lunes, 22 de diciembre de 2008

SANTA CLAUS

El cine y la Coca Cola se han cuidado de convertir a Santa Claus en el personaje más universal de la Navidad. Por encima de su auténtico protagonista, que es el recién nacido Niño Jesús, por encima de los Reyes Magos y de Papá Noel, al que de hecho ha quedado asimilado y si no ha pasado por encima del árbol de Navidad es porque lo ha necesitado como espacio físico en que entregar sus regalos y como espléndido y luminoso aliado.

Santa Claus es un personaje extraído de la leyenda de un Saint Nicolaus, es decir San Nicolás, obispo de Mira, en Licia, Asia Menor, que regalaba a los niños juguetes que él mismo fabricaba. Su relación con la Navidad es que era ésta la fecha que elegía para hacer sus regalos... La generosidad de este santo obispo se hizo legendaria, y con cargo a esta leyenda se le atribuyen milagros de ubicuidad y de obtención mágica de recursos para poder atender a sus sagradas obligaciones para con los niños. El santo al que se atribuye tanta beneficencia es anterior incluso a la cristianización de las saturnales romanas, tan importantes, tan arraigadas, tan del pueblo llano y tan dadas a la generosidad y a los regalos, que no fue difícil convertidas en fiestas navideñas. Ahí tenemos situado, pues, al antecesor de Santa Claus, que murió el 6 de diciembre del año 342 y fue sepultado en Bari, Italia, donde se encuentran sus reliquias. Esa es la santa y piadosa leyenda.

El nombre de "Santa Claus" surgió en Estados Unidos por el cruce con la palabra "Sinterklaas" con que los inmigrantes holandeses se referían a algunos personajes religiosos cuya misión era dar regalos. Luego sobre él se tejieron diversas leyendas, entre las que más fortuna hizo fue la de su procedencia de las frías tierras del Polo Norte, cruzada de nuevo, claro está, con las respectivas y venerables leyendas nórdicas, que hacen venir de allí el personaje navideño portador de regalos, montado en trineo tirado por ciervos. Y del mismo modo que los Reyes Magos con sus camellos no tienen dificultad alguna en llegar a todas las casas, generalmente por las ventanas sin importar a qué altura estén, el Santa Claus montado en trineo tampoco tiene dificultad alguna para acceder a todas las casas especialmente a través de las chimeneas para dejar en ellas los regalos que cada uno haya merecido.

Esta imagen es creación de un caricaturista norteamericano del siglo XIX Thomas Nast, quien representó así a Santa en una ilustración y así quedó representado en adelante como un señor gordo, bonachón, de sonrojadas mejillas y de cabello y barbas blancas. De 1863 a 1886 este personaje fue el centro de atracción de la revista Harper's Weekly.

Pero quien lo vistió de rojo, y como consecuencia del desarrollo de las técnicas de impresión en color. Fue la Coca Cola, que adoptó como color de la marca el rojo, y en 1931 encargó al pintor Habdon Sundblom la adaptación del personaje a la imagen comercial de la marca, dándole no sólo su color, sino también una concienzuda elaboración que lo hiciese más simpático, humano, atractivo. A partir de ahí Santa Claus conquistó el mundo: pasó a Inglaterra, y de ahí saltó a Francia engulléndose al Bonhomme Noël, origen de nuestro Papá Noel. Y en España consiguió hacerse un sitio en la Navidad junto a los Reyes Magos, pero sin desbancarlos. Todavía.

viernes, 19 de diciembre de 2008

La inexplicable desaparición del pequeño Oliver Thomas

Pesadilla antes de Navidad: La noche previa a la Navidad es un momento mágico para los niños de medio mundo. La tradición habla de la llegada de un ser fabuloso que trae regalos a los pequeños. Pero en ocasiones del cielo no baja el bonachón de barba blanca, sino la encarnación del terror.

El 24 de diciembre de 1909 la familia Thomas se preparaba para disfrutar un año más de una entrañable celebración. Durante todo el día los miembros de esta familia de granjeros del pequeño pueblo de Brecon, situado en Gales (Reino Unido), habían estado preparando la gran fiesta que, como cada año, reuniría a la familia y a varios amigos y vecinos. Todo parecía ideal para disfrutar de una noche de alegría en la que el espíritu de la Navidad lo impregnaba todo. Incluso el clima parecía querer unirse a la celebración, pues acababa de nevar y el campo estaba cubierto con una capa de nieve que convertía el paisaje en una postal. Al comenzar la cena todo era perfecto.

El guiso de la señora Thomas impregnaba el ambiente con un olor apetitoso, demostrando una vez más que era una excelente cocinera. Los niños jugaban y esperaban el momento de los regalos y los mayores conversaban animadamente. Nada hacía presagiar que algo acechaba a aquella gente, que el misterio se iba a materializar de forma trágica rompiendo para siempre la familia.

Gritos de socorro

La velada fue avanzando en medio de una conversación agradable. El cabeza de familia, Owen Thomas, era un excelente anfitrión, como había demostrado en anteriores ocasiones, y de su hospitalidad disfrutaban esa noche el comisario del pueblo, el veterinario y el pastor de una localidad vecina, todos acompañados de sus familias. En total eran quince personas. La fiesta avanzaba y la señora Thomas se percató de que se estaba acabando el agua. No había problema, a apenas unos metros de distancia de la casa tenían un pozo y solo había que ir con un cubo a sacar un poco de agua. Como los mayores estaban en medio de una agradable charla, decidió pedir a su hijo Oliver que saliese un momento a buscar agua al pozo. Una decisión que la pobre mujer lamentaría toda su vida. Oliver tenía once años, había ido en multitud de ocasiones a por agua al pozo y no le importaba demasiado dejar durante unos instantes el cálido ambiente que proporcionaba el hogar encendido. Afuera hacía frío, pero había acabado de nevar y se veían ya las primeras estrellas. El niño se calzó unas pesadas botas y, protegido con una bufanda que amorosamente le había colocado su madre, salió resuelto con un balde en la mano. Solo habían pasado unos instantes –después dirían los que se quedaron en la casa que apenas fueron diez segundos– cuando todos se estremecieron al oír un alarido del pequeño. Fue un grito penetrante, más que nada de sorpresa, que inmediatamente después fue seguido por llamadas de auxilio.

“¡Socorro, se me llevan!”, llegó a decir Oliver. Todos los presentes salieron corriendo hacia la puerta. Owen Thomas cogió su fusil, que colgaba de la chimenea, mientras exclamaba: “¡Un lobo!”. ¿Era posible que ese gran depredador hubiese atacado al muchacho? El veterinario, el pastor, otro granjero invitado... todos salieron portando armas, palos y una linterna. Pero en el exterior no estaba el pequeño, no había nadie. Pudieron seguir el rastro que el niño había dejado en la nieve: unas pisadas que se interrumpían bruscamente, como si hubiese desaparecido sin dejar rastro o algo lo hubiese alzado para llevárselo volando. Durante unos segundos, que parecieron eternos, cundió el desconcierto, pero aún quedaba algo que les helaría la sangre. Todos pudieron escuchar claramente de nuevo los gritos de Oliver, que, para sorpresa general, venían de encima de sus cabezas: “¡Socorro, me han cogido! ¡Socorro!”, le oyeron gritar. Todos los que lo estaban buscando quedaron anonadados. Miraban hacia el negro cielo, pero no eran capaces de ver nada. Ninguna pista, ningún indicio que les mostrase dónde se encontraba el niño y qué era lo que le estaba llevando hacia el cielo. Pidieron al chico que les indicase dónde estaba, pero el pequeño Oliver ya no dijo nada coherente, solo chillaba. Unos gritos de terror que pudieron oír durante casi un minuto los desesperados familiares y amigos, un tiempo eterno de impotencia en el que, para su desconsuelo, la voz del pequeño se fue volviendo cada vez más tenue, como si fuese subiendo y estuviese cada vez más lejos. Algo incomprensible había sucedido. Alguien había arrancado a Oliver del suelo y se lo había llevado volando. Aun después de la desaparición, y en medio del desconcierto, varios de los asistentes siguieron buscando con la lámpara alguna pista. Pudieron constatar que las huellas del muchacho sobre la nieve parecían normales, pero se interrumpían bruscamente a unos 20 m de la casa. A 2 m de las últimas huellas se encontraba el cubo, como si el niño lo hubiese soltado desde una cierta altura. El resto de la noche siguieron dando vueltas, llamándolo, intentando descubrir entre las tinieblas alguna pista que explicase el suceso.

Hipótesis descartadas

Al amanecer llegaron unos policías de Brecon, que registraron con detalle toda la casa, los alrededores y el pozo, al que bajaron. Pero no encontraron ninguna pista, nada que pudiese explicar qué le había pasado al pequeño y, sobre todo, dónde estaba. La única explicación que parecía plausible era que algo se lo había llevado volando. Pero ¿qué ave hay en el País de Gales capaz de levantar el vuelo con un niño de 11 años entre sus garras? Ninguna, ni la mayor águila podría hacerlo. Los aviones también quedan descartados, pues en 1909 la aviación todavía estaba poco desarrollada y, sobre todo, el ruido del motor sería claramente reconocible. Un silencioso planeador tampoco parece ser la solución, pues la ausencia de un sonido que le delatase no evitaría la posibilidad de maniobrar para capturar al niño y levantar el vuelo permaneciendo casi un minuto encima de la casa. Un globo habría sido difícil de maniobrar y, además, habría sido visto a la luz de las estrellas que brillaban en el firmamento.

El caso del pequeño Oliver, secuestrado por algo que bajó del cielo en la Nochebuena, quedó finalmente archivado como pendiente de solución. Es uno más de los que están a la espera de ser resueltos, algo en lo que casi un siglo después muy pocos confían. La gran cantidad de testigos, entre los que se encontraban personas de reconocida reputación, permite descartar que la extraña historia de la desaparición del niño fuese algún tipo de engaño, una mentira urdida para ocultar tal vez algún crimen. La falta de una solución al misterio de la desaparición de Oliver Thomas no evitó que en los años siguientes los niños de aquella zona viviesen la víspera de la Navidad con una mezcla de sentimientos contrapuestos. Era una fiesta de alegría, con regalos para los pequeños, pero sabían que algo inexplicable se había llevado volando al pobre Oliver. Tal vez algo había bajado del cielo, pero en lugar de traerle regalos se lo había llevado para nunca volver a ser visto. “Santa Claus es bueno y trae regalos, pero ¿existe algún ser malo que viene volando en la Nochebuena para llevarse a niños?”, preguntaban los pequeños de la zona a sus padres. “No, hijo –les respondían estos–, solo hay un anciano bondadoso que llega con regalos en un trineo tirado por renos mágicos.” Pero por las noches, sobre todo durante la víspera de la Navidad, los padres que pronunciaban estas tranquilizadoras palabras no perdían de vista a sus hijos en ningún momento. Sabían que si algo inexplicable se había dado cita una Nochebuena, podría volver a por otro niño.

Ave gigante o monstruo de otra dimensión

Durante casi cien años han sido muchos los intentos de explicar lo que le ocurrió a Oliver Thomas. Desde un primer momento se barajó la posibilidad de que lo capturase algún tipo de pájaro. En 1977 muchos se acordaron de este misterioso caso después de que se conociese el ataque de dos misteriosas aves negras a un niño de diez años llamado Marlon Lowe. El suceso tuvo lugar en Michigan (EE.UU) y no acabó trágicamente porque su madre intervino rápidamente y arrebató a su hijo de las garras de los animales cuando ya se estaban llevando por el aire al pequeño. Casos similares han ocurrido en diversos lugares del mundo y en buena parte continúan siendo un misterio, pues según los testigos no se trata de aves conocidas. En ocasiones se ha especulado que podría tratarse de algún superviviente de los teratórnidos, unos parientes del cóndor de los Andes que vivieron hasta hace unos 10.000 años en Norteamérica. Pero esas especies no se conocen en Europa. A veces las descripciones de las criaturas son aún más extrañas, pues parecen reptiles alados como los que vivían en la época de los dinosaurios. Otra hipótesis recuerda que, según diversas tradiciones, durante momentos determinados del año, como la víspera de Navidad, de Todos los Santos o de San Juan, los límites de nuestro mundo parecen quedar mas difusos, siendo posible que salten hasta nuestra realidad entidades que normalmente no viven entre nosotros. Entidades que forman parte del mundo de monstruos como el chupacabras, el diablo de Jersey o el demonio de Dover y que han sido vistas en diversas ocasiones y lugares.

jueves, 18 de diciembre de 2008

¿Hay Vida En El Más Allá?

El único fenómeno del cual el mundo tiene certeza es la muerte. Sin embargo, ¿cuántos de nosotros meditamos sobre este gran trauma y nos preparamos para afrontarlo? ¿Qué sucede cuando morimos? ¿Nada? ¿Conseguimos la felicidad completa, "la vida eterna", o simplemente hay un algo insustancial y vago?

Los materialistas y ateos responderían "nada". Para ellos la vida es un proceso puramente biológico; cuando el cuerpo muere la personalidad muere con él, del mismo modo que deja de generarse electricidad cuando una batería falla. Para estas personas la vida no puede "ir a ningún otro sitio". Estos racionalistas señalan a menudo que la antiquísima creencia en una vida futura es un mero reflejo del terror que el hombre siente por la muerte, por ser olvidado. A, través de la historia ha esquivado esta idea impensable o la ha rodeado con un optimismo ritual y pueril. El materialista opina que ésta es una actitud cobarde e intelectualmente deshonesta -debemos enfrentarnos con los "hechos"- después de todo, es cierto que lo único que sabemos de la vida es la muerte.

Pero, ¿qué sucede con el concepto de "vida eterna"? Casi todos los religionistas han predicado que sobrevivimos a la muerte corporal -de una forma u otra-. Probablemente estaríamos en lo cierto al afirmar que cuanto más sofisticada es la religión es más probable que conciba cierta forma de "vida eterna" para algún elemento inmortal del individual, bien en una clase de paraíso o en medio de los tormentos del infierno. Si el materialista está en lo cierto, no hay que hacer ninguna otra aclaración. Si los religionistas tienen razón, entonces conviene que cada individuo busque su salvación. Pero en el contexto de la religión, la creencia en una vida futura debe permanecer coma una cuestión de fe, y sólo la experiencia de nuestra propia muerte puede demostrarnos sí estamos en lo cierto o no.

Pero ¿que ocurriría si ninguno de estos rígidos conceptos fuera correcto?, ¿qué pasaría si algo -una cierta chispa de vida, vestigio de la personalidad humana- sobreviviera y entrara en un nuevo tipo de existencia, no en función de un premio o de un castigo, sino simplemente obedeciendo a una ley natural? Hoy en día muchos investigadores de fenómenos psíquicos opinan que el equilibrio de pruebas sugiere que "algo" sobrevive, no necesariamente durante mucho tiempo después de la muerte, y tampoco es necesario que sea la personalidad completa. Según estos investigadores, algunas partes del sistema de memoria de un individuo y sus rasgos de personalidad parecen sobrevivir a veces durante un tiempo, permitiendo a su ser incorpóreo ser reconocido por seres vivos que le conocieron, aunque más tarde quizás se desintegre para siempre.

Del análisis objetivo de pruebas significativas de la supervivencia humana se ha ocupado especialmente la Society for Psychical Research (SPR), fundada en Londres en 1882. Pero la SPR nunca hubiera sido fundada a no ser por los acontecimientos que tuvieron lugar en una generación anterior, los cuales asimismo podrían no haber tenido nunca lugar sin la emancipación del pensamiento del Hombre, iniciada en el Renacimiento.


Mentes Y Posiciones Cerradas

A medida que los horizontes del conocimiento se ensancharon, la posición materialista se fortaleció y hacia mediados del siglo XIX un "pensador" era generalmente considerado como una persona que se había liberado de las trabas de la "superstición". Los religionistas, sintiéndose atacados, tendieron a cerrar sus mentes a los hechos que minaban su postura y adoptaron irónicamente la misma actitud que algunos científicos adoptan hoy al enfrentarse con pruebas arrolladoras de ciertos fenómenos paranormales ("No creemos en ellos, y por lo tanto no son verdad"). A la luz de un racionalismo tan sólido, se buscó una fe con resultados que pudieran ser demostrados. Por ejemplo, cuando empezaron las actividades poltergeist en la casa de la familia Fox, en Hydesville (Nueva York) en 1848, el público se emocionó tremendamente. Por fin había aquí una "prueba" de la supervivencia del espíritu, un antídoto contra la frialdad del materialismo: nació el espiritismo, que llegaría a convertirse en un movimiento enormemente significativo, cuya expansión habría de abarcar el mundo entero.

Los espiritistas creen que su fe demuestra incontrovertiblemente la existencia de una vida después de la muerte. Aseguran que en las sesiones de espiritismo los espíritus mueven mesas pesadas, tocan instrumentos musicales, etc., parientes fallecidos y amigos hablan con sus propias voces acerca de acontecimientos conocidos sólo por ellos mismos y por uno o más de los presentes y algunas veces incluso toman forma visible con su propia apariencia, delante de ellos.

Pero los científicos rehusaron investigar los fenómenos de las sesiones de espiritismo, mientras que los espiritistas -y los cristianos fundamentalistas- se refugiaban en una sencilla fe que consideraba los descubrimientos científicos como provocados por un ingenio demoníaco. En este clima de tensiones opuestas se fundaron la SPR y otras sociedades similares. Los miembros fundadores eran por lo general intelectuales que se oponían a las posiciones intransigentes de "creyentes" y "escépticos", y que creían que los juicios objetivos acerca de fenómenos anormales deberían haberse hecho mucho tiempo atrás.

La enorme cantidad de material recogido desde 1882 puede ser clasificado de la siguiente forma: fantasmas; comunicaciones a través de médiums; correspondencias cruzadas; visitas inesperadas de comunicantes; fantasmas "cordiales" vistos por los moribundos; experiencias de pacientes durante una "muerte clínica"; experiencias fuera del cuerpo; pruebas con cifras y cerraduras de combinación; pactos con las apariciones; pruebas a favor de la reencarnación; fenómenos de voces electrónicas.

Los fantasmas. El primer gran éxito de la SPR fue un censo de alucinaciones. Se recogieron 17.000 respuestas a un cuestionario sobre la frecuencia de alucinaciones, y de éstas -después de agotar todas las posibles explicaciones- aproximadamente el 8 % quedaron como experiencias aparentemente genuinas de fantasmas. Entre ellas figuraban varias apariciones de personas que se decían haber aparecido hasta 12 horas después de su muerte. Por aquel entonces, los investigadores pensaron que esto podría ser debido a una transferencia de pensamiento por parte de la persona recién fallecida a los seres con los que tenía contacto en vida, siendo retrasada dicha transferencia quizás hasta que las condiciones eran propicias para que apareciera.

La mayoría de los parapsicólogos que aceptan de alguna forma la evidencia de los fantasmas están de acuerdo en afirmar que la transferencia de pensamiento -que incluye pensamientos, sentimientos, e imágenes visuales y auditivas, y que actualmente serían clasificados como percepciones extrasensoriales- es una facultad que poseen algunas mentes humanas y podría ser utilizada para explicar los fantasmas de los vivos. También parecen confirmarlo las presuntas "visitas astrales" que algunas personas aseguran haber hecho a personas conocidas. Quienes afirman esto no sólo "ven" las habitaciones en las cuales se proyectan mentalmente, sino que describen con extrema precisión detalles (por ejemplo, cambios de muebles) de los cuales sus partes conscientes no tenían conocimiento.

Sin embargo, un 6 o 7 por ciento de las apariciones registradas en el estudio hecho por la SPR aparecieron demasiado tiempo después de la muerte para ser consideradas como comunicaciones telepáticas demoradas. Este pequeño número de casos permaneció después de que todas las otras explicaciones -trucos, exageración, identificación errónea, sueños, etc.- habían sido examinadas y rechazadas.

Algunos investigadores psíquicos creen que sólo aquellos casos en los que las apariciones demuestran tener un objetivo especifico para manifestarse pueden ser tomados como prueba significativa de la supervivencia, e incluso entonces quizá deban ser clasificados como evidencia de una supervivencia transitoria. Podría ser también que, puesto que el recuerdo sobrevive al acontecimiento recordado, del mismo modo un pensamiento o un fuerte deseo de comunicar algo urgentemente a los vivos podría continuar existiendo después de la muerte, hasta que su objetivo fuera cumplido; luego, dicho pensamiento también moriría.

Desde los primeros tiempos de la SPR muchas mentes privilegiadas se han planteado pruebas de supervivencia proporcionadas por tales apariciones. Algunos han creído que seguimos viviendo; otros, no.

Comunicaciones a través de médiums. Al mismo tiempo que los fantasmas estaban siendo investigados por la SPR, también lo estaban siendo las actividades de los médiums -o, como se les llama de una forma más correcta, sensitivos-. Estos son personas (en la mayoría de los casos mujeres) que poseen una capacidad psíquica poco común, que ponen de manifiesto de diferentes formas. Según sus dotes específicas, se clasifican generalmente como sensitivos "mentales" y "físicos".

Un sensitivo "mental" puede entrar en un estado hipnótico, en el cual un "control" (un "espíritu controlador" o un "espíritu-guía") habla a través de él con una voz a menudo completamente diferente de la suya, y a veces le da una apariencia diferente, de forma que una mujer europea puede temporalmente adoptar la semblanza y la voz de, por ejemplo, un hombre chino.

A través del médium, el control puede introducir otros supuestos espíritus que pueden ser reconocidos por la voz, el gesto, o la naturaleza de la información secreta que transmiten a uno de los presentes en la sesión de espiritismo. Tales espíritus, así llamados, pueden parecer poco convincentes, aunque también debe decirse que quienes quieran creer en ellos creerán igualmente. Sin embargo, estas personas sensitivas poseen a menudo sorprendentes dotes de clarividencia, clariaudiencia y otras cualidades de percepciones extrasensoriales. Algunas veces se comunican a través de tablas de escritura espiritista, como "Patience Worth", o a través de la escritura automática, o dibujan al estilo de reconocidos maestros, o componen de la misma forma que los músicos famosos.

Otro tipo de sensitivo es el médium "de voz directa", que normalmente no entra en estado hipnótico y en cuya proximidad se manifiestan voces de ambos sexos y de diferentes tipos, con varios acentos y a veces en otras lenguas identificables.

La calidad de estas comunicaciones es enormemente variable. Muchas de ellas son superficiales y curiosamente materialistas. Se criticó con desprecio, en los primeros tiempos del espiritismo, el hecho de que los espíritus parecían pasar su vida futura fumando puros y bebiendo whisky. Con todo, esto y otras pruebas "materialistas" similares confirmarían las enseñanzas de algunas religiones orientales en el sentido de que el primer paso después de la muerte implica una estancia en el reino de la ilusión, donde el ego puede abandonarse a todo lo que quiera.

Otras comunicaciones, en cambio, poseen un alto grado ético y literario. Sin embargo, cuando se les desafía a dar una descripción inequívoca de lo que nos espera al otro lado de la vida, a menudo los comunicantes contestan (quizás con cierta razón) que la existencia del espíritu es indescriptible. Pero algunos espíritus -escasos- son más comunicativos, y a través de sus comunicaciones emerge una fotografía extraordinariamente consistente de la vida futura.

Los médiums "físicos" son aquellos en cuya presencia, tanto si entran en un estado hipnótico como si no, ocurren fenómenos físicos. Entre ellos se pueden incluir golpes fuertes en la mesa de espiritismo o en varios puntos de la habitación; algunas veces parecen utilizar un código inteligente, como si intentaran transmitir algún mensaje. También son corrientes los fenómenos telekinéticos (objetos sólidos que se mueven como si fueran manejados por una persona invisible), elevaciones del médium y de los objetos, manos invisibles que tocan instrumentos musicales, y la materialización completa de formas de espíritus.

Desgraciadamente, en la breve historia del espiritismo muchos de estos fenómenos han sido falseados, pero todavía quedan muchos casos de auténticos médium físicos que desafían cualquier explicación "racional". Se han confeccionado muchos tests para intentar atrapar a los impostores y, en un menor grado, para determinar el alcance de los fenómenos. Uno de ellos consistió en poner un plato de cera caliente en una sesión de espiritismo físico; la mano visible del espíritu se sumergió en la cera, la cual rápidamente se endureció. La mano desapareció dejando el molde intacto.

Sin embargo, incluso tales demostraciones no prueban en si mismas la supervivencia de la muerte. Muchos investigadores afirman que el material acumulado por la SPR contiene evidencias mucho más sólidas.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

A la Caza de los Fantasmas

Para llevar a cabo una investigación acerca de apariciones fantasmales se requiere paciencia, inventiva y habilidad. ¿Cómo puede un buen cazador de fantasmas poner a prueba la autenticidad de una aparición?

"El miedo descendió sobre mi, y el temblor hacía que chocaran mis huesos. Entonces un espíritu pasó ante mi rostro: se me pusieron los pelos de punta. Estaba inmóvil, pero no pude discernir su forma." Así describe el libro de Job (4, 14-16) la reacción ante un fantasma.

La palabra "fantasma" deriva de un verbo griego que significa "aparecer" o "mostrarse". Por tanto, el fantasma es un fenómeno básicamente sensorial, y suele provocar reacciones muy traumáticas. Afortunadamente, algunas personas, en vez de atemorizarse, están dispuestas incluso a consagrar su vida a la búsqueda activa de fantasmas.

Una investigación minuciosa debe empezar por buscar las causas naturales que pueden haber dado lugar al incidente estudiado. Los ruidos fantasmales a menudo son provocados por elementos totalmente cotidianos, como pueden ser el viento, las tuberías del agua, la vibración de ventanas o de adornos por efecto del tráfico callejero, ruidos de animales, etc. en cierta ocasión se dio un caso en la casa de una familia en la que los fantasmas eran nada menos que ratas empujando manzanas almacenadas en la cavidad de una pared del desván. Otro caso famoso es el del "fantasma de la calle Villarroel", que a finales de la década de los 70 trastornó la opinión ciudadana en España: el presunto "fantasma" resultó ser un hombre sin empleo ni hogar que solía refugiarse en una casa en construcción una vez se habían marchado los operarios. Los ruidos que causaba empezaron por inquietar al sereno de la obra y a los vecinos... ¡pero la "vox populi" acabó asegurando que se trataba del alma en pena de un cadáver que había sido hallado al excavar los fundamentos de la nueva casa!

Ante este tipo de hechos, el investigador debe mostrarse escéptico acerca de las explicaciones paranormales que le parezcan sospechosas. Sin embargo, debe tener también en cuenta todo lo que hasta ahora se sabe de los fantasmas: su existencia ha sido aceptada con naturalidad en casi todas las culturas, a lo largo de la historia. Sólo en Occidente, el desarrollo del punto de vista científico en los últimos siglos ha hecho que su existencia y su naturaleza fueran cuestionadas. Sin embargo, a lo largo de la historia los intentos serios de descubrir qué son y de estudiar su conducta han sido muy escasos. Y muchas personas todavía reaccionan ante la idea de los fantasmas con una mezcla irracional de temor, ridículo y risa. Estamos demasiado acostumbrados a rechazar lo que no entendemos.

Los fantasmas son rechazados hasta por quienes los han visto. "¡Lo vi, pero no me lo creo!" es una reacción bastante frecuente, ya que la mente humana rechaza instintivamente las informaciones que no puede asimilar e interpretar. Es evidente que harán falta más y mejores pruebas antes de que los fantasmas hallen su lugar en los libros de física y biología.

Para empezar, ¿es un fantasma? Algunos diccionarios lo definen como "figura de una persona muerta que se aparece a los vivos". Esta explicación de la naturaleza de los fantasmas no es suficiente, ya que, como hemos visto, no es rara la aparición fantasmal de personas todavía vivas. La palabra "fantasma" ha adquirido también otros sentidos, como por ejemplo el de "persona entonada o presuntuosa", o de "imagen de un objeto impreso en la fantasía". Frederick W. H. Myers, uno de los primeros investigadores psíquicos, se refería a la noción de "vestigio" que posee el concepto de fantasma, cuando los caracterizó como "una manifestación de energía personal persistente", conclusión a la que llegó después de estudiar una gran cantidad de datos.

Existen numerosas pruebas de que ver y oír una presencia fantasmal es una experiencia muy común. En 1889, la Society for Psychical Research, de la que Myers fue socio fundador, se embarcó en una investigación de experiencias de apariciones, basada en la siguiente pregunta: ¿Alguna vez, creyendo estar totalmente despierto, tuvo usted la clara impresión de ver o ser tocado por un ser viviente o un objeto inanimado, y esa impresión, por lo que usted sabe, no se debió a cualquier causa física externa?

Casi el 10 % de las respuestas de las 17.000 personas encuestadas fueron afirmativas. Otras encuestas en varios países confirmaron este porcentaje. Por otra parte, el investigador G. N. M. Tyrrell, en su libro Apparitions (Apariciones), publicado en 1943, identificaba cuatro grupos principales en base a la conducta de los fantasmas, mucho mejor conocida -por cierto- que su propia naturaleza.

El primero de los grupos de Tyrrell está formado por las apariciones que frecuentan habitualmente un lugar determinado. En conjunto no provocan miedo, son inofensivos y a veces llegan a ser tratados como un miembro más de la familia. Además, existen numerosas pruebas fotográficas que respaldan su existencia.

Ya se ha dicho que existen muchas fotografías de fantasmas tomadas en iglesias: de monjes, de clérigos, de personas arrodilladas... Dos sacerdotes fantasmales aparecieron, junto con la turista lady Palmer, en una foto que tomó en 1925 su amiga la señorita Townsend cuando estaban visitando la basílica de santa Juana de Arco en Domrémy (Francia). Pero el premio a la calidad técnica en una fotografía de un fantasma habría que concedérselo al reverendo K. F. Lord, de Newby (Yorkshire); registró la presencia de un espectro muy nítido -aunque un poco teatral- que se hallaba de pie ante el altar con las cuencas de los ojos vacías.

La segunda categoría de fantasmas, según la clasificación de Tyrrell, es la de las apariciones post-mortem. Suelen tener lugar poco tiempo después de la muerte de la persona vista, y no acostumbran a estar relacionadas con un lugar o un acontecimiento concreto.

En tercer lugar están los casos "críticos": la aparición de alguien que está viviendo una experiencia importante (a menudo desconocida por el testigo de la aparición), como un accidente, una enfermedad o, por supuesto, la muerte.

La última de las categorías de Tyrrell es la aparición menos conocida y quizás la más sorprendente de todas: la aparición inducida experimentalmente. En estos casos, el fantasma no es el de una persona muerta o moribunda, sino el de alguien que está con vida, y que intenta deliberadamente hacer que su imagen se haga visible a otra persona. Tyrrell se preguntó por qué un experimento tan fácilmente repetible había sido ignorado por los investigadores, sobre todo teniendo en cuenta que las experiencias de viajes astrales si han sido objeto de estudio.

Los fantasmas cuya existencia ha sido comprobada de forma más fehaciente, y que son considerados genuinos por los investigadores serios, presentan generalmente una serie de rasgos comunes. Obedecen a las leyes de la perspectiva, según el punto del espacio desde el que se los contempla; parecen sólidos; se reflejan en los espejos y producen ruidos sincronizados con sus movimientos (pasos, etc.). Generalmente dan la impresión de ser tan reales como las personas vivientes, aunque sólo durante un período limitado. Su presencia también puede provocar en los observadores una súbita sensación de frío.

Esa sensación constituye también un rasgo típico de los casos de actividad poltergeist, aunque los poltergeists son muy distintos de los fantasmas convencionales: hacen que se muevan los objetos, pero no son visibles. Se ha informado de apariciones asociadas con actividad poltergeist, pero nadie ha visto todavía a un fantasma arrojando un objeto.

Por otra parte, los fantasmas suelen ser vistos por más de una persona al mismo tiempo, aunque no necesariamente por todos los presentes. Esto suele ser suficiente para descartar la posibilidad de engaño o error, pero la verdadera naturaleza de la aparición sigue siendo un misterio. No tiene por qué ser necesariamente un espíritu desencarnado; podría ser un fenómeno "intersubjetivo", creación conjunta de las mentes de quienes lo ven.

Una aparición suele proporcionar pruebas claras de su naturaleza no física. Puede atravesar paredes; a veces aparece y desaparece por puertas también fantasmales que se abren y se cierran mientras las puertas "reales" permanecen cerradas; puede ser transparente y desvanecerse.

Sin embargo, parece claro que esos inasibles espectros pueden ser registrados por una película fotográfica. Existen, como hemos visto, muchas fotografías de fantasmas, aunque pocas son convincentes. El fraude es cosa tan corriente en el campo de la fotografía psíquica, que se ha prestado poca atención a los pocos ejemplos que podrían ser auténticos.

Un caso muy impresionante es el que ocurrió en 1936 en Raynham Hall (Norfolk, Inglaterra), en casa del marqués de Townshend. Un fotógrafo profesional y su ayudante estaban tomando fotografías de la casa. Mientras fotografiaban la escalera, el asistente dijo haber visto una figura fantasmal que bajaba por ésta. Y la foto tomada en ese momento, auténtica y no manipulada en opinión de los expertos que la examinaron, muestra, de hecho, una figura borrosa. Se supone que desde hace tiempo una "dama de marrón" frecuenta aquella casa. Fue vista simultáneamente por dos testigos en 1835. Más tarde, otro testigo le disparó con una escopeta. Pese a esta mala acogida, fue vista de nuevo en 1926 por lord Townshend y dos testigos más.

Pero tanto si se basa en fotografías como en testimonios hablados y escritos, no siempre resulta fácil, para los "cazadores de fantasmas", llevar a cabo su tarea. En un mundo ideal, se dispondría de fondos, personal y equipo suficientes para realizar una investigación tan rigurosa como la que hace la policía ante un asesinato. Pero esos fondos no existen, y esta tarea suele quedar en manos de investigadores independientes, muchos de los cuales se ganan la vida escribiendo acerca de sus experiencias.

A pesar de todo, éstos hacen a menudo una labor muy meritoria investigando los acontecimientos tan pronto como ocurren. En los años 70, concretamente, dos casos fueron investigados de forma muy minuciosa y fiable. Uno de ellos consistía en una serie de apariciones a bordo de varios aviones Jumbo de una línea aérea norteamericana.

Espectros Del Aire.

Un Tri-Star de la Eastern Airlines (vuelo 401) se estrelló en un pantano de Florida en diciembre de 1972; murieron 101 personas. Los fantasmas del piloto, Bob Loft, y de su ingeniero de vuelo, Don Repo, fueron vistos en más de veinte ocasiones por miembros de tripulaciones de otros Tri-Stars de la misma compañía, especialmente en aviones que llevaban piezas de recambio recuperadas del avión que había sufrido el accidente.

Las apariciones eran descritas, invariablemente, como total mente naturales. Informaron de ellas tanto hombres y mujeres que habían conocido a Loft y Repo, como otros que les reconocieron después en fotografías. El hecho llegó a ser bien conocido en el mundillo de la aviación, y hasta apareció un relato de los hechos en el boletín de la US Flight Safety Foundation en 1974.

El escritor John G. Fuller realizó una investigación exhaustiva del caso, con la ayuda de varios empleados de las líneas aéreas, quienes le proporcionaron gran cantidad de testimonios convincentes.

Algunos afirmaron que los libros de vuelo que mencionaban las apariciones habían sido retirados, y que algunos de los testigos habían sido amenazados con una visita del psiquiatra de la compañía. Además, se realizó una sesión espiritista en presencia de la viuda de Repo, tras la cual ésta quedó convencida de que su marido seguía "existiendo". Este caso hubiera podido ser casi perfecto, si la compañía aérea hubiese cooperado, pero -comprensiblemente, desde luego-, no lo hizo.

Ojalá los futuros fantasmas sean tan visibles e informativos como Loft y Repo, y los futuros investigadores sean tan decididos como los que actuaron en este caso. Los espectros, sin duda, continuarán ofreciendo entretenimiento a los periódicos y a las pantallas, y los cazadores de fantasmas seguirán siendo considerados por algunos como unos maniáticos más o menos inofensivos. Sin embargo, el tema es serio, y posee un tremendo significado potencial: cuanto más sepamos de los fantasmas, mayor será nuestro conocimiento de la mente humana y de la materia.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Fantasmas en la Torre de Londres

Eran las diez de la mañana. El día se presentaba como otro cualquiera: nublado y monótono. Ensimismado en pensamientos, una imagen me devolvía a la realidad. Frente a mí, comenzaba a vislumbrarse un sólido entramado azul y blanco de hierros, anclados a dos torres simétricas; el Tower Bridge; debajo, el río Támesis discurría partiendo la ciudad en dos vertientes, y a mi derecha, una fortaleza robustamente amurallada albergaba en su interior un conjunto apiñado de edificios en perfecto estado de conservación; la Torre de Londres. Tras descender de uno de los típicos taxis negros, una fina ráfaga de lluvia me recordó una vez más que me encontraba en Inglaterra. Eran las diez de la mañana y ya en la entrada, provisto de cámara, bloc de notas y grabadora, me dispuse a recorrer todos y cada uno de los rincones donde se habían producido los encuentros más escalofriantes con fantasmas, narrados a lo largo de la accidentada historia de este edificio.

No podía ser casualidad que éste fuera el lugar más turístico de Londres. Un poco de historia La Torre es una de las más famosas y mejor conservadas construcciones históricas del mundo. Su construcción se remonta al siglo XI, concretamente al año 1066, en tiempos del rey normando Guillermo I de Inglaterra, más conocido como Guillermo el Conquistador. Apenas habían transcurrido tres meses desde que derrocó al anterior monarca, Harold II, proyectó e inició las obras de un castillo en la margen norte del río Támesis, sobre las ruinas de los muros este y sur de la vieja ciudad romana de Londinum Augusta. Este cercado acoge la construcción, en el centro de su planta, de una colosal estructura de piedra llamada en un primer momento la Gran Torre (The Great Tower), aunque actualmente es conocida como la Torre Blanca (The White Tower), con la función de albergar en su interior un palacio residencial acondicionado para ser habitado por la realeza. Su construcción comienza en el año 1078 y reemplaza al anterior fuerte de madera construido en el 1066, convirtiéndose en el edificio más alto de Londres, con una excelente posición estratégica para dominar la ciudad y el río.

El sitio especifico donde se alza fue influido por el muro de la ciudad romana. Se cree que las obras son completadas en el 1097, diez años después de la muerte de Guillermo el Conquistador. Su estilo de construcción está basado en el de las fortalezas palaciegas de los ducados normandos del siglo XI, y el trabajo de proyección corrió a cargo de Sir Gundulf, obispo de Rochester.
La Torre Blanca, lejos de ser una construcción corriente, se convirtió en poco tiempo en el edificio más famoso y temido de Inglaterra. Rumores sobre las atrocidades que allí se cometían, corrían corno la pólvora alimentando leyendas entre lo ficticio y lo real, que más tarde tomarían forma en historias de fantasmas y espectros atormentados, cuyos protagonistas sufrieron entre sus murallas prisión, torturas y posteriormente la decapitación. Desde su primera fundación hace más de 900 años, el castillo ha sido constantemente reformado, anexionando otras pequeñas torres, edificios, muros y corredores, convirtiéndose poco a poco en un ejemplo de castillo, fortaleza, prisión, palacio y finalmente museo, que con todo orgullo es exhibido hoy en día a propios y extranjeros por el "módico" precio de 2.500 pesetas.

El fantasma de Ana Bolena, pero al margen de la historia oficial de este accidentado recinto, existe otra paralela mucho más interesante. Como no podía ser de otra forma, está relacionada con hechos inexplicables, a la aparición de fantasmas de personajes históricos que allí fueron ajusticiados. La más conocida corresponde a Ana Bolena, la más célebre de las esposas de Enrique VIII. Al respecto existe una estremecedora escena que posteriormente fue recogida en la obra Ghostly Visitors by "Spectre Stricken" publicada en 1882. En ella se describe lo sucedido: "Deslizándose despacio por la nave lateral, vagaba una majestuosa procesión de caballeros y doncellas ataviadas en trajes de época. Encabezando la macabra comitiva se encontraba la figura de una elegante mujer que evitaba ofrecer el rostro al asustado testigo, pero se asemejaba enormemente al único retrato que había visto de Ana Bolena. Después de haber recorrido repetidamente la capilla, la procesión al completo, junto con la luz, desapareció". Otro relato cuenta que la procesión siempre se aparece en el aniversario de la terrible ejecución de Margaret Pole, condesa de Salisbury, en 1541. Esta anciana Pero osada mujer (contaba 70 años cuando fue ajusticiada) fue decapitada era un arrebato de ira de su hijo, el sangriento Enrique VIII. Otra aparición de Ana Bolena está reconocida en 1864 mientras un centinela hacia guardia en la garita situada bajo la Casa de la Reina. El estupefacto soldado vio aparecer de entre la espesa niebla que se cernía sobre la cuenca del Támesis, una figura blanca y etérea a la que inmediatamente dio el alto. Pero la figura no respondía y avanzaba deslizándose hacia él. Asustado, sujetó tembloroso su bayoneta en posición de ataque e increpó de nuevo al intruso hallando sólo el silencio por respuesta. Finalmente, al centinela se le heló la sangre cuando aquella figura le traspasó como si formara parte de la niebla. El suceso fue corroborado por dos personas que aseguraron observarlo todo desde la Torre Sangrienta (Bloody Tower). No se puede afirmar con certeza que lo que vieran el centinela y los dos testigos fuera el fantasma de Ana Bolena, pero si nos atenemos a la tradición, podría haber sido su espectro. La verja de los traidores La Verja de los Traidores (The Traitors Gate) era la compuerta de entrada para los prisioneros condenados después de haber sido juzgados en Westminster, el actual parlamento sobre el que se alza el famoso Big-Ben. Su construcción data de 1240, cuando Enrique III reformó la fortaleza para hacerla aún más segura. La historia cuenta que cuando las obras estaban a punto de concluir, el día de San Jorge de 1240 hubo una gran tormenta que produjo un socavón en su base, colapsando la compuerta en la inauguración. Cuando las circunstancias se repitieron exactamente un año más tarde fue abierta una investigación que poco después reveló que un clérigo, vio el fantasma de St. Thomas Beckett golpeando el muro con un crucifijo. Afirmó que el espectro proclamaba que el nuevo edificio no gozaba de la aprobación de Dios y que el fin de sus actos era arruinar las obras y perjudicar a los londinenses. Desde entonces, habiendo sido el abuelo del actual rey quien asesinó al santo se vieron en la obligación de incluir en la torre de la Verja de los Traidores una pequeña capilla (St. Thomas Tower) dedicada al culto del santo. Pero ni aun así cesaron las apariciones y aquella estancia se ganó la fama de estar encantada. Al parecer, aun hoy, las puertas se abren Y se cierran solas con frecuencia, se ve la figura de un monje ataviado con un hábito marrón y, a menudo, se escuchan pasos con el sonido característico de las sandalias que calza un monje. El fantasma del viejo Jimmy En la iglesia de St. James, de varios siglos de antigüedad y situada cerca de la conocida Trafalgar Square, se encuentra el cuerpo momificado del "viejo Jimmy", un antiguo alcalde del Londres medieval que tras fallecer fue momificado y expuesto en un ataúd con un cristal como cubierta. Durante la II Guerra Mundial una bomba cayó en el templo golpeando el féretro sin llegar a explosionar. Según algunos testigos, tras aquel suceso comenzaron a desarrollarse hechos muy extraños. En repetidas ocasiones se vio deambulando por la planta de la iglesia la imagen espectral de un hombre vestido de época; aparición que rápidamente fue achacada a la efigie momificado del "viejo Jimmy". También se oyeron inexplicables ruidos y algunos objetos aparecieron cambiados de lugar o se movieron de forma espontánea. Aun así, la imagen del viejo alcalde permanece en la cripta, como mudo testigo del paso de los siglos, exhibiendo a sus pies una macabra pero contundente leyenda que reza: "Detén tus pasos y disponte a seguirme". Existen otros sucesos no tan conocidos que han sido descubiertos en los últimos años. Éste es el caso de un lujoso edificio de oficinas, perteneciente a la empresa Coutts and Co. Concretamente está situado frente a la Torre de Londres, muy cerca del Tower Bridge. Desde que fue ocupado, unos operarios del mantenimiento eléctrico y parte del personal de limpieza, han observado en varias ocasiones y siempre fuera del horario de oficina, la manifestación esporádica de una imagen espectral femenina que permanece inmóvil en la primera planta junto a una fuente y unas palmeras del recibidor de la entrada o por los pasillos de la segunda. Según declaraciones de un testigo, la aparición nunca se ha comunicado, tampoco realiza gesto alguno y parece no ser consciente de la presencia de personas observándola. Siempre ha desaparecido de forma espontánea en la primera planta o atravesando uno de los muros de la segunda. La identidad de la aparecida fu atribuida a Elizabeth Thomas Howard personaje histórico sobradamente conocido en Inglaterra, pero la conexión entre la aparición y el lugar donde se produce continúa siendo u misterio, ya que no existe constancia de que ningún episodio de la vida de esta mujer se desarrollara en aquel sitio.