martes, 21 de julio de 2009

Tractores de la prehistoria: ¿Nuestros antepasados usaban máquinas?

La idea que nos hemos hecho de la humanidad primitiva cae por su base cuando nos enfrentamos con algunas de sus creaciones.

¿Cómo considerar sólo como pura casualidad los hallazgos tecnológicos que les permitieron erigir los megalitos? La organización social y el sustrato religioso que subyacen a esas empresas nos hablan de una humanidad sabia, consciente y tenaz.

Uno de los grandes misterios de los monumentos megalíticos es el de su construcción. ¿Cómo levantaron aquellas civilizaciones primitivas del Neolítico y Eneolítico semejantes monumentos? La imaginación popular resolvió la incógnita apelando a seres sobrenaturales: dioses, gigantes, brujas o demonios. La legendaria intervención en la construcción de megalitos de los cíclopes, míticos gigantes de un solo ojo, dio origen a la denominación de "arquitectura ciclópea" que, inicialmente, se aplicó a las construcciones realizadas con grandes bloques de piedra sin desbastar. Más tarde, se acuñó el término "megalítico" para designar únicamente la categoría de monumentos que aquí tratamos, dólmenes y menhires, y el término ciclópeo se reservó para designar aquella arquitectura, algo posterior, que también utilizaba grandes bloques de piedra sin pulir, pero dispuestos en hiladas, una encima de la otra, para obtener una estructura más compleja que la de los megalitos. La naveta d'Es Tudons, en Menorca, o la muralla iberorromana de Tarragona (España), son dos buenos ejemplos de construcciones ciclópeas.

Evidentemente, suponía muchos menos problemas técnicos levantar un menhir que construir un dolmen. De todos modos, si tenemos en cuenta que algunos de estos menhires sobrepasan ampliamente los siete metros y su peso se acerca a las 100 toneladas, tendremos que reconocer que la operación, al menos en estos casos, tampoco debió de ser sencilla, y que era preciso una sofisticada técnica, así como una organización considerable, para llevarla a cabo. Pensemos, además, que en el Neolítico y Eneolítico los pueblos que vivían en la Europa occidental poseían un nivel de civilización bajo. Eran gentes que seguían practicando la caza, la pesca y la recolección de frutos y mariscos; la agricultura y el pastoreo todavía se hallaban en un estado poco avanzado. En la mayoría de los casos, sus habitaciones seguían siendo cuevas naturales, si bien ya comenzaban a levantar pequeñas chozas de piedra o de madera. El material más empleado para la obtención de la mayoría de sus herramientas seguía siendo la piedra, aunque en los últimos años del período Eneolítico empezó a utilizarse el bronce. Los recipientes de cerámica comenzaban a generalizarse en medio de los ya tradicionales de madera o de piel. En definitiva, el hombre de la Europa occidental estaba en plena fase de organización social y en posesión de una técnica, al parecer, no lo suficientemente evolucionada como para que le permitiese por sí mismo, sin influencia de otra cultura superior, abordar la compleja tarea de levantar los megalitos.

Para izar un gran menhir con la técnica más rudimentaria, y a falta de dioses o gigantes que cooperasen o de brujos capaces de lograr teleportaciones, haciendo que los enormes bloques de piedra se volvieran ingrávidos, hubo de ser imprescindible construir un plano inclinado y hacer subir el menhir por él a base de rodillos y fuerza bruta; una vez arriba, era preciso hacerlo bascular de tal forma que su extremo inferior fuese a caer en el agujero que había sido abierto al final del plano inclinado. Apuntado el menhir en el agujero, era cuestión de buscar su estabilidad a base de tirar de él hasta la posición adecuada, procurando que no se viniese abajo. Hecho esto, asegurar la verticalidad del menhir, llenando de tierra el agujero; era ya cosa fácil.

Pero, ¿cómo colocar el bloque de piedra sobre los rodillos? Y, ¿cómo evitar que los rodillos se clavasen en el suelo, bajo el enorme peso que soportaban? Para resolver el primer problema tenemos que echar mano de la palanca. Un sistema de palancas colocadas en los bordes del bloque y accionadas simultáneamente pudo haber permitido elevar el bloque lo suficiente como para deslizar debajo de él los rodillos. Otro método consistiría en desplazar lateralmente el bloque de piedra mediante las palancas hasta situarlo encima de los rodillos.

La segunda cuestión queda resuelta si suponemos la construcción de algún tipo de calzada resistente, a base de losas yuxtapuestas o de troncos de árbol dispuestos longitudinalmente, a modo de railes.

Si uno se imagina esta operación con una mole como la del gran menhir de Locmariaquer, de más de 20 metros de altura y un peso que supera las 300 toneladas, se dará cuenta de la tremenda dificultad que tal obra debió de entrañar, y del grado de organización con que debieron de contar los aproximadamente 3.000 hombres que probablemente intervinieron en la operación de poner en pie aquel coloso de piedra.

Por otra parte, la verticalidad de estos monumentos, y sobre todo la estabilidad de que han hecho gala ante el paso del tiempo, resistiendo el descarnamiento erosivo de su base, corrimientos de tierras y movimientos sísmicos, hacen sospechar que aquellos que levantaron los grandes menhires no desconocían el uso de la plomada. Para la construcción de los grandes dólmenes los trabajos debieron de ser todavía más complicados, pues entonces se trataba, además de clavar unos bloques en el suelo, de levantar otros hasta alturas a veces superiores a los tres metros y colocarlos encima de aquéllos.

La operación de levantar la losa de cobertura debió de realizarse elevando el bloque con ayuda de palancas dispuestas en los bordes y accionadas consecutivamente. El espacio de elevación obtenido se rellenaba con tierra o bien se nivelaba con entramados de madera superpuestos. Poco a poco, la losa iba ganando altura. Una vez se había alcanzado la elevación suficiente, el bloque se deslizaba por el talud de tierra aplanada o por la superficie del entramado hasta el lugar que le correspondiese. Su avance se llevaba a cabo mediante apalancamiento, esta vez aplicando la fuerza en obtener un desplazamiento lateral.

Este procedimiento que, seguramente, debía de dar buenos resultados con bloques de pequeño y mediano tamaño -inferiores a 40 toneladas- es posible que no sirviese para elevar grandes losas. En los casos en que el bloque de piedra podía llegar a sobrepasar las 100 toneladas de peso, el sistema de elevación por aplicación de palancas en los bordes debió de complementarse con el empleo de una rudimentaria cabria, con el objeto de multiplicar la fuerza ejercida por la palanca. Una vez elevada la piedra, se debía de colocar sobre rodillos y se deslizaba por una calzada resistente hasta su lugar en el megalito.

Bien, hasta aquí parece quedar resuelto el problema de la construcción de los megalitos, aunque a costa de un esfuerzo tremendo y una inversión de tiempo considerable. Pero al echar un vistazo a algunos de los monumentos descubiertos hasta ahora, se plantean de nuevo enigmas de difícil solución.

La hipótesis que supone la utilización de rodillos para desplazar los bloques se basa en la observación de que la mayoría de las losas utilizadas presentan una de sus caras los suficientemente alisada como para permitir el deslizamiento; sin embargo, se han encontrado dólmenes con enormes losas de cobertura ásperas por ambas caras, lo que descarta la rodadura de los rodillos. ¿Cómo se construyeron estos dólmenes? ¿Se aprovechó la plasticidad de la arcilla mojada, haciendo resbalar la losa, una vez elevada, por un talud enfangado?

Lo más frecuente, ante las enormes dificultades que debía de representar el transporte de los bloques de piedra, es que los monumentos megalíticos se encuentren en lugares próximos al sitio de extracción de los materiales. Sin embargo, no siempre es así y, en ocasiones, el monumento se encuentra a varios kilómetros de distancia de la cantera. Una losa del dolmen de falsa cúpula de El Soto (Huelva) fue transportada más de 38 kilómetros antes de ser colocada en el monumento. Aunque el caso más espectacular es el de las "piedras azules" (bluestones) de Stonehenge (Inglaterra); estos 24 bloques de piedra, con un peso total de más de 350 toneladas y que constituyen el segundo circulo del gran monumento, fueron extraídas de los montes Prescelly, en el País de Gales, e instaladas al norte de Salisbury, en un llano que dista 280 km del lugar de origen.

Y la cosa se complica más al descubrir en Pépieux (Francia), en la cima de un cerro, aislado y de laderas fuertemente inclinadas, la presencia de un dolmen con una losa de más de 30 toneladas de peso. ¿Cómo fue posible subir un bloque de piedra semejante hasta allí? Uno ya no puede evitar el pensar en dioses, gigantes o brujas.

lunes, 20 de julio de 2009

Astronautas del pasado: Huellas de visitantes estelares de hace miles de años

Existen intrigantes señales de que la tierra fue visitada hace miles de años por vida extraterrestre inteligente. ¿Somos descendientes de los Dioses?

Imagínese la escena: un gigantesco ovni sobre el desierto, rayos láser salen de su parte inferior, desplazando grandes bloques de piedra bajo los asombrados ojos de los nómadas. Cuando la nave se ha marchado, quedan sobre la arena tres grandes pirámides. Durante generaciones, los maravillados hombres tribales contarán el acontecimiento en sus leyendas y libros sagrados describiendo a la nave como un mensajero de los dioses, y a sus pilotos como ángeles sobre carros dorados.

Según algunos, esta escena pudo ocurrir realmente hace unos 5.000 años en Gizeh, el enclave de la Gran Pirámide de Egipto, y en diferentes épocas, en otros lugares: en Stonehenge (Inglaterra), en el este de Islandia y en América del Sur. Pero, ¿por qué una civilización avanzada tendría interés en ayudar a los indígenas a construir estas enormes estructuras? Las teorías van desde afirmar que eran transmisores cósmicos a decir que fueron puertas hacia las estrellas.

Algunos partidarios de la teoría de los antiguos astronautas llegan a sugerir que la propia especie humana fue "sembrada" por alienígenas. Según dicen, estos visitantes llegaron hace cientos de miles de años y le dieron un empujoncito a la evolución, tal como está descrito en la novela de Arthur C. Clarke, 2001: Una odisea del espacio.

Ancestros alienigenas

Estas ideas no son nuevas. El concepto de que avanzadas civilizaciones de las estrellas influyeron en el progreso humano, ha estado presente por lo menos desde la época victoriana, cuando la Sociedad Teosófica imaginó una historia alternativa para el hombre. Pero el concepto no llegó a ser conocido hasta los años setenta, a través de los libros del Suizo Erich Von Daniken. Von Daniken ha escrito una serie de libros que han obtenido un gran éxito, empezando por Chariots of the Gods (1969), en el que presenta pruebas de visitas alienígenas en tiempos antiguos.

Imágenes uniformes

A pesar de que buena parte del trabajo de Von Daniken ha caído en el descrédito, algunos ufólogos creen que en el fondo de sus hallazgos hay algo de verdad: seres civilizados visitaron la Tierra y dejaron su huella en los albores de la civilización Pero, ¿donde est la prueba?

La teoría de Von Daniken y las ideas de los defensores de los antiguos astronautas se fundamentan en la notable consistencia de las imágenes y los iconos de los pueblos antiguos. Existe también una uniformidad en sus leyendas y en las características de sus dioses que no puede deberse solo a la casualidad. Se refieren a la similitud de relatos de origen tan disperso como el antiguo Egipto, el imperio Maya y la antigua China, ninguno de los cuales tuvo contacto con los otros. Una de las mejores descripciones de lo que resultarían ser visitantes alienígenas se encuentra en uno de los más antiguos textos de la India: el Mahabhrarata.

Textos antiguos

En diversas partes del texto, los autores describen a lo que llaman Virmana, una palabra que significa "maquina voladora". En el texto, las Virmanas se describen a veces como vehículos voladores utilizados con fines militares y son a menudo pilotados por dioses indios. Una de esas armas es llamada Agneya y aparece en un pasaje particularmente impactante:

Fue disparado un flamígero proyectil dominado por el resplandor del fuego sin humo. De repente, una espesa niebla envolvió las huestes. Todos los puntos del horizonte se oscurecieron repentinamente. Empezaron a soplar vientos portadores del mal. Las nubes se agolparon en lo más alto del aire y llovió sangre. El sol parecía girar sobre sí mismo. El mundo, abrasado por el calor de tal arma, parecía tener fiebre.

A primera vista, esto podría parecer un arma nuclear haciendo explosión, lo cual, dado que conocemos estas armas desde hace poco tiempo, indujo a los entusiastas a pensar que la Virmana tenía que ser de origen extraterrestre.

Pruebas adicionales

Sin embargo, este pasaje como muchos que apoyan las teorías de los antiguos astronautas está completamente abierto a diversas interpretaciones. Es posible que este relato describiese originalmente un fenómeno natural como una erupción volcánica, y que el cuento fuese adulterado por numerosas reinterpretaciones. Pero, aseguran los entusiastas, que existen más pruebas.

Según los defensores de la teoría de los antiguos astronautas, los hombres primitivos estaban obsesionados con figuras con trajes espaciales. Dibujos de lo que parecen ser astronautas se encuentran en cavernas de América, Europa, Africa, Extremo Oriente y Australia.

Para apoyar esta prueba, los defensores han investigado lo que ellos creen que son antiguas zonas de aterrizaje para los ovnis. La más conocida es la llanura de Nazca, en Perú, que sólo puede ser identificada como una estructura global por medio de fotografías aéreas.

Los arqueólogos insisten en que las señales de Nazca son caminos incas, pero se hace difícil aceptar el hecho de que no conduzcan a ninguna parte. Las señales incluyen algunas configuraciones muy extrañas que los más entusiastas identifican como zonas de aparcamiento para naves o vehículos espaciales.

El mayor problema en relación con las visitas de alienígenas reside en como pudieron recorrer las enormes distancias interestelares para llegar hasta aquí. Incluso los partidarios de la teoría de las visitas alienígenas aceptan que el hogar más cercano para otra civilización estaría a 4,2 años luz de distancia (la estrella más próxima a nuestro Sol).

Puzzle científico

Tales distancias significan que aunque una civilización hubiera descubiertos el modo de viajar a la velocidad de la luz necesitaría más de 8 años para realizar un viaje de ida y vuelta. Demasiado tiempo para una visita de cortesía. Otros sugieren que estos seres han desarrollado sistemas para soslayar las leyes físicas que imponen un límite de velocidad en los viajes interestelares.

Otra teoría sostiene que, hace miles de años, urna civilización avanzada pasó por aquí cuando se dirigía a colonizar otros mundos. Los alienígenas que visitaron a los faraones o los mayas lo hicieron abandonando su nave nodriza durante poco tiempo y dejaron algunas señales indelebles en la historia de la humanidad.

viernes, 17 de julio de 2009

Fraude Lunar: ¿Por que no fuimos más a la Luna?

Si las fotografías del Apolo se trucaron, ¿cuáles fueron las razones de la NASA?
Las teorías de lo conspiración de la Nasa puestas bajo el microscopio.

En mayo de 1961, cuando el presidente John F. Kennedy anunció al Congreso que Estados Unidos "se comprometía a situar un hombre en la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra antes del fin de la década", empezó la carrera hacia la Luna. La guerra fría estaba en su apogeo y la NASA era una de las armas más importantes de esta batalla.

Pero la Unión Soviética gozaba de la ventaja inicial. En 1961 había lanzado al espacio el primer hombre y también fueron los primeros en orbitar la Tierra.

Estados Unidos se apuntó un éxito menos de un año después de la declaración de Kennedy, cuando John Glenn fue el primer americano que orbitó la Tierra. Pero llegó la tragedia: en enero de 1967, la cápsula Apolo 1 estalló en llamas durante las pruebas y murieron los tres astronautas que había a bordo. Los muchos defectos que condujeron al incendio obligaron a rehacer el diseño. En la NASA, muchos creyeron que conseguir el ansiado objetivo en el plazo fijado era una empresa imposible.

Un sueño imposible

Bill Kaysing cree que fue la necesidad de cumplir la promesa de Kennedy lo que provocó la conspiración de la NASA. Entre 1956 y 1963, Kaysing trabajó como redactor técnico en una empresa relacionada con las misiones Apolo. "Durante este tiempo -dice Kaysing-, la NASA realizó un estudio de viabilidad que indicó que sólo tenían un 0,0017% de posibilidades de situar un hombre en la Luna y de devolverlo luego a Tierra." Kaysing opina que era imposible para la NASA alcanzar el 100% en 1969.

Hay quien cree que Kaysing tiene razón. La tecnología empleada para enviar el Apolo 11 a la Luna era muy primitiva comparada con los estándares actuales. De hecho, la computadora de a bordo tenía menos memoria que un lavadora moderna.

La puesta en escena

En su libro We Never Went to the Moon, Kaysing dice que la NASA y la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) trabajaron juntas para trucar el alunizaje del Apolo 11. Se lanzó un cohete Saturno V vacío, que volvió a la Tierra cuando estaba fuera de la vista del público. Se supone que la NASA también preparó un paisaje lunar en una cueva subterránea de Nevada.

Mientras tanto, los astronautas y el control de la misión formaban parte de una puesta en escena meticulosamente diseñada para engañar al público y para hacer creer que se habían

posado en la Luna. Se tomaron fotografías y filmes trucados y los astronautas "volvieron" a la Tierra soltando al océano una falsa cápsula espacial desde un avión del ejército. Kaysing sugiere que los astronautas fueron sometidos a un lavado de cerebro para garantizar su cooperación.

Ralph René, también cree que es posible que los astronautas no estuviesen en la Luna. En su libro NASA Mooned America!, René dice que la nave espacial debería haber tenido un grosor mínimo de dos metros para impedir que la radiación cósmica "cociese" a los astronautas de su interior.

Los teóricos del fraude creen que la NASA decidió simular los alunizajes cuando se dio cuenta de que no disponía de la tecnología para llevar con seguridad hombres a la Luna a finales de los años 60. Esto les aseguraba un trofeo propagandístico frente a los soviéticos y mantener la financiación de sus verdaderos proyectos espaciales.

Conspiración conjunta

Otra teoría sobre el fraude sugiere que estadounidenses y soviéticos desarrollaron conjuntamente su tecnología espacial. La NASA trucó las fotografías de los Apolo porque, con los soviéticos, estaban construyendo bases en la Luna para utilizarlas como escalas hacia una base definitiva en Marte. Esta teoría fue lanzada en un documental trucado llamado Alternative Three, de la serie Sciencie Report realizada por TV Anglia.

Originalmente programada para el día de los inocentes, el programa se emitió finalmente el 20 de junio de 1977. Produjo un diluvio de reacciones, comparable al pánico producido por la emisión de Orson Welles La guerra de los Mundos en 1936.

En el documentales afirmaba que el mundo se enfrentaba a un supremo desafío ecológico. A continuación, un equipo de científicos y consejeros gubernamentales aportaba tres alternativas para la salvación de la humanidad. La primera consistía en detonar de manera controlada cabezas nucleares en la atmósfera para hacer que la contaminación se disperse por el espacio. La segunda era construir enormes bunkers subterráneos para alojar en ellos la elite rica, inteligente y poderosa del mundo. Pero la tercera alternativa fue el plan elegido.

La tercera alternativa

En este escenario, los seres humanos colonizarían el planeta más cercano capaz de mantener vida: Marte. Según el programa, en los años cincuenta ya se habría enviado una sonda americano-soviética para explorar la cara oculta de la Luna y en ella se habría construido una base para viajar a bases marcianas. Una vez montadas estas bases, los ricos y poderosos abandonarían la Tierra para ir a Marte, dejando que el resto de la humanidad se las arreglase en una Tierra condenada a morir.

Por increíble que pueda parecer todo esto, muchos televidentes creyeron en el documental, a pesar de que en muchos periódicos se advirtió de que se trataba de una ficción. También tenía una lista de actores al final del programa y una nota de copyright que indicaba 1 de abril de 1977.

El programa no se difundió en Estados Unidos porque en él se presentaban teorías de ocultación de la "verdad". Surgieron muchas sospechas cuando la gente se quejó de que el libro Alternative Three era difícil de encontrar y de que el gobierno lo estaba reteniendo.

Existe otra teoría que gana fuerza. Un grupo de investigación llamado La Misión Marte (TMM) ha empleado casi veinte años en el análisis de las fotografías de Marte y ha llegado a la conclusión de que allí existen ruinas extraterrestres. La evidencia más convincente que presenta es la famosa fotografía de la "cara de Marte". Pero la NASA dice que sólo es un juego de luces.

El director de TMM, Richard Hoagland, cambió el nombre del grupo por el de La Misión Enterprise, porque cree que ha encontrado evidencias de estructuras artificiales en la Luna. Hoagland dice que ha llegado a estas conclusiones empleando sencillos cálculos geométricos.

Civilización perdida

Las imágenes de la Tierra, tomadas de fotografías de satélites con una resolución de 100 m, muestran líneas rectas, círculos y cuadrados correspondientes a carreteras, edificios y ciudades. Hoagland sabía esto y, al observar la Luna, dijo que en su superficie había encontrado formas geométricas con una resolución de 100 m. Cree que son los restos de enormes estructuras de vidrio para proteger ciudades lunares. "Sin las limitaciones de la gravedad -comenta Hoagland-, estas estructuras son mucho mayores que cualquier cosa que se pueda construir en la Tierra." Estima que una de ellas, que llama "La torre", podría tener 12 km de altura. Cree que cubren una gran parte de la Luna y que son visibles desde la Tierra cuando la Luna se sume en la oscuridad. Hoagland dice que son indicios de una civilización perdida y cree que los astronautas de las misiones Apolo tenían conocimiento de su existencia.

Extraterrestres en la Luna

El ufólogo Timothy Good, en su libro Beyond Top Secret, informa de que los astronautas vieron extraterrestres en la Luna. La evidencia reside en una conversación secreta entre el control de la misión y los astronautas del Apolo 11 Armstrong y Aldrin, que fue registrada por los soviéticos.

El Dr. Vladimir Azhazha, físico y profesor de matemáticas ruso, dijo que el encuentro ocurrió poco después de que alunizara el módulo lunar, pero que el público nunca pudo escuchar el informe de los astronautas porque la NASA lo prohibió. Maurice Chatelain, un especialista en comunicaciones de la NASA, comentó que "el encuentro con ovnis era perfectamente conocido en la NASA" y que "todas las misiones Apolo habían sido seguidas por ovnis".

Esto sugiere que la NASA no está dispuesta a admitir ante el mundo que sus astronautas habían sido vigilados de cerca por ovnis y escenificaron las fotografías en la Tierra para que el público no se asustase con lo que sucedía realmente en el espacio.

Una de las más extrañas preguntas sobre la Luna es por qué la NASA no ha enviado más astronautas desde las misiones Apolo y por qué no tiene intención de hacerlo en el futuro. ¿Acaso la Luna ya ha entregado todos sus secretos?

jueves, 16 de julio de 2009

Avistamientos por astronautas: En la Luna, ellos no estaban solos

Han tenido los astronautas experiencias de encuentros cercanos durante sus viajes al espacio? Las fotografías secretas de la NASA parecen contestar la pregunta.

En 1985, el astronauta Gordon Cooper, uno de los primeros que orbitaron la Luna, compareció ante un grupo de asesores de la ONU presidido por el entonces secretario general Kurt Waldheim, e hizo una alarmante advertencia: "Creo que... vehículos extraterrestres y sus tripulaciones nos están visitando desde otros planetas, y que están técnicamente un poco mas avanzados que nosotros. Considero que necesitamos un programa de alto nivel para recoger y analizar la información referente a cualquier tipo de encuentro y para determinar la mejor manera de relacionarnos amistosamente con estos visitantes.

Los argumentos de Cooper para esta declaración eran que había estado en la periferia de las grandes regiones por las que "ellos" se mueven. Además, en 1951, durante dos días tuve ocasión de observar muchos objetos de diferentes tamaños que volaban en formación... a una altura mucho mayor de la que podíamos alcanzar".

Por tanto, uno de los más grandes pioneros de Estados Unidos, un hombre que había detentado el récord de vuelo más largo en el espacio, 34 horas, admitía, ante varios de los hombres más poderosos del mundo, que había tenido encuentros con aparatos extraterrestres. Pero,¿pueden ser ciertas estas alegaciones?

Una historia de avistamientos

Desde la creación de la NASA en 1958, varios de sus pilotos y astronautas han testificado que habían visto ingenios volantes de origen desconocido. El primero en anunciar un avistamiento fue Joseph Walker, piloto del avión de pruebas X-15. Según una charla dada en mayo de 1962m, en los meses anteriores Walker tuvo un encuentro aéreo con dos objetos en forma de disco, lo cuál filmó. En julio del mimo año, otro piloto del X-15, el mayor Robert White, informó haberse encontrado formando parte de una escuadrilla de ovnis mientras volaba a unos 9.800 m de altura.

La NASA rehusó apoyar a sus pilotos y las fotografías y películas que contenían anomalías nunca se publicaron. La línea oficial establecía que los ovnis habían sido identificados como hielos. Pero, aunque la NASA negó tener interés en los ovnis, pronto se demostró que esto era falso.

Durante 1965, el US Federal Bureau of Investigation (FBI) supo de una fuente confidencial que un informador de la NASA estaba "filtrando" encubiertamente información sobre ovnis. Los receptores eran dos personas de Pittburg que, según el FBI, tenían un interés personal en los ovnis y estaban de acuerdo con un empleado de la NASA. En un expediente del FBI, de fecha 2 de septiembre de 1965, se dice: "La fuente cree que la información puede ser clasificada. Por ejemplo, la fuente dijo que [censurado] había visto una filmación en la que se veía un misil separándose de un ovni que aparecía en la pantalla. Antes del vuelo del Gemini 4, [censurado] dijo que veía algo interesante, porque la nave espacial tenía a bordo dispositivos para detectar ovnis...".

Pruebas de un encubrimiento

La documentación del FBI sobre este caso pone de manifiesto dos puntos importantes: la referencia de una filmación en la que se muestra un ovni en vuelo, confirma que la NASA está en posesión de datos sobre los ovnis que oculta al público. En segundo lugar, la mención de la misión Gemini 4. Uno de sus pilotos, James McDivitt, confirmó que, durante la misión, vio con seguridad una forma de objeto no identificado.

Aunque McDivitt no cree que el objeto fuese anómalo, no se adhiere a la teoría del escéptico James Oberg, según la cual el objeto era simplemente la segunda etapa del cohete Titán que lanzó el Gemini 4. Como el investigador afirma en su libro de 1996, Beyond Top Secret, "si éste fue el caso, el único enigma que queda es el aparente fallo de McDivitt en reconocer su propio cohete".

Los misterios de la luna

Después de las misiones Gemini, la carrera espacial se aceleró con el programa Apolo. Tras la promesa del presidente Kennedy de situar un hombre en la Luna, creció el interés por los misterios del espacio y, en particular, por la nueva frontera del hombre: la Luna. Así, cuando los astronautas del Apolo 11 dieron sus primeros pasos sobre la superficie de la Luna el 20 de julio de 1969, incluso el más recalcitrante de los escépticos debió considerar la posibilidad de que la presencia de vida fuera de la Tierra era ya una realidad.

A pesar de las declaraciones de que los astronautas no habían visto nada anormal, circularon rumores de que, durante su estancia en la Luna, la tripulación nunca estuvo sola.

A continuación se incluye una conversación clasificada entre la tripulación del Apolo 11 y el control de la misión:

Apolo 11: ¿ Qué diablos era? Es lo que quiero saber. Estas cosas eran gigantescos, señor. ¿ ¡Dios mío, usted no lo creería!

NASA: ¿Qué... ?¿Qué diablos pasa?

Apolo 11: Están aquí, bajo la superficie.

NASA: ¿ Qué hay ahí? Control de misión llamando a Apolo 11.

Apolo 11: Estamos aquí, los tres. Pero hemos encontrado visitantes... Por las instalaciones, parece que han estado aquí desde hace mucho tiempo... Digo que ahí fuera hay aparatos espaciales. Están alineados en filas al otro lado del cráter...

Sin embargo, las pruebas de este encuentro en la Luna son muy débiles. Otto Binder, ex empleado de la NASA, dijo que esta conversación fue escuchada casualmente por unos radioaficionados que pueden captar un "canal reservado" para estos mensajes. Sin embargo, Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna, informó al investigador Timothy Good que no se registró, ni se encontró, ni se vio ningún objeto durante la misión Apolo 11, ni en ningún otro vuelo Apolo que no fuese natural. La única corroboración de esta historia se obtuvo de Maurice Chatelain, experto en comunicaciones de la NASA. En una entrevista efectuada en 1979, Chatelian confirmó que un retardo de tiempo en la transmisión del diálogo entre el centro de control y el Apolo 11 permitió a la NASA censurar la información referente a los visitantes.

Falta de pruebas

Sin embargo no hay manera de comprobar si en la misión Apolo 11 se produjo este incidente. Muchos investigadores dudan de las afirmaciones de Binder y Chatelian, y la NASA niega que hubiese censurado transmisiones. No obstante, un caso similar referente al Discóvery no sólo originó el Watergate cósmico en 1990, sino que también dio un giro a las declaraciones de encuentros extraterrestres de astronautas.

Alrededor de las 6:30 del 14 de marzo de 1990, Donald Ratsh, un radioaficionado de Baltimore, Maryland, estaba siguiendo las transmisiones del Transbordador Discovery cuando oyó la siguiente comunicación: "Houston, aquí Discovery, tenemos un problema. Tenemos un incendio". Poco después dice Ratsh, se oyó una transmisión adicional: Houston, aquí Discovery. Todavía tenemos la nave espacial bajo observación. Esta revelación animó a numerosas personas, entre ellas Bob Oeschler, ex especialista en misiones de la NASA, a hacer sus propias averiguaciones. Después de un intenso período de investigación. Oeschler llegó a la conclusión de que el mensaje no fue transmitido desde el transbordador. En cambio, aventuró que la señal pudo proceder de una zona alrededor de Fort Meade, Maryland, la sede de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU, que está involucrada desde hace tiempo en la investigación de informes de ovnis. Oeschler sólo pudo llegar a la conclusión de que la transmisión fue un fraude orquestado institucionalmente para algún sutil propósito de inteligencia.

Sin embargo, una fuente de la NASA informó a Oeschler que, coincidiendo en el tiempo, el transbordador estuvo involucrado en un incidente con un ovni. Oeschler informa que el encuentro duró ocho horas y produjo problemas en los sistemas eléctricos del Discovery. Ni que decir tiene que las preguntas no han recibido respuesta y que el caso todavía está bajo investigación.

También parece que los ufólogos no estarán satisfechos hasta que la NASA admita oficialmente que sus astronautas han tenido encuentros. Pero la agencia espacial ha mantenido un silencio absoluto sobre el tema de los ovnis en treinta años, por lo que es probable que no se produzca en breve un anuncio como ese.

miércoles, 15 de julio de 2009

Mundos dentro de mundos: Al limite con otra realidad

Muchos hechos paranormales parecen acontecer en algún lugar, en el límite de la realidad, como si entráramos en contacto con otro plano de existencia. ¿Acaso podemos hablar propiamente de una "dimensión desconocida"?

Hace casi un siglo, el reverendo Edwin Abbott escribió un libro titulado Flatland, "A Romance of Many Dimensions" (País llano, una novela de muchas dimensiones). Flatland era un mundo de dos dimensiones, una superficie llana sobre la que seres de diversas formas geométricas se deslizaban, sin abandonar nunca ese mundo o imaginar siquiera que pudiera existir algo distinto. La vida transcurría plácidamente en Flatland hasta que, un día, un habitante común, un cuadrado, tuvo una experiencia paranormal: una visita de un ser del Más Allá. Lo que estaba viendo era un cuerpo tridimensional, una esfera, pero cuando el objeto penetró en Flatland sólo percibió su sección transversal, es decir, un círculo. El visitante abrió los ojos al cuadrado haciéndole ver la superficie llana en que vivía y la posibilidad de la existencia de una tercera dimensión. Cuando el cuadrado volvió a casa nadie quería creerle y fue encarcelado por considerársele una amenaza para la sociedad. Muchos científicos medievales y no pocos investigadores modernos han pasado por situaciones semejantes.

¿Qué sentiríamos si fuéramos habitantes de Flatland? Su mundo es tan real para ellos como el nuestro para nosotros. Pueden deslizarse adelante, atrás y a los lados siempre en el mismo plano, pero no tienen idea de lo que es "arriba" y "abajo". Tales palabras no existen en Flatland.

Nosotros, con nuestro conocimiento de una tercera dimensión del espacio, podríamos hacerles todo tipo de jugarretas a los habitantes de Flatland: colgar sobre ellos objetos de diversas formas y proyectar sombras en la superficie moviendo la luz de aquí para allá a fin de que las sombras cambiaran rápidamente de forma y resultaran terroríficas. La población de este mundo bidimensional vería un ser extraordinario que va cambiando de forma y que, de pronto, desaparece.

Los OVNIS y la cuarta dimensión

Sin embargo, los amigos que no hubieran presenciado estos hechos no los creerían fácilmente. Las personas que han entrado en contacto con OVNIS han tenido el mismo problema. Y, sin embargo, es posible que los OVNIS y las "apariciones" de todo tipo no sean sino "proyecciones" tridimensionales de seres que existen en un espacio de cuatro o más dimensiones; un espacio que nos es imposible percibir o imaginar y que sólo podemos comprender en abstracto.

Cuando una esfera atraviesa Flatland, los habitantes de ese país sólo pueden percibir su sección transversal: es decir, un disco que es primero un punto y va creciendo hasta llegar al diámetro completo de la esfera para volver a "encogerse" cuando la esfera termina de pasar. Un objeto diferente, como por ejemplo un cubo, daría lugar a apariciones de formas y comportamiento diversos. Del mismo modo, al atravesar una "hiperesfera" o un "hipercubo" de cuatro dimensiones, nuestro universo tridimensional -uno de los muchos que los seres tetradimensionales podrían percibir-, daría lugar a apariciones que serían su "sección transversal" tridimensional. Crecerían, disminuirían, cambiarían de forma, se romperían en fragmentos y seguirían cursos erráticos de acuerdo con la complejidad de la forma del objeto tetradimensional y su movimiento en el espacio superior.

A todos nos cuesta comprender que nosotros, al igual que los habitantes de Flatland, acaso captemos sólo una pequeña parte de la realidad. Estaríamos de acuerdo en que los conceptos de realidad de los habitantes de Flatland son incompletos, mientras que quizá pasáramos por alto el hecho de que los nuestros pueden resultar igualmente incompletos sólo porque nuestra experiencia de la realidad está limitada por la extensión de nuestros cinco sentidos. La teoría de la relatividad de Einstein predijo el espacio curvo, el tiempo relativo y los agujeros negros. Algunas de estas predicciones han sido confirmadas, pero aún no podemos atribuirnos ninguna capacidad para visualizar tales fenómenos. Creemos que los científicos saben de lo que están hablando con sus horizontes limitados y agujeros de gusano en el espacio, y renunciamos a ulteriores análisis. Bastantes problemas nos plantea el llegar a un acuerdo sobre la realidad que podemos percibir.

Sin embargo, los seres humanos consiguen a veces escapar y visitar otras dimensiones:

El campo de mi visión empezaba a ensancharse... Podía distinguir las paredes de la casa. Al principio parecían muy oscuras y opacas, pero luego llegué a distinguir las paredes de la vivienda vecina. Inmediatamente éstas también se convirtieron en luz y desaparecieron, fundiéndose como nubes ante el avance de mi visión. Ahora podía ver los objetos, muebles y personas de la casa vecina tan fácilmente como los de la habitación en que me hallaba...

Esta experiencia le ocurrió en 1844 a un joven americano que apenas sabía leer y escribir, llamado Andrew Jackson Davis, "el vidente de Poughkeepsie". Continúa describiendo cómo, después de ser hipnotizado por el sastre del pueblo, sus percepciones "aumentaron" hasta que pudo ver "los cerebros, las vísceras y la anatomía completa de animales que en aquel momento estaban durmiendo o rondando por los bosques". En las numerosas sesiones que siguieron, aplicó a usos prácticos la información que adquiría a través de la clarividencia: hizo diagnósticos médicos a distancia, anticipándose en 60 años a la labor de su compatriota Edgar Cayce, y finalmente adquirió los conocimientos necesarios para escribir 27 libros, entre ellos The great harmonia (La gran armonía), en cinco volúmenes.

Mediums y bancos de memoria

Edgar Cayce (1877-1945) era otra persona que parecía capaz de tener acceso a una gran cantidad de información sobre temas que iban desde la Atlántida, el antiguo Egipto y la reencarnación hasta curas para prácticamente todas las enfermedades conocidas. Podía hacer a distancia una descripción detallada de sus pacientes incluyendo, por si fuera poco, datos relativos a su vida pasada y futura. Sin embargo, en más de 14 000 sesiones en las que una voz anónima se hizo cargo del cuerpo de Cayce durante sus trances autoinducidos, hay poquísimas indicaciones referentes a cómo actuaba. Se hicieron referencias a "el plano interno-intermedio" que aparentemente todos ocupamos mientras esperamos reencarnamos, y a "reinos donde puede obtenerse información".

Gérard Croiset, el curandero clarividente holandés, era más locuaz acerca de sus viajes a través del tiempo y el espacio. "Primero -decía- veo como una niebla. Esta niebla, igual que en un papel impreso, se compone de puntitos." Cuando estaba suficientemente interesado en el caso, los puntos formaban líneas. Esto, aclaraba; era la "primera dimensión", y a veces sus visiones no pasaban de ahí. Sin embargo, cuando se sentía particularmente identificado con el caso, las líneas se cruzaban y empezaban a formar figuras bidimensionales, igual que las fotografías. Por último, si estaba en plena forma, las imágenes cobraban vida.

El sacerdote y curandero checosvolaco Frantisek Ferda puede hacer diagnósticos y prescripciones muy precisos a distancia, llegando hasta la cifra de 35 por día. También identifica la causa de la enfermedad: si se debe a ingerir alimentos en mal estado, a un escape de gas de una estufa o incluso a accidentes que ocurrieron a los antepasados del enfermo. "Desciendo y entro en una especie de archivo de donde tomo los datos que necesito", dice. Ferda está. Convencido de que este "campo de información" contiene un registro completo de los acontecimientos, ideas y pensamientos pasados.

Mientras adquiere estos conocimientos, sus sentidos no perciben absolutamente nada, excepto el sonido. A diferencia de Davis, Cayce y Croiset, Ferda no ve. A él le parece que su información, tan precisa, acerca de las diversas partes del cuerpo del paciente se la comunican al oído. La mención de este "archivo" hace pensar en los "registros akásicos", que se cree contienen una reseña completa de la historia del Universo y que se hacen visibles a mediums en trance. El psicólogo doctor Zdeñek Rejdák ha afirmado que la existencia de tan amplio campo de información es una "realidad objetiva".

Actualmente parece innegable que algunas personas son capaces de recoger información a través del espacio y del tiempo, a pesar de que el medio por el que estos datos son almacenados y transmitidos sigue siendo un completo misterio. El doctor Rejdák pretende que ya es posible "recrear" acontecimientos pasados contactando el campo de información. Está convencido de que una comprensión más completa de ello ayudará a explicar diversos fenómenos, incluida la reencarnación. Se trata sin duda de un campo extremadamente prometedor para la investigación futura de lo paranormal.

Pero junto a estos fenómenos mentales y espirituales hay una prueba más tangible de la existencia de la comunicación a través de otras dimensiones. La aparición y desaparición de objetos y personas en circunstancias misteriosas ha sido relacionada también con la idea de "espacios superiores".