martes, 26 de octubre de 2010

Atreo: Rey de la poderosa ciudad de Micenas

Atreo era uno de los hijos de Pelops e Hipodamia. Era rey de la poderosa ciudad de Micenas y padre de Agamenón, comandante en jefe de las tropas griegas en Troya, y Menelao. La familia de Pelops y Atreo sufrió el maleficio de Myrtilus (Mirtilo), uno de los hijos del dios Hermes, cuando fue traicionado y herido por Pelops. Esto llevó a un cruento ciclo de sanguinarias venganzas que terminó con el juicio de Orestes, nieto de Atreo, en Atenas.

Atreo y su hermano Tiestes mataron a su hermanastro Crísipo y tuvieron que exiliarse en Elis, desde Pisa, por orden de Pelops. Consecuentemente, su esposa Europa, que se había enamorado de su cuñado Tiestes y le había ayudado a convertirse en rey de Midea con malas artes, traicionó a Atreo. Gracias a la ayuda de Hermes, Atreo pudo derrotar a Tiestes de nuevo con otras argucias para recuperar su reino. Su hermano tuvo que exiliarse, pero no pudo evitar lamentarse por la ligereza del castigo cuando descubrió cómo le había engañado con Europa.

Fue entonces cuando Atreo acabó con los tres hijos de Tiestes e invitó a su hermano a un banquete de reconciliación.

Durante la comida le sirvió los cuerpos de sus tres hijos y, cuando Tiestes había terminado de comer le mostró las manos y los pies de los pequeños para que se diese cuenta de lo que había hecho. Más adelante Tiestes concibió otro hijo con su propia hija, la cual. según el oráculo, debía vengarse por la atrocidad cometida por Atreo. A través de una milagrosa serie de circunstancias, este hijo, Egisto, tuvo que ser educado en el hogar de Atreo. Después de que sus hijos, Agamenón y Menelao hubiesen capturado a Tiestes, Egisto se dio cuenta de lo que ocurría en el seno de su familia y cómo había llegado a este mundo, a consecuencia de lo cual puso fin a la vida de Atreo.

Egisto se convirtió en el amante de Clitemnestra, la esposa de Agamenón. Los amantes mataron al comandante griego que fue vengado por su hijo Orestes. Sólo cuando éste fue condenado en Atenas por los asesinatos cometidos, desapareció la maldición que había perseguido a toda la familia.

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