viernes, 2 de enero de 2009

¿Fantasmas o Apariciones?

Los fantasmas adoptan formas diferentes, se presentan en los lugares más insospechados y se aparecen a toda clase de personas. Pero ¿qué son exactamente estas apariciones? ¿Qué es lo que las provoca?

Antes de que su novela "La letra escarlata" le hiciera famoso, el escritor norteamericano Nathaniel Hawthorne era un oficial de aduanas de Boston. Por aquel entonces, en la década de 1830, iba cada día a la biblioteca Athenaeum para investigar y escribir durante unas cuantas horas. Entre los demás clientes asiduos de la biblioteca figuraba el reverendo doctor Harris, clérigo octogenario que se había sentado durante años en «su» silla junto a la chimenea, leyendo el «Correo de Boston».

Hawthorne nunca había hablado con él, ya que las conversaciones estaban estrictamente prohibidas en la sala de lectura, pero el doctor Harris constituía casi un mueble de aquella estancia. El novelista se sorprendió una noche cuando un amigo le comunicó que el anciano había muerto hacía algún tiempo. Se quedó todavía más sorprendido cuando, al día siguiente, encontró al clérigo en su silla habitual leyendo el periódico. Durante semanas Hawthorne siguió viendo al doctor Harris con su aspecto de siempre, perfectamente saludable.

Una de las cosas que dejaron perplejo a Hawthorne fue el hecho de que muchos de los otros lectores que frecuentaban el lugar habían sido amigos íntimos del doctor Harris. Entonces, ¿por qué no le veían? ¿O acaso le veían pero les ocurría como a Hawthorne y no querían molestarse en admitir su «presencia»? Otro factor que confundió a Hawthorne retrospectivamente era el hecho de no sentir el deseo de tocar la figura o quizá de arrebatarle el periódico de las manos. «Acaso tenía miedo de destruir la ilusión y una buena historia de fantasmas.»

A veces el caballero parecía mirar a Hawthorne como si esperara que él «entrara en conversación».

Pero... en la sala de lectura del Athenaeum las conversaciones estaban estrictamente prohibidas y yo no me podría haber dirigido a la aparición sin llamar la atención y despertar indignantes miradas. Y qué absurdo hubiera parecido yo al dirigirme solemnemente a lo que habría parecido ante los ojos del resto de las personas como una silla vacía.

«Además -concluye Hawthorne en un último alarde de urbanidad-, el doctor Harris y yo no habíamos sido presentados.» Al cabo de algunos meses, Hawthorne entró en el Athenaeum de nuevo y halló la silla vacía, tras lo cual no volvió a ver nunca más al doctor Harris.

El único inconveniente en considerar esta historia como testimonio de hechos psíquicos radica en que es la declaración de un autor que escribió numerosas narraciones cuyo tema era lo sobrenatural. Hawthorne era amigo de Edgar Allan Poe y de Herman Melville, quienes escribieron sobre el reino de lo desconocido. Por otro lado, Hawthorne se interesó por los fenómenos de los fantasmas después de trasladarse a una casa de Massachusetts que, se decía, estaba encantada desde hacía años. Acerca de este lugar escribió: «Mientras estaba sentado en el salón durante el día he tenido a menudo la sensación de que había alguien en las ventanas, pero al mirar hacia ellas descubría que no había nadie».

En ninguno de los dos casos -el de su casa y el del doctor Harris- parece que Hawthorne haya intentado adornar la historia y, sin embargo, su fama es la de un gran escritor de cuentos, acostumbrado a dotar a sus narraciones de un principio y un final satisfactorio. Como cuento de fantasmas de ficción, la historia del doctor Harris sería sosa y carente de interés, pero como prueba evidente de una aparición tiene una calidad excepcional.

Así pues, ¿qué es lo que vio Hawthorne? Para mucha gente, la respuesta inmediata sería que contempló el espíritu terrenal del doctor Harris, vinculado de algún modo al lugar donde solía «aparecer» en vida. Otros dirían que el fantasma era una proyección del recuerdo que Hawthorne tenía del anciano, haciéndose eco de la madre de Hamlet cuando comentaba acerca de las visiones de su hijo: «Eso es pura invención de lo imaginación.» Más recientemente, investigadores de fenómenos sobrenaturales sugerirían que la persona aparentemente sólida situada junto al fuego era una especie de «registro» espiritual dejado por el difunto en su entorno, el cual era recibido de algún modo por la mente de Hawthorne de la misma forma que un aparato de televisión recibe una transmisión.

Una cosa es segura: Nathaniel Hawthorne no era ni mucho menos el único que vio «fantasmas» o, como prefieren los parapsicólogos competentes y los investigadores de fenómenos psíquicos, «apariciones». Desde las épocas más primitivas, todas las civilizaciones han dejado constancia de los fantasmas: algunas como mera generalidad, como parte del folklore, mientras que en otras se han producido ejemplos históricos específicos.

Unos 500 años antes, en plena Edad Media, un monje benedictino llamado hermano Jean Goby asumió un caso de investigación psíquica y registró todos los hechos con escrupuloso cuidado. Aunque a los ojos modernos el incidente parezca en un principio lo suficientemente extraño como para ser ignorado, el caso Goby fue tan raro en la época en que ocurrió que merece ser estudiado.

En diciembre de 1323 murió un comerciante de Alais, localidad del sur de Francia. Su nombre era Guy de Torno, y se decía que días después de su muerte había vuelto para aparecerse a su viuda en forma de «voz de espíritu». La noticia sobre este persistente «fantasma» se esparció por la ciudad de Avignon, a 65 kilómetros del lugar, donde el papa Juan XXII tenía entonces su residencia. El papa se impresionó por este hecho y nombró al hermano Jean Goby, prior de la abadía benedictina de Alais, para que investigara.

Acompañado por tres de sus hermanos benedictinos y por cerca de cien de los ciudadanos más respetados del pueblo, el hermano Jean examinó la casa y los jardines por si había alguna trampa escondida o efectos de sonido anormales. Después situó a un vigilante alrededor del lugar para mantener alejados a los visitantes. El foco de las manifestaciones fantasmales era el dormitorio. Goby pidió a la viuda que se acostara en la cama junto a «una respetable anciana», mientras los cuatro monjes se sentaban cada uno en una esquina.

Los monjes recitaron entonces el oficio de difuntos y pronto empezaron a percibir en el aire un sonido parecido al que produciría una escoba rígida arrastrándose por el suelo. La viuda gritó llena de terror. Goby preguntó en voz alta si el sonido procedía del difunto y una voz contestó: «Sí. Soy él.»

En ese momento se dejó entrar a algunos de los ciudadanos en la habitación como testigos y se situaron formando un círculo alrededor de la cama. La voz les aseguró que no era un emisario del diablo -suposición corriente en la época medieval- sino el espíritu terrenal de Guy de Torno, condenado a rondar su vieja casa por los pecados que había cometido allí. Añadió que tenía esperanzas de subir al cielo una vez acabado su período de purgatorio. También dijo al hermano Jean que sabía que llevaba la Eucaristía escondida bajo su hábito. Este detalle sólo lo conocía Goby. El espíritu continuó diciendo que su principal pecado había sido el adulterio, que en aquellos tiempos era castigado con la excomunión del Sacramento. Entonces el espíritu «suspiró y partió».

El hermano Jean redactó su informe y lo envió al papa de Avignon. A pesar del rigor con el que se llevó a cabo la investigación, queda en pie el hecho de que el ruido y el «suspiro» podían haber sido provocados por el mistral, viento que sopla por aquella parte de Francia en invierno. La misma «voz» podría haber sido producida por ventriloquía por parte de la viuda-consciente o inconscientemente-, sobre todo si sospechaba la infidelidad de su marido y quería desacreditar su memoria.

Batallas Fantasmas

Otra impresionante investigación, esta vez sobre una «aparición en masa», fue llevada a cabo en 1644 por una serie de prestigiosos oficiales del ejército inglés. El 23 de octubre de 1643, las tropas monárquicas, bajo el mando del príncipe Rupert del Rin (sobrino del rey Carlos I), y las parlamentarias, al mando de Oliver Cromwell, libraron la primera batalla de la Guerra Civil inglesa en Edgehill (Warwickshire).

Un mes después, varios pastores locales vieron y oyeron en el mismo lugar lo que al principio pensaron que era otra batalla: la caballería, las armas de fuego, el relumbrante acero. Cuando de repente todo aquel cuadro desapareció, se asustaron y huyeron. El día de Nochebuena la batalla fantasma se escenificó de nuevo y fue tan convincente que un impresor de Londres entrevistó a varios testigos y publicó un relato del fenómeno.

Esto intrigó al rey, quien nombró una comisión de oficiales del ejército para que investigaran en su nombre. A su vuelta, los oficiales trajeron una detallada confirmación de las noticias. No sólo habían entrevistado a los pastores, sino que en dos ocasiones habían visto ellos mismos la batalla, reconociendo a un gran número de hombres que habían muerto y también al príncipe Rupert, que todavía estaba con vida. A partir de esto se sugirió que el fenómeno fue una especie de «segunda escenificación», más que una aparición de espectros de espíritus que volvían de la muerte.

La batalla fantasma de Edgehill tiene un curioso paralelo en España, localizado en el desfiladero de Roncesvalles (Navarra), escenario de la derrota de las tropas francesas al mando de Roldán, sobrino del emperador Carlomagno, en el año 778. Se dice que en las noches de luna llena se escuchan allí los sonidos de aquel trágico encuentro: oraciones, gritos de agonía... y acaso también el lejano sonido del cuerno de caza con el que Roldán moribundo pidió auxilio.

martes, 30 de diciembre de 2008

El Regreso De Enrique VIII

Enrique VIII murió en 1547, al final de una carrera oscurecida por numerosas acciones de avaricia y crueldad. En el siglo XX un clérigo inglés creyó haber logrado que el espíritu del monarca se arrepintiera.

En 1917 un misionero británico en China leyó por casualidad una biografía de la reina Ana Bolena, segunda esposa de Enrique VIII, que fue ejecutada por adulterio en 1536. El misionero era William Pakenham-Walsh, más tarde canónigo de la catedral de Peterborough. Al principio se interesó por la vida de Ana pero, gradualmente, se sumergió en el tema que pronto se transformó en la pasión de su vida. Cuando volvió a Inglaterra decidió rescatar la reputación de «una reina que había sido muy mal comprendida», pero pronto se vio arrastrado por los sufrimientos de Enrique VIII después de su muerte, tal como los contaban algunos médiums muy conocidos.

Las experiencias de Pakenham-Walsh están narradas en el libro "A Tudor Story", publicado en 1963, tres años después de la muerte del autor a los 92 años. Es una historia extraña y conmovedora. La sinceridad, la integridad y la simplicidad del clérigo son palpables. Carecía de poderes psíquicos. Era un hombre bondadoso y sencillo a quien gustaba ir en bicicleta y hacer excursiones a pie. Pero en las sesiones se saltaba todas las reglas posibles, suministrando información por anticipado y «orientando» al médium de varias maneras. Pese a todo, a causa de su coherencia interna, de ciertas pruebas circunstanciales y de la decisión del clérigo, el libro constituye una curiosa e importante aportación a la literatura psíquica.

En agosto de 1921, Pankenham-Walsh conoció a una tal señora Clegg, una médium, en casa de su hermana. La primera sesión fue el modelo de las muchas que seguirían durante los 12 años posteriores, con otros médiums: una mezcla de «orientaciones» ingenuas y lecturas entre líneas del canónigo, y de «pruebas» genuinas pero oscuras. El espíritu de un anciano de cabellos blancos que se apareció a la señora Clegg fue tomado por el canónigo por el padre de Ana Bolena; una vaga descripción de su hija «con buenas manos, más bien llenita» era, según dijo «una perfecta descripción de lady Ana» (a pesar de que Ana tenía seis dedos en una mano).

Sin embargo, parte de la información quedó confirmada tras una investigación. La reina Ana Bolena sí había tenido cinco hermanos, cuyos nombres citó correctamente la señora Clegg, y se había peleado seriamente con su hermana Mary, como había dicho la médium. Pero entonces, Pakenham-Walsh cometió el grave error de comunicar a la médium quién era el espíritu... y de asistir a otras sesiones después. Una terminó cuando la señora Clegg le dijo que Ana preveía que «le ofrecerán una parroquia con copos de nieve e irá allí con narcisos.» Poco después, Pakenham-Walsh fue destinado a la parroquia de Sulgrave, en Northamptonshire, alfombrada de copos de nieve en su primera visita a inflamada de narcisos cuando se fue a vivir allí. El jardinero dijo que «no había visto nada igual en 40 años».

Necesidad De Perdón

Si Ana Bolena hubiera limitado sus «visitas» a la señora Clegg, la historia podría haber quedado así. Pero en diciembre de 1922, Pakenham-Walsh recibió una carta de la señorita Eleanor Kelly, una psíquica cristiana. Decía que en su sesión diaria de escritura automática había recibido un mensaje que mencionaba al canónigo y a Frederick Bligh Bond, otro psíquico famoso. Añadía: «De vez en cuando he tenido algunas comunicaciones con almas que murieron en el mismo período que Enrique VIII y me interesa mucho la referencia (en su manuscrito) a él y a lady Ana, así corno la necesidad... de perdón por parte de ella y de reparación por parte de él.»

Más tarde recibió otro mensaje, esta vez de «Alwyn, que fue un Thane de Sussex». Explicaba la tarea a realizar:

De la misma manera que todos quienes intervienen íntimamente en las vidas de otros deben suprimir todo cuanto impide su unidad, así esas dos almas deben ser limpiadas, cada una por sí sola, y cada una en unión con la otra, antes de que puedan tomar sus lugares en la gran estructura del Cuerpo de Cristo. Ana todavía debe dejar caer algunas sombras antes de que su visión sea clara; él, Enrique, apenas está empezando a sentir una vaga conciencia de su necesidad de quedar limpio.

Con esa finalidad, el señor Bond arregló lo necesario para que el canónigo conociera a una de las médiums más famosas de su tiempo, la señora Hester Dowden en su casa de Chelsea, en Londres. La sesión fue de escritura automática, y la palabra «Catalina» apareció varias veces. Después, el lápiz escribió: «Quiero que ayude a alguien que necesita ayuda de su mundo.» Obedeciendo instrucciones, se trasladaron a una casa próxima, donde podría hacerse un mejor «contacto» . Allí el lápiz de la señora Dowden voló con violencia por su bloc: «Estoy aquí -ENRIQUE REX.» El canónigo creía haber logrado un contacto con el rey a través de Catalina de Aragón, su primera esposa.

Usando a la señora Dowden como amanuense, el señor Bond y la señorita Kelly hablaron con el monarca. Cuando se le preguntó si sabía que estaba muerto, Enrique replicó: «Sí, lo sé. Ha sido una pesadilla... Quiero que me diga exactamente qué ha pasado y por qué estoy aún en un lugar oscuro. Me siento como si estuviera de vuelta en la Tierra.» Dijo que su hija Isabel (cuya madre fue Ana Bolena) no significaba nada para él. Cuando le dijeron que había sido una gran gobernante, contestó ácidamente: «No lo esperaba de la hija de su madre.» Cuando se le recordó que el derecho divino de los monarcas no tendría ningún peso el día del Juicio Final, Henry tronó: «No lo escucharé. Eres un tonto. En mis tiempos lo hubiera hecho ejecutar.» La información de que, en ese momento, el rey de Inglaterra era Jorge V causó otro estallido: «No me importa. Eres un granuja; un bellaco de taberna que se burla de mí porque estoy a su merced.» Oscilando entre la autoconmiseración y los estallidos de ira, asintió finalmente a orar pidiendo perdón, pero añadió: «No rezaré aquí. Un rey reza solo.»

Enrique parecía estar viviendo un gran conflicto interno a causa de sus acciones como rey. Parecía necesitar perdonar y ser perdonado por otras almas de su tiempo, como el cardenal Thomas Wolsey y su tercera reina, Jane Seymour. Los historiadores creen generalmente que fue su esposa favorita, pero el espíritu del rey vociferó que la detestaba. El odio parecía ser el principal obstáculo para su progreso espiritual. Por lo tanto, el canónigo se alegró mucho cuando él y las médiums lograron la reconciliación de los espíritus de Enrique y Jane.

De sus seis mujeres, fue la primera, Catalina de Aragón, la que le reclamó como esposo y escribió, a través de la señorita Kelly: «El amor lo está guiando a lo largo del difícil sendero cuesta arriba.» Pero resulta claro que el deseo de Enrique de ser guiado se acentuó cuando Pakenham-Walsh le dijo que si se arrepentía de sus pecados se reuniría con sus hijos, Enrique, que murió a las seis semanas de vida (pero que, según se dijo, había crecido en la otra vida) y Eduardo, que reinó de 1547 a 1553.

El gran día del canónigo fue el 24 de junio de 1933, cuando, acompañado de dos médiums, la señora Heber-Percy y la señora Theo Monson, se halló en «presencia» no sólo de Enrique y sus esposas, Wolsey, Tomás Moro, Isabel I y otros personajes históricos, sino de los espíritus de sus propios hijos, Helen y Willy. Enrique deseaba que se hiciera público que se arrepentía de sus malas acciones. Ana Bolena añadió que «el manuscrito (de A Tudor Story) es una de las escaleras desde aquí hasta usted, y desde usted a nosotros, por la que muchos podrán trepar hasta la verdadera sabiduría.» El canónigo bendijo a los presentes, visibles o invisibles, y los visitantes se marcharon.

La Respuesta A Una Plegaria

Si uno cree que el alma sobrevive a la muerte y que hasta el hombre más malvado puede obtener apoyo para progresar en la otra vida, entonces el honesto e infantil canónigo parece el más indicado para «rescatar» al arrogante Enrique.

Pero, para los críticos, resultará muy fácil echar abajo la historia. Aunque ninguna de las médiums conocía a Pakenham-Walsh anteriormente, ciertamente habrían oído hablar de su obsesión por los Tudor. Un sensitivo podría haber recibido impresiones telepáticas de su exaltación por Ana Bolena. Es natural también que Pakenham-Walsh deseara ayudar a Enrique, un alma torturada en busca de redención. Resulta significativo que Catalina, la primera mujer de Enrique, buscara apoyo terrestre en él. Con toda seguridad, el canónigo consideraba que ella había sido la única mujer legal de Enrique. Aunque varias «pruebas» propuestas por Ana fueron utilizadas por Pakenham-Walsh como demostración de su supervivencia, también podría decirse que sólo probaban su ignorancia acerca de la teoría moderna de la PES.

Ana Bolena dijo en el patíbulo en 1536: «Ruego a Dios que salve al Rey.» ¿Será posible que un amable ex misionero fuera elegido, 400 años más tarde, para atender a su plegaria?.

lunes, 29 de diciembre de 2008

La Leyenda del Holandés Errante

Una nave tropieza con una terrible tormenta, pero su capitán, enloquecido y sordo a las súplicas, rehúsa buscar refugio. Como castigo, es condenado a recorrer los mares durante toda la eternidad. ¿Cuál es el origen de la famosa leyenda del Holandés Errante?

La historia del Holandés Errante es una de las más famosas y quizá de las más antiguas leyendas del mar, ya que circula desde hace, por lo menos, 500 años. Pero posiblemente su origen se remonte a tiempos muy anteriores al nacimiento de Cristo. Esencialmente, la historia es la siguiente: un maniático capitán holandés -por supuesto, el término «Holandés Errante» se refiere al capitán y no a su barco- desafía la ira de Dios y como resultado es condenado a navegar por los océanos eternamente, provocando la muerte de todos cuantos ven su nave espectral. Esta historia ha sido elaborada por muchos escritores, pero constituye algo más que una ficción, una siniestra historia del mar para asustar a crédulos marineros de agua dulce en tabernas portuarias. Este barco fantasma ha sido avistado en numerosas ocasiones, las últimas en pleno siglo XX.

Muchas autoridades sostienen que la historia del Holandés errante se originó a partir de un hecho real, aunque sobre este punto no hay acuerdo. El problema se complica aún más porque existen muchas versiones de la historia, en las que el capitán puede llamarse Vanderdecken, Van Demien, Van Sraaten o Van alguna otra cosa.

La versión más conocida de la historia del Holandés Errante habla de un tal capitán Vanderdecken, cuya nave fue atrapada en una terrible tormenta cuando doblaba el cabo de Buena Esperanza. Los pasajeros, aterrorizados, rogaron a Vanderdecken que se refugiara en un puerto seguro o que, por lo menos, arriara velas a intentara capear el temporal, pero el enloquecido capitán se rió de sus súplicas y, atándose al timón, comenzó a cantar canciones sacrílegas.

La tripulación también se alarmó por la conducta de su capitán e intentó hacerse con el control de la nave, pero el intento de motín fue sofocado cuando Vanderdecken arrojó a su líder por la borda, mientras los aterrorizados pasajeros y la tripulación se encomendaban a Dios. En respuesta a sus plegarias las nubes se abrieron y una luz incandescente iluminó el castillo de proa, revelando una figura gloriosa que según algunos, era el Espíritu Santo, mientras otros dijeron que era Dios.

La figura se enfrentó con Vanderdecken y le dijo que, ya que disfrutaba con los sufrimientos ajenos, de ahora en adelante sería condenado a recorrer el océano eternamente, siempre en medio de una tempestad, y provocaría la muerte de todos aquellos que le vieran. Su único alimento sería hierro al rojo vivo, su única bebida la hiel, y su única compañía el grumete, a quien le crecerían cuernos en la cabeza y tendría las fauces de un tigre y la piel de una lija (lo cual parece muy injusto para el pobre grumete quien, hasta aquí, no había tenido ningún papel independiente en la historia y, presumiblemente, sentía tanto temor ante Vanderdecken como el resto de la tripulación). Sin embargo, con estas palabras la visión desapareció, y con ella todos los pasajeros y tripulantes. Vanderdecken y el grumete quedaron abandonados a su destino.

Ésta es la versión clásica de la historia del Holandés Errante. Puede ser que se base en hechos, pero no hay acuerdo acerca de cuáles pudieron ser esos hechos. Una versión afirma que la historia deriva de la saga escandinava de Stote, un vikingo que robó un anillo a los dioses y cuyo esqueleto, cubierto con un manto de fuego, fue hallado después sentado en el palo mayor de una nave negra y fantasmal.

Otros creen que la historia es más reciente y sugieren que se originó en las aventuras de Bartolomeu Dias (c. 1450-1500), navegante portugués que descubrió el cabo de Buena Esperanza en 1488 y cuyas proezas marítimas llegaron a parecer sobrehumanas, según la biografía que escribió sobre él Luis de Camoes.

Una Partida De Dados Con El Diablo

Otros investigadores han desenterrado una dudosa historia acerca de los dos barcos mercantes holandeses del siglo XVI cuyas tripulaciones avistaron el fantasma de un bajel que se había perdido en el Pacífico; la historia del Holandés Errante derivaría de esto. Otra teoría es que la historia se basa en la leyenda de un alemán llamado Von Felkenberg, que se jugó el alma a los dados con el Diablo y perdió. Una leyenda holandesa similar habla del capitán Van Straaten y también se cuenta una historia acerca de Bernard Fokke.

Fokke, capitán del Libera Nos, era famoso por la rapidez con que realizaba sus travesías. Quienes envidiaban su habilidad de navegante afirmaban que había establecido un pacto con el diablo, algo que la extrema fealdad de Fokke y su mal carácter ayudaban a creer. Un día se embarcó en un viaje del que no retornó y se rumoreó que, finalmente, el Diablo había cobrado su recompensa.

No es improbable que la leyenda del Holandés Errante naciera como consecuencia de un hecho real, aunque, sin duda, éste habrá sido algo más prosaico que la venta de un alma al Diablo. Existen muchos casos de buques que fueron abandonados por error por su tripulación, en la creencia de que estaban a punto de zozobrar, y luego siguieron a flote durante días, semanas, meses a incluso años, siguiendo los caprichos del viento y las mareas. El más famoso de esos barcos es el Mary Celeste, pero no es el único. Quizá una de las historias más notables sea la del clíper lanero Marlborough, que desapareció en 1890 mientras de Australia se dirigía a Inglaterra. Se dice que fue hallado 23 años después, frente a las costas de Chile. Aunque la historia del Marlborough sea una exageración, resulta fácil imaginar su efecto en las mentes de marinos supersticiosos en aguas poco conocidas, cuando vieron al buque abandonado emerger súbitamente de la niebla.

La historia del Holandés Errante ha inspirado muchas obras de ficción. El poeta norteamericano Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882) escribió sobre este aspecto en The phantom ship (El buque fantasma), que figura en su libro Birds of passage (Aves de paso). Edward Fitzball escribió un melodrama llamado El Holandés Errante, y el francés August Jal la versión más conocida de la historia en sus Scénes de la vie maritime (Escenas de la vida marítima). El poeta lírico alemán Heinrich Heine (1797-1856), inspirándose en el melodrama de Fitzball o en un cuento anónimo titulado Vanderdecken's message home (El mensaje de Vanderdecken) -que apareció en Blackwood's Edinburgh Magazine-, escribió sobre el buque fantasma en sus Memoiren des Herrn von Schnabelwopski (Memorias del señor Schnabelwopski). Esto, a su vez, fue indudablemente lo que inspiró la ópera de Wagner El buque fantasma, en la que Vanderdecken puede bajar a tierra una vez cada siete años, para encontrar a una mujer cuyo amor pueda redimirlo. Otros escritores que tocaron el tema fueron Frederick Marryat (El buque fantasma, 1839) y Walter Scott (Rokeby, 1813).

Sin embargo, el Holandés Errante es más que mera leyenda o ficción. A lo largo de los siglos mucha gente afirmó haber visto el espectro de la nave. Uno de los informes más antiguos apareció en 1702 en la Magnalia Christi Americana, historia eclesiástica de Nueva Inglaterra que escribió Cotton Mather, autor prolífico y célebre pastor puritano. Pero muchas de las observaciones son difíciles -si no imposibles- de comprobar y, por lo tanto deben ser descartadas como espejismos, alucinaciones o visiones debidas a un exceso de alcohol. Pero existe un informe excepcional. En 1881 una observación del barco del Holandés Errante fue comunicada por el príncipe Jorge de Inglaterra -que después reinó como Jorge V- y por su hermano mayor, el príncipe AIberto Víctor, duque de Clarence... el mismo duque de Clarence que hoy figura entre los sospechosos de haber sido el infame Jack el Destripador.

Se ha dicho que el incidente aparecía en el libro de bitácora del Baccante, pero no es así. En cambio, sí aparece en un relato del viaje de los príncipes en ese buque, compilado por John H. Dalton a partir de sus diarios personales, cartas y libros de notas. En el momento de la observación los príncipes estaban a bordo de otro barco de la flota, el Inconstant, ya que habían sido trasladados allí cuando el Baccante tuvo problemas en el timón. El relato dice: 11 de junio de 1881. A las 4 de la madrugada el «Holandés Errante» cruzó nuestro rumbo. Era una extraña luz roja, como la de un buque fantasma, incandescente, y en el centro de esa luz, los mástiles, palos y velas de un bergantín, a 200 m de distancia, se destacaron con fuerte relieve cuando se acercó a nuestra amura de babor. El vigía del castillo de proa informó que estaba cerca de la amura, donde también lo vio claramente el oficial de guardia desde el puente, como también el guardiamarina del alcázar, que fue enviado inmediatamente al castillo de proa, pero al llegar allí no logró ver vestigios ni señales de ningún barco material, ni cerca ni en el horizonte, pese a que la noche era clara y el mar estaba en calma. En total fue visto por trece personas, pero si se trataba del Van Demien del «Holandés Errante», o qué, no lo sabremos.

El Tourmaline y el Cleopatra, que navegaba a estribor, hicieron señales para preguntar si habíamos visto la extraña luz roja.

A las 10:45 el marinero que esta mañana había avistado al «Holandés Errante» cayó desde las crucetas del mastelerillo de juanete y se hizo trizas. A las 16:15 se efectuaron honras fúnebres y su cadáver fue lanzado al mar. Era un valiente marinero real, y uno de los más prometedores tripulantes del barco, y todos se sienten muy tristes por su pérdida. En el siguiente puerto nos encontramos con el almirante, que también se mostró muy disgustado. Alrededor de 13 personas en el Inconstant, además de una cantidad no especificada de personas en el Tourmaline y el Cleopatra, vieron el espectro, aunque si era el Holandés Errante a otro espectro «no lo sabremos», tal como dijeron los príncipes. Pero, tal como afirma la leyenda, la visión acarreó la muerte de una persona.

Los Nazis También

Una de las fuentes más inesperadas de un informe sobre el barco del Holandés Errante es -según se dijo- Karl Dónitz, comandante en jefe de la flota alemana, y efímero sucesor de Adolf Hitler. Se dice que vio la nave espectral mientras se hallaba en una misión al este de Suez, y que después afirmó que sus hombres preferían enfrentarse con toda la flota aliada antes que vivir nuevamente el horror de ver el barco del Holandés Errante.

El del Holandés no es, por cierto, el único espectro marino. En 1949 se estimaba que había más de 100 casos «bien comprobados» de naves fantasmas que frecuentaban la costa noreste de los Estados Unidos.

El buque fantasma más famoso de los Estados Unidos es, probablemente, el Palatine, que fue tema de un famoso poema de John Greenleaf Whittier. Según la leyenda, en 1752 una tormenta arrojó al Palatine contra las rocas de Block Island, cerca de Rhode Island, y sus restos fueron incendiados por los pescadores; una pasajera quedó atrapada y se quemó viva. Desde entonces, el espectro del barco en llamas ha sido visto en innumerables ocasiones.

Es difícil descartar las pruebas de que algo -se le llama «la luz del Palatine»- ha sido visto con regularidad cerca de la costa. Pero una investigación cuidadosa revela que ningún barco de esas características naufragó jamás en Block Island. Sin embargo, también se descubrió que 14 años antes, en 1738, el Princess Augusta, que llevaba 350 refugiados del Alto y el Bajo Palatinado, en Alemania, sí naufragó en la costa norte de Block Island en circunstancias similares a las que se atribuían al Palatine; no cabe duda de que éste fue el origen de la leyenda. Sólo un elemento del destino del Princess Augusta difiere de la leyenda del Palatine: el Princess Augusta se hundió, y no fue incendiado. De modo que si el espectro que se ve con tanta frecuencia cerca de allí es el espectro del Princess Augusta, ¿por qué el buque fantasma aparece en llamas?

Otro barco fantasma bastante conocido es el Goblin, negro y con velas de cruz, del que se dice que es visto con frecuencia por los habitantes de Porthcurno Cove, cerca de St. Leven, en Cornualles (Inglaterra). Este espectro es característico porque se le ve dirigirse a la costa; después de desliza sobre tierra firme, y finalmente desaparece.

¿Qué son, entonces, esos buques fantasma, esos espectros del mar?. Se les puede aplicar las mismas preguntas, especulaciones y teorías que se refieren a los fantasmas en general. Pero el Holandés Errante se distingue de las historias folklóricas y de fantasmas habituales: ha sido visto muchas, muchísimas veces. Si el barco no existe, ¿qué fue entonces lo que vieron los príncipes a bordo del Inconstant? Dado que la aparición del Holandés Errante y de su barco parece predecir sólo muertes o desastres, quizá lo más razonable sea no buscar la respuesta con demasiado empeño.

viernes, 26 de diciembre de 2008

LA ESTRELLA DE BELÉN

Ha sido siempre un misterio para los astrónomos cuál pudo ser la estrella que guió a los Magos de Oriente... Para cualquiera que tenga aunque sea una escueta noticia de cuán aficionados eran a buscar señales en el cielo los pueblos que crearon la astronomía y la astrología, los que dibujaron las constelaciones y los caminos del cielo, los que pusieron nombre a cada estrella. Es indudable que hubo estrella, es decir fenómeno astronómico. Otra cosa es la concreción de ese fenómeno en el nombre de estrella y la ingenuidad de la narración bíblica (la única posible: en un relato mítico no cabe una descripción astronómica).

En el relato bíblico de Mateo (el único evangelista que habla de la estrella) se esconde la pincelada del astrólogo: el mundo romano en cuya dominación se produce el gran acontecimiento del Nacimiento de Cristo anunciado por los astros, estaban muy arraigadas las creencias astrológicas. Y los judíos participaban de la cultura astrológica oriental. Cuando llegan los magos al palacio de Herodes preguntando por el recién nacido Rey de los judíos que les ha anunciado la estrella, guiándoles además hasta allí, al rey Herodes no le da la risa ni se le ocurre pensar que aquellos Magos están locos, sino que manda a sus sabios que investiguen, y la cosa acaba en la matanza de los Inocentes. Todo muy verosímil: estaba en la cultura del tiempo y del lugar.

El primero que se planteó desde una perspectiva científica el tema de la Estrella de Belén fue Orígenes (185-253), que dedicó parte de su abundante obra a la exégesis bíblica, sostenía que estaba próxima a la naturaleza de los cometas. A partir de él siguieron ofreciéndose diversas hipótesis. Tres son las que han dado más juego: la de que se trató de un cometa (sólo podría ser el Haley, pero habría que forzar un tanto las fechas, pues pasó el año 11 antes de Cristo). La segunda hipótesis es la de la supernova: la explosión de una estrella cuya brillante luz puede verse durante meses, incluso de día. Pero dados como eran en esa época a registrar minuciosamente estos fenómenos, no es probable que habiéndose producido, no se hubiese registrado, máxime cuando sí se registró la explosión de una supernova el año 135 a. JC. y otra el 173 de nuestra era. Nos queda por tanto la tercera hipótesis, la que formuló Johannes Kepler (1571-1630), el astrónomo alemán que defendió el revolucionario sistema heliocéntrico de Copérnico (el giro copernicano) y enunció las leyes que llevan su nombre sobre el movimiento de los planetas…

Según este insigne astrónomo, la estrella de los magos no fue otra cosa que la triple conjunción de la Tierra con los planetas Júpiter y Saturno, estando el Sol pasando por Piscis. Es una conjunción que se produce muy raramente. En ella los planetas se ven como uno solo, produciendo como resultado una luz muy brillante, y que da la imagen de una estrella nueva cuya presencia en el firmamento dura tan sólo unos días. Los cálculos de Kepler determinaron que la conjunción se dio en el año 7 a. JC., un poco más cerca que el cometa Haley de la fecha del nacimiento de Jesús que la crítica histórica considera más probable.

Finalmente está la explicación puramente religiosa, según la cual a Dios no le costó ningún trabajo crear una estrella de las características que quisiera para guiar a los magos desde Oriente. Pero de la estrella de Belén se apropió la fe popular al margen de la iglesia, que al condenar la magia como contraria a la fe, no podía promocionar a unos magos por más que viniesen a tan noble misión. Ese fue el motivo por el que primero se les hizo reyes, y luego se procuró hacer poco ruido sobre su condición de magos, en cuyo caso se hubiese podido relacionar la estrella con la magia.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

CURIOSIDADES DE NAVIDAD

El término Navidad proviene del latín "Nativitas" y significa Nacimiento.

Las tarjetas navideñas fueron inventadas por Sir Henry Cole, quien en el año 1843 encargó a un amigo pintor que le dibujara y pintara una escena navideña, que luego mandaría a reproducir en una imprenta, para después escribirle unos breves deseos de felicidad y firmarlas y enviarlas a los amigos y familiares.

La tradición de poner el Belén en el mundo se remonta al año 1223, en una Navidad de la villa italiana de Greccio. En esta localidad, San Francisco de Asís reunió a los vecinos de Greccio para celebrar la misa de medianoche. En derredor de un pesebre, con la figura del Niño Jesús, moldeado por las manos de San Francisco, se cantaron alabanzas al Misterio del Nacimiento; en el momento más solemne de la misa, aquella figura inmóvil adquirió vida, sonrió y extendendió sus brazos hacia el Santo de Asís. El milagro se había producido ante la vista de todos, y desde entonces la fama de los "Nacimientos" y su costumbre se extendió por todo el mundo.

El árbol de Navidad decorado, se cree que apareció a principios del siglo XVII, en Alemania. En 1605, un árbol fue decorado para ambientar el frío de la Navidad, costumbre que se difundió rápidamente por todo el mundo. El árbol de Navidad llegó a Finlandia en el año de 1800, donde se extendió por el resto de países nórdicos. Llegó a Inglaterra en 1829, y fue el príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria, quien ordenó adornar el castillo de Windsor con un árbol navideño en 1841. En Suecia, mantienen el árbol adornado y con sus luces hasta 20 días después de la Navidad.

Desde el siglo XIII se realiza en Italia una competición de villancicos llamada "pastorelle".

El roscón de Reyes con haba de la suerte incluida se comenzó a elaborar en la Edad Media.

El primer sorteo de la Lotería de Navidad se celebró en Cádiz (España) en 1812.

Los cotillones de Nochevieja empezaron a organizarse en restaurantes franceses a principios del siglo XX.

Las doce uvas de la suerte es una costumbre reciente, nacida en el primer tercio del siglo XX.

El primer árbol de Navidad iluminado con lámparas eléctricas se instaló en casa de Edward Johnson.

La existencia de tres Reyes Magos data del siglo VI d.C. Melchor, que representa a los europeos, ofreció al Niño Dios un presente de oro que atestigua su realeza. Gaspar, representante de los semitas de Asia, cuyo bien más preciado es el incienso, lo ofreció al Niño como símbolo de su divinidad. Y por último, Baltasar, negro y con barba, se identifica con los hijos de Cam, los africanos, que entregan la mirra, en alusión a su futura pasión y resurrección.

El muérdago representa en navidad una demanda de prosperidad a la divinidad.

El primer pan dulce se hizo en Milán, por encargo del duque Sforza, quien pidió a sus cocineros una comida especial para Navidad que contenía en su interior frutas secas y pasas de uva, y que decidió bautizar como "panettone".

En Suecia se mantiene el arbolito adornado y con luces hasta 20 días después de la celebración de Navidad.

En Finlandia, las familias decoran sus casas para Navidad, con velas que realiza cada familia.

El primer cava español data de 1872.

En la Quebrada de Humahuaca, en Jujuy, Argentina, el primer belén lo montó el misionero Gaspar de Monroy, en 1594, en el Vallecito del Cerro.

Los villancicos son cantos que se entonan en Navidad para celebrar el nacimiento del Niño Jesús. Esta costumbre tiene su origen en la edad media y se mantiene en recuerdo de los muchos profetas que anunciaban el nacimiento del Salvador. La gente de la villa, los villanos, fueron los que adaptaron los antiguos himnos y cantos en latín con los que la Iglesia recordaba la llegada de Jesús, transformándolos en canciones muy dulces. Son esas las canciones que -en honor de sus autores- hoy se conocen con el nombre de villancicos. Los primeros se originaron, según se cree, en Inglaterra, en la época de Enrique I, los cantos eran en latín y amenizaban las fiestas de la Corte. "El Canto del Jabalí", era llamado canto del villano, y una especie de diminutivo se transformó en villancico para designar estos coros o estribillos.

¿Por qué se llama «Misa del Gallo» la misa que se celebra el 24 de diciembre como término de la vigilia de Navidad? Porque esa misa solía caer «ad galli cantus» al canto del gallo, de donde le quedó su sugestivo nombre que nada tiene que ver con el hecho de que en algunos países acostumbraran comer gallo al horno en la cena de Nochebuena.

La palabra pesebre se deriva del latín praesepem. Su significado original era "cajón para la comida de los animales".

El buey, símbolo de San Lucas Evangelista, es símbolo de la paciencia y el trabajo. El asno, animal que acompaña a la Virgen en el nacimiento, es símbolo de humildad.

En mitad del Océano Pacífico, existe una isla llamada Navidad que pertenece a Kiribati. La venta de sellos de correos es su principal actividad económica.

El día de Navidad fue oficialmente reconocido en el año 345, cuando por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno se proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad de Cristo. Pero algunas de las costumbres tradicionales de la Navidad llegaron más tarde, como la de cantar villancicos que no se agregó hasta la Edad Media. Por Navidad, los cristianos africanos se reúnen y leen pasajes de la Biblia. Posteriormente realizan bailes y cantos al aire libre. En Etiopía realizan una ceremonia bañándose en los ríos.

Según las crónicas, el pavo de Nochebuena tuvo su origen en México en el S. XVI. Los aztecas se lo hicieron probar a Hernán Cortés, a quien le agradó y lo llevó a España.

El turrón fue incorporado a la mesa en el siglo XVI.

La bebida con que más frecuentemente se brinda en Navidad en Argentina es la sidra.

La cesta de Navidad tiene sus raíces en las canastillas que antiguamente empleaban los campesinos para transportar los aguinaldos que iban a entregar.

Hacia el siglo II un sacerdote cristiano llamado Nicolás abandonó Italia, para difundir en Asia la palabra de Dios. Siendo misionero, fue trasladado a Myra, para ser nombrado obispo. Murió un 6 de diciembre, fue proclamado santo e inspiró la figura de Papá Noel. La figura de Santa Claus, con la estética que ahora conocemos, es una invención estadounidense del siglo XX, si bien se basó en la vida y la leyenda de San Nicolás. Actualmente, se designa al mismo personaje en los distintos países, como Santa Claus, Papá Noel o San Nicolás. Aunque en ciertos lugares el día de San Nicolás se celebra el 6 de diciembre. El nombre Santa Claus es una contracción de Sanctus Nicolaus, y se refiere específicamente a San Nicolás de Bari, quien fuera Obispo de Mira en el S. IV, personaje de una enorme bondad y protector sobretodo de los niños.

Los restos de los Reyes Magos estuvieron durante trescientos años en Constantinopla, en lo que antes era Bizancio y ahora Estambul, en Turquía. Luego fueron trasladados a Milán hasta 1162, en que el emperador Barbarroja saqueó Milán y entregó los restos de los Reyes Magos al arzobispo Reinaldo de Dassel, quien decidió que dichos restos fueran trasladados a Colonia, Alemania. Los restos de los tres Reyes Magos descansan en un cofre de oro y plata que pesa unos 350 kg, y se halla en una capilla que hizo construir a tal efecto el emperador Carlomagno en Colonia, Alemania.

Según cuenta la historia, el 25 de diciembre de 1492 se celebró la primera Navidad en tierras americanas. Colón realizaba un reconocimiento de los archipiélagos de la zona, cuando una mala maniobra dañó irreparablemente a la carabela "Santa María". Los indígenas le ayudaron a rescatar la carga y a construir un fortín donde quedaría parte de la tripulación. Se utilizaron las maderas del barco para levantar dicho fuerte, y se terminó de construir el 25 de diciembre. Por esa razón se llamó al fuerte "Fuerte de Navidad" (Natividad). Allí celebraron con gran emoción la Navidad de 1492.

La costumbre de la celebración de la Misa de Gallo proviene de los ritos de los templos de Jerusalén. Allí los católicos celebraban tres misas el día del nacimiento de Jesús: una en la noche en la cueva de la natividad, santificando el nacimiento, otra al amanecer como signo de la resurrección y una tercera en el templo, siendo ésta el oficio solemne del día.La estrella de Navidad es originaria de Filipinas, allí se hacen antorchas en forma de estrellas de 5 puntas, que iluminan la entrada de las casas. Suele colocarse en la parte superior del árbol de Navidad.

Por navidad, se bebe en Chile Cola de Mono, que es un ponche hecho de pisco con café con leche, azúcar y canela. El pisco chileno es un licor destilado de uvas moscatel, en diversas variedades y, en menor medida, Pedro Jiménez y torontel.

Cada 24 de diciembre, miles de turistas se trasladan a Oberndorf, cerca de Salzburgo (Austria), donde hace 185 años fue compuesta la canción “Noche de Paz”, quizá el villancico más conocido del mundo.

“Noche de Paz” fue traducida a 330 idiomas; la canción de Navidad austríaca fue creada casi por casualidad, porque se había estropeado el órgano de la iglesia. En 1818, dos días antes de Navidad, el viejo órgano de la iglesia de San Nicolás, la parroquia del padre Joseph Mohr, pasó a mejor vida. Para no decepcionar a sus feligreses, el sacerdote pidió a su amigo Franz Xaver Gruber, maestro y organista del vecino pueblo de Arnsdorf, que compusiera una melodía para un texto de Navidad.

En la misa del gallo de ese 24 de diciembre, Joseph Mohr, cura con voz de tenor y que tocaba la guitarra, y Gruber, que poseía una bella voz de bajo, interpretaron por vez primera en alemán “Noche de Paz”. El hecho era totalmente inhabitual en la época, cuando los textos religiosos se redactaban todavía en latín. Pero Mohr consideraba que una letra simple y comprensiva era lo más adecuado para sus feligreses.

En 1831, un coro que se dedicaba a cantar aires populares tiroleses incorporó el villancico del padre Mohr a su repertorio durante una gira por Prusia. De allí, la canción viajó a Nueva York, donde fue interpretada por un coro tirolés en 1839 pero donde sus autores y su origen permanecieron desconocidos.

Treinta y seis años más tarde, la corte real de Prusia, que buscaba el original de la partitura, consultó al párroco de San Pedro de Salzburgo, quien, para sorpresa general, respondió que Mohr y Gruber, muertos en el anonimato respectivamente en 1848 y 1863, eran los autores del villancico que se había atribuido al compositor austríaco Michael Haydn.