viernes, 6 de marzo de 2009

El Hombre-Pez de Liérganes

Más allá de las románticas sirenas y de los míticos tritones, los relatos acerca de los hombres-pez sobrecogen por sus vividos detalles y por su apariencia de realidad.

Dentro del capitulo de las leyendas relativas a seres acuáticos, y aparte de los míticos tritones, nereidas y sirenas, se inscriben las de los hombres-pez u hombres marinos. Se trata de seres, en principio, totalmente humanos, pero que un buen día sintieron la llamada de las aguas y se lanzaron a vivir en el océano. Hay noticias diversas y muy antiguas sobre estos seres legendarios. Plinio ya da conocimiento de dos de ellos, uno visto precisamente en las aguas atlánticas de la bahía de Cádiz. Eliano, Pausanias, Belonio Nauclero, Lilio Giraldo y Alejandro de Alejandro son algunos otros de los cronistas que reseñan apariciones de estos fantásticos hombres-pez. Pedro Mexía, en su Silva de Varia Lección, Juan de Mandevilla en el Libro de las maravillas del mundo, aparecido por primera vez en Valencia en 1515, y Antonio de Torquemada en su Jardín de flores curiosas, publicado en Salamanca en el año 1570, son los españoles anteriores al siglo XVIII que se hacen eco de las curiosas noticias de estos extraños personajes acuáticos.

El padre Feijoo y el Hombre-Pez

Pero el relato que presenta mayor número de detalles y que resulta de un singular interés por el carácter racionalista y desmitificador de quien escribe sobre él, es el del hombre-pez de Liérganes, que aparece reseñado por primera vez en el volumen VI del Teatro Crítico Universal (1726-1740) de fray Benito Jerónimo Feijoo. La historia, tal y como la cuenta el ilustrado fraile, es más o menos como sigue.

En el lugar de Liérganes, cercano a la villa de Santander, vivía a mediados del siglo XVII el matrimonio formado por Francisco de la Vega y María de Casar, que tenían cuatro hijos. La mujer, al enviudar, mandó al segundo de ellos, Francisco, a Bilbao, para que aprendiese el oficio de carpintero. Allí vivía el joven Francisco cuando, la víspera del día de San Juan del año 1674, se fue a nadar con unos amigos al río. El joven se desnudó, entró en el agua y se fue nadando río abajo, hasta perderse de vista. Según parece, el muchacho era un excelente nadador y sus compañeros no temieron por él hasta pasadas unas horas. Entonces, al ver que no regresaba, le dieron por ahogado.

Cinco años más tarde, en 1679, mientras unos pescadores faenaban en la bahía de Cádiz, se les apareció un ser acuático extraño, con apariencia humana. Cuando se acercaron a él para ver de qué se trataba, desapareció. La insólita aparición se repitió por varios días, hasta que finalmente pudieron atraparlo, cebándolo con pedazos de pan y cercándolo con las redes. Cuando lo subieron a cubierta comprobaron con asombro que el extraño ser era un hombre joven, corpulento, de tez pálida y cabello rojizo y ralo; las únicas particularidades eran una cinta de escamas que descendía de la garganta hasta el estómago, otra que cubría todo el espinazo, y unas uñas gastadas, como corroídas por el salitre.

Los pescadores llevaron al extraño sujeto al convento de San Francisco donde, después de conjurar a los espíritus malignos que pudiera contener, le interrogaron en varios idiomas sin obtener de él respuesta alguna. Al cabo de unos días, los esfuerzos de los frailes en hacerlo hablar se vieron recompensados con una palabra: "Liérganes". El suceso corrió de boca en boca, y nadie encontraba explicación alguna al vocablo hasta que un mozo montañés, que trabajaba en Cádiz, comentó que por sus tierras había un lugar que se llamaba así. Don Domingo de la Cantolla, secretario del Santo Oficio de la Inquisición, confirmó la existencia de Liérganes como un lugar cercano a Santander, perteneciente al arzobispado de Burgos, y del cual él era oriundo. De inmediato mandó noticia del hallazgo efectuado en Cádiz a sus parientes, solicitando que informaran de si allí había ocurrido algún suceso que pudiese tener conexión con el extraño sujeto que tenían en el convento. De Liérganes respondieron que allí no había ocurrido nada extraordinario fuera de la desaparición de Francisco de la Vega, hijo de la viuda María de Casar, mientras nadaba en el río de Bilbao; pero que esto había ocurrido cinco años atrás.

Esta respuesta excitó la curiosidad de Juan Rosendo, fraile del convento, quien, deseoso de comprobar si el joven sacado de la mar y Francisco de la Vega eran la misma persona, se encaminó con él hacia Liérganes. Cuando llegaron al monte que llaman de la Dehesa, a un cuarto de legua del pueblo, el religioso mandó al joven a que se adelantara hasta allí. Así lo hizo su silencioso acompañante, que se dirigió directamente hacia Liérganes, sin errar una sola vez al camino; ya en el caserío, se encaminó sin dudar hacia la casa de María de Casar. Ésta, en cuanto le vio, le reconoció como su hijo Francisco, al igual que dos de sus hermanos que se hallaban en casa.

El joven Francisco se quedó en casa de su madre, donde vivía tranquilo, sin mostrar el menor interés por nada ni por nadie. Siempre iba descalzo, y si no le daban ropa no se vestía y andaba desnudo con absoluta indiferencia. No hablaba; sólo de vez en cuando pronunciaba las palabras "tabaco", "pan" y "vino", pero sin relación directa con el deseo de fumar o comer. Cuando comía lo hacia con avidez, para luego pasarse cuatro o cinco días sin probar bocado. Era dócil y servicial; si se le mandaba algún recado lo cumplía con puntualidad, pero jamás mostraba entusiasmo por nada. Por todo ello se le creía loco hasta que un buen día, al cabo de nueve años, desapareció de nuevo en el mar sin que se supiera nunca más nada de él.

El "Pesce Cola" o "Peje Nicolao"

Hasta ahí el relato resumido, tal y como lo expone el padre Feijoo. En su obra, el fraile abunda en detalles y da los nombres de quienes le impulsaron a reseñar este suceso, ante el cual, en un principio, se mostró escéptico, y al que sólo dio crédito tras recabar información de personajes que merecían su confianza, como el marqués de Valbuena, de Santander, don Gaspar Melchor de la Riba Agüero, caballero de la orden de Santiago y natural de Gajano, pueblo cercano a Liérganes, y don Dionisio Rubalcava de Solares, que conoció y trató a Francisco de la Vega.

Resulta curioso ver cómo el proverbial rigor critico que demostraba el padre Feijoo ante supersticiones comunes en aquel tiempo se desvanece ante el caso del hombre-pez de Liérganes y ante la creencia, en general, en los hombres marinos. Este típico erudito de la Ilustración esgrime un sinfín de argumentos para explicar la posibilidad de existencia de hombres anfibios o marinos. Y al caso de Francisco de la Vega añade otro más, del que ya habían dado cuenta en sus escritos Joviano Potano, Alejandro de Alejandro y Pedro Mexía: el caso de "pesce Cola" o "peje Nicolao".

Nicolao fue un siciliano, natural de Catania, que vivió hacia la segunda mitad del siglo XV. Este hombre, si bien no habitó en el mar durante largos períodos de tiempo, como nuestro hombre-pez de Liérganes, según parece era capaz de salvar grandes distancias a nado, por lo que le empleaban como correo marítimo entre los puertos del continente y las islas. Aún en días de tormenta, cuando los marineros no se atrevían a salir a la mar, "pesce Cola" se zambullía en el agua y llegaba a su destino.

Nicolao era capaz de permanecer hasta una hora debajo del agua sin salir a respirar, lo que le permitía vivir con holgura de la pesca de ostras y coral. Se había dado el caso de que "pesce Cola" siguiese nadando a un barco hasta alta mar, lo abordase y después de comer en él, se brindase a llevar noticias de los marinos a sus familiares de tierra. Los prodigios acuáticos de Nicolao llegaron a su fin cuando el rey Federico de Nápoles y Sicilia quiso comprobar la certeza de su leyenda. El monarca, para ver hasta dónde llegaba la intrepidez y resistencia del siciliano, lo llevó hasta el famoso remolino de Caribdis, situado en el lugar más angosto del estrecho de Mesina, y arrojó al agua una copa de oro, diciéndole a Nicolao que si la recuperaba era suya. "Pesce Cola" se lanzó al agua y permaneció bajo ella tres cuartos de hora, hasta que finalmente salió con la copa en la mano. Interrogado por el rey sobre lo que había visto en tan temido lugar, Nicolao contó tremendas visiones de monstruos marinos, moradores de profundas cavernas. El rey, entusiasmado por el relato, quiso saber más detalles y le prometió igual recompensa si bajaba de nuevo. Nicolao se mostró remiso a cumplir los deseos del monarca, por lo que éste le estimuló con una bolsa de oro, además de otra copa que arrojó al agua. "Pesce Cola" consintió y se sumergió de nuevo para no aparecer mas.

Incredulidad de Marañón

La existencia de los hombres marinos la explica Feijoo a base de la adaptación al medio Arguye que sí a una natural inclinación hacia el mar y una especial predisposición para la natación, se añade la práctica continuada, tanto del ejercicio natatorio como de la retención de la respiración, se podría llegar a resultados sorprendentes, como los que lograron estos singulares sujetos. Aceptada la posibilidad de existencia de estos individuos, cabe la posibilidad de que hombres y mujeres con estas habilidades tuviesen, por causas diversas, que buscar refugio en la solitaria vida marina. A partir de aquí, la existencia de una raza de hombres marinos, herederos de las facultades de unos padres adaptados al medio acuático, es del todo admisible.

Establecida la existencia de una raza de hombres marinos, Feijoo explica la existencia de tritones y nereidas, mitad hombre o mujer y mitad pez, mediante el apareamiento de los hombres marinos y los peces.

Ya en nuestro siglo, el doctor Gregorio Marañón volvió a interesarse por la leyenda del hombre pez de Liérganes, y en su libro "Las ideas biológicas del padre Feijoo" dedica un capítulo entero a la leyenda y a los argumentos presuntamente científicos que utilizó el ilustrado para justificar la existencia de los hombres marinos.

A partir de toda la serie de datos recogidos, Marañón formula la hipótesis de que Francisco de la Vega padeciese cretinismo, enfermedad caracterizada por una detención del desarrollo físico y mental y acompañada de deformaciones. Esta es la causa de que un buen día el joven Francisco, "idiota y casi mudo", abandonase su lugar habitual de residencia y vagase por tierra o quizá por mar, "pero no nadando", hasta que se le localizó de nuevo en Cádiz. La coincidencia de que desapareciese bañándose y que se le localizase de nuevo en el mar, junto con la incapacidad del muchacho para dar cualquier explicación, tejió la leyenda de los cincos años de vida marina.

La mudez, la tez blanca, el pelo rojizo, la piel escamosa -debido probablemente a la ictiosis-, la glotonería y el hecho de comerse las uñas, datos todos que aparecen en el relato del padre Feijoo, interpretados desde un punto de vista clínico, no son sino síntomas de cretinismo, enfermedad endémica propia de regiones montañosas, y entonces frecuente en la montaña santanderina.

La habilidad de Francisco de la Vega en la natación y su resistencia en las inmersiones, las explica Marañón a través de la insuficiencia tiroidea, con frecuencia ligada a las personas que padecen ictiosis. Se ha podido comprobar experimentalmente que, cuanto menor es la cantidad de tiroxina segregada, tanto menor es la necesidad de oxígeno, y por tanto mayor el tiempo de resistencia del organismo a situaciones en que falta este elemento.

De todos modos, después de leer la historia de Feijoo y la explicación del doctor Marañón, se nos plantea una duda: Francisco de la Vega, ¿era realmente un cretino? Lo cierto es que no se dice nada de eso antes de la desaparición del muchacho en el río de Bilbao, y tan sólo se alude a su silencio y locura después de su reaparición en Cádiz.

Aunque la interpretación del suceso que ofrece Marañón es ingeniosa y parece dar una respuesta lógica (dentro de la lógica científico- experimental típica del siglo XX) al fenómeno del hombre-pez, nuestro doctor, muy prudentemente -como corresponde a todo buen espíritu científico- se muestra abierto a valorar cualquier otra posible explicación que se pueda dar a tenor de nuevos datos.


Los Mariños y H. P. Lovecraft

Siguiendo en la línea de los sucesos extraordinarios y leyendas tejidas en tono a los hombres marinos no se puede dejar de mencionar la historia de los mariños o marinhos gallegos, narrada en el siglo XVI por el licenciado Luis de Molina en sus Descripción del Reino de Galicia y de las cosas notables (Mondoñedo, 1550) y por Antonio de Torquemada en el ya mencionado Jardín de flores curiosas.

Según cuenta el licenciado Molina, un hidalgo pescó en la isla de Lobeira a una sirena. Cuidó de ella hasta que le cayeron las escamas, y entonces la tomó por esposa. Los hijos que tuvieron fueron llamados mariños.

El relato que nos ofrece Torquemada es mucho menos romántico; cuenta que "andando una mujer ribera de la mar, entre una espesura de árboles, salió un hombre marino en tierra, y tomándola por la fuerza, tuvo sus ayuntamientos libidinosos con ella, de los cuales quedó preñada, y este hombre o pescado se volvió a la mar; y retornaba muchas veces al mismo lugar a buscar a esta mujer, pero sabiendo que le ponían trampas para capturarlo, desapareció. Cuando la mujer vino a parir, aunque la criatura era racional, no dejó de traer en si señales por lo que se supo era verdad lo que decía que con el Tritón lo había tenido."

Es curiosa la conexión entre esa leyenda de los mariños gallegos y uno de los relatos del escritor fantástico norteamericano Howard Phillips Lovecraft. En La Sombra sobre Innsmouth, sin duda una de las mejores narraciones cortas de este autor, Lovecraft nos presenta una raza de seres, "mitad peces mitad batracios" -a quienes llama profundos- capaces de reproducirse con seres humanos.

El relato nos cuenta la horrible experiencia de un hombre que va a parar a un extraño pueblo costero, Innsmouth, donde los profundos han logrado establecer contacto con sus habitantes y dejar descendencia. Estos descendientes humanos, si bien en un principio parecen por completo racionales, poco a poco van sufriendo una metamorfosis, hasta que, tras adquirir el monstruoso aspecto de sus progenitores acuáticos, se lanzan a vivir en el océano.

Es de suponer que Lovecraft se inspiró, para la creación de este relato, en alguna leyenda del folklore anglosajón, del que era un buen conocedor; es probable que utilizase ese substrato mítico ancestral, presente en lo más oscuro de nosotros mismos, como un elemento más para articular su peculiar narrativa de terror. Por otra parte, no hay que olvidar que el folklore anglosajón es una de las ramas de la cultura céltica, del que los gallegos -y sus mariños- son representantes de lo más genuino...

Sea como sea, hay que reconocer que la solidez y la verosimilitud de las leyendas acerca de los hombres-pez sobrepasan en mucho las de otros fenómenos más o menos legendarios, por muy universales que éstos sean. Quizá la antiquísima atracción que el hombre experimenta hacia el mar se deba, después de todo, a unas capacidades o a unas inclinaciones que todos poseemos inconscientemente, y que algunos privilegiados han logrado desarrollar.

jueves, 5 de marzo de 2009

El Monstruo del Lago Ness

A Nessie, como se le conoce cariñosamente al monstruo, la historia lo recoge desde el siglo VI, pero cada cierto tiempo un grupo de investigadores recorre los 40 kilómetros de largo que tiene el lago en una cuidadosa búsqueda que confirme la leyenda.

Los testigos oculares relatan que el monstruo tiene un color rojo oscuro, piel lisa y que mide entre ocho y nueve metros de longitud. Con estas descripciones algunos científicos piensan que puede tratarse de un plesiosaurio, una especie de dinosaurio marino.

¿Cómo surgió Nessie?

Una vieja leyenda cuenta que un misionero fue el primero en dar fe de un encuentro con el monstruo. Desde ese momento y hasta la fecha, miles de personas comentan sorprendidos sus encuentros con Nessie.

Unos, lo han divisado mientras transitaban por la carretera que bordea el lago, otros, desde el castillo de Urquhart situado en una de sus orillas. En algunos avistamientos los curiosos han tomado fotos, algunas de ellas reveladoras de siluetas extrañas en la superficie, mientras que otras no muestran nada importante.

A pesar de que existen varias imágenes, ninguna es lo suficientemente clara y concluyente sobre la bestia marina, y aunque hay muchos encuentros reportados, no se tiene noticias de ataques a seres humanos.

Las características del Lago Ness

El lago es un alargado canal de agua que se extiende por 40 kilómetros. Sus aguas son ligeramente cálidas en la superficie y muy frías a medida en que se desciende. Las montañas le bordean con acantilados que proyectan una imponente sombra sobre las aguas. Hay sitios en que a pocos metros de la orilla la profundidad llega a los 200 metros, lo que hace de difícil la investigación.

Una teoría que defienden los creyentes de Nessie, es que el lago tiene profundos canales subterráneos que lo comunican con el mar, por los que los supuestos monstruos entran y salen a su antojo, justificando así las largas ausencias entre sus apariciones.

La superficie del lago está casi siempre tranquila, por lo que esta ausencia de olas hace más fácil la observación, y también la confusión, pues un pequeño tronco de árbol movido por una ligera brisa, puede crear una ola con su consecuente efecto óptico para que todo el mundo piense que ha visto a Nessie "echando un vistazo".

Dudas razonables sobre Nessie

La psicóloga Susan Blackmore, quien recorrió las orillas del lago, lo percibió a primera vista como amenazante, con aguas tan negras capaces de infundir temor. Para ella está claro que la gente maneja la posibilidad y la esperanza de poder ver algo en la superficie, por lo que cualquier movimiento de olas es achacado a la presencia del monstruo. La tensión y los deseos de un ser testigo excepcional de avistamiento, pueden conducir a cnfundir una realidad con la ficción, asegura la psicóloga.

Pero la lógica de otros científicos funciona sobre la base de la alimentación. Por lo que plantean preguntas claves.

Si Nessie pertenece a la época de los dinosaurios, entonces ha tenido que reproducirse por miles de años, por lo que existiría más de uno.

Para mantenerse vivos, la supuesta manada tendría que devorar grandes toneladas de peces que no existen en el lago.

En las grandes profundidades, es un misterio el tipo de pez que le sirve de alimento. Pues se cree que los organismos microscópicos que habitan en una oscuridad total en el fondo del lago, no serían suficientes para alimentar un cuerpo que pesaría cientos de kilogramos.

La famosa foto

La foto más famosa de Nessie se afirma fue tomada en 1934, y por mucho tiempo se consideró la prueba más contundente de la existencia del monstruo. Sin embargo, en 1994 poco antes de fallecer una de las personas involucradas en la histórica foto, confesó que se trataba de un fraude. El supuesto monstruo no era más que un muñeco bien confeccionado situado encima de un flotador. Al parecer la burla se inició por la venganza de un periodista a sus colegas por haber sido despedido de su trabajo.

Sesenta años después de conocerse el truco, la credibilidad de Nessie sufrió un duro golpe. Aun así, para los escoceses, quienes reciben una entrada considerable de dinero por concepto de turismo, la presencia de las aguas negras en el misterioso lago sigue siendo su principal aliada para que la gente, crédula o no, siga llevando a través del tiempo la leyenda del monstruo más famoso de Escocia.

La expedición científica

La expedición de la Academia de Ciencias Aplicadas de Boston, dirigida por el doctor Robert H. Rines, llegó en 1972 al lago provisto de un moderno equipo de sonar completado por un sistema de cámara estroboscópica creado por el doctor Harold E. Edgerton, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, para fotografiar la vida subacuática. La noche del 8 de agosto la superficie del lago estaba lisa y tranquila, y los miembros del equipo investigador esperaban en embarcaciones ancladas en la bahía de Urquhart, hacia la una de la madrugada el equipo empezó a ver en la pantalla del sonar las pesadas y oscuras señales de un gran objeto en movimiento, la cámara estroboscópica fotografió las manchas captadas por las ondas del sonar, debido a lo turbio del agua, las fotografías no fueron muy nítidas, pero al ser procesadas en una computadora se pudieron definir varias imágenes. Dos de las tomas mostraban una aleta, una tercera foto mostraba dos objetos que parecían ser grandes animales. Los resultados de los análisis de los hallazgos señalaban una aleta que media entre 1.20 a 1.80 metros de largo y dos cuerpos separados por 3.5 metros, esto fue por fin una evidencia palpable de la existencia de uno o algunos seres acuáticos que habitan el legendario lago.

El lago Ness es una gran falla geológica de aproximadamente 40 kilómetros de longitud por unos 2 kilómetros de anchura (en su parte más ancha 2.8) y muy profunda (en varios alcanza los doscientos veinticinco metros), rellena con el agua dulce que le suministra el río Ness que desemboca no lejos de uno de sus extremos. La falla, y consecuentemente el lago, debieron formarse hace 300 millones de años, pero hace 12.000 el suelo de la región se elevó y el lago también unos metros más sobre el nivel del mar. En realidad el lago no posee orillas, pues se encuentra encajado dentro de un corte profundo del terreno cuyas paredes descienden a las profundidades casi verticalmente, con un grado de inclinación agudo. Sus aguas son muy obscuras, porque llevan gran cantidad de turba; a muy pocos metros bajo la superficie es imposible ver nada.

El fósil viviente

Los monstruos se adaptaron a su nueva vida y los descendientes habitaron las obscuras aguas del lago desde hace milenios. Se cree que el monstruo de Loch Ness podría ser verdadero.

El Nessie vive en el agua del lago, él podría haber sobrevivido al gran diluvio universal que se menciona en La Sagrada Biblia, dice en el Génesis 1:21 «Y Dios creó grandes ballenas», esto podría incluir también al monstruo de Loch Ness, nuestra planeta es joven cuenta con seis mil años de edad y falta mucho por conocer incluso a especies que todavía no han sido catalogadas por la zoología.

El monstruo de Loch Ness podría ser un descendiente de dinosaurio, un fósil viviente. Existen demasiados testimonios de personas que han informado y fotografiado a este ser. Solamente resta esperar que algún día sea capturada uno de estas ejemplares.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Humanoides alados: Mitad hombres, mitad pájaros

Una y otra vez, testigos fiables han visto aterradores humanoides alados, tanto en tierra como en pleno vuelo. Estas visiones misteriosas resultan sumamente intrigantes...

Las historias de aves enormes que han arrebatado niños son aterradoramente verosímiles, pero las visiones de criaturas semejantes a pterodáctilos exigen ya a la credibilidad un esfuerzo mucho mayor. Los casos que vamos a describir serían descartados por una gran mayoría como totalmente increíbles, ya que se trata de historias fantásticas de seres de aspecto humano provistos de alas. No obstante, han sido narrados por personas corrientes, sinceras.

El 18 de setiembre de 1877, en los Estados Unidos, fue visto un ser humano alado sobre Brooklyn, Nueva York. No se dispone más que de unos pocos detalles, pero una figura similar fue observada en setiembre de 1880, no muy lejos, exactamente en Coney Island.

Las visiones de humanoides alados parecen estar más ampliamente distribuidas alrededor del globo que las de aves gigantescas y supuestos pterodáctilos. El siguiente informe nos llega desde Vladivostok, en el extremo mas oriental de la URSS. El 11 de julio de 1908, un hombre que caminaba por las montañas Sijoté-Alin vio lo que parecía ser una huella de pie humano en el camino. Su perro empezó a actuar de forma extraña, y oyó cómo algo rebullía entre las matas. Al cabo de varios minutos, el caminante, V. K. Arseniev, arrojó una piedra hacia la criatura invisible, e inmediatamente oyó el ruido de un batir de alas y vio que algo "grande y oscuro" volaba hacia el río. Por desgracia, no pudo obtener más detalles a causa de la niebla. Más tarde, cuando Arseniev explicó a sus vecinos lo que había ocurrido, éstos identificaron la criatura como "un hombre que podía volar por el aire", caso bien conocido entre los cazadores de la región.

Un matrimonio brasileño, los Real, tuvieron una visión más clara de estos seres alados. A principios de la década de 1950, caminaban una noche por un bosque cercano al mar, en la localidad de Pelotas, situada en el estado de Río Grande do Sul, cuando advirtieron la presencia de "dos aves" gigantescas en los árboles. Al acercarse más, las "aves" bajaron al suelo, y la sorprendida pareja comprobó que las criaturas medían 1,8 m de altura aproximadamente, y que tenían una apariencia humana. Estaban agazapadas en el suelo como si observaran a los caminantes.

Desde Houston (Texas, Estados Unidos) nos llega un extraño informe que describe una visión todavía más clara. La noche del 18 de junio de 1953 fue calurosa, y tres vecinos se sentaron en el porche delantero de una casa de apartamentos, al anochecer.

La señora Hilda Walker explicó más tarde: Estábamos charlando, cuando levanté la vista y a unos 7 u 8 metros de distancia vi una sombra enorme sobre el césped. Pensé al principio que se trataba del reflejo ampliado de una gran polilla iluminada por un farol cercano. Entonces la sombra pareció dar un salto hacia arriba en dirección a un árbol... pude verle claramente y advertir que tenía unas grandes alas dobladas junto a los hombros. A su alrededor había una luz tenue y grisácea.

La sombra fue vista también por Howard Phillips y Judy Meyers, quienes la describieron como una "figura de hombre con alas semejantes a las de un murciélago. Llevaba una ropa muy ceñida, de color gris o negro. Estuvo allí de pie unos 30 segundos, balanceándose en la rama del viejo árbol. De pronto, la luz empezó a desvanecerse poco a poco". Estuvieron de acuerdo también en que media unos 2 metros de altura y llevaba una capa negra, pantalones muy ajustados y botas de media caña.

Al desvanecerse la luz, pareció como si la figura también desapareciera con un fuerte ruido siseante. ¿Primera visión de un hombre-polilla?

¿Primera visión de un Hombre-Polilla?. El Mothman

No tan visible, pero con una forma humana bien definida, fue la figura que se plantó en medio de una carretera, frente a una mujer que acompañaba a su padre en West Virginia (Estados Unidos) en 1960 o 1961. Al acercarse, la mujer redujo la marcha de su coche. Los dos atemorizados testigos pudieron ver que la figura era mucho mayor que la de un hombre. La conductora del coche explicó lo que sucedió a continuación: A su espalda se desplegaron unas alas que prácticamente llenaron toda la carretera. Casi parecía un pequeño avión. Entonces despegó rápidamente... desapareciendo de nuestra vista en pocos segundos. Los dos nos quedamos aterrorizados. Pisé el acelerador y me apresuré a alejarme de allí. Hablamos de lo sucedido y decidimos no contarle nada a nadie. ¿Quién iba a creernos?

Es verdad, ¿quién? Aunque ella no lo supiera, esta mujer fue probablemente la primera persona que vio a un ser alado al que más tarde se apodó el "hombre-polilla" (Mothman), y que a finales de 1966 realizó frecuentes apariciones en una zona de West Virginia llamada Point Pleasant. Los primeros que vieron al ser fueron dos matrimonios jóvenes, los señores Scarberry y Mallette. El 15 de noviembre, ya entrada la noche, atravesaban en automóvil la "zona TNT", donde había una fábrica de explosivos utilizada en tiempo de guerra y ya abandonada. Al pasar ante una antigua central eléctrica, observaron en la oscuridad dos círculos de un color rojo brillante, que parecían ojos. Al moverse los círculos, las dos parejas pudieron ver una figura de forma humana, de una altura entre 1,8 y 2 metros, de color grisáceo y con grandes alas. Se desplazaba caminando sobre dos piernas.

Roger Scarberry, que iba al volante, describió un brusco viraje con el coche para alejarse de allí, cosa que hicieron a considerable velocidad. Sin embargo, pudieron ver a la criatura, o a otro ser similar, de pie junto a la carretera; al pasar ellos, la criatura desplegó sus alas de murciélago e inició su persecución. Aunque aceleraron hasta alcanzar los 160 km/h, el "ave" se mantuvo a su altura... sin batir las alas. La señora Mallette lo oyó chillar "como un gran ratón". Cuando explicaron su experiencia en la oficina del sheriff, éste pudo comprobar que estaban aterrorizados y les acompañó hasta la zona TNT, pero no vieron ningún hecho extraño.

Esta historia fue objeto de publicidad, y Point Pleasant se convirtió inmediatamente en foco de atención para los cazadores de monstruos. Hombres armados registraron la zona TNT, pero no encontraron a su presa. Sin embargo, el hombre-polilla seguía merodeando por allí, ya que el 16 de noviembre, al atardecer, se apareció a la señora Marcella Bennett, que se disponía a visitar a unos amigos que vivían en la zona. Estaba sentada en su coche estacionado cuando advirtió la presencia de una figura en la semioscuridad. "Le pareció como si hubiese estado tendido en el suelo. Se levantó lentamente. Era una cosa enorme y gris. Mayor que un hombre. Con unos terribles ojos resplandecientes y rojos." Al igual que las dos parejas la noche anterior, la señora Bennett se sintió hipnotizada por los rojos ojos del hombre-polilla. Mientras ella lo miraba, un amigo la cogió, junto con su hija de corta edad, y las arrastró hacia su casa.

Durante los días siguientes, numerosas personas vieron al hombre-polilla.., o creyeron haberlo visto. Nunca sabremos cuántas de estas visiones fueron causadas por el "contagio" de las historias publicadas por la prensa. El escritor John Keel se trasladó a la zona de Point Pleasant para investigar por su cuenta y, entre las diversas informaciones que reunió, estableció que el hombre-polilla medía entre 1,5 y 2 metros de altura, que era de color gris o pardo, y con forma humana pero sin brazos ni cabeza. Tenía unos ojos rojos, brillantes y luminosos, allí donde se encuentran los hombros de una persona normal. Las alas se plegaban hacia atrás, y su envergadura era de unos 3 metros. La mayoría de estas visiones tuvieron lugar en noviembre y diciembre de 1966, y seguidamente el hombre-polilla desapareció.

El Hombre-Búho de Cornualles

A veces, como en esta información, las visiones han sido individuales, es decir, el misterioso ser alado ha desaparecido después como si jamás hubiera existido. Y otras veces, como ocurrió en West Virginia en 1966, se han producido visiones repetidas en una zona reducida, pero sin dejar ninguna pista real acerca de la naturaleza de la aparición. Tal vez la serie más extraña de informes sobre "cosas aladas" es la referente al "hombre-búho", visto en Cornualles (Inglaterra) en 1976 y 1978 alrededor de Mawnan.

Fue visto por primera vez el 17 de abril de 1976, planeando sobre la torre de la iglesia, por June Melling (de 12 años) y su hermana Vicky (9 años). June describió y dibujó un hombre pájaro provisto de plumas. Pasaron casi tres meses antes de la segunda visión, que tuvo lugar el 3 de julio. De nuevo los testigos fueron niños: Sally Chapman y Barbara Perry, ambas de 14 años. Habían acampado en el bosque y alrededor de las 10 de la noche se dieron cuenta de que no estaban solas. Oyeron un extraño siseo y después vieron una figura cerca de ellas, entre los pinos. Sally la describió: Era como un gran búho con orejas puntiagudas, tan grande como un hombre. Los ojos eran rojos y brillantes. Al principio creí que alguien se había disfrazado para gastarnos una broma, con la intención de asustarnos. Me eché a reír, y mi amiga también, pero después se elevó en el aire y las dos chillamos. Cuando despegó, pudimos ver que sus pies eran como pinzas.

Barbara añadió: "es verdad. Era horrible, con una fea cara como la de un búho, con orejas muy grandes y ojos también muy grandes y rojos. Iba cubierto de plumas grises. Las garras eran negras. Se elevó repentinamente y desapareció entre las copas de los árboles."

Al día siguiente, 4 de julio, otra jovencita, Jane Greenwood, junto con su hermana, vio al hombre-búho. Jane describió lo que había visto en una carta dirigida al periódico local: Fue el domingo por la mañana, entre los árboles cerca de Mawnan Church, sobre la playa rocosa. Estaba de pie entre los árboles, como un hombre adulto, pero con las patas dobladas hacia atrás como las de un ave. Nos vio y rápidamente saltó y se elevó entre los árboles.

Mi hermana y yo lo vimos claramente antes de que se elevase. Tiene unos ojos oblicuos y rojos, y una boca muy grande. Las plumas son de un gris plateado, así como su cuerpo y sus patas. Sus pies son como grandes pinzas negras de cangrejo.

En aquel momento nos asustamos mucho. Era todo muy extraño, como en una película de terror. Después de alzarse la cosa, durante largo tiempo hubo ruidos y crujidos en el árbol.

Más tarde, aquel mismo día, hablamos con varias personas en el campamento, quienes dijeron que habían visto el sábado el Monstruo de Morgawr, cuando nadaban provistas de escafandras y tubos de respiración en el río, más abajo de donde nosotras vimos al hombre pájaro. Lo vieron desde debajo del agua y dijeron que era enorme y que tenía forma de lagarto.

Al hablar del "Monstruo de Morgawr", se refiere a un monstruo marino al que también se vio regularmente en Falmouth Bay a lo largo de 1976. También fueron vistos en esta zona varios OVNIS, y en 1976 Falmouth Bay era el mejor lugar al que uno podía acudir en busca de experiencias extrañas.

Después de julio de 1976, parece ser que el hombre-búho no reapareció hasta junio de 1978. A principios de este mes, una joven de 16 años vio "un monstruo, como un diablo, volando a través de los árboles cerca de la vieja iglesia de Mawnan". El 2 de agosto, tres niñas francesas lo vieron también cerca de la iglesia. Las asustó algo "muy grande, como un gran pájaro peludo". Era blanco, con una "boca enorme y grandes ojos rojos".

¿Por qué ocurren a la vez tan extraños acontecimientos en ciertos puntos del globo? Si alguna forma de energía, conocida o desconocida, se halla en la génesis de estos extraños sucesos, parecería como si tendiera a concentrarse en zonas limitadas y en momentos específicos. El resultado es un rebrote en las visiones de monstruos y OVNIS, y un incremento en sucesos extraños de toda índole.

Indudablemente, alguien volverá a ver extrañas criaturas aladas, pero, tal como ocurre con los OVNIS y con los hombres-bestia, parece improbable que consigamos pistas físicas e indiscutibles, como tampoco, probablemente, podremos contar con ningún cadáver que estudiar. Estos fenómenos parecen querer evitar todos nuestros esfuerzos investigadores.

martes, 3 de marzo de 2009

Bigfoot (Pie Grande)

Cientos de observaciones en todo el subcontinente norteamericano sugieren que el fabuloso piesgrandes existe realmente. Pero, ¿cómo puede sobrevivir esta criatura primitiva en la sociedad más desarrollada del mundo?

Informes Fidedignos acerca de "hombres bestia" en el subcontinente americano se dieron a conocer ya en 1830. Aunque para la información anterior a 1900 tenemos que confiar en viejas crónicas periodísticas, investigadores decididos han encontrado algunas descripciones sugerentes de bestias muy similares a las observadas en la actualidad. En 1851, por ejemplo, un diario local publicó la historia de dos cazadores de Greene County (Arkansas) que vieron un rebaño perseguido por un "animal que tenía las inconfundibles características del ser humano".

Era de gigantesca estatura, su cuerpo estaba cubierto de pelo y su cabeza provista de largos rizos que tapaban casi por entero cuello y hombros. El "hombre salvaje", después de mirarlos fijamente durante un momento, se volvió huyendo a gran velocidad con saltos de tres a cuatro metros. Sus huellas medían unos 33 centímetros.

El cronista añadía que se pensaba que el animal era "un superviviente del sismo que asoló la región en 1811". En casi todos estos primeros informes se consideraba a los hombres-bestia como "hombres salvajes", suponiendo que eran humanos que se habían refugiado en los bosques y en cuyo cuerpo se había desarrollado un tupido manto de pelo. Pero la moderna teoría evolucionista considera esto improbable.

Esta observación, que tuvo lugar en Arkansas, demuestra que las apariciones de piesgrandes no se limitan a los estados del Noroeste (norte de California, Oregon, Washington) y la Columbia Británica, donde se han producido la mayoría de ellas. Aunque en dichas regiones, con vastas zonas de montañas boscosas, se ha originado más información que en otras, piesgrandes o sus huellas han sido vistos en casi todos los estados norteamericanos y en las provincias canadienses. En Florida, muy lejos de lo que se considera el territorio tradicional de los piesgrandes, se han producido numerosas observaciones de "monos pestilentes" en los últimos años.

Muchos informes se limitan a describir un hombre-bestia apenas entrevisto en lugares boscosos. Pero existen otros muy detallados que muestran ciertos rasgos característicos. Al parecer, los piesgrandes son tímidos y no gustan de la presencia de los humanos, aunque también tienen una vena de curiosidad y a veces se acercan por la noche a grupos que acampan en los bosques, contemplan sus pertenencias y, ocasionalmente, balancean su caravana o su coche. Esta conducta y antiguos informes sobre la destrucción de campamentos de buscadores de minerales ponen de manifiesto el deseo de ahuyentar a los intrusos.

También han sido vistos merodeando cerca de casas de campo y aldeas, atraídos probable mente por la facilidad para conseguir comida. Pero, pese a su aspecto terrible y a la conducta provocadora de sus descubridores (cuya reacción es, con frecuencia, disparar primero y preguntar después), los piesgrandes no son agresivos con los humanos, existiendo muy pocas noticias de que hayan causado daños.

A medida que avanza el siglo XX y crece el número de personas que conocen la existencia de los piesgrandes, las noticias sobre observaciones antiguas y recientes van en aumento, y desde los años sesenta se dispone ya de un vasto archivo de informes. Aunque es obvio que esto se debía en parte a la mayor publicidad, ¿significaba también que los piesgrandes eran vistos con mayor frecuencia? Como, a causa del avance de la civilización, su hábitat debe ir reduciéndose gradualmente, es lógico suponer que su número disminuye. Quizá sea esta presión sobre su entorno lo que los fuerza a visitar lugares habitados en busca de alimentos, lo que explicaría a su vez el aumento de las observaciones.

El Bigfoot Casebook (Registro de piesgrandes) contiene unas 1.000 observaciones de los últimos 150 años, y no es una colección completa. Según las estimaciones, sólo se comunica una de cada diez observaciones, o sea que pueden haber sido unas 10 000 durante dicho período. Existen también numerosas noticias sobre grandes huellas de aspecto humano que han aparecido por lo general en el barro, la nieve o la arena, y que se supone que son de un piesgrandes. Algunas veces, los investigadores que estudian los informes han hallado también pelo o heces que podrían pertenecer a un piesgrandes, pero los análisis que se han hecho de estas sustancias no suelen ser concluyentes.

Una selección de algunas informaciones correspondientes al presente siglo nos dará una imagen clara del piesgrandes y de su conducta. En 1969 Albert M. Fletcher escribió acerca de un encuentro que tuvo 50 años antes, cuando era leñador en Washington.

En otoño de 1917, cuando tenía 17 años, trabajaba como leñador en un campamento junto al río Cowlitz, en el estado de Washington. Una noche de luna iba caminando por una senda en dirección a un baile, cuando tuve la incómoda sensación de que algo me seguía de cerca. Miré varias veces por encima del hombro, pero no vi nada. Cuando llegué a una curva del camino, me escondí detrás de un árbol y esperé para ver de qué se trataba. Casi en seguida apareció una criatura muy grande y de aspecto humano, que debía medir unos dos metros o algo más.

Caminaba sobre las patas traseras, estaba cubierta de pelo oscuro, tenía barba y un pecho amplio, y, por lo que pude ver, no llevaba ningún tipo de ropa. Sin salir de mi asombro, grité alarmado y la criatura se volvió instantáneamente y se alejó corriendo por el bosque, siempre sobre las patas traseras. Cuando se lo conté a mis compañeros, algunos se rieron, pero otros aseguraron que habían visto lo mismo. Nadie tenía una explicación, ni un nombre, pero todos estaban de acuerdo en que era algo grande, con aspecto de mono, y también en que se parecía a un hombre muy fornido.

Secuestrado por un Hombre-Bestia

Otro informe, de 1924, relata algo que, de ser cierto, constituye el encuentro más espectacular con un piesgrandes entre los que se hallan registrados. Albert Ostman afirma haber sido secuestrado por un piesgrandes, que lo mantuvo cautivo varios días antes de que lograra escapar. El secuestro tuvo lugar cerca de Toba Inlet, en la Columbia Británica, en cuyas montañas acampaba en busca de minerales. Una noche un piesgrandes de unos 2,40 m lo cogió en su saco de dormir y lo llevó por el campo durante lo que al incómodo y asustado Ostman le parecieron tres horas.

Aún estaba oscuro cuando llegaron a su destino, pero al amanecer Ostman pudo comprobar que había cuatro piesgrandes, un macho y una hembra adultos y un macho y una hembra infantiles. Durante su cautividad, Ostman pudo estudiar la forma de vida de la familia y pensar en el modo de huir. Pero todos sus intentos fueron frustrados por "el viejo", como lo llamaba él. Ostman tenía su rifle, pero se resistía a hacer daño a las criaturas, pues lo trataban bien. Finalmente pudo escapar dando al "viejo" una gran cantidad de rapé, que lo dejó incapacitado. Mientras el piesgrandes corría a buscar agua, Ostman cogió sus cosas y salió huyendo a toda velocidad.

Los encuentros en los que el testigo puede observar largamente y de cerca a la criatura son los más interesantes. Un observador tranquilo puede aportar mucho a nuestro conocimiento sobre la materia. Uno de los mejores informes de este tipo fue elaborado por William Roe, que vio a un piesgrandes en la montaña Mica, en la Columbia Británica, en octubre de 1955.

Roe estaba oculto en un matorral, de modo que el piesgrandes -una hembra de 1,80 m de altura, 1 m de ancho y unos 135 kg. de peso- se acercó sin percatarse de que era observado. Cuando estaba a unos seis metros de distancia, se puso en cuclillas junto al matorral en que se escondía roe, quien más tarde escribió una cuidadosa descripción de la cabeza, la cara y el pelo del piesgrandes, y de la forma en que andaba. Por un momento se preguntó si no se habría metido sin darse cuenta en un set y estaba contemplando a un actor maquillado, pero pronto descartó esta idea. Su informe continúa así: Finalmente, esa cosa debió percibir mi olor, porque me miró directamente a través de un claro en el matorral. Una expresión de asombro pasó por su cara. Me pareció tan cómica que sonreí. Siempre en cuclillas, retrocedió tres o cuatro pasos, después se irguió por completo y marchó velozmente por donde había venido. Me miró un instante por encima del hombro, pero no con temor, sino como si no quisiera entrar en contacto con algo extraño.

Roe consideró la posibilidad de disparar a lo que hubiese resultado un ejemplar único y hasta levantó su rifle. Pero no pudo hacerlo. "Aunque en un principio lo había considerado un animal, en aquel momento sentí que se trataba de un ser humano, y supe que si disparaba nunca me lo perdonaría."

¿Humano o animal? Los testigos no están seguros, y los investigadores tampoco. "Si tuviéramos un cadáver para examinarlo", claman. Pero los que consideran que lo importante es matar un piesgrandes para probar su existencia de una vez para siempre, se encuentran con la oposición de quienes piensan que hay que dejar en paz a la criatura. ¿Qué derecho tiene el hombre a cometer un asesinato para satisfacer su curiosidad?

Algunos informes sugieren que alguien con la suficiente paciencia y calma podría incluso hacerse amigo de un piesgrandes. En el otoño de 1966, una pareja que vivía cerca de Lower Bank, en Nueva Jersey, encontró huellas de 43 cm de longitud cerca de su casa, y más tarde vieron una cara que asomaba por una ventana situada a más de dos metros de altura. Durante algún tiempo fueron dejando con regularidad restos de verduras, que el piesgrandes consumía, pero una noche en que se olvidaron el visitante demostró su irritación arrojando un cubo de basura contra la pared. Un tiro al aire no lo asustó, y el hombre disparó al cuerpo del piesgrandes, que huyó para no volver más.

Nueve metros de vacilante película en color de 16 mm conmovieron al mundillo de los buscadores de piesgrandes en 1967. Los interrogantes que planteaba la cinta aún no han sido desvelados a satisfacción de todos. Detrás de la cámara se hallaba Roger Patterson, que en octubre de ese año cabalgaba con Bob Gimlin por los remotos bosques de la región de Bluff Creek, en el norte de California, en busca de rastros de piesgrandes. Sus caballos retrocedieron atemorizados cuando se hallaron de improviso frente a un piesgrandes hembra, en cuclillas junto a un arroyo. Patterson desmontó de un salto, tomó su cámara y echó a correr tras la figura que se alejaba. Antes de perderse de vista entre los árboles, el piesgrandes se volvió para mirar a los hombres. El famoso fragmento de película ha sido analizado numerosas veces desde 1967, pero aunque nadie haya podido probar que sea una falsificación, los hombres de ciencia se muestran escépticos sobre el particular.

Esto puede deberse a cautela natural, o al curioso argumento de que "los piesgrandes no pueden existir; por lo tanto, no existen". Entretanto, la criatura continúa apareciendo con regularidad en América del Norte, alarmando, aunque sin hacer daño, a los testigos, que invariablemente son cogidos por sorpresa, e intrigando a todos aquellos que meditan acerca de su existencia.

lunes, 2 de marzo de 2009

Aves gigantes: Monstruos aéreos

Los mitos de la antigüedad nos hablan de aves gigantescas que atacaban a los seres humanos. Los ornitólogos rechazan la idea de que semejantes criaturas puedan existir... pero más de una persona ha experimentado la fuerza de sus garras.

Monstruos con alas

En Tippah County (Missouri, Estados Unidos), un maestro de escuela refirió en 1878 la siguiente y trágica historia: "Hace unos días ocurrió en mi escuela un triste suceso. Durante algún tiempo, las águilas se mostraban muy inquietantes en los alrededores, ya que habían capturado cerdos, ovejas, etc. Nadie creía que intentasen apoderarse de un chiquillo, pero el jueves, durante el recreo, los niños se encontraban a cierta distancia de la casa, jugando a las canicas, cuando su pasatiempo se vio interrumpido por una enorme águila que descendió, capturó al pequeño Jemmie Kenney, de ocho años, y se alejó volando con él entre sus garras. El niño gritó y, cuando yo salí de la escuela, el águila volaba a tal altura que sólo pude oír los alaridos del niño. Se dio la alarma, y, a fuerza de gritos y disparos al aire, el águila se vio obligada a dejar caer su víctima, pero sus garras se habían hundido tan profundamente en él, y la caída fue desde tal altura, que el pequeño murió..."

Éste no es el único caso de un chiquillo arrebatado por un águila. En 1838, en las montañas de Suiza, una niña de cinco años llamada Marie Delex fue capturada por un ave cuando se encontraba jugando con sus amigas. No fue transportada al nido del ave, ya que un grupo que salió en su búsqueda encontró allí dos aguiluchos y montones de huesos de cabra y de oveja, pero ningún rastro de la pequeña. Pasaron dos meses antes de que un pastor encontrara sobre una roca su cadáver mutilado.

La noruega Svanhild Hantvigsen narra que cuando tenía tres años, en 1932, fue capturada por un águila y llevada hasta su nido. Fue rescatada por varias personas que habían presenciado el hecho, y tuvo la suerte de escapar del trance sin un rasguño, aunque sus ropas estaban hechas jirones.

Este tipo de ataques resultan alarmantes e insólitos, pero no misteriosos. Algunas veces, sin embargo, surgen noticias de otra clase, acerca de monstruosas criaturas aladas que no parecen ajustarse a la descripción de ningún ave de las descritas por la ornitología. A veces, parecen más bien gigantescas criaturas voladoras de las que se extinguieron hace millones de años; en ocasiones, parecen medio humanas.

La mayor ave conocida por la ciencia es el albatros viajero, que habita exclusivamente en los océanos del Sur y que posee la mayor envergadura de alas: 3,3 metros. Le sigue muy de cerca en tamaño el cóndor andino, con una envergadura de 3 metros. Las alas del cóndor californiano miden de punta a punta 2,7 metros, pero se cree que en la actualidad no sobreviven más que unos 40 ejemplares de esta especie.

Sin embargo, incluso un cóndor parecería diminuto al lado del teratórnido, un ave que se extinguió hace unos 10.000 años. Se cree que fue el ave de mayor tamaño que jamás haya habitado la Tierra, con una longitud de 3,3 m, una envergadura de 7,5 m, y un peso de unos 75 kilos. Se han encontrado fósiles en Argentina, México y el sur de los Estados Unidos, y se calcula que algunos de ellos revelan una antigüedad de 5 a 8 millones de años.

En la mitología se habla también de aves enormes. Los indios illinois pintaron un pájaro monstruoso, el Piasa o "ave devoradora de hombres", en una roca que domina un río cerca de Alton, en el estado de Illinois. Solían disparar flechas o balazos contra esta imagen cuando pasaban junto a ella en sus canoas. La pintura fue vista por exploradores misioneros en el siglo XVII antes de que la superficie de la roca fuese destruida por la erosión. En 1970 se pintó de nuevo una imagen del Piasa, imitando la tradicional.

Según los Illinois, el Piasa es un ave escamosa, con larga cola, cuernos y ojos de color rojo. Puede ser vista una vez al año, al amanecer del primer día de otoño, cuando sale del río para buscar una cueva donde pasar el invierno.

Otras tribus amerindias hablan todavía hoy de otra enorme criatura: el ave del trueno. Según James "Cielo Rojo", indio ojibwa de la región de Thunder Bay, en Ontario (Canadá): «Vimos hace varios veranos un ave del trueno. Era un ave enorme, mucho mayor que los aviones que podemos contemplar hoy. No batía sus alas, ni una sola vez. Era blanca por debajo y negra por encima.»

Los informes modernos sobre aves gigantescas en los Estados Unidos comenzaron a finales del siglo XIX En el año 1882, en Dent's Run, Pennsylvania, un tal Fred Murray divisó una bandada de aves que, según dijo él, parecían buitres gigantescos, con una envergadura de más de 5 metros.

En febrero de 1895, la desaparición de la niña de diez años Landy Junkins en Webster Country (West Virginia) fue atribuida a una de estas enormes aves. La madre de Landy envió a la niña a la casa de unos vecinos, pero nunca llegó a ella. Un grupo de búsqueda encontró sus huellas en la nieve; abandonaban el camino y se adentraban unos pocos metros en un campo. Allí, numerosas huellas se mezclaban entre sí, como si la pequeña hubiera dado vueltas sobre si misma, tal vez tratando de escapar. Nunca más se supo de ella.

Un incidente acaecido unos días después sugirió lo que pudo haberle ocurrido a la niña. Un cazador de osos, llamado Peter Swadley, fue atacado por un ave de gran tamaño, que descendió sobre él y le hundió las garras en la espalda. Swadley escapó de la muerte gracias a su perro, que atacó al ave. Esta se revolvió entonces contra el perro, abriéndole el vientre de un zarpazo, y después remontó el vuelo llevándose al infortunado animal. Un ayudante del sheriff y su hijo vieron también el "águila" gigantesca que capturó un gamo en el bosque donde ellos estaban cazando ciervos. Según dijeron, el animal tenía una envergadura de 4,5 a 5,5 metros, y un cuerpo tan voluminoso como el de un hombre.

Según se cree, el mismo monstruo fue también el causante de extrañas desapariciones de ovejas en un corral vallado. Por tanto, parece ser que se trataba de un águila capaz de levantar el vuelo con un gamo, un perro de caza, una oveja y una niña de diez años, y que además intentó apoderarse de un adulto...

Hacia 1940, en Pennsylvania, un escritor e historiador local, llamado Robert Lyman, se encontraba en la Selva Negra, cerca de Coudersport, cuando vio en medio de un camino un pajarraco de color pardo. De pie media cerca de un metro, y tenía el cuello y las patas muy cortos. Cuando alzó el vuelo, Lyman vio, tomando como punto de referencia el camino, que sus estrechas alas, una vez desplegadas, alcanzaban una amplitud de 6 a 7,5 metros.

En 1947, cerca de Ramore (Ontario, Canadá), unos granjeros pasaron un mal rato con una gigantesca ave negra que atacó su ganado. Tenía un pico curvo, grandes garras y unos ojos amarillos "del tamaño de dólares de plata". Unos meses más tarde, en Illinois fueron avistadas repetidas veces aves de un tamaño increíble. "¡Ahí afuera hay un ave tan grande como un B.29!", chilló James Trares, un niño de doce años, al entrar corriendo en su casa en busca de su madre. Esto ocurrió en enero de 1948, y James fue el primero en notificar la existencia de este monstruo. El niño vivía en Glendale (Illinois), y el ave que vio volando tenía un color gris verdoso.

Un ex coronel del ejército, Walter Siegmund, vio algo similar el 4 de abril. Calculó que volaba a unos 1.200 metros de altitud, y a partir de su experiencia militar quedó convencido de que "sólo podía tratarse de un ave de un tamaño enorme".

Hubo otras visiones, entre ellas alguna en Saint Louis (Missouri). Varios testigos creyeron primero estar viendo un avión, debido a su gran tamaño, hasta que el ser empezó a batir sus alas y a realizar maniobras propias de un ave. Entre los testigos se contaban policías e instructores de vuelo. La última visión tuvo lugar, al parecer, el 30 de abril de 1948. Charles Dunn apenas pudo dar crédito a sus ojos cuando contempló un ave cuyo tamaño "era el de una avioneta Piper Cub", que volaba a unos 900 metros de altitud y batía sus alas. Poco más se supo de aves monstruosas durante casi dos décadas, aunque en 1957 fue avistado un extraño pajarraco con una envergadura de 7,5 a 9 metros volando a unos 150 metros de altitud sobre Renovo (Pennsylvania). en 1966 se produjeron noticias procedentes de Utah, West Virginia, Ohio y Kentucky, aunque sólo algunas de ellas pudieron ser consideradas como visiones de especies apenas conocidas.

Más tarde, en 1975, tras unas misteriosas muertes de animales en Puerto Rico, fueron avistadas aves de gran tamaño y de aspecto similar al de cóndores o buitres de color blanquecino. El 26 de marzo, el obrero Juan Muñiz Feliciano fue atacado por una "terrible criatura grisácea con multitud de plumas, un cuello largo y grueso, y mayor que un ganso".

A finales de julio de 1977, fueron vistas cerca de Delava (Illinois) dos aves de gran tamaño que trataban de llevarse un cerdo que pesaba cerca de 30 kilos. Ambas recordaban los cóndores californianos y tenían una envergadura de 2,5 metros, pero un ecólogo de la universidad de Illinois comentó que los cóndores se hallan al borde de la extinción, y que no pueden levantar semejantes pesos; además se alimentan de animales muertos.

¿Qué era, pues, lo que trató de llevarse al niño Marlon Lowe, de diez años de edad, en el jardín de su casa en Lawndale (Illinois) el 25 de julio del mismo año? También ese pajarraco iba acompañado por otro, y lo que pudo haber sido terrible tragedia tuvo lugar tan sólo unos días antes del frustrado robo del cerdo, y a una distancia de 16 kilómetros del lugar. Marlon estaba jugando al escondite, cuando a las 8:10 de la tarde una de las aves se apoderó de él y lo levantó del suelo. Afortunadamente, su madre se encontraba cerca. Vio los pies de Marlon colgando en el aire y gritó, ante lo cual el ave dejó caer al niño antes de haber alcanzado una gran altura.

La señora Lowe se encontraba a sólo tres metros de distancia de las aves, y más tarde comentó: "Siempre recordaré que aquella cosa enorme inclinaba su cuello adornado con anillas blancas, y que parecía tratar de picotear a Marlon mientras volaba alejándose." Describió a las aves como "muy negras", excepto las anillas blancas alrededor de sus cuellos, cuya longitud era de unos 45 centímetros. Los picos eran curvos y median unos 15 centímetros de longitud, y la envergadura de las alas no era inferior a los 2,5 metros. Calculó que, de haberse posado en el suelo, habrían medido alrededor de 130 centímetros de altura. Seis personas los vieron alejarse hacia Kickapoo Creek, donde hay espesos matorrales y una gran cobertura de árboles.

De no haber sido por los gritos de la señora Lowe, que asustaron al ave, es muy probable que Marlon hubiese corrido el mismo destino de Marie Delex, Jemmie Kenney y Landy Junkíns. En realidad, los Lowe padecieron otras consecuencias. Fueron molestados por vecinos que dejaban pájaros muertos ante el portón delantero, y por escritos y llamadas telefónicas a cual más desagradable. En la escuela, Marlon, apodado "el niño del pájaro", tuvo que pelear más de una vez para hacer frente a las burlas de sus condiscípulos. Su cabello rojizo se volvió gris, y durante un año el pobre chiquillo se negó a salir al exterior después de que hubiera oscurecido.