jueves, 14 de mayo de 2009

Los poderes paranormales

En la segunda mitad del siglo XIX, el fenómeno del espiritismo pone de manifiesto los poderes síquicos de algunas personas y plantea el problema de su explicación. Es a esta tarea que se consagra la parapsicología, por medio del examen de sujetos particularmente dotados como Daniel Dunglass Home.

Nacido en 1833 en Currie, pueblo cercano a Edimburgo, Home aparece hoy como el mayor médium de todos los tiempos. En 1868 realiza frente a numerosos observadores una presentación que demuestra el poder, aparentemente indesmentible, de sus dotes síquicas.

La levitación

El 16 de diciembre de 1868, en Inglaterra, mientras está junto a un grupo de personas con lord Adare, lord Lindsay, el capitán Wynne y Smith Barry, Home entra en estado de trance y comienza a elevarse por los aires. Sale flotando por una ventana de la casa en que todos se encuentran, pasa a 20 metros del suelo y vuelve a entrar por la ventana del pequeño salón contiguo. Regresa al cuarto acompañado por lord Adare. Al no entender este último cómo pudo pasar por una ventana a medio abrir, Home repite la prueba: se eleva nuevamente del suelo y pasa por la ventana, primero la cabeza y después el cuerpo casi horizontal, aparentemente rígido.

No es la primera ni la última oportunidad en que se presta para estas exhibiciones. Ya en 1866, Home se elevó hasta el techo de un cuarto y dibujó una cruz en él para demostrar a los presentes que no participaron en una alucinación colectiva. Se elevó así, frente a testigos, unas cincuenta veces durante su carrera.

Talentos precoces

Ya a la edad de 4 años, el futuro médium conmovió a su entorno anunciando acontecimientos antes de que ocurrieran. Parece tener las facultades síquicas de su madre, también conocida por sus dotes de "doble visión". Habiendo quedado huérfano, es adoptado por su tía, la Sra. Cook, quien se lo lleva a Estados Unidos cuando tiene 9 años. Está delicado de salud y sufre de tuberculosis. A los 13 años, Home anuncia la muerte de uno de sus compañeros, Edwin, quien muere tres días después.

Algunos años más tarde, unos golpes resuenan en la casa familiar y unas mesas se deslizan cuando se aproxima. La multiplicación de incidentes obligan al joven a dejar a su tía, una mujer supersticiosa que lo acusa de estar poseído por el diablo...

Estamos a la sazón en 1851, poco tiempo después de los hechos extraños ocurridos en la casa de los Fox, en Hydesville, que marcan el "nacimiento del espiritismo". Ya son muchas las personas que se interesan en los fenómenos que, posteriormente, se llamarán "paranormales". Las sorprendentes capacidades del joven llaman la atención.

Una cantidad impresionante de demostraciones

Desde entonces inicia una carrera internacional, que lo hace recorrer toda Europa. Home es un hombre dulce, amable, encantador que gusta de cierto lujo, aunque rehusa recibir dinero por sus demostraciones. Las cortes se pelean su presencia. Entre sus admiradores y protectores se encuentra el emperador Napoleón III, el zar de Rusia y el rey de Baviera. En cambio, las autoridades italianas, particularmente las religiosas, no aprecian sus dotes y lo hacen expulsar. En 1862, Home publica sus memorias: Revelaciones sobre mi vida sobrenatural.

El carácter excepcional del caso de Home se debe a las numerosas pruebas, aparentemente sólidas (existen cientos de testimonios), de la extensión de sus poderes. Una comisión enviada por la Universidad de Harvard atestigua que, en presencia del médium, una mesa se elevó algunos centímetros y se desplazó, mientras el piso vibraba. El médium no se ve afectado por el "ambiente" del local donde opera, y los observadores pueden seguir discutiendo sin que esto lo perturbe en lo más mínimo.

Cuando Home está en trance, los fenómenos (cuya naturaleza no puede explicar) son de carácter diverso: levitación, por supuesto, pero también clarividencia, elongación del cuerpo, materialización de objetos y de ectoplasma, telekinesis o desplazamiento de objetos situados a distancia, el sonido de una música en el cuarto, diversos fenómenos luminosos, voces de espíritus, etc. Incluso puede manipular braseros sin quemarse. Sir Williams Crookes, químico de renombre que descubrió el talic (1861), intrigado por la fama del médium, se reunió con él e hizo pruebas sobre sus capacidades durante muchos años.

El resultado de su investigación, publicado en 1871 en el Quarienly Journal of Science, es enteramente favorable a Home. El científico relata las pruebas a las que Home se había y constata que el médium puede, por ejemplo, hacer que un acordeón cuyas teclas se pusieron a tocar solas se mueva a distancia, sin que se haya podido descubrir ninguna trampa. Home también fue sometido a pruebas en San Petersburgo (1870), pero sus dotes no funcionaron entonces, hecho que no extrañó a Crookes. El mismo, durante algunas sesiones, obtuvo escasos resultados: los poderes de Home no se manifiestan continuamente a simple pedido, lo que constituye más bien un argumento a su favor. Hasta su muerte, en 1886 a causa de la tuberculosis que sufría desde su infancia, jamás se le pudo comprobar algún fraude .

Los grandes médiums

Para los espiritistas, los médiums son los intermediarios entre los hombres y los espíritus. Para los parapsicólogos, son sujetos que poseen poderes síquicos. En algunas oportunidades los médiums fueron sorprendidos haciendo trampa; así, Eusepia Palladino en el siglo XIX y Uri Geller, más cerca de nosotros. Pero los poderes síquicos no se manifiestan a voluntad. Se puede concebir que ciertos médiums muy solicitados no resisten la tentación de concurrir a subterfugios en caso de impotencia, lo que no pone necesariamente en duda la realidad de sus poderes.

En el Siglo XIX.- Este siglo es rico en médiums, y es difícil hacer una selección. Citemos, sin embargo, a los hermanos Davenport, quienes amarrados, son capaces de desplazar objetos distantes y elevarse ellos mismos por los aires. O también Eusepia Palladino, quien fue examinada por varios expertos, como el criminólogo C. Lombroso (Hipnotismo y espiritismo, 1911) y el astrónomo Camille Flammarion (Las fuerzas naturales desconocidas, 1907).

En el Siglo XX.- El francés Jean-Pierre Girard y el israelí Uri Geller son telekinesistas capaces de torcer objetos metálicos sin tocarlos. En una aparición por televisión se produjo un fenómeno de "contagio" paranormal, para retomar los términos del especialista R. Tocquet, y se torcieron cucharas, llaves y relojes de los televidentes. Los testimonios sobre este fenómeno fueron tan numerosos, que la central telefónica de la televisión inglesa (B.B.C.) se autodesconectó el 23 de diciembre de 1973, y lo mismo le ocurrió a la de la televisión francesa el 15 de noviembre de 1974.

En Rusia.- En la ex Unión Soviética, varios científicos realizaron estudios sobre los fenómenos paranormales. La médium Nelya Mikhailova fue objeto de experimentos célebres suyas secuencias fueron filmadas. Un documental la muestra separando a distancia, bajo estricto control, la yema y la clara de un huevo en una fuente de vidrio colocada a 1.80 metros de ella, y luego volviendo a unirlas.

miércoles, 13 de mayo de 2009

La reencarnación

En la India se considera a la reencarnación como un hecho irrefutable. Sin embargo, aun los budistas se sorprenden al ver que algunas personas pueden conservar recuerdos de su "vida anterior". Aunque numerosos casos han sido registrados y estudiados por los científicos, uno de los más inquietantes es el caso de Shankar.

El 19 de enero de 1951 Munna, un pequeño de seis años, juega delante de la tienda de su padre, peluquero de Kannauj, una importante ciudad del norte de la India. Dos desconocidos aparecen repentinamente y sin que nadie los observe raptan al niño. Al constatar su ausencia el padre, Sri Jageshwar Prasad, se inquieta. Hace buscar a Munna y algunas horas más tarde encuentran el cadáver del pequeño degollado a la orilla de un río. Muy pronto dos hombres son detenidos y uno de ellos confiesa el crimen, pero luego se retracta. Como no se logra encontrar ninguna prueba formal de su culpabilidad, la policía decide soltarlos. La familia de Munna queda desamparada y la madre sufre graves problemas nerviosos.

¿Munna reencarnado?

Seis meses después de la muerte de Munna, nace en otro barrio de Kannauj, Shankar, hijo de Sri Babu Ram Gupta. Apenas aprende sus primera palabras el niño muestra un comportamiento extraño. A los dos años habla de su "otra casa" a la que le gustaría volver. Quiere ver a sus "otros padres" y no cesa de reclamar unos juguetes que describe con mucha precisión y que nunca tuvo.

En ocasiones Shankar es presa de grandes temores, y cuenta como en su "otra vida" dos hombres lo degollaron. Desde su nacimiento el chico tiene bajo el mentón, a lo ancho del cuello, una marca misteriosa que parece ser una larga cicatriz.

En 1954 la historia de Shankar recorre la ciudad entera y delante de numerosos testigos y en varias ocasiones cuenta "su" asesinato. Entrega detalles que nunca fueron dados a conocer a la opinión pública, pero que corresponden a la confesión del acusado que se retractó posteriormente.

Esto llega a oídos de Jageshwar: turbado, quiere conocer a Shankar; pero el padre de éste, Babu Ram, se opone a ello. El asunto comienza a inquietarlo y teme que le puedan quitar a su hijo. Jageshwar insiste y el 30 de julio de 1955 logra conocer a Shankar y a su madre. El niño que acaba de cumplir cuatro años reconoce a Jageshwar y se lanza a sus brazos.

¿Un caso trucado?

En 1956 el profesor Atreva, de Benarés, comienza a investigar el caso de Shankar. Interroga al niño y efectúa verificaciones de los hechos. Shankar proporciona detalles de la vida de Munna que sólo pueden ser conocidos por su familia y sus relatos sobre el asesinato no varían jamás. El profesor Atreva obtiene confirmación de la madre de Shankar, de sus profesores y de sus vecinos. Babu Ram molesto con todo este asunto golpea a su hijo y le prohibe hablar de su "antigua vida".

Jageshwar, quien no tiene dudas de que Shankar y Munna son la misma persona, intenta hacer reabrir el proceso de los presuntos asesinos, pero la justicia india rehusa aceptar este extraño "testimonio de la víctima".

Entre 1956 y 1965 el asunto es estudiado no solamente por el profesor Atreva sino también por el Dr. Jamuna Prasad y por el investigador norteamericano Ian Stevenson, quienes tratan de determinar si hubo alguna posible manipulación. La primera hipótesis es que las dos familias serían cómplices, pero entonces ¿cuál sería el motivo? Ninguna de ellas obtiene el menor beneficio financiero del asunto. ¿Vería en ello Jageshwar un medio para hacer condenar a los asesinos de su hijo inculcando falsos recuerdos a Shankar? Esta hipótesis es poco probable. Por lo demás es casi imposible hacer que un niño de tan corta edad pueda aprender tan perfectamente su lección. A lo largo de los años Shankar no se contradijo nunca en sus relatos. Además Babu Ram se muestra constantemente hostil a las declaraciones de su hijo.

La segunda hipótesis es que Shankar es un niño mitómano. Pero en este caso es absolutamente imposible que haya conocido con tanto detalle la vida de Munna.

¿Criptomnesia, telepatía o reencarnación?

La hipótesis de la criptomnesia, "la memoria oculta", podría ser tomada en cuenta. Esta teoría recurre al psicoanálisis. Desde su más tierna infancia el niño pudo memorizar inconscientemente la conversación de sus padres cuando se referían al asesinato de Munna. Se habría identificado con el niño y naturalmente habría contado "su historia" al crecer. Pero una vez más la misma objeción se presenta: ¿cómo pudo relatar detalles que sus propios padres ignoraban? ¿Y cómo explicar esa marca de nacimiento tan parecida a la cicatriz de Munna?

Forzosamente habría que admitir que ninguna hipótesis "lógica y racional" puede ser aplicada al asunto Munna–Shankar.

Los investigadores norteamericanos de la Sociedad de Investigaciones Síquicas tienen registrado más de un centenar de casos similares en todo el mundo que después de un examen cuidadoso resultan inexplicables. Para algunos la clave del enigma está en la telepatía: Shankar, por razones que se desconocen, estuvo inconscientemente en contacto con la madre de Munna, cuyo equilibrio psicológico estaba perturbado. Sin darse cuenta fue víctima de esta proyección. Sin embargo para la mayoría de los indios, la verdadera respuesta es a la vez inquietante y más simple: Shankar es simplemente la reencarnación de Munna.

Las creencias en la reencarnación

En el Antiguo Mediterráneo.- La noción de reencarnación aparece en muchas corrientes filosóficas y religiosas de la antigüedad en el Mediterráneo, tales como el orfismo egipcio, el maniqueísmo, el pitagorismo y el neoplatonismo. Como otra faceta del culto a los ancestros practicado durante mucho tiempo en las antiguas religiones, esta noción es también una forma de acercar el mundo de los vivos al de los muertos.

En las Sociedades Africanas.- En ciertas etnias la creencia en la reencarnación juega un importante rol social. Entre los ashanti de Ghana la "sangre" renace por la línea materna mientras que el "principio masculino" refleja el culto a los ancestros y el alma se reúne, en su esencia, con la divinidad. Por el contrario los kikuyo de Kenia distinguen dos almas en sus muertos: una "social" o colectiva que se reencarna en otro individuo y una que alcanza el mundo de los ancestros.

En el Mundo Occidental en los siglos XIX y XX.- En el siglo XIX numerosos occidentales se sintieron atraídos por estas doctrinas evocadas en los textos ocultistas. Es el espiritista Allan Kardec quien lanza el movimiento de 1857 utilizando la reencarnación como fundamento de su "religión universal".

En los años de 1930 la inglesa Joan Grant publica numerosas obras sobre sus "vidas anteriores". Ella recuerda ser la hija de un faraón, haber vivido en Grecia de Alejandro, en la Inglaterra medieval y en Italia durante el renacimiento. Algunas de sus declaraciones son sorprendentes, pero los destinos excepcionales que ella se atribuye en cada reencarnación contribuyen a hacer dudar de su sinceridad. En la segunda mitad del siglo XX renace el interés por las doctrinas orientales y numerosas personalidades, entre ellas el modisto Paco Rabanne, afirman creer en la reencarnación.

Creencias Orientales.- Sigue siendo en Asia donde el principio de la reencarnación está más expandido. En la India por su puesto, pero también en China, Japón, Mongolia, el Tíbet, Indonesia... El caso más conocido es el del dalai lama, guía espiritual de los tibetanos. Cada dalai lama es la reencarnación de su predecesor. Es difícil obtener cifras exactas sobre el número de creyentes, sobre todo por el ateísmo oficial de China que oculta un gran número de fieles, pero se puede decir que hoy más de mil millones de personas pertenecen a alguna religión que admite la reencarnación.

martes, 12 de mayo de 2009

Un extraño fuego sobrenatural

Entre todos los destinos inexplicables que pueden aguardar a una persona, quizás el más extraño sea el de arder inesperadamente, sin que ninguna causa aparente lo justifique. A este fenómeno se le ha intentado dar varias explicaciones racionales... pero nadie lo ha conseguido.

Desde hace mucho tiempo, la gente cree que en ciertas circunstancias el cuerpo humano puede arder por decisión propia. Las llamas, además, son tan terribles que en pocos minutos la víctima queda reducida a un montón de cenizas carbonizadas. Esta creencia -algunos la llaman superstición- existe desde hace siglos y se basa en la idea del castigo divino contenida en el libro de Job. Este fenómeno fue muy popular en los siglos XVIII y XIX, y entre otros, el famoso novelista británico Charles Dickens se sintió fuertemente atraído por el tema. Dickens había examinado los casos de combustión espontánea humana (que abreviaremos Che) como podría hacerlo un juez, conocía la mayor parte de los primeros casos, y describió algunos de ellos en sus obras (por ejemplo, la muerte de Krook en La casa desierta, escrita en 1852-53).

La muerte de la condesa Cornelia Bandi, de 62 años, acaecida en abril de 1731 cerca de Verona, es uno de los primeros informes fiables de Che. Según parece, la condesa se había acostado después de cenar y se quedó dormida después de conversar varias horas con su doncella. Por la mañana, la doncella volvió a despertarla y presenció una escena horripilante. La habitación estaba cubierta de hollín y el suelo cubierto de un líquido pegajoso; de la parte inferior de la ventana goteaba un extraño líquido amarillo y grasiento, que hedía de forma poco usual. La cama, que no había sufrido daños, tenía las sábanas vueltas, indicando que la condesa se había levantado. A un metro y medio de la cama había un montón de cenizas, dos piernas intactas, con medias, entre las que yacían el cerebro, la mitad de la parte trasera del cráneo, el mentón y tres dedos ennegrecidos. Todo el resto eran cenizas que si se tocaban dejaban en la mano una humedad grasienta y hedionda.

Quizá la característica más común de la CHE sea la gran velocidad con que se produce. Muchas víctimas fueron vistas con vida pocos momentos antes de que el fuego sobreviniese desde la nada. Un cirujano italiano, Battaglio, relató la muerte de un cura llamado Bertoli, en la ciudad de Filetto, ocurrida en 1789. Vivía con su cuñado, y en cierta ocasión se hallaba solo leyendo un libro de oraciones en su cuarto. De pronto se le oyó gritar. Los que acudieran en su ayuda le encontraron en el suelo en vuelto en una pálida llama que se apagó al acercarse ellos.

Bertoli llevaba una túnica de tela de saco de bajo de sus vestidos, cerca de la piel, y en seguida se comprobó que la ropa de encima se había quemado dejando intacta la túnica. De bajo de la túnica, la piel del tronco no estaba quemada, pero colgaba de la carne a jirones. Algunos autores deducen que el fuego debe desarrollarse con extrema rapidez, puesto que las víctimas se hallan a menudo sentadas tranquilamente, como si nada hubiese ocurrido.

Otra característica casi universal de la CHE es la extrema intensidad de calor que genera. En circunstancias normales es muy difícil quemar un cuerpo humano, máxime si está vivo, y los cuerpos de las personas que mueren envueltas en llamas normalmente sólo sufren daños parciales o superficiales.

Todos los expertos afirman que la reducción de un cuerpo humano a un montón de cenizas calcinadas requiere una gran cantidad de calor, y que se debe echar combustible y mantener el fuego durante horas: a pesar de ello, los crematorios suelen incluso moler los huesos que quedan. A raíz de un caso de CHE, el doctor Wilton M. Krogman, antropólogo forense de la Universidad de Pennsylvania, declaró que había visto cuerpos quemando en un crematorio durante 8 horas a 1.110°C sin que hubiese ningún indicio de que los huesos se calcinasen o se hiciesen polvo, y que se necesita una temperatura de unos 1650 °C para que los huesos se fundan y se volatilicen. En el caso de Léon Eveille, de 40 años, que fue encontrado completamente quemado en el interior de su coche cerrado en Arcis-sur-Aube (Francia) el 17 de junio de 1971, el calor había fundido los cristales del coche. Se calcula que un coche al quemarse alcanza una temperatura aproximada de 700 °C, pero que para que se funda el cristal la temperatura tiene que superar los 1.000 °C.

En los casos de CHE nos encontramos repetidamente con otro extraño fenómeno: la localización del calor. Los cuerpos abrasados se hallan estirados en camas intactas, sentados en sillas ligeramente quemadas o con los vestidos en perfecto estado.

En 1905 el British Medical Journal relató la muerte de "una anciana señora de costumbres extravagantes". La policía irrumpió en una casa de la que salía humo y encontró: un pequeño montón piramidal de huesos humanos calcinados encima del cual se hallaba un cráneo, en el suelo y delante de la silla. Todos los huesos habían sido completamente quemados y carbonizados; cada partícula de tejido blando se había quemado, y sin embargo un mantel que estaba a tres pies de los restos se hallaba intacto... Curiosamente, el techo estaba también quemado, como si la mujer se hubiese convertido en una antorcha de fuego.

Charles Fort, uno de los principales interesados en estos temas, narra en sus Obras Completas (1941), dos casos asombrosos. El primero, recogido por el Daily News el 17 de diciembre de 1904, describe cómo la señora Cochrane, de Falkirk, fue encontrada muerta por quemaduras en su habitación y "totalmente desfigurada". No se oyó ningún chillido, y muy pocos objetos resultaron quemados. El fuego no estaba encendido. Se encontró su cuerpo carbonizado "sentado en una silla, con cojines a su alrededor". El segundo caso, relatado en el Madras Mail del 13 de mayo de 1907, se refiere a una mujer del pueblo de Manner, cerca de Dinapore. Se había quemado su cuerpo, pero no sus vestidos. Dos guardias la encontraron en una habitación intacta, y llevaron el cuerpo aún ardiente al Magistrado del distrito.

En 1841 el British Medical Journal publicó el discurso que el doctor F. S. Reynolds dirigió a la Sociedad Patológica de Manchester en relación a la cuestión de la CHE. A pesar de que rechazaba la idea de la combustión espontánea, admitió la existencia de casos desconcertantes, y citó un ejemplo extraído de una experiencia personal: una mujer de cuarenta años que había caído cerca de una chimenea. Fue encontrada a la mañana siguiente, aún ardiendo. Lo que le sorprendió fue el daño que habían sufrido las piernas: el fémur estaba completamente carbonizado y envuelto en unas medias intactas; las articulaciones de las rodillas estaban abiertas.

Algunos especialistas en CHE se han planteado el hecho de que las víctimas no griten ni luchen. Es algo más que un simple quemarse: existen algunos elementos psíquicos que preceden o acompañan a este hecho y que podrían explicar la apatía o incapacidad por parte de las víctimas supervivientes de explicar lo que les ocurrió. Así por ejemplo, el Huil Daily Mail del 6 de enero de 1905 describió cómo una anciana mujer, Elizabeth Clark, fue encontrada una mañana con quemaduras mortales, sin que su cama, en un hospital de Hulí, registrase marcas de fuego. No se había oído ningún grito ni ruido de lucha a través de las mamparas. La mujer fue "incapaz de dar un relato coherente" de su accidente, y murió poco después.

La combustión humana espontánea ha recibido las críticas más severas por parte de la ciencia. El gran pionero de la química, el barón Justus von Liebig, escribió una apasionada refutación de las combustiones preternaturales o espontáneas, basándose en el argumento de que nadie las había visto.

Como hombre de ciencia, consideraba las pruebas históricas como un dato no comprobado de la creencia en la CHE, más que como pruebas reales de muertes por incendio espontáneo. Además, se lamentaba de la falta de testigos expertos y no tomaba en cuenta otros testimonios, porque "proceden de personas ignorantes, sin experiencia en la observación y llevan en sí mismos la marca de no ser dignos de confianza".

Por otra parte, han sido varios los intentos de dar una explicación científica a la CHE. Entre ellos destaca el de algunos médicos de principios de siglo, pioneros de la patología. Según su teoría, en ciertas condiciones el cuerpo puede generar gases que se queman al entrar en contacto con el oxigeno. Así por ejemplo, el ilustre científico barón Karl von Reichenbach escribió sobre el "miasma de putrefacción" de los cuerpos humanos. Sin embargo, Liebig no encontró pruebas de que este gas existiese "en cuerpos sanos o enfermos, ni siquiera en la putrefacción de cuerpos muertos".

Dixon Mann y W. A. Brend, en su Forensic Medicine and Toxicology (1914), explicaron el caso de un hombre obeso que murió dos horas después de ingresar en el hospital Guy de Londres, en 1885. Al día siguiente se encontró su cuerpo muy hinchado, con la piel distendida y completamente lleno de gas, a pesar de que no había señales de descomposición. "Cuando se le pinchó en la piel, el gas salió y se quemó con una llama parecida a la del hidrógeno; ardieron simultáneamente más de una docena de llamas." Si el hombre hubiese muerto en su casa, cerca de un fuego, hubiéramos tenido otro caso de "combustión espontánea".

De todas maneras, un gas de este tipo dentro de los tejidos del cuerpo seria fatalmente tóxico, y provocaría una grave enfermedad o incluso la muerte de la víctima.

Normalmente estos síntomas no se manifiestan: a menudo las víctimas han sido vistas vivas poco antes de que se quemaran. Esta teoría tampoco sirve para explicar el hecho de que los vestidos permanezcan muchas veces intactos sobre el cuerpo carbonizado.

Como alternativa a la teoría de la enfermedad, podríamos considerar que ciertas funciones orgánicas o mecánicas de los procesos del cuerpo están alteradas. Ivan Sanderson. y antes que él Vincent Gaddis, estudiaron la formación de fosfágenos en el tejido muscular, en especial la vitamina B1.

En ciertas personas sedentarias, el fosfágeno, compuesto similar a la nitroglicerina y de formación endotérmica, podría acumularse en cantidades anormales, de manera que los cuerpos se volvieran fácilmente combustibles. Esto podría explicar la propensión de algunas personas a arder, pero falta aún identificar el por qué de la "chispa de encendido".

Los casos de CHE que afectan a varias personas a la vez son extremadamente raros. El barón Liebig pensó que el hecho de que se produjesen simultáneamente varios casos de CHE refutaba la citada teoría de la enfermedad, puesto que según su experiencia una enfermedad no seguía nunca el mismo curso en dos o más personas en cuanto a síntomas, culminando con sus muertes simultáneas. Ciertamente, ninguna de las enfermedades sugeridas provoca tales efectos.

En la mayor parte de testimonios sobre CHE, el escepticismo es el que domina; si contamos con un considerable número de casos, ha sido gracias a los esfuerzos de personas como Charles Fort. El fue el primero que se ocupó de compilar relatos de fenómenos extraños. La fuente principal de donde se ha extraído esta información han sido los periódicos y, sobre todo, las revistas médicas: son los médicos forenses y sus ayudantes quienes tienen la poco envidiable tarea de enfrentarse con pruebas que parecen contradecir las leyes físicas y las opiniones médicas. Es inevitable que en los informes que ellos redactan se hagan suposiciones acerca de tropezones con estufas, chispas, fumadores descuidados y, en el caso de niños, de juegos con cerillas.

Sin embargo, fue el interés médico-legal el que mantuvo viva la idea de la CHE, junto con los patólogos que confirmaron primero el fenómeno y después lo rechazaron en favor de la combustión preternatural. Además, cabía la posibilidad de que un asesino simulara una CHE para ocultar su crimen. Uno de los primeros casos ocurrió en Reims, en 1725, cuando Jean Millet, un posadero, fue acusado de mantener relaciones con una bella criadita y matar a su mujer. Ésta, que bebía a menudo, fue hallada una mañana a unos 30 cm de la chimenea.

Según se dijo entonces, "sólo una parte de la cabeza, con una porción de las extremidades inferiores y unas pocas vértebras, habían escapado a la combustión. Unos 45 cm del pavimento debajo del cuerpo se habían consumido, pero una artesa y un mortero que estaban muy cerca no habían sufrido daños". Un joven médico ayudante, llamado Le Cat, se hospedaba en la posada, y logró convencer al tribunal de que ésta no era una muerte ordinaria por quemaduras sino una "visita de Dios" a la mujer borracha y un resultado obvio de empaparse las tripas con alcohol. Millet fue declarado inocente y le Cat se transformó en un médico distinguido que publicó una memoria acerca de la CHE.

Más de un médico podría contar que a lo largo de su carrera ha observado combustiones fatales y misteriosas, aunque dichos informes suelen surgir de manera espontánea y casual, y no suelen reflejarse en la prensa. Según la experiencia de algunos médicos, se presenta aproximadamente una vez cada cuatro años.

De hecho, los modernos investigadores de la CHE desmienten la idea de que el fenómeno sea tan poco frecuente como sugieren algunos comentaristas. Existen cada vez más casos testificados por médicos y patólogos, y su número aumentaría, probablemente, si se pudiera eliminar el temor al ridículo que conllevan los temas que, como éste, desafían las leyes científicas comúnmente aceptadas.

Entre todos los destinos inexplicables que pueden aguardar a una persona, quizá el más extraño sea el de "arder" inesperadamente sin que ninguna causa aparente lo justifique. Las víctimas son devoradas por unas llamas tan terribles que en pocos minutos la persona queda reducida a un montón de cenizas carbonizadas.

Estos casos han provocado un gran conflicto entre médicos, investigadores y científicos en cuanto a su origen y la posibilidad de que la causa estén en el mismo cuerpo humano.

A continuación verán los casos verídicos mas polémicos de Combustión Espontánea Humana (CHE). Les recuerdo que las fotografías que aparecen aquí pueden afectar su sensibilidad.

La combustión del doctor Bentley

El doctor J.Bentley, médico retirado, vivía en la planta baja de un edificio en Coudersport, Pennsylvania.

En la mañana del 5 de diciembre de 1966, Don Gosnelí entró en el sótano del edificio para leer el contador del gas. En el sótano flotaba un humo azul claro de olor extraño. Gosnelí descubrió por casualidad, en un rincón, un montón de cenizas. Nadie había respondido a su saludo al entrar, de modo que decidió ir a echar un vistazo al anciano. En el dormitorio había el mismo humo extraño, pero ni rastro de Bentley. Gosnelí miró en el cuarto de baño y se enfrentó con una visión que no olvidará nunca.

El suelo estaba quemado y en él se abría un enorme hoyo por donde se veían las tuberías y vigas que había quedado al descubierto. Al borde del hoyo vio una pierna marrón, desde la rodilla hasta abajo, como la de un maniquí. ¡No miró más! Gosnelí huyó del edificio a toda prisa, y fue a dar parte de su macabro descubrimiento.

Fuego interior

El bombero Jack Stacey, acudió al incendio de un inmueble abandonado de Londres. La casa no tenía señales de daños por fuego, pero cuando Stacey examinó su interior, se encontró el cuerpo en llamas de un vagabundo al que conocía como Bailey. Tenía una hendidura de unos diez centímetros en el abdomen -recuerda Stacey-. Las llamas salían por ella con fuerza, como un soplete. Para apagar esta violenta llama, Stacey dirigió el chorro de la manguera al cuerpo del vagabundo, extinguiendo -dijo- la llama en su origen. No hay duda de que el fuego se inició en el interior del cuerpo.

No llegó a saberse la causa real del incendio. En el edificio no había gas ni electricidad, y no se encontraron cerillas. Incluso en el caso de que el vagabundo hubiese dejado caer un cigarrillo encendido sobre sí mismo, se ha demostrado que no habría sido suficiente para producir una llama tan destructora.

Sobreviviente quemado

Unos recientes informes forenses demuestran que las víctimas de la CHE habían inhalado grandes cantidades de humo, sugiriendo que solo se producía en personas vivas. Afortunadamente, las víctimas parecían adormecerse al iniciarse la combustión.
El caso de Jack Angel parece ser una prueba de ello. En 1974, en Georgia, Estados Unidos, Angel se fue a dormir y despertó cuatro días mas tarde con unas quemaduras tan horribles que fue necesario amputarle el antebrazo derecho. Por otra parte, el pijama y las sabanas de la cama estaban intactos y no sintió ningún dolor hasta varias horas después de haber recuperado la conciencia. Angel no pudo recordar como se hizo las lesiones, incluso bajo regresión hipnótica.

lunes, 11 de mayo de 2009

El origen de las psicofonías

Viene el moderno grabador a aportar la prueba material decisiva de una existencia después de la muerte? Desde el descubrimiento casual de Jürgenson, en 1959, se han grabado miles de voces -al parecer pertenecientes a personas ya muertas-, sobre cuyo origen no ha podido encontrarse una explicación racional.

Thomas Alva Edison fue uno de los grandes inventores del siglo XIX Entre otras cosas, logró el perfeccionamiento del telégrafo "dúplex". La invención del fonógrafo y la introducción de la primera luz eléctrica en los Estados Unidos. En 1882, su estación generadora iluminó por primera vez con electricidad las calles de Nueva York, y 12 años después se inauguró en dicha ciudad su sala de proyección de películas, que él llamaba "salón kinetoscópico".

Pese a estos sólidos éxitos, una entrevista que concedió en octubre de 1920 a la revista Scientific American causó preocupación a sus contemporáneos; algunos de ellos debieron pensar que Edison a los 73 años, chocheaba. Lo que proponía era nada menos que un instrumento para comunicarse con los muertos:

«Si nuestra personalidad sobrevive, es estrictamente lógico y científico suponer que retiene la memoria, el intelecto y otras facultades y conocimientos que adquirimos en este mundo. Por lo tanto, si la personalidad sigue existiendo después de lo que llamamos muerte, resulta razonable deducir que quienes abandonan la Tierra desearían comunicarse con las personas que han dejado aquí... Me inclino a creer que nuestra personalidad podrá afectar a la materia en el futuro. Entonces, si este razonamiento fuera correcto, y si pudiéramos crear un instrumento tan sensible como para ser afectado, o movido, o manipulado por nuestra personalidad -tal como ésta sobrevive en la otra vida-, semejante instrumento, cuando dispongamos de él. tendría que registrar algo.»

Edison trabajó para crear ese instrumento, pero no tuvo éxito. Sin embargo, en opinión de muchos investigadores científicos modernos, sus puntos de vista se vieron confirmados en el verano de 1959.

En esa época. un famoso pintor, músico productor cinematográfico sueco, Friedrich Jürgenson. llevó su grabador a pilas a un lugar remoto de la campiña, cerca de su casa para grabar el canto de los pájaros. Más tarde al escuchar las cintas, Jürgenson encontró no sólo trinos de pájaros sino borrosas voces humanas que hablaban en sueco o noruego y discutían el canto nocturno de los pájaros. Pese a la "coincidencia" en el tema, Jürgenson pensó al principio que había sintonizado involuntariamente con una transmisión de radio. Pero al repetir el experimento escuchó más voces que esta vez, se dirigían a él personalmente y afirmaban ser parientes y amigos muertos. En los años siguientes. Jürgenson trabajó en este campo desde su casa de Mölnbo, cerca de Estocolmo, y por fin, en 1964, reunió todas las pruebas de que disponía en su libro Voices from the Universe (Voces del Universo). Dichas pruebas fueron suficientemente convincentes para atraer la atención del eminente psicólogo alemán, profesor Hans Bender, director de la sección de investigaciones parapsicológicas patrocinada por la Universidad de Enburgo. Bender a su vez, encargó a un equipo de prestigiosos científicos que repitieran el experimento y analizaran los resultados.

Sus descubrimientos pueden resumirse así: en diferentes condiciones y circunstancias, una cinta virgen, colocada en un grabador corriente y en un ambiente silencioso, registrará voces humanas que pronuncian palabras inteligibles; que el origen de esas voces es aparentemente inexplicable a la luz de la ciencia actual, y que las voces son objetivas, en la medida en que dejan en la cinta huellas iguales a las de las voces normales y quedan registradas como impulsos oscilográficos visibles en grabaciones de videotape.

Los problemas que suscitan estas "voces de la nada" son enormes. El mismo doctor Bender, según se dice, las considera de mayor trascendencia para la humanidad que la física nuclear: "Por lo menos -afirmó en un artículo aparecido en Parapsichology Review-, el origen paranormal del fenómeno es muy probable".

Otros hombres de ciencia, además del doctor Bender quedaron asimismo fascinados por el extraño descubrimiento de Jürgenson. El doctor Konstantin Raudive ex profesor de psicología en las universidades de Upsala y Riga, se enteró en 1965 de los experimentos Jürgenson-Bender en su lugar de residencia Bad Krozingen (Alemania). El doctor Raudive que había estudiado con Carl Jung se había visto obligado a abandonar Letonia, su país de origen, cuando entraron en él las tropas soviéticas en 1945. Había ganado fama como escritor de temas de psicología experimental.

También el doctor Raudive comenzó a grabar voces misteriosas, con mucho éxito, y entre 1965 y su fallecimiento en 1974 trabajó con el doctor Alex Schneider, médico de Sankt Gallen (Suiza) y con Theodor Rudolph. especialista en ingeniería electrónica de alta frecuencia. A lo largo de sus trabajos. dichos científicos grabaron más de 100 000 cintas bajo estrictas condiciones de laboratorio. Un análisis exhaustivo de su trabajo fue publicado en Alemania, a fines de los años 60 con el título de Lo inaudible se vuelve audible; esto llamó la atención del editor británico Colin Smythe que publicó luego la edición inglesa. Peter Bander, que escribió el prólogo de este libro contó después cómo oyó por primera vez una voz desconocida en una cinta; esto ilustra muy bien "lo que pasa" generalmente y señala también la naturaleza objetiva del fenómeno.

Colin Smythe había comprado una cinta nueva y había seguido las instrucciones del doctor Raudive acerca de cómo "ponerse en contacto" con las voces. Un cierto ritmo, parecido a una voz humana, había sido registrado, pero no resultaba inteligible. Peter Bander escuchó dos o tres veces el segmento principal de la cinta y, de pronto, entendió lo que decía la voz. Era femenina, y decía "Mach die Tür mal auf": "abre la puerta", en alemán. El señor Bander reconoció inmediatamente la voz de su madre; durante los años que precedieron a la muerte de ésta, solían mantener correspondencia por medio de cassettes. El comentario era pertinente: sus colegas comentaban a menudo que Bander era poco sociable, porque siempre cerraba la puerta de su despacho.

Sorprendido, el señor Bander pidió a dos personas que no hablaban alemán que escucharan la grabación y escribieran fonéticamente lo que decía. Sus versiones correspondieron exactamente a lo que él había oído, y Peter Bander quedó convencido de la autenticidad de las voces.

Desde 1971 se están realizando investigaciones necesarias acerca de este fenómeno en todas partes del mundo. El interés de dos organizaciones muy diferentes refleja los aspectos espirituales y temporales de las voces. El Vaticano ha demostrado tener en cuenta "extraoficial mente" estos fenómenos, y varios sacerdotes- científicos han realizado experimentos por su cuenta. Entre los más destacados de estos investigadores se encontraba el difunto profesor Gebhard Frei experto internacionalmente reconocido en los campos de la psicología profunda, parapsicología y antropología. El doctor Frei era primo del papa Pablo VI, quien en 1969 condecoró a Friedrich Jürgenson con la Cruz de Comandante de la Orden de San Gregorio el Grande: dicho honor respondía a que Jürgenson había realizado una serie de películas documentales sobre el Vaticano, pero el cineasta comentó a Peter Bander en 1971 que había encontrado en el Vaticano "oídos interesados en los fenómenos de las voces".

El interés de la NASA salió a la luz a finales de los años 60, cuando dos ingenieros americanos de Cabo Kennedy visitaron al doctor Raudive en Bad Krozingen. Los visitantes examinaron minuciosamente los experimentos del doctor Raudive, y por lo visto plantearon preguntas propias de entendidos e hicieron comentarios útiles. Desgraciadamente, no quisieron revelar al investigador qué importancia podía tener el fenómeno de las voces para el programa espacial norteamericano. Pero, como razonó el doctor Raudive, si él lograba resultados claros y regulares con un equipo relativamente sencillo, ¿no era muy probable que los aparatos ultraperfeccionados que forman parte del equipo de las naves espaciales pudieran registrar voces? Sea cual fuere su origen, las "voces del Universo" de Jürgenson abren, para el estudio de lo paranormal, un nuevo campo de extraordinario interés.

¿Qué son las psicofonías y quién las produce?

Probablemente sea cierta la confirmación que dice que la energía, ni se crea ni se destruye, sólo se transforma, quizás ese principio básico de la conservación de la materia, sea la clave para comenzar a afrontar un misterio tan abrumante como el poder comprender qué es una psicofonía o de donde viene.

En ocasiones nos hemos planteado si existe algo después de la muerte y por supuesto no encontramos una respuesta que se adapte a nuestra razón, obviando las distintas creencias religiosas. Cierto día, tuve una serie de conversaciones con un físico muy crítico al respecto con las paraciencias, ya que afirmaba entre sus muchas razones que todo lo que comprende el estudio de la parapsicología es extraordinario, y como cosa extraordinaria necesita una prueba igualmente extraordinaria para ser demostrada. En efecto, no iba muy lejos de la realidad ya que el rigor científico se obtiene con demostraciones plausibles que puedan ser determinantes en hipótesis que a su vez comprendan futuras teorías. Gracias a la ciencia y a la física comprendemos hoy el porqué de muchas de las cosas que ocurren inexplicablemente. Por ejemplo, cuando pulsamos un interruptor y se enciende una bombilla, sabemos que un flujo de electrones viaja por un cable hacía la bombilla que tiene una resistencia en el interior de una ampolla en la cual hay encerrado un gas.

Entoces cuando esta resistencia se calienta, el gas se altera y produce la luminosidad que probablemente usted este comprobando en estos momentos. Si trasladamos la exposición visual a un individuo de la Edad Media, y pudiese observar un cable en cuyo extremo estuviera conectada una bateria y en el otro una bombilla, probablemente cuando la bombilla se encendiese, pensaría que un líquido circula desde una caja por medio de unos tubos, y llenan una botella que hace que se ilumine y se caliente. Quizás la cuestión que se le plantease sería, qué líquido se ilumina y produce ese agradable calor. Esta es una forma de comprender la física por un individuo de la Edad Media. Sin embargo él está completamente convencido de que la bombilla se llena de un líquido que se ilumina y se calienta. Probablemente no sería muy buena idea hacerle comprender que el tubo por el cual viaja ese líquido, es sólido. Estoy completamente seguro que en cuanto viera el sólido cable, pensaría que se trata de brujería. No, no es brujería, es física, lo que ocurre es que en la mente de este individuo medieval, no cabe la posibilidad de comprender la realidad del fenómeno, ya que no conoce la energía eléctrica. En mi exposición para comenzar a comprender y aceptar el fenómeno de la psicofonía, debemos de ponernos en el lugar del induviduo de la edad media y aceptar que probablemente hayan cosas que desconozcamos y energías que todavía no se hayan descubierto. Y como en el ejemplo, el hecho de que todavía no se hayan descubierto no significa que no existan, sólo que todavía no estamos en disposición de comprenderlas.

En mi planteamiento, propongo la hipótesis de que cuando el ser humano fallece, existe una energía que se transforma en algo que hoy desconoce la ciencia y las paraciencias comprenden como espíritu. Al igual que la energía hidráulica se transforma en energía eléctrica, y ésta aplicada a una bombilla se transforma en energía calorífica y lumínica; ¿ en qué se transforma la energía vital que mueve al ser humano cuando éste muere ?. Imagino que una parte se convertirá en polvo, la que correspondiente al cuerpo físico, pero... ¿ en qué se convierte esa fuerza motríz que mueve los pensamientos y toma decisiones inteligentes y que en ocasiones hace reir, llorar, sentir al cuerpo físico ?.

Si algo del ser humano perdura después de la muerte, es sin duda esta energía y posiblemente sea lo que Jürgenson afirmaba que existía con respecto a sus invisibles amigos. Friedrich Jürgenson, obtuvo a lo largo de numerosos años de investigación miles de decenas de psicofonías, entre las cuales pudo destacar algunas voces pertenecientes a personas que ya habían fallecido, tales como amigos suyos, familiares y compañeros de trabajo. Konstantin Raudive, con sus más de 70.000 inclusiones psicofónicas a lo largo de sus investigaciones hasta su muerte, también afirmaba que sus amigos y seres queridos se comunicaban con él mediante los magnetófonos y la radio. Bill O'Neil, famoso médium americano, no hay que olvidar que se comunicó durante unos trece minutos con George Müeller, un físico muy reputado que todo el mundo conocía y que había fallecido en el año 1967, años antes al contacto.

Personas como Sir Robert Mayer, presidente de la famosa editorial inglesa Colin Smithe Ltd. ante un controlado experimento con Raudive pudo escuchar con toda claridad la voz de su fallecido amigo, Arthur Schanbel, que era un famoso concertista de piano. Hay que decir que Sir Robert Mayer, no estaba ni mucho menos introducido dentro del tema, sólo había ido a comprobar un experimento que la Colin Smithe Ltd. iba a realizar con respecto a las voces de Raudive, para tener la certeza de que el libro que posteriormente esta editorial publicó de Raudive, "Lo Inaudible se Vuelve Audible ", no era fruto de su imaginación.

Pero no sólo Jürgenson, Raudive, Sir Rober Mayer, el Dr. Hans Bender, el prof. Scheneider, el padre Leo Schmid, el padre François Brune, Monique Simonet, el prof. Germán de Argumosa, el padre José María Pilón, el Dr. Sinesio Darnell y muchísimos otros hemos escuchado certeras voces grabadas en condiciones normales y estrictamente controladas por rigurosos técnicos en sonido y radio-frecuencia, pertenecientes a personas que en el momento de la grabación ya habían fallecido.

Si por un lado tenemos que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma, por otro lado tenemos que probablemente en el ser humano exista una energía capaz de coordinar la mente, pensamientos, emociones, etc., por otro, valoramos que personas completamente cuerdas y muchas de ellas introducidas en el mundo de la física, la medicina, la ingeniería informática, etc. aceptan haber escuchado voces psicofónicas pertenecientes a personas que han fallecido ( el reputado físico y especialista en pantallas de alta-frecuencia Peter Hale de los Bell y Lee Studios, afirmaba que lo que ocurría no podía explicarlo con leyes de la física) y por otro lado contamos con miles de grabaciones que están disponibles para ser analizadas por quién deseé hacerlo, barajamos pues la hipótesis de aceptar que realmente detrás de la muerte perdure algo, algo que cuando se realiza un experimento de transcomunicación se manifiesta a través de los magnetófonos en forma de voz o PSICOFONIA.

Sólo nos queda, abrir un poco la razón y plantearnos seriamente la posibilidad de que existan energías, medios, dimensiones, etc.. que todavía no estemos en disposición de comprender, y que probablemente algún día alguien descubrirá de manera casual, de la misma forma que se han descubierto tantas y tantas energías.

viernes, 8 de mayo de 2009

El Manuscrito Voynich: Un código por descifrar

Hace siglos que los eruditos tratan de descifrar los secretos de un antiguo libro, conocido como «manuscrito Voynich». Según creyeron algunos de los que lo han estudiado, anticipa muchos de los descubrimientos de la ciencia moderna.

Quién fue el autor del misterioso manuscrito Voynich? En los años veinte alguien pareció haber dado con la solución, pero hay que preguntarse si el manuscrito reveló verdaderamente sus secretos.

A finales de 1912 un vendedor de libros antiguos de Nueva York llamado Wilfred M. Voynich volvió a su ciudad natal de una visita a Europa con un pequeño manuscrito, cuidadosamente empaquetado. Tenía gruesas tapas de pergamino, separadas, debido al uso, de las 204 hojas de pergamino delgado de que constaba el manuscrito; Voynich calculaba que, originalmente, tenía 28 páginas más, que se habían perdido. Su formato era de cuarto grande, ya que medía unos 15 por 22 cm y el texto, escrito en caracteres apretados y con tinta negra, iba ilustrado con más de 400 pequeños dibujos en rojo sangre, azul, amarillo, marrón y verde brillante.

Las ilustraciones mostraban curiosos arabescos y tubos que parecían intestinos, figuras femeninas desnudas, estrellas y constelaciones y cientos de plantas de extraño aspecto. El pergamino, la caligrafía y la historia conocida del manuscrito indicaban a Voynich que era de origen medieval, y la abundancia de especímenes vegetales sugería que podía tratarse de un herbario, un libro de texto mitad científico, mitad mágico, que describía las cualidades místicas y médicas de las plantas y su preparación. Pero esto era una simple conjetura, ya que estaba escrito en un lenguaje que Voynich no pudo identificar; aunque el texto podía ser descompuesto en «palabras», cuyas letras eran familiares a medias, no tenían sentido. Voynich sólo pudo suponer que estaban escritas en un idioma poco conocido, en un dialecto o en un código.

Muy pocas personas dudaron del profesor Newbold cuando, en 1921, anunció que el misterioso manuscrito Voynich era un tratado escrito por el filósofo y científico del siglo XIII Roger Bacon, y que contenía información científica avanzada enmascarada por un complejo código que Newbold pretendía haber descifrado. Sin embargo, 10 años después un antiguo colega suyo, el profesor John Manly, publicó una crítica que demostraba que sus argumentos dejaban mucho que desear.

La primera objeción de Manly se refería al proceso «anagrámico» seguido por Newbold para llegar a su texto final en latín. Resaltó que a partir de cualquier línea podía obtenerse diversos anagramas, cada uno con un significado distinto, violando con ello la regla de oro según la cual sólo puede admitirse una solución para un pasaje dado. La construcción de anagramas es un pasatiempo antiguo; así, por ejemplo, el saludo del ángel a la Virgen María en la Anunciación expresado en latín (Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum) constituyó desde antiguo para los estudiantes una fuente de devotos juegos con anagramas. A pesar de contener únicamente 31 letras, la frase permitió obtener, por una parte, 3.100 anagramas en prosa y un poema acróstico; por otra, 1.500 versos pentámetros y hexámetros, y por otra, una Vida de la Virgen compuesta en 27 anagramas.

Por comparación, Newbold «anagramó» el supuesto texto de Bacon en bloques de 55 o 110 letras, dando pie con ello a miles de posibles traducciones. Sin embargo, Manly se preguntó si Newbold se hallaba de verdad en el buen camino. Al examinar el texto por medio de una lupa, no consiguió ver el manuscrito secundario en «taquigrafía» que Newbold había visto; lo único que vio fue que el pergamino se había rajado y dañado con el tiempo, desfigurando los caracteres en tinta primitivos y originando pequeñas líneas y garabatos.

En cuanto a las pruebas tipo, entre ellas la de la nebulosa de Andrómeda, de la que Newbold pretendía no saber nada hasta que leyó el texto de Voynich: sin poner en duda la honestidad del profesor, Manly sugirió que, siendo como era un gran lector, seguro que conocía ya la nebulosa; según él, Newbold «fue víctima de su propio e intenso entusiasmo y de su cultivado e ingenioso subconsciente».

El trabajo era concluyente. «En verdad, no sabemos cuándo ni dónde fue escrito el manuscrito, ni siquiera el lenguaje de base del cifrado –escribió Manly–. Cuando se apliquen las hipótesis correctas, quizás descubramos que el código es simple y sencillo.»

¿Magia negra?

Aunque Voynich no era criptólogo, tenía, indirectamente, algunas nociones de simbología. Su suegro había sido el profesor George Boole, el matemático inglés que fue uno de los primeros en usar símbolos matemáticos para expresar procesos lógicos: fue elegido miembro de la Royal Society por sus trabajos sobre la moderna lógica simbólica. Voynich también sabía que existían convincentes pruebas circunstanciales que sugerían que el autor de la extraña obra por él adquirida era Roger Bacon, monje franciscano del siglo XIII que había combinado sus estudios de filosofía, matemáticas y física experimental con la alquimia. Quizá Bacon había logrado inventar, 600 años antes que Boole, un sistema de lógica simbólica, o quizá simplemente había elaborado un código para camuflar sus investigaciones en torno a la piedra filosofal y el elixir de la vida, eludiendo así la acusación de practicar la magia negra, acusación que en la Edad Media solía tener fatales consecuencias.

Mientras daba vueltas a todas esas posibilidades, Voynich se dirigió al mundo académico buscando una solución; hizo hacer docenas de copias del documento y se las envió a todos los especialistas que pudieran colaborar con él. Con cada copia, envió un resumen de lo que él sabía del manuscrito.

Lo había comprado, pagando una cantidad no revelada, a principios de 1912, tras haberlo hallado en la biblioteca del Colegio Mondragone de los jesuitas, en Frascati (Italia). Antes de llegar allí, el manuscrito había permanecido custodiado durante 250 años en el Collegium Romanum de los jesuitas; había sido depositado allí por un célebre erudito y criptólogo jesuita del siglo XVII, llamado Athanasius Kircher, quien había intentado, sin éxito, descifrarlo.

Según una carta fechada el 19 de agosto de 1666, Kircher había recibido el libro de manos de su antiguo alumno Joannes Marcus Marci, rector de la Universidad de Praga; el libro había formado parte de la biblioteca del Sacro Emperador Romano Rodolfo II, hasta su muerte en 1612. A todos los efectos, Rodolfo había cedido el gobierno de sus reinos de Hungría, Austria, Bohemia y Moravia a los jesuitas, prefiriendo dedicar su tiempo a patrocinar las ciencias y pseudociencias. Las que más le interesaban eran la botánica y la astronomía; creó un complejo jardín botánico y construyó un observatorio en Benatky, cerca de Praga, para el astrónomo danés exiliado Tycho Brahe. (El que era por entonces su ayudante, Johannes Kepler, bautizaría después sus Tablas rudolfinas en honor a su antiguo protector.)

Pero los intereses más personales de Rodolfo se orientaban hacia la alquimia, y empleó mucho tiempo y mucho dinero en la instalación de un laboratorio alquímico al que invitó a alquimistas de toda Europa. Uno de ellos, Johannes de Tepenecz, firmó su nombre en un margen del manuscrito Voynich, según se descubrió posteriormente. Otro alquimista más famoso era el inglés John Dee, quien entre 1584 y 1588 vivió en la corte de Rodolfo como agente secreto de la reina Isabel I. Es posible que fuera Dee quien trasladara el manuscrito a Praga.

Dee, que había sobrevivido al encarcelamiento en tiempos de la reina María Tudor, en 1555, acusado de brujería, se transformó en favorito de su media hermana Isabel. Los experimentos necrománticos que realizó con su ayudante Edward Kelley suenan a superchería, pero poseía un profundo conocimiento de la teoría y de la práctica alquímicas, así como de astrología, astronomía, matemáticas, geografía y navegación celeste (una de sus obsesiones era hallar el pasaje noroeste hacia la India); pero sobre todo era un espía de capa y espada. Intentó la creación de claves secretas y estudió las que ya existían, en beneficio de su jefe, lord Burghley.

Dee también admiraba mucho los trabajos de Roger Bacon, y coleccionó muchos de sus manuscritos. Tenía numerosos puntos en común con el monje franciscano; ambos se interesaban, por ejemplo, por las escrituras secretas. En cualquier caso, parece que fue el doctor Dee quien regaló a Rodolfo II el manuscrito de Voynich, diciéndole que era obra de Bacon. Sir Thomas Browne afirmaba que Arthur Dee, hijo del doctor Dee, le había hablado de un «libro que sólo contenía jeroglíficos, en cuyo libro su padre había ocupado mucho tiempo, pero no me dijo que lo hubiera descifrado».

Éstos son, entonces, los antecedentes del problema que Voynich planteó al mundo académico en 1912, problema que provocaría angustia en muchos círculos intelectuales de Europa y América, ya que, aunque los grupos de letras y «palabras» que allí aparecían daban la impresión de ser tan sencillos «como el nombre de un viejo amigo cuando lo tienes en la punta de la lengua» –como dijo un escritor– en realidad no lo eran.

Un gran desafío

Una vez apagados los ecos de las declaraciones de Manly, el tema no volvió a suscitarse durante muchos años. Sin embargo, muchos especialistas continuaron trabajando privadamente con el manuscrito (considerado, con razón, como el mayor desafío al que jamás se habían enfrentado). En 1943 un abogado de Nueva York se atrevió a proponer una solución, un confuso texto en latín lleno de incongruencias. Dos años después un destacado investigador del cáncer, el doctor Leonell C. Strong, creyendo quizás que su reputación en el campo profesional era suficientemente sólida como para afrontar los mayores reveses académicos, pretendió haber transcrito con éxito ciertos pasajes médicos.

Anunció que no se trataba de una obra de Bacon, sino de Roger Ascham, contemporáneo del doctor John Dee que había sido tutor y secretario privado de la joven reina Isabel I. Al igual que muchos estudiosos de su edad, Ascham estuvo interesado en varios temas, y publicó varias traducciones de obras clásicas, un tratado sobre educación y un manual que explicaba y defendía la práctica del tiro al arco, por entonces en trance de desaparecer.

Según el doctor Strong, en uno de los pasajes del manuscrito Voynich Ascham describe una fórmula anticonceptiva que, como demostró el propio doctor Strong, puede resultar eficaz. Sin embargo, el doctor no explicó nada sobre sus métodos criptográficos, limitándose a decir que se trataba de «un doble método inverso de progresiones aritméticas basadas en un alfabeto múltiple». En cualquier caso, varias de las afirmaciones del doctor Strong referentes al estilo lingüístico de Ascham no soportan el examen de un experto.

Una dimensión insólita

Probablemente el esfuerzo más prometedor para encontrar una solución se inició en 1944, de la mano de un antiguo discípulo del profesor Manly, el capitán William F. Friedman, militar especializado en el desciframiento de códigos que había contribuido a derrumbar la teoría de Newbold. El capitán Friedman dedicó parte de su gran equipo de expertos a la tarea de resolver el antiguo misterio.

Después de muchas horas de trabajo lograron reducir el texto a unas series de símbolos que podían ser tratados por máquinas tabuladoras, pero abandonaron su trabajo (dejándolo incabado) al finalizar la guerra. Un resultado curioso, sin embargo, fue que el equipo de Friedman logró demostrar que las palabras y frases del manuscrito se repetían más a menudo que las de un lenguaje corriente: esto era algo insólito, puesto que los sistemas de cifrado suelen pecar de lo contrario.

Una teoría que pretendía explicar este fenómeno se basaba en que el libro era un herbario, tal como se había sugerido en un principio, y que las repeticiones eran fórmulas químicas (al igual que en los modernos libros de texto de medicina, donde las fórmulas se repiten con gran frecuencia).

Al morir Wilfred Voynich en 1930, su principal heredero fue su mujer, Ethel Lillian. Ethel L. Voynich era una mujer muy independiente y de carácter enérgico; en 1897 había publicado una novela romántica sobre el movimiento de la Joven Italia titulado The gadfly (El tábano), que se convirtió en un bestseller mundial, especialmente en la Rusia postrevolucionaria. (Antes de su muerte se habían vendido en aquel país más de 2.500. 000 de ejemplares.) En realidad, a ella no le interesaba la polémica sobre la «controversia Voynich», y guardó el manuscrito en su caja fuerte de la Guaranty Trust Company de Nueva York. Cuando murió en 1960, a la edad de 96 años, sus albaceas subastaron sus bienes, y el manuscrito fue adquirido por otro librero de Nueva York llamado Hans P. Kraus. Dos años después, Kraus ponía en venta el libro al precio de 160.000 dólares.

Paralelamente declaró que había comprado el libro convencido de que «contiene información que puede arrojar luz sobre la historia del hombre. Cuando alguien sea capaz de leerlo, este libro valdrá un millón de dólares».

La respuesta de varias fundaciones literarias y académicas americanas ante estas afirmaciones fue sumamente ambigua. Por otro lado, es posible que se trate únicamente de un herbario, elaborado por un autor de la baja Edad Media que no sabía muy bien lo que se llevaba entre manos, y que inventó un código secreto del que luego no supo acordarse.

En 1969, Hans Kraus hizo donación del libro a la biblioteca de la Universidad de Yale, donde permanece aún guardando su secreto.

Sólo para sus ojos

El uso de cifrados y claves estaba muy extendido en siglos pasados, y no siempre por razones de secreto militar o diplomático. Es posible que el manuscrito Voynich estuviese escrito en clave para escapar a las virtuales acusaciones de brujería achacables a los avanzados conocimientos científicos que contenía. Quizás el ejemplo más famoso de este tipo de manuscrito críptico sea uno cuya clave respondería a motivaciones muy distintas: los diarios del literato y administrador naval inglés del siglo XVII, Samuel Pepys.

En 1724, de acuerdo con la última voluntad de Pepys, los diarios fueron depositados en su antiguo College de Cambridge, donde permanecieron indescifrados hasta su redescubrimiento en 1818. El trabajo de desciframiento fue encargado a un estudiante no graduado llamado John Smith. Este tardó tres años en descifrar el código y transcribir el manuscrito, dedicando a esta tarea hasta 12 y 14 horas diarias. Finalmente, el resultado fue publicado en 1825, revelando un pintoresco y escandaloso fresco de la vida de Londres durante la época de la Restauración.

Sin embargo, la última burla recayó sobre el pobre John Smith. Cuando en los años 1870 se preparó una nueva edición de los diarios, se descubrió que si el transcriptor hubiese conocido mejor la biblioteca en la que trabajaba no hubiese tenido tantas dificultades en encontrar la solución. En efecto, Pepys se basó simplemente en una especie de taquigrafía cuya clave se utilizaba comúnmente en aquella misma biblioteca.