran varias copias. Se afirma que el sudario original fue sacado de la catedral en el momento del incendio por Geoffrey de Charny quien, para ocultar su sacrilegio, pretendió haberlo traído personalmente de Constantinopla.
La historia posiblemente verídica del sudario que ahora se conserva en la catedral de Turín comienza en 1355. Ese año, el obispo Henri de Poitiers prohibió a los clérigos de Lirey la exhibición del sudario para su veneración pública. Cuando el sudario se volvió a exponer en 1389, esa acción de los clérigos suscitó la ira de Pierre D'Arcis, el obispo de Troyes, a cuya diócesis pertenecía Lirey. Su intervención llevó a una indecorosa reyerta. La causa tal vez haya sido la indignación del obispo ante la veneración de una reliquia espuria o quizá sus celos por el hecho de que los clérigos poseyeran un elemento tan lucrativo. Parece ser que en 1353 Geoffrey de Charny eludió al obispo y trató directamente con el Papa sismático en Aviñón, quien dio su aprobación para que se construyera en Lirey una iglesia que albergaría el sudario.
Cuando en 1389 D'Arcis amenazó con la excomunión a los clérigos de Lirey si no retiraban el sudario de la exposición, éstos y Geoffrey II de Charny solicitaron la intervención del rey de Francia y del legado papal, Pierre de Thury. Ambos hombres dieron su permiso para la exposición. Cuando el obispo protestó, el Papa sostuvo la validez de la aprobación del legado y le impuso a D'Arcis "silencio eterno" al respecto.
Entonces D'Arcis le dirigió una nota al Papa. Acusaba a los clérigos de obtener permiso papal por medios poco claros. Los tildaba de avaros traidores y declaraba que el sudario era una pintura, un fraude descubierto treinta y cuatro años antes por Henri de Poitiers, quien había realizado una investigación. Los clérigos, decía, habían ocultado el lienzo cuando él intentó asegurarlo.
Las palabras de Pierre d'Arcis acerca de la supuesta impostura por parte de los clérigos de Lirey son de considerable importancia con respecto a la historia del sudario de Turín. Él dice: "Y finalmente, después de concienzudo estudio y exploración de este asunto, él [Henri de Poitiers] descubrió el engaño y el modo en que la tela había sido pintada artificialmente, hecho confirmado por el mismo hombre que la había pintado; que esa era la obra de un ser humano y no había sido hecha ni concedida milagrosamente". Existe cierta duda acerca del sentido exacto de D'Arcis aquí. El verbo latino depingere pudo haber significado "pintar" o "pintar de", es decir, hacer una copia, y se afirma que las palabras "el mismo hombre que la había pintado" podía significar "que había realizado una copia de él". Es posible que el sudario original y la copia que supuestamente se pintó en Besanron se hayan confundido.
Como resultado de esta objeción, el 4 de agosto de 1389 el rey de Francia retiró su permiso para la exposición del sudario, pero los clérigos siguieron venerándolo. Apelaron al Papa Clemente VII, quien les ordenó que en cada exposición aclararan que el lienzo de ningún modo era el sudario verdadero, sino sólo una copia. Ensalzó la piedad de los clérigos y se abstuvo de considerarlos charlatanes. Pocos meses más tarde, en junio de 1390, Clemente se refirió al lienzo en, términos de encomio en una lista de indulgencias y puso a prueba al obispo de Troyes al pedirle que removiera todos los obstáculos a la exposición del lienzo, bajo pena de excomunión. Una vez más se ordenó a los clérigos que aclararan que el lienzo sólo era una copia del verdadero sudario.
Así, parece ser que en opinión de sus propietarios medievales y de su celoso opositor, la imagen del sudario era una pintura, una figure, como se llamaba entonces a esas obras, un cuadro "no realizado con las manos", la inspirada obra de un artista que lo había pintado a partir del verdadero sudario o quien, con la guía divina, había retratado fielmente la pasión de Cristo en un lienzo. Pierre D'Arcis continuó sosteniendo que la imagen había sido falsificada por un artista del siglo XIV. Los partidarios de la autenticidad del sudario afirman que los propietarios medievales y los dignatarios eclesiásticos estaban equivocados. La imagen del sudario, sólo revelada por completo mediante fotografía en 1898 y 1931, no es una pintura. Es la impresión del cuerpo de un hombre que había sido crucificado, un hombre particular.
La historia del sudario después de 1390 es más clara. Durante la Guerra de los Cien Años fue llevado de un lugar seguro a otro. Los clérigos de Lirey lo dieron en 1418 al conde Humbert de Roche, cuya viuda se negó a devolverlo en 1443, con otras reliquias. Algunos años más tarde fue legado por el último miembro de la familia de Charny a la esposa de Luis I, duque de Saboya, en propiedad de cuya familia ha permanecido desde entonces. El Papa Sixto IV autorizó a Luis a construir una capilla en Chambéry para guardarlo. En 1516 el sudario parece haber estado en Lierre, Bélgica, porque el artista Alberto Durero realizó una copia. Su cuadro tiene algún peso en la cuestión de la autenticidad del sudario.
El sudario fue devuelto a Chambéry donde, en la noche del 4 de diciembre de 1532, fue dañado por el incendio que arrasó la capilla. El historiador Pingonius dice que fue retirado por cuatro hombres que abrieron el cofre de plata que lo contenía, pero cuando ya había sido marcado por ocho quemaduras simétricas ocasionadas por la plata derretida y el agua que se utilizó para enfriar el cofre. Fue remendado por monjas y trasladado a Turín en 1572.
La confusa historia de ese sudario de Turín carece de corroboración. Los antiguos registros indican sólo que un número de telas sagradas se veneraban en Constantinopla, quizá también en Jerusalén, como el Santo Sudario. La única relación con el que parece haber conseguido llegar a Francia en el siglo XIII es la antigua referencia a una imagen desnuda, la peculiaridad del sudario de Turín. El sudario francés parece haber desaparecido en 1349 y reaparecido en Lirey, si los sudarios de Besangon y Lirey son idénticos. La carencia de una historia definida del sudario anterior a 1355 no sorprende. Sería notable que tal reliquia hubiese sido documentada y atestiguada en toda su historia.
Según sus partidarios, la autenticidad no depende, ni en verdad puede depender de la historia. La evidencia circunstancial y científica es tan sólida, dicen, que supera las lagunas históricas. Hasta 1898 el sudario era aceptado como una pintura sobre lienzo, de antiguo y milagroso origen, un retrato. Luego, un sorprendente descubrimiento le dio un color totalmente distinto al asunto.

EL SUDARIO FRENTE A LA TECNOLOGÍA
Durante una exposición del sudario un fotógrafo aficionado, Secondo Pia, recibió autorización para tomar una fotografía a la luz del día. El resultado fue casi increíble. Para explicarlo debemos avanzar hasta 1931, cuando el sudario volvió a ser fotografiado, en condiciones mucho más favorables, por el fotógrafo profesional Giuseppe Enrie. Cuando las fotografías fueron reveladas e impresas, se descubrió la figura completa de un hombre, pero en imagen negativa.
El negativo fotográfico poseía todas las características de un positivo y la im­presión todas las de un negativo. Se demostró que la imagen del lienzo era como un negativo. Los valores de la luz estaban invertidos. Las zonas de relieve, las más expuestas a la luz, como la frente, la nariz y el pecho, eran oscuras, mientras que las zonas deprimidas, como las cuencas de los ojos y el cuello, eran claras. Sólo las manchas de sangre eran naturales: en el lienzo se veían de un color carmín oscuro y en la placa fotográfica aparecían claras. Esas fotografías ponen en duda la teoría largamente aceptada de que la imagen había sido pintada. ¿Qué artista antiguo o medieval, se preguntaba, pudo haber concebido y ejecutado una imagen negativa, una pintura invertida que se ajustara exactamente a los detalles anatómicos?
Tomadas con luz artificial, las fotografías de Enrie muestran los menores detalles. Representan la imagen de un hombre de semblante majestuoso, de 1,80 metros de altura, de cabellos largos, barbado, de rostro angosto, y completamente desnudo. Las marcas del cuerpo prueban que el hombre había muerto por crucifixión, la forma romana de ejecución abolida en el año 337. El cuerpo presenta laceraciones, contusiones, tumefacciones, punciones, perforaciones, incisiones profundas, manchas que demuestran que la sangre ha corrido y se ha coagulado, y marcas de clavos que atravesaron las muñecas y los pies. Aun más notables son los pequeños ríos de sangre coagulada en la frente y la profunda herida en el costado, significativa corroboración, se afirma, de que el cuerpo que el sudario envolvió era el de Cristo, el hombre que lució una corona de espinas y fue herido en el costado con una lanza.
El sudario, cuando se lo extiende en toda su longitud de 4,30 metros, muestra la imagen frontal y dorsal de un hombre, tal como si lo hubiesen colocado sobre una mitad y hubieran pasado el lienzo sobre su cabeza para extenderlo hasta los pies. Cuando se retiró el cuerpo, la imagen quedó impresa en la tela.
El lienzo parece ser muy antiguo. Es de punto espigado, similar a las antiguas telas sirias que se caracterizan por el mismo método de tejido en diagonal.
Los científicos que han examinado las fotografías ampliadas afirman que no hay rastros de pigmento ni marcas de pincel en la tela, cuyas hebras se hubiesen adherido si la imagen se hubiera pintado. La probabilidad de que el lienzo sea antiguo naturalmente no es prueba de la autenticidad de la imagen, porque un artista medieval habría podido obtener una vieja pieza de lienzo. Pero las objeciones a esta teoría son igualmente convincentes. Ningún falsificador medieval se habría dado cuenta de que su fraude requería una antigua pieza de, lienzo, porque en esa época ningún crítico habría cuestionado el detalle. Ningún falsificador medieval se habría atrevido a pintar a Cristo desnudo.

EL RESULTADO
Los exámenes realizados para explorar la muerte por crucifixión sugieren que ningún artista habría podido registrar tan fielmente las características peculiares de ese olvidado método de ejecución. Habría resultado igualmente imposible que un artista antiguo o medieval creara un cuerpo que representara con tanta fidelidad la estructura anatómica. Por ejemplo, la circulación de la sangre se desconoció hasta el descubrimiento de Harvey en 1628.
El cuerpo está tendido de espaldas con las manos cruzadas al frente, con la mano izquierda sobre la muñeca derecha y los pies cruzados, el izquierdo sobre el derecho. Los pequeños ríos de sangre han corrido por la frente, como hubiese corrido en vida si las espinas hubiesen lacerado esa región. Hay lastimaduras en el rostro y tanto la parte delantera como dorsal del cuerpo están muy marcadas por pequeños coágulos oscuros, como los que podrían haber dejado un azotamiento con látigos de cuero con punta de metal. Estos parecen haber' sido empuñados por dos hombres que golpeaban desde la base de la espalda hacia arriba.
La herida de la mano no está en la palma. Se halla en la muñeca, en el lugar exacto donde emergería un clavo aplicado desde el lado interior. Los hilos de sangre fluyen hacia arriba por el antebrazo, como corresponde en el caso de un hombre crucificado con los brazos extendidos por encima de la cabeza, con un ángulo de sesenta y cinco grados, y se habrían coagulado durante la vida. La ubicación de la herida en la muñeca antes que en la palma es extraordinaria, pero del todo realista. Es el único lugar donde los clavos podrían haber soportado el cuerpo. El peso habría arrancado las manos si los clavos hubiesen atravesado las palmas, el detalle tradicional en las pinturas de la crucifixión.
Ningún artista pudo haber estado enterado de lo que sabían los romanos: que la muñeca era el lugar correcto para el clavo. Otra extraña característica surge del examen de las manos. No se ven los pulgares. Los experimentos han demostrado que cuando se atraviesa ese punto con un clavo, este corta el nervio y hace que el pulgar se incline hacia el interior de la mano. Este es otro detalle que un artista no pudo haber conocido. Las heridas de los pies no se ajustan menos a la realidad. Un experimento realizado en el pie de luz cadáver demostró que el clavo había sido colocado en el lugar preciso para que diera un apoyo perfecto. El desplazamiento del muslo y la rodilla demuestra que los pies estaban clavados juntos.
Se afirma que la herida en el costado concuerda exactamente con el lanzazo aplicado después de la muerte y que se describe en el evangelio de Juan. Aparece en el lado izquierdo de la imagen que, dado que está invertida, indica que hirió el lado derecho, como siempre se lo representa en el arte cristiano. Hay un abundante flujo de sangre y suero, que concuerda con la aseveración de Juan de que fluyó sangre y agua de la herida. Cada detalle corresponde a los relatos evangélicos. La lanza entró con ligera inclinación hacia arriba, se deslizó sobre la sexta costilla y el quinto espacio intercostal, detrás del cual está la línea del corazón. Penetró ese órgano por la aurícula derecha, que casi siempre está llena de sangre después de la muerte, y por el saco que la rodea, que contiene fluido pericardial, produciendo así la mezcla de sangre y agua. Estos elementos formaron las manchas características en el lienzo. La herida del costado que aparece en el lienzo, se afirma, concuerda exactamente con la forma de hoja de la lancea que portaban los auxiliares romanos.
Las heridas, las manchas y los hilos de sangre parecen corresponder a la muerte por crucifixión y a la crucifixión de una persona particular, los detalles de cuya muerte están registrados en los evangelios. Si bien la mayoría de las heridas son típicas de la muerte por crucifixión de cualquier persona, un grupo particular, las marcas de la frente causadas por la corona de espinas, identifican a esa persona como Jesús, en opinión de los partidarios del sudario.
Se ha llegado a saber bastante acerca de la crucifixión como pena de muerte. Había dos métodos: la muerte lenta y la rápida.
La víctima era asegurada a la viga transversal mediante cuerdas o clavos. Ese madero (el patibulum) era levantado y asegurado al poste vertical (el stipes), fijo al suelo. La altura habitual de la viga transversal era de unos 3 metros, de modo que los pies de la víctima quedaban a unos 60 centímetros sobre el suelo. Los pies eran clavados al poste vertical para darle apoyo al cuerpo: A veces se agregaban dos métodos extras de apoyo cuando se deseaba prolongar la agonía. Con ellos, la víctima podía mantenerse viva por días. El sedile proporcionaba un asiento y el suppedaneum, o apoyo para los pies, brindaba un soporte adicional al clavo. Como lo han demostrado los experimentos llevados a cabo en los campos de concentración nazis, sin el sedile la muerte se producía entre tres y seis horas después de la crucifixión.
Así, la muerte podía ser rápida o lenta, pero en todos los casos la agonía era horrible. Con los brazos extendidos por encima de la cabeza, la posición acalambrante producía una aguda falta de aliento y la víctima se debatía continuamente para incorporarse y dejarse caer. Su cuerpo se aflojaba y quedaba suspendido de las muñecas traspasadas o se incorporaba sobre los pies perforados. Ese continuo esfuerzo por incorporarse y dejarse caer llevaba al agotamiento agudo y a la muerte. Si se deseaba liquidar a la víctima, se le quebraban las piernas, de modo que se le quitaba el apoyo de los pies y se aumentaba el peso que debían soportar los brazos, con los consiguientes problemas respiratorios y circulatorios. El golpe de lanza en el corazón se daba como piadoso coup de gráce. Según los evangelios, a Jesús se le concedió la muerte rápida, porque se ha registrado que Pilato se sorprendió de que hubiese muerto después de sólo tres horas de tortura.
Existen considerables argumentos acerca de la causa real de la muerte por crucifixión. Hay dos teorías: la asfixia y el paro circulatorio. Eso se probó mediante experimentos en los que se colgó por las muñecas a estudiantes de medicina, de quienes se midió la respiración y la circulación. Suspendidos sin apoyo, perdieron el conocimiento entre seis y doce minutos debido a la acumulación de la sangre en las extremidades inferiores. La muerte se hubiese producido porque no llegaba sangre suficiente al corazón y al cerebro. Si se les permitía apoyar los pies por períodos de veinte segundos, la circulación se normalizaba. El esfuerzo continuado habría conducido finalmente al agotamiento total y a la muerte.
¿Cómo pudo pasar al lienzo la imagen del cuerpo crucificado? De acuerdo con una teoría, se produjo por vapores amoniacales que tomaron contacto con los áloes del sudario de lienzo. No fue posible obtener una imagen negativa embadurnando un busto de plástico con tintura de áloes, al que luego se oprimió contra un lienzo.
El contacto directo con un cuerpo que transpira es una teoría más probable. Pero no explica la falta de distorsión de la imagen. Eso se habría logrado sólo si el sudario hubiese sido colocado sobre el cuerpo, no alrededor de este, como era la costumbre funeraria. Esta falta de distorsión está en favor de la autenticidad del sudario. A Jesús se le dio un sepelio sólo temporal para acatar la costumbre ritual judía. Así, el sudario puede haber sido colocado sólo sobre el cuerpo.
La imagen no presenta señales de descomposición o podredumbre. Eso sugiere que el cuerpo fue retirado del lienzo antes * de que hubiese comenzado esa etapa. Sin embargo, la imagen impresa presenta todas las señales del rigor mortís, que aún no había pasado antes de que el cuerpo fuera retirado del lienzo. De haber pasado, la imagen habría perdido su claridad y precisión, ya que los pliegues del lienzo se ajustaban a la forma del cuerpo.
Las objeciones a la autenticidad del sudario incluyen la afirmación de que el carácter negativo de la imagen, que parece pesar tanto en su favor, se debe al hecho de que las monjas que repararon el lienzo después del incendio de 1532 lo invirtieron por error. Pero el cuadro de Durero tomado de la imagen del sudario, realizado dieciséis años antes del incendio, también la presenta como un negativo. Otra objeción sugiere que un artista del siglo XIV embadurnó una estatua de Cristo con materia colorante y sobre ella presionó el lienzo. Esta teoría supone la existencia de una estatua de Cristo de tamaño natural y desnudo, desconocida e inconcebible en la historia del arte medieval, cuando no existía la interpretación realista de la forma humana. La posibilidad de que el falsificador utilizara un cadáver se niega sobre la base de que tal engaño era demasiado astuto para un artista del siglo XIV.
Otra objeción interpreta el carácter negativo de la imagen como el resultado de los cambios en el color causados por el tiempo. Esta teoría se ve apoyada por el cuadro pintado por Paleolto a partir de la imagen, en 1598. Presenta la imagen en dos colores, amarillo pálido y rojo. La gente a la que se permitió que viera el sudario en los siglos XV y XVI habla de la imagen como algo tan vívido que la sangre parecía recién derramada. Ahora la imagen se ve oscura y no muy fácilmente reconocible, salvo por fotografía. ¿Por qué debía el sudario conservar su brillo por quince siglos y tornarse casi invisible en cuatro? Eso es exactamente lo que esperaríamos de una fabricación del siglo XIV.
¿Cuál es la respuesta al problema que plantea el sudario de Turín? ¿Puede ser ese el verdadero sudario de Cristo, milagrosamente conservado por diecinueve siglos? La evidencia científica parece desechar la teoría de que la imagen sea una pintura. Se trata de un negativo demasiado preciso, demasiado exacto. Ningún artista habría podido reproducir el cuerpo humano con tal fidelidad como para asombrar a los médicos modernos. La imagen parece estar impresa en el lienzo por el cuerpo de un hombre crucificado. ¿Pero quién? La evidencia circunstancial señala el cuerpo de Cristo. Los evangelios dicen que fue envuelto en un lienzo y colocado en una tumba de roca, de la que Cristo salió al tercer día, presumiblemente dejando el sudario.
Existe una objeción fatal a la preservación y la existencia de un sudario de Cristo. No había ninguna tumba vacía. Al tercer día las mujeres fueron a la tumba equivocada, una de las muchas que ocupan el rocoso acantilado.
El evangelio de Marcos, el más antiguo, narra la historia probable. Los otros la mejoraron y le hicieron agregados para adecuarla al desarrollo de la leyenda de la resurrección de Jesús. Según Marcos, tres mujeres observan el sepelio. Ellas vuelven al amanecer del tercer día para untar el cuerpo. Ven a un hombre joven sentado junto a la puerta de una tumba. Puede haber sido un sepulturero que excavaba una nueva tumba. Al reconocerlas como seguidoras de Jesús, les dice: "El no está aquí. Vean allí su tumba", mientras señalaba otra tumba. Las mujeres no entran a ninguna tumba. Atemorizadas por el hecho de que se las reconociera como amigas de un hombre que había sido ejecutado por los romanos por traición, por haberse presentado a sí mismo como rey usurpador, las mujeres huyen, temblorosas y sorprendidas. Ellas "no dijeron nada a ningún hombre porque temieron".
¿Hubiesen guardado silencio las mujeres si hubieran creído que la tumba estaba vacía, que el cuerpo había desaparecido? Cuando hablaron con los discípulos, éstos no les creyeron. Finalmente, cuando los discípulos llegaron a creer que Jesús se les había aparecido a algunos de ellos, las dos historias se mezclaron para crear la historia de la resurrección.
En abril de 1973 se anunció que el lienzo que se guarda en la catedral de Turín sería sometido a estudios científicos. La autorización para el examen de la tela fue dada en forma conjunta por el Papa Paulo VI, el cardenal Pellegrino y la Casa de Saboya. Esos estudios pueden establecer si la imagen es o no es una pintura y la fecha aproximada en que creció el lino con el que se fabricó el lienzo. Pero no pueden convencer a los escépticos de que ese sea el Santo Sudario de Cristo. Entre los años 6 y 70 de nuestra era, los romanos crucificaron a miles de judíos, incluidos varios aspirantes a Mesías.

SÍNTESIS FINAL
Reuniendo toda la información de los análisis efectuados al Santo Sudario, elaboramos este informe final con las distintas hipótesis de cada investigación.
BARBA
Verdadero: Así se veía según la tradición hebrea.
Falso: Los Discípulos de Jesús afeitaron pelo y barba de su maestro.
SIGNOS DE CRUCIFIXIÓN
Verdadero: Marcas tales como los clavos en las muñecas serían desconocidos en la Edad Media.
Falso: Los crucificados no eran clavados en las muñecas, sino por el comienzo del ante brazo, en el espacio entre el radio y el cúbico.
CORONA DE ESPINAS
Verdadero: La frente muestra más de 50 pequeñas y profundas heridas.
Falso: Los rastros de sangre forman hileras perfectas, sin coagularse, no presentan atributos de sangre autentica.
OJOS
Verdadero: él teólogo Francis Filas afirmó descubrir allí huellas de monedas, como las acuñadas en el 29 d.C.
Falso: Davis Sox, otro especialista, advirtió que esa practica no es propia de los judíos.
RESTOS DE POLEN
Verdadero: Max Frei detectó granos de Polen de 30 especies propias de Oriente.
Falso: La presencia de Polen se puede atribuir a contaminación.
SANGRE
Verdadero: El grupo Sturp encontró proteínas Fe 2º3 y HgS, atribuyéndolas a sangre tipo AB.
Falso: Estas proteínas también constituyen otros materiales orgánicos. Walter McCrone halló residuos de pintura ocre roja de uso común de los artistas.

jueves, 6 de marzo de 2008

EXPERIENCIAS AL BORDE DE LA MUERTE

Esta es una expresión acuñada en los años '70 por el médico norteamericano Raymond Moody, para describir los fenómenos casí místicos experimentados por personas que llegan al borde de la muerte, o que parecen morir pero luego retornan a la vida.
Hasta la publicación en 1975 del ya histórico libro de Moody, Vida después de la Vida, muy pocas personas se atrevían a admitir abiertamente haber tenido una experiencia EBM (experiencia al borde de la muerte). Sin embargo, ya en 1982 una encuesta Gallup revelaba que cerca de 8 millones de norteamericanos adultos afirmaban haber tenido una EBM. Conjuntamente con otros investigadores de las EBM, entre los que se contaban el psicólogo Kenneth Ring, miembro fundador de la International Association of Near Death Studies, de la Universidad de Connecticut, Moody identificó diversos rasgos comunes entre las EBM, aunque cada experiencia es única para quien la vive.
Durante una EBM la persona experimenta sucesivamente uno o más de los siguientes fenómenos:
a) Sensación de estar muerto, o una experiencia extracorporal en que la persona se siente flotar por encima de su propio cadáver mientras mira hacia abajo.
b) Ausencia de todo dolor y un sentimiento de felicidad y de paz.
c) Sensación de moverse a lo largo de un tunel oscuro, hacia una luz que se encuentra al final del mismo.
d) Encuentro con seres inmateriales que brillan, muchos de los cuales son amigos o familiares muertos.
e) Contacto con un guía o Ser Supremo que conduce ala persona a una revisión de su vida, durante la cual ésta es puesta en perspectiva, pero sin enjuiciar negativamente ningún acto del pasado y, finalmente,
f) Regreso renuente a la vida.
A pesar del creciente número de personas que afirman haber tenido una EBM, la experiencia no ha sido científicamente probada, pues todo cuanto se sabe acerca del fenómeno se basa en material anecdótico.

SEGÚN LOS ESCÉPTICOS
Para los escépticos, las EBM no son más que sueños o alucinaciones provocadas por la falta de oxígeno, por la liberación de endorfinas (sustancias analgésicas secretadas por el cuerpo) o por un aumento del nivel en sangre del dióxido de carbono.
Según se ha informado, Ronald K. Siegel, investigador de la escuela de medicina de la Universidad de California en Los Ángeles, reprodujo fenómenos del tipo de las EBM en experimentos de laboratorio, mediante la administración de LSD y de otras drogas, que producían estas alucinaciones.
Los investigadores de las EBM afirman que no hay pruebas que demuestren que las drogas son las causantes de estas vivencias, aduciendo que aunque ciertas experiencias provocadas por drogas pueden asemejarse a una EBM, sin embargo no son lo mismo. Estos investigadores han argumentado que semejantes explicaciones ignoran el hecho de que muchas personas clínicamente muertas han podido relatar detalladamente sus resurrecciones, o informar de conversaciones escuchadas en otros lugares del hospital mientras aparentemente se hallaban fuera de sus cuerpos. En una evocación que se ofreció como prueba contra la tesis de que la carencia de oxígeno puede ser la causante de una visión EBM, el psicoterapeuta Michael Sabom informó de un paciente que observó (mientras se hallaba fuera de su cuerpo) cómo su médico le realizaba un análisis de sangre que reveló un alto nivel de oxígeno y un bajo nivel de dióxido de carbono.

97% de los casos son experiencias positivas
Casi todas las EBM conocidas han sido descritas como experiencias positivas. Menos del 3% de las mismas son descritas como negativas o desagradables. Las EBM no ocurren sólo a personas religiosas o "buenas". Muchos de los que han tenido una EBM ciertamente se han vuelto más espirituales, o han comenzado a creer en algún tipo de Dios después de retornar de la muerte. La mayoría afirman haber dejado de temer a la muerte y comenzado a creer en la vida en el más allá.
Casi todos descubren una nueva y positiva finalidad en la vida, encontrándole un significado que antes no tenía. En algunos casos la EBM aumenta las facultades intuitivas o psíquicas de la persona, incluyendo las de premonición, clarividencia y telepatía.
Debido a que las EBM son tan profundas, algunas personas tienen dificultades de adaptación tras su regreso a la vida. En su libro sobre las secuelas de las EBM, Coming Back to Li fe (1988), el escritor P. M. H. Atwater descubrió que los sobrevivientes de una EBM identificaban como sus reacciones más negativas a las siguientes:
a) De ira, por tener que regresar a la vida.
b) De culpa, por no lamentar la muerte.
c) De desilusión, porque una vez más estaban de regreso en su cuerpo.
d) De confusión y de incapacidad (o miedo) de hablar sobre su vivencia.
e) De depresión, al comprender que tenían que continuar su vida.
En su aspecto positivo, los sobrevivientes mencionaban las siguientes reacciones:
a) De éxtasis ante lo maravilloso de vivencia.
b) De conmoción, debido a lo que habían podido experimentar.
c) De gratitud por lo que les había ocurrido.
d) De sobrecogimiento y de falta palabras para describir lo sucedido.
e) De espíritu evangelizador, pues querían decir a otros por qué no deben temer a la muerte.
f) De humildad ante el carácter abrumador de su experiencia.

De acuerdo con las investigaciones de Ring y de sus colaboradores, es posible que ciertas personas sean más propensas que otras a una EBM debido a factores de su constitución psicológica.
Entre esos factores se cuentan el maltrato el abandono y la disociación padecida en la niñez. Esto no significa que las personalidades propensas a las EBM tengan necesariamente mayor probabilidad de llegar al borde de la muerte, sino que si esto ocurriese, serían más propensas que otras personas a tener una EBM.
Ring y el filósofo Michael G entre otros, han elaborado la teoría: que las EBM pueden ser una forma de iluminación, o de "puerta hacia una conciencia más elevada", y podrían tener una influencia transformadora sobre todo el planeta si un número suficiente de personas las tuviesen. Ring ha sugerido, además, que una persona no tiene que morir para experimentar la mencionada iluminación, o al menos para asimilar las lecciones de una EBM.
En una variación teológica sobre el tema, Carol Zaleski, conferencista de temas religiosos de Harvard, publicó 1987 su libro Other-World Journeys, en el que compara informes recientes de EBM con relatos de "visiones y viajes al otro mundo" de la literatura cristiana medieval. Argumenta la autora que los ínformes contemporáneos sobre las EBM al igual que sus contrapartidas medievales, proporciona a la persona una forma de incorporar un "sentido religioso del cosmos a su comprensión científica secular. Eludiendo el problema de la validez de las experiencias, Zaleski añade que los términos de las EBM modernas son "un medio del que se vale la imaginación religiosa para mediar en la búsqueda de la verdad última". Observa igualmente la autora que las EBM modernas tienen su origen histórico en los mitos primitivos que hablaban del héroe, del shamán, e incluso del ' mortal corriente', que atravesaban los umbrales de la muerte sólo para regresar con una lección que comunicar a los vivos.
En el caso de los suicidas que han podido salir de una situación mortal, sus relatos son en todos los casos aterradores y de extremo sufrimiento.

miércoles, 5 de marzo de 2008

LA REENCARNACIÓN

El retorno del alma o esencia (que se produce después de la muerte) a una nueva forma física. La creencia en la reencarnación ha existido desde hace milenios y la noción ha emergido en uno u otro momento virtualmente en todo el mundo. Aproximadamente dos tercios de la población del mundo acepta alguna forma de reencarnación o renacimiento como una creencia fundamental, especialmente los budistas y los hindúes, así como muchas sociedades tribales.
Los creyentes en la reencarnación no abundan mucho en Occidente, pero su número ha ido creciendo lentamente desde finales del siglo XIX, fundamentalmente debido a la influencia de la teosofía y del médium norteamericano Edgar Cayce, así como a la introducción de las religiones orientales.
La creencia en la reencarnación varía de una cultura a otra. Los egipcios de la antigüedad creían en la reencarnación de las grandes almas, cuyo propósito era dirigir a la humanidad. Con el transcurso del tiempo, los egipcios modificaron esta concepción para hacer extensiva la reencarnación a las masas. El Libro Egipcio de los Muertos contiene encantamientos para propiciar la reencarnación. Pitágoras (c. 572-479 a.C.) predicaba la reencarnación de las almas en la Grecia antigua. Platón (c 427-347 a.C.) afirmaba que sin encarnaciones sucesivas la vida desaparecería en el universo. Muchas tribus africanas tienen una creencia en la reencarnación profundamente arraigada. En las tribus que creen que los seres humanos reencarnan en otros seres humanos, el no tener hijos es considerado una maldición, porque esto disminuye la probabilidad de que las almas puedan renacer. En Australia la creencia en la reencarnación se extiende por todo el continente, aunque es más fuerte entre las tribus aborígenes que habitan la parte central del mismo. Con la desaparición de su antigua cultura, algunos aborígenes creen que reencarnarán como "compañeros blancos" en la continua evolución de sus almas. En todas las culturas de las islas del Pacífico la creencia en la reencarnación es fuerte, pudiendo ser hallada entre los balineses, okinawos, ainús (norte del Japón), tasmanios, maoríes (Nueva Zelandia), fidjienses y los habitantes de Nueva Caledonia, las islas Salomón y la Melanesia. Muchas tribus aborígenes norteamericanas creen en la reencarnación. Los tlingits de Alaska, por ejemplo, le atribuyen gran importancia porque la consideran como una continuación gloriosa de la identidad personal. Antes del nacimiento de un niño, un alma se presenta en el sueño de la madre o de algún familiar cercano y les anuncia su propósito de reencarnar en la criatura. Al nacer, el niño debe ser correctamente identificado según sus vidas anteriores y se le da el nombre tribal de la persona que fue antes. De esta manera, el niño puede recibir el mérito de todas las buenas acciones por su encarnación anterior. Al niño que no se le identifica correctamente se le está negando su derecho a la gloria acumulada. La creencia en la reencarnación existe también entre los aborígenes de América Central y del Sur, y quizás esta fuera una de las razones por las que los españoles los conquistaron con relativa facilidad. Los españoles fueron saludados como dioses renacidos Quetzalcoatl en México y Viracocha en Perú y los nativos se mostraron así ansiosos por someterse a sus caprichos, lo que tuvo desastrosos resultados.Con raras excepciones, las vidas anteriores no se recuerdan espontáneamente, siendo los niños quienes con mayor frecuencia recuerdan sus vidas pasadas de manera natural. De acuerdo con distintas tradiciones, el olvido es una condición necesaria para que la reencarnación tenga lugar.

La reencarnación en el islamismo
La idea de la reencarnación era conocida en la antigua Persia antes de la llegada del Islam. Las prédicas del profeta Zaratustra la mencionan y aparece explicada en detalle en El Desatir, libro místico escrito c. 500 a.C. En el siglo VI d.C. el profeta Mahoma recibió el Corán -la Biblia islámica- directamente de Alá. En el Corán no se hace referencia directa a la reencarnación, pero por la interpretación que se da a algunos de los pasajes parece que se refiriera a ella. Un buen ejemplo es el capítulo 25 -Sura Zajraf- versículos de la Meca 5-10-16: "Y Él envió la lluvia del cielo en cantidades adecuadas, y hace volver a la vida a la tierra muerta de manera semejante a como tú renacerás".
Posteriormente, la reencarnación de Mahoma pasó a ser tema de las enseñanzas esotéricas. Tres aspectos del renacer son aceptados por diversas escuelas esotéricas: (1) la encarnación periódica del Hombre Perfecto o Deidad; (2) el retorno del Imán (divinidad anteriormente manifiesta en Mahoma) o de otro líder espiritual después de la muerte, y (3) el regreso de las almas corrientes. Algunos entre los Ism'ilis afirman que Krishna reencarnó como Buda y después como Mahoma.

La reencarnación en el hinduismo
El samsara o "rueda de los renacimientos" es algo admitido como un. hecho por los hindúes desde su más temprana infancia. Los hindúes creen que la reencarnación es causada por las imperfecciones del alma cuando viene por primera vez al mundo. La ignorancia y el deseo perpetúan la necesidad de reencarnar. El alma se perfecciona mediante la purificación y la realización de sí misma,? así como con la renuncia a los apetitos materiales, y sólo puede abandonar samsara cuando se reunifica con Brahma, lo i Absoluto.
El samsara es influido por el karma, la ley de causa y efecto a través de la cual el bien es recompensado y el mal castigado. Los seres humanos pueden reencarnar en formas de vida inferiores. El número de reencarnaciones es ilimitado, aunque las vidas sucesivas deben estar separadas por un período de descanso en el que el alma comtempla sus progresos. No se sabe con certeza cuán antiguo es en el hinduismo el concepto de la reencarnación, aunque en los Vedas (las ~ más antiguos escritos sagrados, algunos de los cuales datan de c.1000 a.C.), se hacen referencias al renacimiento o la reencarnación. Los Upanishads, que son un comentario de los Vedas, también se refieren a la reencarnación. La reencarnación es explicada con más detalles en el Bhagavad-Gita ("La canción del Señor" o "Canción de Krishna'), parte del Mahabharata, escrito entre c. 400 a.C. y 200 a.C. En el Cita Krishna, el octavo avatar (encarnación) de Vishnú, explica que el yo es eterno. "¡Tanto tú como yo hemos pasado por muchos nacimientos!", dice Krishna a Arjuna. "Yo conozco los míos, pero tú no conoces los tuyos". . Krishna afirma que por medio de un esfuerzo continuado a lo largo muchas vidas, el alma puede alcanzar finalmente un estado de suprema felicidad y gracia.
El hinduismo considera la reencarnación como una desgracia, una penosa carga, una servidumbre de la cual hay que escapar. A lo largo de la historia de la India ha habido ocasiones en que la casta de los brahmanes ha usado de manera abusiva los conceptos de la reencarnación y la ley del karma para manipular a las masas.

La reencarnación en el budismo
El budismo, que prevalece en partes de la India y en todo el resto de Asia, deriva su doctrina del renacimiento (diferente a la de la reencarnación) del hinduismo. De acuerdo con el canon Pali primeras escrituras de la escuela theravadzBuda enseñó que la persona posee un yo inferior que muere con el cuerpo y un yo superior que sobrevive. Sin embargo, el budismo ha evolucionado con el concepto de anatta o "no yo" (o "ausencia del yo") que sostiene que no hay personalidad o ego que permanezca intacto en el tránsito de una vida a otra. Lo que sucede es que, al morir, la personalidad se desintegra en chispas o pedazos que posteriormente se funden con otras chispas para formar una nueva personalidad. Lo que sobrevive es la fuerza vital o voluntad de vivir, que lleva consigo los atributos kármicos buenos y malos desarrollados durante la vida. Las encarnaciones son causadas por el karma y los deseos terrenales, los que deben ser superados en la búsqueda de la perfección espiritual. Antes del renacimiento, los padres son escogidos por razones kármicas.
La liberación del ciclo de renacimientos se logra cuando la persona supera las "tres raíces nocivas" el deseo, el odio y el engaño y alcanza el nirvana (la "extinción") o iluminación, que es un estado de paz inefable.
La rueda de los renacimientos abarca seis estadios de la existencia, que deben ser atravesados por todos los seres dotados de sensibilidad mientras haya en ellos karma negativo que eliminar: dioses (devas), asuras (fuerzas elementales), seres humanos, animales, pretas (fantasmas hambrientos que viven en un purgatorio de deseos insatisfechos) y los habitantes del infierno. Para el budismo, "el infierno" es otro estado purgatorio temporal cuyo carácter y duración es determinado por el karma. Sólo en el estadio humano la persona tiene la oportunidad de despertar espiritualmente, y cuando lo logra, deja de estar atada a la rueda de renacimientos, aunque uno puede elegir renacer si así lo quiere. Igual que el hinduismo, el budismo percibe el renacimiento como una desgracia y una carga. Tanto los hindúes como los budistas creen que el último pensamiento en el momento de la muerte determina el carácter de la próxima encarnación. Es por ello que el morir adecuadamente resulta de vital importancia, y existe un arte yóguico de morir y elegir el próximo vientre materno, que es enseñado a los adeptos. De acuerdo con el Libro Tibetano de los Muertos, el Bardo, o estado posterior a la muerte dura 49 días y consta de tres etapas de deterioro de la conciencia: la de Luz Clara, o serenidad suprema; la de visitas de las deidades Apacibles e Iracundas, y la de un recuento del karma que concluye con el renacimiento. La misma transición de la oída a la muerte se produce en un estado de inconciencia en un plazo de tres y medio a cuatro días. El Libro Tibetano de los Muertos contiene el procedimiento para lograr esa transición sin perder la conciencia.
Gilgul es el término hebreo que significa "transmigración" o tránsito del alma de un cuerpo a otro a través de la muerte. En la Torá no se hace referencia directa al gilgul, aunque se le puede inferir de algunas alegorías. Sin embargo, sí aparece en la kabbalah, el cuerpo de conocimientos místicos basados en las enseñanzas esotéricas primitivas que empezaron a ser compilados por los rabíes a principios de le Edad Media.
De acuerdo con la kabbalah, los judíos primitivos creían en la transmigración de los grandes profetas: Adán se había convertido en David, el que a su vez se convertiría en el Mesías. El Zohar (El Libro del Esplendor), obra muy influyente publicada por primera vez c. 1280 pero cuyo contenido se atribuye a enseñanzas del siglo I d.C., hace extensivo el gilgul a todas las personas. "Todas las almas están sujetas a la prueba de la transmigración..."
Sin embargo, no todos los kabbalistas contemplaban el gilgul como una ley universal; algunos la relacionaban con los pecados contra la procreación y con los tabúes sexuales. Para otros, la reencarnación era el castigo por el asesinato de Abel a manos de Caín, que cesaría sólo cuando todos los muertos hubieran resucitado. Unos pocos entre los kabbalistas planteaban que un ser humano podía transmigrar a un animal, e incluso a una planta o una roca. La kabbalah ocupó un lugar preeminente en el pensamiento judío desde cerca del siglo XIII hasta el siglo XVIII. Las obras kabbalísticas posteriores a esa época desarrollaron la idea de las "almas principales" pertenecientes a una raíz, que era Adán. Al morir Adán su alma se deshizo en chispas que sólo mediante el gilgul podrían reunirse nuevamente. En el siglo XIX la kabbalah perdió el favor de los escépticos eruditos judíos, con lo que el concepto de Gilgul desapareció de la tradición. Desde los inicios del siglo XX, el gilgul no ha sido enseñado en ninguna de las tres ramas principales del judaísmo -la reformista, la conservadora y la ortodoxa- aunque se sigue enseñando en la secta hasídica.

La reencarnación en el cristianismo
Edgar Cayce dijo en cierta ocasión: "¡Puedo encontrar la idea de la reencarnación en la Biblia, y usted puede volver a encontrarla enseguida!" En ninguna de las principales denominaciones cristianas se enseña la reencarnación, pero los cristianos que creen en ella piensan que en la Biblia hay pruebas de la noción a pesar de la ausencia de referencias directas a la misma. En el evangelio de Mateo, Jesús afirma que Juan el Bautista fue en otro tiempo el profeta Elías, quien se suponía debía regresar a la Tierra antes de la llegada del Mesías. Juan el Bautista negó serlo, pero los reencarnacionistas señalan el "olvido" que desciende antes de cada nueva vida para explicar el hecho.
Quienes se oponen a la reencarnación dicen que nada se menciona sobre el tema en el evangelio de San Pablo, y que solamente Jesús tiene la facultad de volver a nacer en la Tierra. Sus defensores sostienen que la idea de la reencarnación está implícita en el Nuevo Testamento y les parece significativo que el mismo Jesús no la refutara, añadiendo que desde la perspectiva de los autores de los Evangelios el retorno de Jesús era inminente y traería consigo el fin del mundo, lo que obviaría toda reencarnación.
De acuerdo con antiguos documentos coptos descubiertos en Egipto en 1945, los gnósticos (que influyeron en la doctrina cristiana) creían en la reencarnación. El manuscrito gnóstico Písíis Sophia (Conocimiento-Sabiduría) relata cómo Jesús explicó a María Magdalena que Él había provocado el renacimiento de almas avanzadas, incluyendo la de Elías como Juan el Bautista. Los cristianos primitivos llamados pre-existencia, entre los que se contaban autoridades ; eclesiásticas tan importantes como ? Justino Mártir y Orígenes, creían en la doctrina de la preexistencia del alma, la cual implica la reencarnación. La doctrina fue aparentemente desterrada en 553, año en que el emperador romano Justiniano, habiéndose proclamado jefe de la Iglesia, anatematizó a Orígenes. Durante la edad media la creencia en la reencarnación sobrevivió, conjuntamente con otras concepciones gnósticas, en sectas religiosas como la de los cátaros o albigenses, en agrupaciones como las de los caballeros templarios, los rosacruces y los francmasones, así como entre los alquimistas, los kabbalistas, etc.
El interés secular occidental en la reencarnación se vio reavivado en el siglo XIX cuando madame Helena P. Blavatsky introdujo el pensamiento esotérico oriental en Occidente a través de la teosofía. En Isis Unveiled, Madame Blavatsky sostiene que la reencarnación era producto de la "ignorancia de los sentidos".
Según los pocos sondeos de opinión que se han realizado, en el siglo XX la creencia en la reencarnación se ha difundido de manera bastante pareja en todo el Occidente predominantemente cristiano.
Una encuesta realizada por Gallup en 1969 entre adultos de doce países reveló que la creencia en la reencarnación variaba desde un 10% en su punto más bajo (Holanda), a un pico del 26% en Canadá. En los Estados Unidos, un 20% creía en la reencarnación, mientras que un 18% fue el resultado en el Reino Unido.
Un sondeo llevado a cabo por la misma empresa en 1981, esta vez sólo en los Estados Unidos, reveló un incremento del 3% entre los reencarnacionistas, llevando la cifra hasta un 23%, o sea, un total de 38 millones de adultos. El número de mujeres creyentes fue ligeramente mayor (25%) que el de los hombres (21%). Aproximadamente una cuarta parte de los feligreses de las principales religiones dijeron creer en la reencarnación: 26% de los metodistas, 25% de los católicos, 22% de los luteranos y 21% de los protestantes.
Ninguna de las principales religiones cristianas reconoce o enseña oficialmente la idea de la reencarnación, aunque diversos miembros de sus clerecías han especulado sobre ella o la han apoyado. La Unity Church (llamada a veces la "Iglesia de la Nueva Era") reconoce la reencarnación e invita a que sea enseñada a sus feligreses. Esta iglesia hace hincapié en la "regeneración" más que en la reencarnación, afirmando que la regeneración, o purificación del alma, es lo que eventualmente hace innecesaria la reencarnación.

Investigación científica de la reencarnación
Se han realizado esfuerzos para investigar científicamente la reencarnación y verificar las afirmaciones acerca de vidas anteriores. El más importante de ellos ha sido la investigación de Ian Stevenson, profesor de psiquiatría de la Universidad de Virginia, que empezó a investigar en 1960 los recuerdos espontáneos de reencarnaciones entre los niños de todo el mundo. También en la India distintos investigadores han estudiado diversos casos desde los años 20. Aunque la reencarnación todavía tiene que ser probada científicamente, Stevenson reconoce la existencia de pruebas en favor de la reencarnación. Un serio problema en la reconciliación de la reencarnación con la ciencia consiste en que esta última no reconoce la existencia de la conciencia independientemente del cerebro, como una esencia que sobrevive al cerebro después de la muerte. Para la ciencia, la herencia y el ambiente son los únicos factores responsables de la formación del cuerpo y la personalidad.

Reencarnación en el sexo opuesto
Las creencias en el desplazamiento sexual varían de una cultura a otra. En las sociedades en las que la condición de la mujer es considerada muy baja (como en el caso de los drusos del Líbano), se considera imposible que un hombre reencarne en una mujer o bien se considera como un castigo kármico. Algunos kabbalistas de los primeros tiempos sostenían que el cambio de género era contra natura, y que el hombre que reencarnase en una mujer sería estéril.
Los creyentes occidentales en la reencarnación aceptan por lo general el cambio de sexo como parte del desarrollo del alma. Stevenson y otros investigadores han recopilado casos de cambio de sexo.

Reencarnación de seres humanos en formas no humanas
Entre hindúes, budistas, muchas tribus africanas y algunas tribus de aborígenes norteamericanos como los inuit, existe la creencia en la transmigración del alma humana hacia dominios inferiores. En África son más comunes las creencias en el renacimiento del alma humana en formas no humanas que las creencias en el renacimiento entre seres humanos. Las formas no humanas comprenden mamíferos, pájaros, reptiles, insectos, plantas y monstruos fabulosos.
En el antiguo Egipto existía la creencia de que el alma humana podía ocupar formas animales en su proceso de perfeccionarse a sí misma, y que podía permanecer hasta tres mil años en la forma animal antes de retornar a la forma humana. Los griegos de la antigüedad tomaron de los egipcios su concepto de metempsicosis, o tránsito del alma del cuerpo de un ser humano al de otro ser humano, o al de un animal. No es seguro que Pitágoras y Platón enseñaron el concepto de metempsicosis de manera literal aun figurada. Según algunos seguidores de Platón, un alma humana que involucionaba no se convertía realmente en el alma de un animal, sino que tomaba posesión del cuerpo a la manera de un daimón o espíritu guía. Justino Mártir, filósofo del cristianismo primitivo (c.100-165), creía que las almas humanas "indignas' eran asignadas a animales salvajes. Esta idea que impugnada por otros cristianos de la época como Tertuliano (c.160-230), que la consideraba ridícula. En el Occidente contemporáneo la transmigración de almas humanas a animales es ampliamente rechazada incluso por quienes creen en la reencarnación, como la Unity Church. El principal argumento que se esgrime contra esta creencia es que la extremadamente desarrollada conciencia humana no podría funcionar en una forma de vida inferior. Además, la ley del karma no se cumpliría, porque un animal no podría entender o percibir de manera alguna lo que está sucediendo. Stevenson no ha podido encontrar en sus investigaciones pruebas convincentes en apoyo de la transmigración a formas inferiores de vida. Las lecturas de Cayce no mencionan ningún hecho de esa clase, aunque Cayce sí declaro que la actitud de la especie humana hacia los animales y la forma en que los trata, produce una reacción kármica del mismo reino animal.

Reencarnación en dominios infrahumanos
Los hindúes y los budistas creen que todas las formas de vida reencarnan como parte de su propia evolución espiritual. En Occidente, algunos creen en un proceso unívoco en el que entidades infrahumanas se elevan hasta el dominio humano y aún más allá. De acuerdo con la teosofía, las especies infrahumanas pertenecen a un "alma grupal", una conciencia colectiva. Así, por ejemplo, cuando un animal muere, su individualidad es absorbida en el grupo. Las nuevas almas de animales renacen de chispas desprendidas del alma grupal, de manera similar a la idea budista del renacer entre los hombres. La teosofía sostiene igualmente que en el planeta Tierra epa ten varias líneas de evolución paralelas. Una de ellas se inicia en los minerales y se abre camino hasta las plantas, los arbustos, los árboles, los reptiles antediluvianos, los mamíferos inferiores, los mamíferos superiores y los animales domésticos, hasta alcanzar finalmente a los seres humanos (que a su vez pueden dividirse en tres niveles: primitivos, corrientes y avanzados). Otra corriente comienza igualmente en los minerales, pero sigue una senda distinta a través de las hierbas, las hormigas, las abejas, las criaturas etéreas, las hadas, los espíritus del fuego, las sílfides, los devas astrales y los devas superiores. Las aves pertenecen a una línea evolutiva que culmina en los espíritus de la naturaleza y los devas.
El concepto de alma grupal está presente en las enseñanzas de Zaratustra, que le preguntó al creador Ahura-Mazda cuál era el destino de la conciencia de un perro cuando éste moría. Según el Vendidad, obra del propio Zaratustra, Ahura-Mazda respondió: "¡Oh sagrado Zaratustra!, se marcha en una corriente de agua donde, de mil perros y mil perras, una pareja -un macho y una hembra- de los Udras (perro de las aguas, quizás una foca o una morsa) que habita las aguas adquiere su ser".
Un caso documentado de supuesta reencarnación animal ocurrida en los años '60 se refiere a un niño vietnamita que recordaba que en su vida anterior tenía un perro que también había muerto y se había marchado con él al más allá. Durante la investigación del caso, el niño fue llevado a la aldea donde decía haber vivido, y donde todavía vivían los miembros de su familia anterior. Uno de los miembros de la familia tenía un perro que nunca antes había visto al niño, pero que actuaba como si lo conociera. En opinión del niño, se trataba de su antiguo perro reencarnado. El niño dijo que antes de la reencarnación no le habían dado frutas, sino una "sopa del olvido”, de la que él se había deshecho dándosela al espíritu de su perro. Al parecer la sopa no afectó al perro en su vida subsiguiente.

martes, 4 de marzo de 2008

LA MUERTE Y LA CIENCIA

En la actualidad, se cree que la muerte se produce cuando las funciones vitales —la respiración y la circulación se detienen. Sin embargo, este punto de vista ha sido puesto en duda, debido a que los avances médicos han hecho posible que se mantenga la respiración y la función cardiaca mediante métodos artificiales. Por ello, el concepto de muerte cerebral ha ganado aceptación. Según éste, la pérdida irreversible de actividad cerebral es el signo de muerte.

Incluso, durante los últimos años, este concepto ha sido puesto en tela de juicio, ya que una persona puede perder toda capacidad para ejercer su actividad mental superior y sin embargo mantener las funciones cerebrales inferiores, como la respiración espontánea. Por esta razón, algunas autoridades argumentan que la muerte debe ser considerada como la pérdida de la capacidad para la interacción consciente o social. El signo de muerte según este principio es la ausencia de actividad en los centros cerebrales superiores, principalmente el neocórtex.


El concepto de muerte en la sociedad es más que un interés académico. La rapidez del progreso de la tecnología médica ha suscitado cuestiones morales e introducido nuevos problemas en la definición legal de muerte. Entre los puntos que se debaten están los siguientes: ¿Quién debe establecer los criterios de muerte?, ¿el médico, las legislaturas, o cada persona por sí misma?, ¿es moral o legalmente permisible adelantar el momento de la muerte interrumpiendo el soporte artificial?, ¿tiene la gente el derecho de solicitar que estas medidas extraordinarias dejen de adoptarse de modo que un individuo pueda morir en paz?, ¿puede el pariente más cercano o el tutor legal actuar en nombre de la persona que agoniza en estas circunstancias? Todas estas cuestiones han adquirido ahora un carácter más urgente ante la aparición de los transplantes de tejidos humanos. La necesidad de órganos debe ser sopesada frente a los derechos del donante que agoniza.

lunes, 3 de marzo de 2008

EXORCISMO

Se conoce con este nombre a la expulsión de espíritus malignos o problemáticos, fantasmas, demonios u otras identidades no físicas. Los ritos de exorcismo existen en todo el mundo y su uso es común en aquellas sociedades donde se cree que los espíritus interfieren frecuentemente en los asuntos terrenales ocasionando enfermedad, mala suerte y desastres.
Los exorcismos son realizados por individuos apropiadamente entrenados, generalmente un dignatario religioso o un adepto del ocultismo o la magia.
Algunos psiquiatras y psicólogos occidentales realizan una especie de exorcismo en el tratamiento de pacientes que manifiestan estar poseídos por seres extraños y personalidades ajenas. La palabra "exorcismo" se deriva del griego exousia, que significa "juramento", y se refiere a "poner al espíritu o demonio bajo juramento" o invocar una autoridad más alta para obligar a la entidad a actuar de manera contraria a sus deseos.
Los ritos varían desde simples invitaciones a retirarse hasta ceremonias elaboradas, algunas de las cuales incluyen bailes y trance donde se le pide a los dioses que ayuden a expulsar al ente ofensivo. Dichas ceremonias incluyen la oración, la producción de malos olores, quemar incienso, pronunciar vituperios y el uso de sustancias sagradas como hierbas, agua bendita o sal.
El cristianismo asocia el exorcismo con la posesión demoníaca ‑que se cree es causada por Satán‑ y es considerado como una batalla por el alma de la víctima. Sólo los católicos romanos ofrecen un rito formal de exorcismo, el Rituale Romanum, que data de 1614. Antes de que el rito pueda llevarse a cabo, deben manifestarse ciertos síntomas como la levitación, la manifestación de una fuerza sobrehumana, la clarividencia, el perjuro de palabras o frases religiosas o "hablar en lenguas". El rito se caracteriza por la violencia: la víctima sufre dolores, contorsiones extraordinarias, desagradables ruidos corporales, diarrea, escupitajos, vómitos y pronuncia malas palabras. La temperatura del cuarto puede variar alternadamente de fría a caliente y los objetos pueden volar en derredor.
Algunos protestantes también realizan exorcismos. Los pentecostalcs y otros carismáticos practican el "ministerio de la entrega", en el cual las personas dotadas arrojan demonios y curan mediante la imposición de las manos.
En el judaísmo, la literatura rabínica del siglo I se refiere a rituales de exorcismo. Quizás el rito más conocido concierne al dybbuk, un espíritu maligno o alma errante que toma posesión del alma de la víctima y le causa enfermedades mentales y un cambio de la personalidad. El dybbuk es expulsado a través del dedo meñique del pie de la víctima y puede ser redimido o bien enviado al infierno.
En el hinduismo, budismo, islamismo, shintoísmo y muchas otras religiones, se culpa constantemente a los espíritus y fantasmas por toda suerte de males y se les arroja fuera de lugares y personas. La mayoría de tales aflicciones no son consideradas batallas campales por las almas. Las técnicas usuales de exorcismo hindú, por ejemplo, incluyen soplar humo de estiércol de vaca, apretar una piedra de sal entre los dedos, quemar estiércol de cerdos, golpear a la víctima o jalarle del cabello, usar monedas de cobre como ofrenda, recitar oraciones o mantras y ofrecer regalos de dulces u otros presentes.
En algunas tradiciones shamánicas se cree que los demonios o espíritus causan enfermedades y desgracias robándose las almas. El shamán entra entonces en un trance extático para buscar y recuperar el alma y expulsar al demonio.
El exorcismo en la teología católica haya su base en los textos evangélicos donde se narran las liberaciones y expulsiones de demonios que realizó Jesús como con los endemoniados de Gadara (Mt. 8,28 ss) a un joven (Mc. 9,21) mencionando por ejemplo que para vencer a algunos demonios se requería la práctica de ayuno y oración (Mt. 17,19) un poder que incluso tenían sus discípulos (Lc. 10,17). Siete casos específicos de posesión se relatan en los evangelios. En los primeros siglos no existían fórmulas precisas para exorcizar, aunque sí el carisma de expulsar demonios, el cual era usado por los apologistas cristianos para mostrar la divinidad del cristianismo, por ejemplo Tertuliano (Apología. 23) o Minucio Félix (Octavio 27).