miércoles, 14 de diciembre de 2011

Autómatas: Misteriosos muñecos diabólicos

Un autómata, según la Real Academia de la Lengua Española y en su segunda acepción, es una “máquina que imita la figura y los movimientos de un ser animado”, por tanto, una estructura que reproduce de forma automática, mediante complejos mecanismos, movimientos similares a los seres humanos o animales.

Estas máquinas se remontan a la antigüedad desde la imperiosa necesidad del ser humano de emular a la naturaleza en su creación. Los primeros autómatas eran de madera, y si tienen forma humana se les denomina “androide”. Fueron una especie de pre-robots, un salto cualitativo de la primitiva ciencia.

Sus creadores buscaban con ahínco que éstos fueran a imagen y semejanza de los seres humanos y que, incluso, dieran la impresión de pensar por sí mismos. Los engranajes en los que se basaban sus complejos esqueletos son los primeros bocetos de la actual robótica. No obstante, lo que a priori debería parecer un asombroso descubrimiento tecnológico, se convirtió en objeto de recelo para muchas personas que empezaron a ver en ellos títeres del demonio.

Pero al contrario de lo que muchos tachaban como obras del mal, los autómatas funcionaban mediante diferentes mecanismos que se basaban en aire y agua caliente con válvulas, palancas y contrapesos y engranajes, entre otros. Sus rostros y movimientos causaban inquietud en las multitudes, que se asustaban al verles mover los ojos de un lado para otro, parpadear, sonreír, mover los brazos y piernas... Y hablar.

Pronto nacieron leyendas que aseguraban que estos autómatas eran poseídos por espíritus y que tenían capacidades psíquicas. Ejemplo de ello, son los bustos de zíngaras que, a cambio de una moneda, se activaban y adivinaban el porvenir. También sus artífices empezaron a ser observados con resquemor, ya que se les atribuía la fabricación de extraordinarias máquinas que jugaban al ajedrez o palomas que podía volar. En algunos casos, se les acusó de herejía y/o pactos con el diablo.

¿Por qué los autómatas causan recelo?

Sus cuidados movimientos, unidos a la música que les suele acompañar, los relaciona directamente con algo más allá que la mera tecnología, con un ente mágico. Es la imitación de la vida misma, como cuando Dios nos creó a imagen y semejanza. No obstante, estas vidas artificiales, con carácter y personalidad propias, carecen de alma, empero son productos artesanales, únicos en su existencia.

Lo que es indudable es que cuando miramos a los ojos de un autómata, algo nos inquieta. A veces es difícil separar de nuestra percepción que son piezas inertes que reciben el hálito a través de engranajes mecánicos, y llegamos a verlos como máquinas poseedoras de alma. Evidentemente, nada más lejos de la realidad, todo forma parte de nuestra imaginería.

Por tanto, he aquí el misterio de los autómatas.

martes, 13 de diciembre de 2011

Proyecto HAARP: ¿El arma más poderosa?

El 12 de enero la tierra tembló en Haití. Murieron 200 mil personas, una auténtica barbaridad. Hugo Chávez dijo que la culpa era de los… ¡EEUU! Parecía una de sus típicas butades. Pero en realidad Chávez simplemente se hacía eco de las informaciones que llegaban desde Rusia. De hecho los rusos no se quedaron ahí y responsabilizaron a su antiguo archienemigo de otros terremotos, como el de China en 2008.

Es más: ya una semana antes del terremoto de Haití científicos y políticos rusos venían acusando a EEUU de estar detrás de la ola de frío que azotaba el norte planetario a principios de año. Ocho meses después, el extremo es el contrario pero las acusaciones las mismas. El calor y los incendios consumen Rusia mientras que los investigadores de ese país siguen señalando con el dedo a la potencia americana.

Y bien preguntaréis: ¿qué extraña y maniática rabieta tienen los rusos con los yanquis para que los culpen de prácticamente todos los desastres naturales que asolan al planeta? La solución a este misterio se resume en las siglas HAARP. ¿Qué es el HAARP?

Las siglas esconden la siguiente palabrería: High Frequency Advanced Auroral Research Project. Se trata de un proyecto patrocinado por instancias militares desde los años 90 en una base situada en Alaska, donde un ejército de 180 potentes antenas transmiten ondas electromagnéticas de alta potencia que inundan la ionosfera.

El HAARP se presenta como un complejo programa de investigación climatológica pero, según algunos, no es sino el último capítulo de lo que a veces se llaman armas meteorológicas, cuyo desarrollo comienza al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Nos permitiréis que no entremos demasiado en detalle acerca del funcionamiento del HAARP. A decir verdad, solo hace unas cuantas semanas tuvimos conocimiento de este fascinante y enigmático programa, y a falta de un mayor estudio tampoco queremos repetir sin más lo que ya circula por numerosas páginas de Internet.

Si os diremos que muchos científicos han levantado la voz para advertir contra el HAARP. Dicen, a grandes rasgos, que funciona como una especie de enorme calentador de la atmósfera, en concreto de la ionosfera. Las consecuencias, aseguran, no se pueden calibrar a ciencia cierta pero al menos las alteraciones climáticas parecen inevitables.

No solo eso. No son pocos los investigadores que van más allá: no se trataría que todas esas antenas o radares funcionando en Alaska provoquen transformaciones aleatorias en el clima sino que las alteraciones podrían ser programadas para cualquier parte deseada del mundo.

Si fuera así entraríamos en un terreno peligroso: Un arma capaz de provocar tormentas, inundaciones, sequías prolongadas, tornados, tsunamis…una máquina del tiempo con el que controlar el mundo. ¿Y provocar incluso un terremoto? En efecto, hay quien cree que el HAARP podría hacer tal cosa.

Lo cierto es que todo esto, que suena a desbocada ciencia ficción, no es ni mucho menos un secreto. Científicos rusos, como decíamos al principio, han acusado repetidas veces de que ciertos desastres naturales no eran en el fondo tan “naturales”. Aunque también desde el otro lado se ha llegado a señalar por voces neocons que el Katrina, el tornado que destrozó Nueva Orleans, fue un efecto del “HAARP ruso”: el proyecto Sura.

Porque en efecto parece que los rusos no se quedaron atrás y desde la década de los 80 cuentan con su propia instalación para andar enredando por la ionosfera. El panorama es inquietante. ¿Hemos de creer que existe una posible arma tan poderosa? Está claro que durante la guerra fría se gastaron cantidades ingentes de dinero en desarrollar nuevo armamento, alguno tan estrambótico como el que se ensayaba hipnotizando a las cabras o buscando pócimas de seducción.

Y en el fondo nos tememos que la industria militar está más viva que nunca. Hay tantos intereses en juego que cuando no es el soviet será la guerra contra el terror o cualquier otra inventada amenaza global: las excusas no van a faltar nunca. Y si hace ya 65 años que el hombre se calumnió a sí mismo creando la bomba atómica, ¿qué demoníacos ingenios no habrá sido capaz de alumbrar desde entonces con su retorcido, grandioso, brutal cerebro?

lunes, 12 de diciembre de 2011

El Santo Grial: Una búsqueda mística

La búsqueda del Santo Grial es uno de esos mitos que perduran siglo tras siglo; una creencia entre mística y popular que se originó allá por el siglo XII y que no se ha abandonado hasta el día de hoy. Y como suele ocurrir en historias de este tipo, su leyenda se ha ido engrandeciendo con el tiempo y haciendo que cada vez se presente más difusa esa extraña barrera entre la ficción y la realidad.

¿Qué es realmente el Santo Grial?... La creencia popular siempre pensó que era el cáliz de Cristo, aquel que utilizó en la Última Cena, la copa con la que posteriormente José de Arimatea recogió la sangre del Hijo de Dios mientras estaba crucificado, y quizás por ello, se le atribuyen poderes misteriosos.

Con el paso de los siglos, aquella búsqueda de ese Sagrado Cáliz a la que se ha asociado a los Caballeros Templarios, e incluso hasta al Tercer Reich alemán, se ha convertido en algo más que la propia física de una copa de madera. De ese Santo Grial se ha teorizado con que podría tratarse incluso de la matriz de María Magdalena a la que determinados escritos (supuestamente escondidos por la Iglesia) asocian con la esposa de Jesús, con el que probablemente tuvo descendencia.

Y es a partir de esa teoría cuando se comienza a relacionar a la búsqueda del Santo Grial con la búsqueda de la descendencia de Cristo.

Un primer documento, del año 1010, menciona por primera vez en latín medieval, la palabra “gradales”, de la que derivó posteriormente “graal” (en francés), “grail” (en inglés) y “grial”, en España. Precisamente en nuestro país, por Grial se designaba en épocas medievales a ciertos recipientes en forma de copa de uso doméstico.

Una forma más, ésta, de relacionarlo con la búsqueda del Cáliz. Pero los que defienden la teoría de la descendencia, hacen hincapié que la derivación de aquel “gradal” inicial a “graal”, no fue correcta. No fue el “San Graal” lo que se trasladó, sino el “Sang Raal”, es decia, la Sangre Real. Puede que, según esta teoría, lo que se trasladara de Asia a Europa no fuera entonces una copa de madera, el Grial o cáliz de Cristo, sino la Sangre Real, el linaje y descendencia de Cristo.

Obviamente, un descubrimiento así podría suponer un auténtico terremoto para las creencias religiosas cristinas, y podría suponer daños irreparables para la Iglesia Católica. Quizás por ello se han asociado distintas facciones misteriosas que luchaban a lo largo de los siglos por defender ese sagrado cáliz y mantenerlo oculto y otros por lo contrario, sacar la Historia a la luz. Nombres como el del Priorato de Sion, o el de los Illuminati se han asociado con su búsqueda.

Sin embargo, hubo un hecho que reforzó la leyenda. Fue en un perdido pueblo francés, allá por el siglo XIX, de nombre Rennes-Le-Chateau. Desde el siglo XII diversos escritos comenzaron ya a hablar de la leyenda, relacionándola con el Rey Arturo y sus caballeros. Eran los años en que los Templarios dejaron atrás Jerusalén. Un siglo después, un poeta alemán, Wolfram von Eschenbach, dejó escrito que los templarios custodiaban y ocultaban aquel objeto sagrado. Investigaciones realizadas en pleno siglo XX sacaron a la luz teorías (que no pruebas) de que durante siglos hubo una conspiración eclesiástica apoyada por los reyes de Francia de aquella época para mantener oculto un terrible secreto. Aquellas teorías que se plasmaron en un polémico libro, El Enigma Sagrado (1982), y que concluía afirmando que la búsqueda del Santo Grial era la búsqueda de todo el linaje de David con el que se entroncaba el de Jesucristo, fueron las que sirvieron de base para el libro de Dan Brown, El Código da Vinci, el que finalmente le ha dado la fama necesaria a un caso que se mantuvo durante siglos, sino oculto, sí en las sombras.

Aquellas mismas investigaciones observaron que alrededor de Rennes-le-Chateau se había construido una triada de enclaves templarios, formando así una red de protección alrededor del pueblo. Eran los castillos de Champagne-sur-Aude, el de Blanche-fort y el de Saint Just et le Bézu. Y entonces fue cuando se recordó cierto hecho ocurrido en aquel pueblo perdido de Francia...
Pero esa... esa es otra historia...

viernes, 9 de diciembre de 2011

Rennes le Chateau y el Santo Grial: la búsqueda mística francesa

Viene de “El Santo Grial: la búsqueda mística” François Bérenger Saunière era el párroco de la iglesia de la localidad de Rennes le Chateau, un pequeño pueblo que se levanta sobre unas colinas en Francia. Por todos era conocida su pobreza y austeridad hasta que cierto día los habitantes del pueblo comenzaron a observar que a su casa particular llegaban invitados siempre de la alta sociedad. Sus viajes a París se hicieron cada vez más frecuentes y poco a poco fue perdiendo su modestia y convirtiéndola en ostentosidad.

No tardó mucho en extenderse el rumor de que el párroco había encontrado algo junto al altar de su iglesia. Aparecieron cuatro manuscritos escritos en una caligrafía muy antigua, dos de ellos con pasajes de la Biblia, y otros dos que databan de los años 1244 y 1644 en los que aparentemente se describía la descendencia del rey merovingio Dagoberto II. Lo único que realmente se pudo confirmar es que aquellos dos manuscritos que acompañaban a los de los años 1244 y 1644 habían sido escritos por Antoine Bigou, un párroco anterior, un siglo antes, que casualmente era el confesor de Marie de Hatpoul de Blanchefort, descendiente directa del Gran Maestre de los Templarios Bertrand de Blanchefort.

De nuevo volvía a establecerse un lazo entre aquellos documentos y los templarios.

Además, ¿qué había impulsado a Antoine Bigou, párroco de aquel pequeño pueblo a escribir dos pergaminos y dejarlos enterrados en una columna visigoda de la propia iglesia? ¿Cuál era aquel secreto que había necesitado ocultar a los ojos del mundo? ¿Sería cierto que en aquel pergamino iba escrita la última voluntad de la marquesa que sin descendencia ninguna, y siguiendo la tradición familiar, debía legar su secreto y lo hizo en la persona de su confesor?

Pero la duda que surgió fue si Saunière habría encontrado algo más junto con estos cuatro manuscritos. Y comenzó a correrse el rumor de que lo encontrado había sido el Santo Grial. Lo que también se pudo constatar es que al día siguiente de encontrar aquellos pergaminos, el párroco encontró una lápida frente al altar, vuelta hacia abajo, la conocida como “baldosa de los caballeros“, con la figura de dos jinetes montados en un sólo caballo, símbolo de los templarios. Bajo ella, se encontró una bolsa llena de monedas de oro. Tras despedir a los obreros, continuaron las excavaciones, y bajo aquel pequeño tesoro encontró la entrada a una cripta merovingia que incluso aparece en los registros históricos de la iglesia como el sepulcro de los señores de Rennes. Lo cierto es que desde ese día, Saunière comenzó a vivir en la opulencia. ¿Habría encontrado el Santo Grial, y le pagaban por ocultar el secreto? ¿Sería el famoso y codiciado tesoro de los Cátaros? ¿Sería la misma tumba de Jesucristo a quien habían traído allí los propios templarios, embalsamado?, y así podríamos continuar con muchas preguntas y teorías más.

Las investigaciones que se llevaron a cabo decenas de años después no pudieron averiguar el significado oculto de aquellos manuscritos, si es que los tiene, y por lo tanto, continuaba siendo un misterio cómo aquel párroco había adquirido esa riqueza tan repentina ni el secreto que había encontrado en aquella cripta. En el libro “El enigma Sagrado”, de 1982, del que ya os comentábamos que establecía la hipótesis de que el Santo Grial se refiriera en realidad a la descendencia de Cristo, y no al cáliz de la Última Cena, argumenta que al párroco le pagaron por encontrar unos determinados documentos genealógicos y que al final los encontró. Desgraciadamente, Saunière falleció en el año 1917 sin decir qué fue lo que encontró, aunque aseguran que escrito en unos mensajes cifrados ocultos en la iglesia dejó la clave de todo.

Poco antes de morir comenzó a decorar la iglesias con nuevas y ricas imágenes, algunas de ellas de demonios, e incluso construyó una torre a su lado (que hoy día aún se conserva) a la que puso por nombre Torre Magdala, nombre de la tierra palestina de la que procedía María Magdalena. Sobre la puerta de acceso de la iglesia, en un contrafuerte, inscribió la frase “Terribilis est locus iste“(este lugar es terrible) en referencia a un pasaje del Génesis.

De aquellos cuatro manuscritos, los dos originales de los años 1244 y 1644 se perdieron en un incendio, quedando sólo los dos de Antoine Biogu, que están expuestos actualmente.

Todo esto fue motivo suficiente para convertir Rennes le Chateau en un sitio venerado (a la par que misterioso) y desde entonces cientos de peregrinos acuden anualmente a visitar aquella iglesia. Por supuesto, no solamente peregrinos que acuden a proclamar su fe, sino también investigadores tanto públicos como privados, deseosos de encontrar aquellas claves perdidas.

Recientemente, el alcalde del pueblo al fin permitió realizar excavaciones junto a la iglesia, hecho éste que había estado prohibido durante muchos años. Y así, con el visto bueno del propio ayuntamiento, la Torre Magdala se llenó de aparatos de última generación que ayudarían en su investigación. Por medio de un radar de penetración del suelo se pudieron localizar una serie de objetos enterrados en el subsuelo de la torre e igualmente otros dos más bajo el suelo de la iglesia.

Así comenzaron las excavaciones hasta que tras 20 minutos dieron con unas astillas de madera. Poco después, volvieron a dar con un segundo objeto. Se estudiaron las imágenes del radar, se solicitó un informe, y extrañamente, las obras se mandaron paralizar. Se sacó al exterior una gran roca, pero lo cierto es que a pesar de las mediciones, la obra se detuvo sin razones, quien sabe si para siempre. De aquellos dos sepulcros bajo la iglesia tampoco nada más se supo, pues ni se llegaron a estudiar.

Ahora, la imaginación humana y los misterios que históricamente ha ido dejando la literatura y el Santo Grial en sí, añadido a lo sucedido en Rennes le Chateau, han hecho de este sitio un lugar casi “paranormal”, pues de él se ha dicho que se han encontrado signos geométricos perfectos, que es el camino hacia el mundo espiritual, que se trata de una zona de aterrizaje marcada por los extraterrestres, e incluso, mucha gente ha llegado a decir que junto aquella iglesia existe una fuerza especial y mágica que los arrastra.

Y cómo no, muchas iglesias del mundo presumen de tener aquél mágico cáliz, como el Museo Catedralicio Diocesano de Valencia, como el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, como la Sacra Catina de Génova o como dicen del Cáliz de Antioquía en The Cloisters, entre otros. Pero bueno, como también de las astillas de madera de la cruz de Cristo... si fuera verdad y se reunieran todas habría para más de una cruz sagrada...

jueves, 8 de diciembre de 2011

La vasija de Cristo el mago: ¿Cuál es la relación habida entre la figura del Mesías y Egipto?

Hará cosa de un año Franck Goddio, submarinista arqueológico francés, encontró una vasija en la bahía de Alejandría que dataría del siglo I. Lo más espectacular, sin embargo, era la inscripción en griego que poseía, por cierto que bien visible: “Cristo el mago“.

En realidad la copa dice Cresto, no Cristo, pero estas cosillas de letras cambiadas o mal escritas se las dejamos a los filólogos, total para el público son nimiedades apenas inteligibles. Indudable fue desde el primer momento el origen mágico de la vasija: claramente se trataba de un recipiente utilizado por las religiones mistéricas del entorno egipcio en los convulsos años de cambio de milenio.

La polémica se centra, entonces, en la asociación con Cristo. ¿Cuál es la relación habida entre la figura (si real, imaginada o al menos acicalada por los comentaristas poco nos importa, la verdad) del Mesías y Egipto? ¿Acaso hay elementos vitales y doctrinarios de Jesús que se remontan al país de los faraones?

Todo esto fue como echar gasolina a un incendio. Hay historiadores, teólogos, arqueólogos y simples amantes del ruido que vienen sosteniendo de antiguo la procedencia egipcia de Jesús. Aunque lo hacen a través de modalidades diversas. Para algunos, Jesús nació un milenio antes del año 0 y bastante de lo recogido en el Nuevo Testamento aparece ya en textos faraónicos: Cristo sería una especie de excelso faraón.

Otros, sin llegar tan lejos, reconocen que aquellos maravillosos sermones de quien se sentaría a la derecha del Padre estaban preñados de una sabiduría que denotaba, de algún modo, un conocimiento de la cultura en la que se insertaba la casta sacerdotal del antiguo Egipto. Reconozcamos que los seguidores de Jesús, en general gente pobre y sin estudios, se sentían un poco perdidos con las malditas parábolas del Maestro y que lo raro del asunto fue que no lo corrieran a pedradas.

Que el Egipto faraónico mantenía una “íntima” relación, por utilizar el eufemismo, con el antiguo pueblo de Israel, es un hecho. Ya el mismo Freud, fundador del psicoanálisis, coqueteada con la idea de que el faraón revolucionario Akenatón, defensor de un monoteísmo que por su rigor cabría calificar de hebreo, no era sino el conductor de pueblos por autopistas de arena llamado Moisés.

Y no nos olvidemos de los coptos, cuya Iglesia, fundada en Egipto también en el siglo I, sigue empeñada en defender el itinerario egipcio de la sagrada familia, mula y burro incluidos. Así que ¿Jesús de Egipto? Ya que estamos, ¿no sería Cristo uno de lo hijos tenidos por Cleopatra con algún César o emperador romano? Cuánto terreno virgen tiene todavía los inquietos del misterio para entretenerse.